15/3/26

El épico combate naval de Arroyo de la China

 Rubén I. Bourlot

En el marco de los enfrentamientos de las Provincias Unidas, aún no independizadas formalmente, y el gobierno de Montevideo que representaba a metrópolis española se produjo el combate naval del Arroyo de la China, el 28 de marzo de 1814.

En los primeros meses de 1814, tras el combate del Espinillo donde la fuerzas artiguistas comandadas por Eusebio Hereñú derrotaron a las que respondían al gobierno centralista de Buenos Aires, Entre Ríos se había consagrado como provincia autónoma. No obstante días después se abría otro frente de batalla.
Se trataba de la reacción de los realistas que se abroquelaban en Montevideo. Ante el intento del almirante Guillermo Brown de recuperar la isla Martín García, primer paso en su propósito final de ocupar Montevideo, el gobierno montevideano de José Gaspar de Vigodet envió una expedición a cargo de Jacinto Romarate que en un primer momento venció a los patriotas pero finalmente, reagrupados, lograron desplazar a los realistas de estratégica la isla.

Los realistas derrotados llevaron a su escuadra aguas arriba del río Uruguay y arribaron a los alrededores de Concepción del Uruguay que aún se la conocía por el antiguo topónimo de Arroyo de la China. La perseguía una escuadrilla compuesta por seis unidades enviada por Brown al mando de capitán norteamericano Tomás Nother. 

Naves a la vista

A despuntar la mañana del 28 de marzo las naves realistas estuvieron a la vista de la ciudad fundada por Tomás de Rocamora. Romarate se acercó a parlamentar con el jefe artiguista Fernando Otorgués. Según documenta Urquiza Almandoz en su Historia de Concepción del Uruguay (Tomo I) el propio Otorgués habría provisto de carne fresca a la expedición realista cuando pasó por puerto Landa. Pero los sorprendió el arribo de las fuerzas de Nother que atacaron a los invasores.

De nuevo los entrerrianos hacían pata ancha frente al mismo enemigo que en 1811 habían derrotado y expulsado a la otra banda del Uruguay. El espíritu del paisano Bartolomé Zapata sobrevolaba sobre sauces y espinillos.

Según el relato de Urquiza “los buques de Romarate se habían ubicado acordelados (amarados proa con popa), en la boca del Arroyo de la China. La escuadrilla estaba compuesta por dos bergantines, Belén y Aranzazú; la zumaca Gálvez; dos cañoneras, Reina Luisa y Perla; dos balandras, Murciana y Americana; la polacra San Ramón y la lancha corsaria del navío Salvador. Reunían en total 32 cañones y una fuerza de 380 hombres.

“A su vez la escuadrilla patriota sumaba alrededor de 41 cañones y 260 tripulantes. No obstante, la superioridad realista se acentuaba porque su tripulación era de carrera y veterana.”

Según transcribe el autor los patriotas avanzaron “temerariamente colocándose ‘a un tiro escaso de pistola de las naves enemigas’. La Trinidad -el buque insignia- tuvo la desgracia de varar y contrariamente a la creencia de encontrarse con un enemigo insuficientemente provisto de pólvora y municiones, de las naves españolas partió una cerrada descarga de metralla y balas que arrasó de una andanada sesenta hombres del barco varado, entre ellos el capitán Nother que perdió la vida, por lo cual se hizo cargo del mando de la Trinidad, Ángel Hubac.”

El combate continuó algunas horas y resultó herido Hubac que fue reemplazado por el coronel de origen griego Nicolás Jorge.

La inmolación de Spiro

A esta altura faltaba el episodio épico del enfrentamiento que protagonizó otro de los griegos, el teniente de infantería Pedro Samuel Spiro. El marino estaba a cargo de la balandra Carmen que tuvo la mala suerte de encallar. “Afrontó el peligro del instante -escribe Urquiza-, y ante un posible abordaje se dispuso volar la nave. Ordenó, entonces, el desembarco de su tripulación; luego bajó de cubierta y prendió la mecha. En el intento voló Spiro con su barco. Su inmolación fue una estupenda muestra de valentía y un noble tributo para la patria adoptiva.”

Pedro Samuel Spiro había llegado a la Argentina con dos hermanos a la Ensenada de Barragán en julio de 1810. Según testimonia César Augusto Villamayor Revythis, desde 1812 existen registros de sus actividades militares en una pequeña flotilla desde el puerto de Buenos Aires contra las fuerzas realistas con base en Montevideo como corsario rioplatense con gran éxito a pesar de ser pequeñas naves y muy poco artilladas.

El capitán de puertos Martín Jacobo Thompson, hoy considerado el padre de la Prefectura Naval Argentina, dijo de Spiro: "De los extranjeros que han estado a sueldo del estado, Pedro Samuel Espiro es de los que más se han distinguido”.

Como homenaje de su acto heroico existe un busto en el Museo Naval de la Nación, en la sala independencia, ubicado en la localidad del Tigre, que fuera realizador por el escultor Luis Perlotti.

El combate naval del Arroyo de la China significó una dura derrota para los patriotas pero meses después vendría la reivindicación para tantos esfuerzos. Los realistas que se habían alzado con la victoria pocos meses después tuvieron que evacuar Montevideo y alejarse del Río de la Plata.

El 23 de junio los sitiadores de Montevideo, que habían sumado el bloqueo naval por el río de la Plata a cargo del almirante Borwn, ingresaron a la ciudad y expulsaron a los realistas.

El gobierno de Buenos Aires se hizo cargo de la ciudad pero no pudo sostenerse. Las fuerzas de Artigas, que dominaban toda la región, en enero de 1815 enfrentaron a los centralistas porteños y los derrotaron en el combate de Guayabos. En febrero los artiguistas ingresaron a Montevideo y el Protector nombró como gobernador a Fernando Otorgués. Fue el momento de mayor gloria de la Liga de los Pueblos Libres que en junio de 1815 convocaba a los pueblos para reunirse en el Congreso del Arroyo de la China. Sin dudas que la heroica ciudad entrerriana se había convertido en el epicentro de las luchas por la independencia. Y esto recién comenzaba.

El combate naval del Arroyo de la china es recordado en la zona del Balneario Municipal de la ciudad con un monolito y una placa con la inscripción “Combate del Arroyo de la China. 28 de marzo de 1814 ¡Gloria a sus combatientes! Comisión de homenaje a la campaña naval de 1814. Armada Argentina. 12 de noviembre de 1966”


Imágenes
Balandra Carmen en el Combate de Arroyo de la China. Acuarela de E. Biggeri
Placa conmemorativa del combate
Balandra Carmen. Estampilla conmemorativa.

La escuela y el sable de Guarumba

Rubén I. Bourlot

El sistema educativo actual fue moldeado a partir del sistema ideado hace tres siglos por Juan Bautista de La Salle para sacar a los chicos de la calle y luego por el normalismo destinado a formar maestros que debían enseñar a alumnos en grupos homogéneos y “normales” que aprendían en un tiempo determinado.
Con el tiempo se planteó la necesidad de una educación masiva que fue derivando hacia la gratuidad y obligatoriedad para la enseñanza primaria pero sin modificar el sistema. Fue el sueño de los educadores del siglo XIX que se proponían “educar al soberano”. En Entre Ríos ya lo había planteado Francisco Ramírez cuando incorporó la enseñanza obligatoria de las primeras letras en los reglamentos de la República de Entre Ríos, en 1820. En 1870 una ley pionera en Entre Ríos disponía que "será obligatoria en toda la Pro­vincia la instrucción primaria de lectura, rudimentos de arit­mética y de religión para todos los niños varones de siete a catorce años y mujeres de seis a doce”. Los pa­dres, tutores, etc. que no tuvieran cómo dar instrucción, por su indigencia, "a sus hijos, pupilos o dependientes menores, deberán hacerlo en las escuelas públicas costeadas o subven­cionadas por el Estado, donde se les enseñará gratuitamen­te"
Pero la escolaridad nunca llegó a ser totalmente masiva. Argentina se vanagloriaba de tener uno de los más bajos índices de analfabetismo lo cual no implicaba una escolaridad de calidad para todos. En muchos casos significaba solo un mínimo nivel alfabetización (saber leer y escribir) sin la terminalidad de la escuela primaria. Sobre ese esquema, en la última década del siglo XX se incorporó la obligatoriedad del nivel secundario con idénticos resultados. Era evidente que no se podía diseñar un sistema nuevo vaciado en los viejos moldes de la escuela pensada para unos pocos. Que estaba formateada para un alumno ideal, el modelo de estudiante que era capaz de aprender todos los contenidos en un año lectivo de 180 días de clases y egresar al cabo de seis o siete años. Una normalidad que muy pocos pueden sostener y el resto se cae del sistema y debe reingresar a regímenes alternativos. Estos son sobrantes que el sistema recorta al igual que cuando no se cumplen los 180 días ideales de clases y el docente apela a recortar contenidos.

El sable de Guarumba

Cuando hablamos de recortes nos vienen a la memoria anécdotas de nuestra historia, maestra de vida afirmaba Cicerón, como lo que sucedió con el coronel Miguel Guarumba que recortó de un certero sablazo lo que le sobraba de Sarmiento. El hecho ocurrió hacia 1874 en oportunidad de la visita de Domingo Faustino Sarmiento a Federación para la inauguración del Ferrocarril Este Argentino. En el lugar se encontró con el bravo guaraní -a quién el sanjuanino le había enviado una colección de sus libros- que le mostró los ejemplares que conservaba impecables salvo los recortes practicados para uniformar los que tenían distinto formato. Guarumba era analfabeto y por lo tanto para él los libros eran solo preciados objetos, tótems que podía moldear a su gusto. Sarmiento, el letrado, no lo comprendió así y estalló con su furia habitual: "¡La civilización hasta aquí y la barbarie de tu lado!" le espetó. Como Guarumba, que en su ingenuidad había recortado lo sobrante, lo no normal, también lo hacía el civilizado Sarmiento cuando podaba lo que no encajaba en su criterio de normalidad. Para el “padre del aula” al país le sobraba espacio y había que cercenar la Patagonia (“El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión” escribió), y le sobraban caudillos gauchos e indios a los que había que “recortar”, usar de carne de cañón y abonar la tierra con su sangre porque “la sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes”, decía.

Un tiempo sin tiempos
Y algo así sucede con nuestro sistema educativo establecido para un ideal de alumno “normal”. El que no se ajusta a ese molde se descarta, se corta (Hay que "ajustar el traje al cuerpo y no el cuerpo al traje" nos decía sabiamente Arturo Jauretche). Retomando lo expresado al principio, la escuela actual encorseta el aprendizaje en tiempos que solo algunos pueden cumplir. Se planifican contenidos que no siempre es posible desarrollar en un año lectivo y se terminan podando también. Entonces por qué no pensar en una educación que contemple las condiciones objetivas y subjetivas del alumno, y que el tiempo no sea un tirano que todo lo condiciona, que obliga a todos a aprender con el mismo ritmo contenidos tan disímiles como Lengua, Matemáticas o Historia. Más aún en una sociedad injusta la situación social y económica de cada estudiante es un condicionante que no puede modificar la escuela.
Por eso el tiempo no puede ser un factor.
Por lo tanto hay que poner sobre la mesa de discusión una reforma del sistema que contemple la eliminación de tiempos rígidos para el desarrollo de la enseñanza. Educación no graduada, escuelas sin grados, donde el aprendizaje sea continuo sin el factor tiempo de por medio. No son ideas nuevas. Desde el método ideado por María Montessori (controversial en muchos aspectos) en adelante se han realizado varias experiencias si llegar a generalizarse. Vale la pena pensar en un modelo que sustituya la tipología de alumno “normal” por otro que contemple una “normalidad” diversa y elimine las situaciones de repitencia, de traumáticos exámenes “previos”, “recuperatorios” y otros artefactos ideados para reinsertar al alumno. Un modelo sin tiempos predeterminados, sin la rigidez de un ciclo lectivo anual facilitaría, además, la integración de alumnos denominados “con necesidades educativas especiales” y o los que padecen el tan de moda “déficit de atención dispersa” (TDA) que hoy quita el sueño padres y docentes.

La ciudad que por un equívoco homenajea a Ramírez

 Rubén I. Bourlot

 

En la provincia no abundan pueblos o ciudades que lleven el nombre del caudillo de mayor relevancia como fue Francisco Ramírez. En contraste abundan los lugares que rinden homenaje a Justo José de Urquiza. El Índice sintético de la toponimia entrerriana recolecta cinco localidades con el nombre Urquiza y uno solo para Ramírez y por puro azar como veremos. Incluso son contados los monumentos dedicados al Supremo, salvo los bustos en las plazas. Sí hallamos dos arroyos con el nombre “Pancho”, solo una curiosidad ya que nada indica que se refieran a apodo con que es conocido históricamente el fundador de la República de Entre Ríos.

El 17 de marzo de 1888 se considera la fecha de fundación de la hoy ciudad de General Ramírez en el departamento Diamante sobre la traza del ferrocarril que en esa época se denominaba Central Entrerriano. La fecha corresponde a la aprobación del plano de mensura del “Pueblo y Colonia General Ramírez”, confeccionado por el agrimensor Pablo Ávila. Por convención, cuando no hay un acto fundacional de una localidad se toma como origen un acto administrativo que señala su origen.
¿Cómo llega el nombre del caudillo a denominar a la ciudad de la Fiesta Provincial de la Juventud? Los caminos al cielo son tortuosos dicen, y así fue con este justificado homenaje.

La posta del locro
La historia de la localidad comenzó antes del emplazamiento de la estación ferroviaria en el kilómetro 74 del tramo Bajada Grande-Nogoyá, habilitada al servicio público el 16 de mayo de 1887. En el lugar se había instalado Francisco Solano González en 1864, el primer habitante en la zona. Tres años más tarde se emplazó una posta autorizada por el Gobierno Provincial para atender a las galeras que prestaban sus servicios bajo la responsabilidad de Franciso Dionisio Ferreyra y su esposa Francisca Ibarra. La posta era también la delegación del correo. El apeadero Los Paraísos, como se lo conocía, era un lugar de descanso para los pasajeros que iniciaban su viaje en Paraná, hacían una parada al mediodía y después seguían camino a Nogoyá. Al lugar se lo conoció también con el nombre de “la posta del locro” seguramente en referencia a ese plato criollo que se servía a los viandantes. En 1880 la familia Ferreyra levantó la primera casa de material.
Relatos tradicionales nos informan que alrededor de la posta comenzaron a ubicarse numerosas familias en ranchos de adobe y paja formando un pequeño caserío. En la zona también edificó su estancia una acaudalada familia de apellido Ramírez. Parte de sus tierras fueron expropiadas para la construcción del ferrocarril y la formación colonias. En el lugar en 1887 se habilitó la estación que, como era costumbre, fue denominada con el apellido del propietario. Para tal efecto la ley provincial del 6 de octubre de 1885 en su artículo 1º establecía la declaración de “utilidad pública la expropiación de una legua cuadrada a cada costado de la vía del ferrocarril Central Entre-Riano para ser colonizadas en los puntos designados para las estaciones intermedias (…)” para la formación de colonias de agricultores.

El nombre de Ramírez
Un año más tarde, el 17 de marzo de 1888, el gobierno aprobó el plano de mensura del “Pueblo y Colonia General Ramírez”, confeccionado por el agrimensor Pablo Ávila. Fue este funcionario el que agregó al nombre original de la estación la palabra “General” y de esta manera el Supremo logró incorporarse a la lista de topónimos de la provincia. Pero para complicar un poco las cosas, en 1983 el gobierno municipal estableció el 13 de marzo – natalicio de Pancho Ramírez – como Día de la ciudad. Días más, días menos, en marzo recuerda la ciudad sus orígenes. Como dicen en España: “Dios escribe derecho con renglones torcidos.”
El pequeño pueblo fue creciendo. En 1890 se instaló la primera delegación policial bajo la jefatura de Juan Alba. Hacia 1891 se sumaron pobladores inmigrantes del Este europeo, conocidos como alemanes del Volga. El primero fue el herrero Juan Siebenlist. Los colonos se venían desplazando desde la original Colonia Alvear en busca de tierras hacia el sur de la provincia siguiendo la traza del ferrocarril. Algunos de ellos, practicantes de la religión bautista, se habían ubicado en la Aldea Jacobi y luego se trasladaron hacia Ramírez donde fundaron en septiembre de 1894 lo que hoy se conoce como Iglesia Evangélica Bautista Alemana. Posteriormente, el 27 de marzo de 1910, se conformó la Congregación Evangélica del Río de la Plata y en 1915 comenzó la construcción de la capilla católica. Luego llegó un contingente de colonos judíos que se dedicaron al comercio como los Dubner, Rothman, Kosoy, Bluftein. Con el tiempo estos apellidos fueron desapareciendo de la localidad.
La primera escuela fue una institución particular dirigida por Jorge Signer que enseñaba las primeras letras en castellano y alemán. En 1893 el gobierno de la provincia instaló la escuela Rural Nº 13 para cubrir la demanda de los niños de la zona rural y los de menos recursos que no podían solventar el costo de una cuota.
También el cooperativismo prendió en la localidad fomentado por el espíritu solidario de los vecinos que fundaron las dos prestigiosas instituciones que hoy funcionan en la ciudad: Cooperativa Agrícola Unión Regional (1931) y La Ganadera General Ramírez (1952).

6/3/26

Entre Ríos cierra la comunicación con Bolivia y Perú

Rubén I. Bourlot

El 6 de marzo de 1837 el gobernador entrerriano Pascual Echagüe decretó la cancelación de las comunicaciones de la provincia con Bolivia y Perú, a la sazón la Confederación Perú-Boliviana bajo la conducción del Mariscal Santa Cruz.

Lejos quedaba nuestra provincia de la frontera altoperuana y también del viejo Camino Real que podría haber producido algún roce con el ascendente Protector Santa Cruz. Pero la medida de Echagüe respondía a la actitud adoptada por el encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas que había decretado, el 13 de febrero de 1837, cerrar toda comunicación comercial, epistolar y de cualquier otra clase entre los habitantes argentinos y los de aquellos países, debiendo ser "castigado como reo de traición al Estado" quien transgrediera la disposición. El obediente gobernante entrerriano no iba a sacar los pies del plato.


Un intento de reunificación


¿Qué había motivado semejante medida por parte del Restaurador de la Leyes imitada por el gobernador entrerriano? El origen de los resquemores era el rápido ascenso en la vida política del sur de América del mencionado mariscal Andrés Santa Cruz, un mestizo –su madre, Juana Basilia Calahumana, era descendiente de un cacique incaico- que había participado de las campañas de San Martín y Bolívar*. Cancelado el sueño de los dos libertadores, que habían bregado por una gran confederación americana, la sucesiva constitución de repúblicas “independientes” y los consecuentes conflictos internos entre las dirigencias locales, resurgió la figura de Santa Cruz como prenda de unión de lo que había sido el antiguo virreinato del Perú: El Bajo Perú cabeza del antiguo reino hispoanoamericano, convertido en una república autónoma separada del Bajo Perú que con el nombre de Bolivia homenajeaba tristemente al libertador Bolívar. En mariscal Santa Cruz, tras presidir brevemente el Perú (1826), en 1829 fue nombrado presidente de Bolivia. Su mandato se prolongó durante una década logrando la organización de las instituciones del país. A este fin convocó una Asamblea Constituyente que lo eligió presidente constitucional y, asimismo, aprobó la segunda Constitución del país y puso en vigencia los códigos Civil, Mercantil, Penal, de Procedimientos y de Minas. También creó la Universidad de San Andrés de La Paz y la Universidad de San Simón de Cochabamba. Para algunos autores la estabilidad del gobierno la obtuvo haciendo concesiones que representaron un retroceso en lo referido a la situación de los pueblos indígenas. En 1829 promulgó una ley que volvía a someter a los indios del Altiplano a la antigua condición servil que, al menos en la ley escrita ya que no en la práctica, había suprimido Simón Bolívar. El propósito de Santa Cruz era obtener el apoyo de las clases terratenientes y mineras del Alto Perú despojando de toda amenaza legal a su secular explotación de las mayorías bolivianas.

Pero, más allá de estas medidas polémicas, Santa Cruz tenía en mente lograr la reunificación del antiguo Perú en una confederación, que para los gobernantes vecinos constituía una amenaza de expansión. El primer paso lo dio ante la caótica situación de la república del Perú donde tres caudillos se disputaban el poder. Uno de ellos, el general Luis José de Obregoso, acudió a su auxilio “invitándolo” a ocupar el país para pacificarlo. Rápidamente Santa Cruz se hizo cargo de la situación y constituyó su soñada Confederación Perú-Boliviana.

 

Tambores de guerra

La nueva entidad política puso en alerta a sus vecinos Chile y la Confederación Argentina. Chile, durante la presidencia de José Joaquín Prieto, influido por el todopoderoso ministro de Guerra Diego Portales, fue el primero en declarar la guerra a la Confederación Perú-Boliviana con argumentos de coyuntura que escondían el temor al posible expansionismo de Santa Cruz. Lo propio hizo luego el mandamás de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, temeroso que la reunificación del Perú entusiasmara a las provincias del Noroeste argentino para tomar el rumbo del viejo Camino Real que conducía a Lima. Rosas era consciente que su política centralizada en el puerto de Buenos Aires y el Litoral mantenía en el olvido al lejano norte de la Confederación.

Así lo manifestó el Restaurador de la Leyes en el decreto que transcribía el gobernador Echagüe donde ponía en tela de juicio “el modo arbitrario y violento como el general Santa Cruz ha trastornado las respectivas constituciones políticas del Perú y Bolivia (…) arrogándose en ellas un poder absoluto para extenderlo después sobre los demás estados vecinos como lo manifiestan las pérfidas agresiones que han hecho desde el Perú a Chile, y desde Bolivia a esta República (…)”. Por lo tanto decreta el cierre “toda comunicación comercial, epistolar y de cualquiera clase entre los habitantes de esta República y los del Perú y Bolivia.”

El camino de la guerra estaba expedito, que Rosas declaró el 19 de mayo en alianza con Chile. No obstante la campaña no pasó de una serie de escaramuzas al mando del caudillo tucumano Alejandro Heredia "general en jefe del Ejército Argentino Confederado de Operaciones contra el tirano Santa Cruz". En tanto Chile continuó la guerra en sucesivas etapas, tras la muerte del ministro Portales, hasta lograr el triunfo que trajo como consecuencia la disolución de la Confederación Perú-Boliviana y la expulsión de Santa Cruz del poder.

 *En 1857 el coronel Simón de Santa Cruz, hijo del Mariscal, fue docente del Colegio del Uruguay

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Confederación Perú-Boliviana

Mariscal Santa Cruz

4/3/26

La plaza Mansilla entre árboles y cemento

 Rubén I. Bourlot

 Hoy la plaza que ejerce de antesala a la Casa de gobierno de Entre Ríos luce remozada, recuperada después de superar varios proyectos para su puesta en valor. La llamada Plaza Mansilla, que rinde homenaje al polémico gobernador Lucio N. Mansilla, tiene sus orígenes en un proyecto de fines del siglo XIX, tres años después del traslado de la capital provincial a Paraná y la consecuente construcción de la sede gubernamental.

El puntapié inicial fue el acuerdo del 2 de diciembre de 1886 que dispuso el “desmonte de tierra de la plazoleta y calles que rodean la casa de Gobierno en construcción.” Pero recién el 29 de enero de 1889 se llamó a licitación para el diseño de la plaza según el proyecto del arquitecto Bernardo Rígoli y el 2 de marzo se realizó la apertura de propuestas para parquizar el espacio. Un mes más tarde la tarea de embellecimiento se encontraba en plena ejecución con la plantación del césped. Luego vendría el arbolado.

Como primera medida, el gobierno provincial había solicitado al Departamento de Agricultura de Buenos Aires una remesa de diez kilos de lawn grass y 25 paquetes de semilla de estación, según narra Ofelia Sors en su libro Paraná: dos siglos y cuarto de su evolución urbana. Y agrega que el Departamento de Agricultura adquiría directamente de Europa, todos los años, colecciones de semillas muy completas y variadas para ser repartidas al final del invierno o al principio de la primavera.

 

Una plaza con árboles

La plaza, que en sus orígenes llevó el nombre Belgrano, estaba diseñada en base a dos plazoletas regulares que fueron arboladas por coníferas al estilo romano, caracterizadas por sus hojas persistentes y carencia de flores vistosas. También contaba con cuatro especies de cipreses, entre ellos el ciprés llorón, especie con ramita pendular de aspecto muy original, y el ciprés lusitanica, muy apreciado para parque inglés por su aspecto señorial. Antiguas fotos de principios del siglo XX muestran una plaza exuberante con las coníferas recortándose sobre los muros de la Casa Gris.

La plaza permaneció así a lo largo de seis décadas, hasta que el gobierno de facto del brigadier Ricardo Favre, durante los últimos años de la década del 60 y primeros de los 70, con un decretazo dio por tierra con árboles y arbustos para transformarla en un “plaza seca” con playa de estacionamiento. El cemento le ganó la pulseada a la naturaleza viva. Cabe acotar que ya la plaza había perdido parte de su espacio que fue destinado a la construcción del edificio de Tribunales.

Ofelia Sors se refiere a este último hecho en el libro citado: “Y no está de más anotar la nostalgia que, junto a la protesta casi general, trajo la tala de los recios y añosos árboles, testigos ellos de tantos episodios como del solaz y descanso de los habituales vecinos”. A partir de ahora solo descasarían en el lugar los automotores oficiales.

 

Las “plazas secas”

El tiempo fue pasando y el deterioro del espacio era evidente. La gran explanada de cemento se encontraba delimitada por algunos árboles raquíticos que rara vez accedían a algún riego de los buscavidas habituales que ofrecían sus servicios de cuida autos y lavado al paso. Luego de la reforma constitucional de 1994 se agregó a la plaza el monumento en homenaje a la nueva constitución que, más allá del valor artístico, sumaba cemento y quitaba verdor.

Así las cosas se sucedieron hasta que en 2012 el gobierno provincial se propuso restaurar el espacio y llamó nuevamente a un “Concurso Provincial de Ideas para el espacio público del área del Centro Cívico Provincial y la puesta en valor de la Plaza Mansilla en la ciudad de Paraná” con la participación del Colegio de Arquitectos de Entre Ríos. En ese momento se hicieron consultas en el Archivo de la Provincia con el aparente objeto de recuperar el diseño original del espacio. El organismo aportó la documentación que daba cuenta de las especies vegetales que ornaban la plaza. “La explanada de la Casa de Gobierno recuperará su fisonomía original a partir de la decisión del gobierno entrerriano de recuperar la Plaza Mansilla”, rezaba una información oficial. El proceso del concurso siguió adelante pero por algún motivo no se presentaron propuestas que rescataran el legado original y restauraran un tan necesario espacio verde para la ciudad. Por el contrario las propuestas apuntaron a construir una “plaza seca”, un gran patio duro y frío, libre de las molestas hojas otoñales y del excremento de los pájaros que habitan la copa de los árboles. Esa obsesión de ciertos arquitectos y urbanistas que sueñan con ciudades europeas donde la piedra y el cemento separa la “civilización” del estado de naturaleza.

Tal vez por la polémica que se originó en su momento o por las estrecheces presupuestarias el proyecto no prosperó. Años después, en 2016, el gobierno de la provincia encaró la tarea “refuncionalización” de la plaza con la puesta en valor de la fuente histórica en consonancia con la conmemoración del bicentenario de la Independencia. La información oficial ponía en relieve que se había hecho “una limpieza, restauración y ordenamiento integral. Se efectuó asfaltado de las cuadras de la misma, se parquizó y dotó de iluminación led, poniendo en valor la infraestructura existente. También se emplazaron dos mástiles metálicos para las banderas argentina y de Entre Ríos frente al Consejo de Educación, estos poseen un sistema de izamiento electrónico y a control remoto.” Pero del diseño original, salvo la fuente, no se restauró nada. Solo unos pocos árboles de pequeño porte la tiñen con algo de verde.