25/4/26

Bazán y Bustos, el obispo de la justicia social

Mg. Ana Bella Pérez Campos

 

Fragmentos del artículo publicado en la revista Ramos Generales, Nº 10, diciembre de 2021.

En la  La Rioja, donde los llanos se mezclan con las montañas, nacía en Villa del Rosario de Tama, Juan Abel Bazán y Bustos, en 1867.

En 1910 el Papa Pio X instituyó  Obispo de la Diócesis de Paraná al ya Dr. Abel Bazán y Bustos, y falleció siendo obispo el 26 de abril de 1926.

A través especialmente de sus Cartas Pastorales nos acercaremos al pensamiento de este  Obispo, que escribe y actúa conforme  a la ruta marcada por los mandatos de Roma que a su vez son tomados por la Iglesia Argentina .En las Cartas  muestra una capacidad de observación y  sensibilidad para detectar la injusticia, el dolor y la miseria presente en la sociedad de la época , aun conociendo que su  mirada la realiza  desde un lugar privilegiado como era el espacio ocupado por  los obispos  en estos tiempos.

Cartas pastorales

En su Primera Carta Pastoral el Obispo destaca la santidad a la que estamos llamados todos los cristianos cada uno en su propio estado. Los padres de familia siendo fieles y respetuosos a sus conyugues, educando a sus hijos en el amor a Dios, las virtudes, cimentada en la moral de Jesús. Los hijos se santificaran obedeciendo a sus padres, auxiliándoles en sus necesidades.

Los ricos sirviéndose de su fortuna para socorres al pobre, al desheredado. El poderoso constituyéndose en protector y escudo del débil, del necesitado. Los pobres con la resignación cristiana en su pobreza. Esto vino Jesús a enseñar, la santidad ordinaria que practicó especialmente en la sujeción, el silencio de tantos años. Lo común en la vida del hombre tornase a veces más difícil.

“Hay un paso en el Evangelio, el de la vida oculta de Jesús, tan bello en su misma sencillez, tan luminoso…, que ha cautivado siempre nuestro corazón. A más de esto, muévenos a elegir tan hermoso tópico el pensar que el problema magno y que debe preocupar seriamente a cuantos se interesa por el bien común: es la cuestión social y obrera” (Primera Carta Pastoral ,mayo 1810)

Jesús muestra su predilección por los pequeños y necesitados, desde la cuna en Belén, el hogar de Nazareth, más tarde serán sus pobres compañeros y amigos. La Iglesia también debe velar por los pobres, “objeto predilecto de los amores del Maestro”

“Como cristianos debemos imitar a Nuestro Señor Jesucristo que nos dio el ejemplo en el taller de Nazaret. Él fue Obrero Dios, hermano de los pobres, de los pequeños, de los trabajadores y necesitados… Con su ejemplo está diciendo a los ricos y patrones que mejoren la suerte de sus hermanos con un salario que les alcance para subvenir honestamente sus necesidades, formar una familia y proporcionarse con prudentes ahorros algún sobrante, y en día de la adquisición de un modesto patrimonio; que les ayuden y protejan contra explotadores inicuos” (Primera Carta Pastoral, mayo 1810)

Pensamiento social

Bazán apela a la solidaridad de los patrones, sin dejar de ver la realidad de la existencia de empleadores que se aprovechan abusivamente del trabajo de sus obreros.

También aspira a … “que se restablezca una vez para siempre el roto equilibrio en la repartición de la riqueza publica, causa inmediata del mal social” pero “sin odios ni rencores…sin violencias ni revoluciones insensatas” (Primera Carta Pastoral ,mayo 1810).

En varias Cartas y Exhortaciones pastorales Bazán aborda la cuestión social, pero particularmente en la carta Pastoral de octubre de 1914 y en la Carta Pastoral del 10 de abril de 1919, “Ante los problemas sociales”. Es allí donde expresa que el liberalismo durante más de un siglo trabajó en apartar a la Iglesia de la sociedad civil, y lo consiguió, con el laicismo en la educación y en las leyes. Ahora el liberalismo ya desarrollado da lugar al socialismo y al anarquismo.

El materialismo ahoga a esta “pseudo civilización hueca y necia que constituirá el orgullo de la sociedad contemporánea” Los pueblos decepcionados, sin haber obtenido nada de lo que le prometieron se levantan acosados por el hambre del cuerpo y del espíritu, y piden a gritos el lugar que les corresponde en el banquete de la vida” (Carta Pastoral, 10 de abril de 1919).

 

Justicia social

Urge realizar una reforma social, dar a cada uno lo que corresponde. Esta obligación consiste en primer término a los gobernantes y legisladores, mediante leyes protectoras del obrero, de arbitraje en las huelgas, de protección a la ancianidad. Mejorar la situación del obrero urbano y de los trabajadores de la campaña, reglamentar el trabajo de las mujeres y de los niños, facilitar las tierras a los colonos en condiciones posibles para llegar a la pequeña propiedad, con la distribución equitativa entre la población agraria de los grandes latifundios,  especialmente los de propiedad de la nación y de las provincias, solucionar la gravísima cuestión agrafia. Pide combatir con leyes el  monopolio y los truts que ponen en peligro las pequeñas industrias, y el comercio minorista. Fomentar y proteger las cajas rurales y cooperativas de consumo.

A los municipios y comunas deben aumentar el número de las ferias francas para que el proletario se provea a precios económicos lo necesario para su subsistencia; proceder a la creación de barrios obreros, con habitaciones higiénicas y baratas.

Entiende Bazán que el capital como el trabajo son indispensables para el progreso. La discusión versa sobre a armonía y conciliación de ambas. La Iglesia  católica da la respuesta equilibrada  para que uno  no oprima al otro, enseñando que violar el derecho del trabajador a su justa retribución es un pecado que subleva la justicia de Dios; pero enseñando también con Santo tomas de Aquino que el capital tiene un doble carácter, para la utilidad propia y el social, el propietario o capitalista posee las cosas como comunes, de manera que todos los hombres han de participar de la propiedad y del capital, porque aquel que providencialmente se encuentra investido de aquellos oficios, según San Pablo, es más que todo un administrador, el cual es constituido guardador de la riqueza no solo para su utilidad sino también para un fin común.


El texto completo se puede consultar en https://www.calameo.com/read/0065640162d54e7dda636 

21/4/26

Asamblea del año XIII. El revoltoso Ramón de Anchoris nombrado diputado por el Continente de Entre Ríos

 Rubén I. Bourlot

El 22 de abril de 1813 el presbítero doctor Ramón de Anchoris se incorporó como diputado a la Asamblea del Año XIII representando al “Continente de Entre Ríos”, denominación laxa pero que se supone coincidía con los límites actuales de nuestra provincia ya que Corrientes contaba con su propio representante, Carlos de Alvear, luego reemplazado Francisco Ortiz. Para otros ese “continente de Entre Ríos” se limitaría a las villas que contaban con cabildo: Concepción del Uruguay, Gualeguay y Gualeguaychú.

Recordemos que la Asamblea General Constituyente, más conocida como Asamblea del Año XIII, inició sus sesiones en 31 de enero de ese año, y su integración originó no pocos conflictos, principalmente por la incorporación de los diputados de la Banda Oriental enviados por el caudillo José Artigas, finalmente fueron rechazados. Una artimaña reglamentaria los excluyó al declarar a los diputados como del pueblo "de la Nación" y no "de las provincias", en desmedro de sus autonomías. Esto explica el hecho de que Entre Ríos estuviera representado por de Anchoris, prácticamente desconocido en la provincia. El historiador Urquiza Almandoz cita un testimonio que indicaría la realización de “alguna reunión realizada en Concepción del Uruguay” para su elección.

 Anchoris, cura revolucionario

Ramón de Anchoris había nacido en Buenos Aires en 1775, cursando sus estudios en el Colegio San Carlos y luego en la Universidad de Charcas, doctorándose en jurisprudencia y ordenándose sacerdote. Trasladado a Cuzco, optó el grado de Licenciado en Derecho Canónico en la Universidad de San Antonio Abad, en 1805. Luego pasó a Lima donde ofició como sacristán mayor de la Parroquia de San Lázaro, presbítero y mayordomo del arzobispo de esa ciudad. Cuando se enteró de la Revolución de Mayo inició su tumultuosa actividad política. Quiso regresar a Buenos Aires para unirse a los revolucionarios junto a un grupo de compatriotas, fueron descubiertos, apresados y deportados a España. Estuvo detenido en el castillo Santa Catalina de Cádiz, prisión de los patriotas americanos, desde donde continuó propagando las ideas de independencia, en tanto elevaba un memorial al Consejo de Regencia reclamando por su libertad, la que le fue concedida pero con la prohibición de regresar a América. En Europa se vinculó con Francisco de Miranda y José de San Martín, entre otros, y se integró, en Cádiz, a la Logia Caballeros Racionales N° 3 dirigida por Carlos María de Alvear. En la misma interactuó con residentes americanos como José Matías Zapiola, Francisco de Gurruchaga y el general peruano José Rivadeneira y Tejada.

Recién en 1813 lo tenemos de regreso en Buenos Aires integrando la Logia Lautaro local, fundada por San Martín. Aquí hallamos el motivo de su elección como diputado en la Asamblea ya que gran parte de sus miembros eran integrantes de la logia. El diputado por Corrientes, Alvear, también era uno de sus miembros fundadores.

Su labor en la Asamblea no pasó inadvertida ya que en varias oportunidades la presidió y habría integrado la comisión redactora de uno de los proyectos de constitución que finalmente la Asamblea no trató.

Periodista combativo

En 1816 fue miembro de la Junta de Observación. Integró el grupo que promovió la revuelta que terminó con la caída del nuevo director, Antonio González Balcarce, y apoyó a su sucesor, Juan Martín de Pueyrredón. Ocupó distintos cargos públicos secundarios hasta la crisis del año 1820. Simultáneamente instaló, junto a su hermano Gabino, la Imprenta de la Independencia que en 1816 publicó la Carta dirigida a los españoles americanos por uno de sus compatriotas de  Juan Pablo Viscardo y Guzmán. En 1821 el gobernador Martín Rodríguez le concedió a la exclusividad de todos los trabajos a realizarse por cuenta del Estado por el término de cinco años. En la misma se imprimieron El Censor, La Gazeta de Buenos Ayres, El Redactor del Congreso Nacional, El Desengaño, Oda, A la victoria de Chacabuco y Manifiestos del Congreso de Tucumán entre otros impresos. La  primavera duró poco ya que su vocación federal y su condición de clérigo se dio de bruces con las reformas religiosas del ministro Bernardino Rivadavia.  En 1822 participó de un movimiento opositor encabezado por Gregorio García de Tagle que fue sofocado rápidamente. Se estableció brevemente en Chile ejerciendo la abogacía, tras lo cual que volvió a Buenos Aires dedicándose de lleno al periodismo.

Entre 1824 y 1829 fue uno de los periodistas que con más rigor y tenacidad atacaron el sistema unitario desde el diario porteño Causa celebre de Buenos Aires. Se unió al partido federal de Manuel Dorrego, y tras la revolución del general Juan Lavalle fue arrestado y su imprenta incautada por el gobierno. En 1830 el gobierno ordenó la prisión del editor y el secuestro de los ejemplares de la publicación titulada Nueva Época de Buenos Aires.

Murió en su ciudad natal en 1831.

19/4/26

Feliciano Pueyrredón, el padrino de Urquiza

 Rubén I. Bourlot


Escribió Oscar Urquiza Almadoz en su Historia de Concepción del Uruguay que no se puede soslayar la actuación de Feliciano José Pueyrredón, nacido en Buenos Aires el 20 de abril de 1767, sacerdote que fue párroco de la Inmaculada Concepción de Concepción del Uruguay. Se ordenó sacerdote en 1795 y en 1801 fue trasladado a cumplir las funciones de párroco en la Villa de Concepción del Uruguay. El 18 de octubre de ese año fue padrino de bautismo de Justo José de Urquiza.

Era hermano mayor de Juan Martín de Pueyrredón, futuro Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, del coronel Diego José de Pueyrredón, del teniente coronel José Cipriano Andrés de Pueyrredón, del coronel Juan Andrés de Pueyrredón y de la patricia Juana María Pueyrredón.

Antes de recalar en Concepción del Uruguay fue cura y vicario de las parroquias unidas de San Pedro y del Baradero y se destacó en el esmero puesto para lograr la apertura de un canal de comunicación entre el río Paraná y el riacho Baradero, para facilitar no sólo la navegación de las balsas de madera y leña para consumo del pueblo, sino también la carrera a los barcos de Santa Fe y el Paraguay, siendo diaria la asistencia del prelado a la dirección de las obras y pagando de su peculio cuantos trabajadores se le presentaban, gratificando igualmente a los indios cuya compañía tenía a su disposición.

Al producirse en 1806 la primera de las invasiones inglesas, con sus hermanos tuvo una destacada actuación, contribuyendo a reclutar voluntarios para la formación del Escuadrón de Húsares llamado justamente, "de Pueyrredón", que tendría su bautismo de fuego en el Combate de Perdriel.

El 19 de diciembre de 1808 fue nombrado capellán del Batallón N° 3 del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, el "Fijo", y luego de producida la Revolución de Mayo de 1810, del regimiento de Granaderos de Fernando VII.

Si bien no se registra su participación en los sucesos que condujeron a la formación de la Primera Junta, adhirió decididamente al movimiento patriota al igual que sus hermanos y hermana. Cuando el secretario Mariano Moreno creo la Biblioteca Nacional, Pueyrredón contribuyó con uno de los mayores lotes.

En 1812 fue comisionado para acompañar como capellán al Regimiento de Granaderos a Caballo al mando de José de San Martín a las costas del río Paraná. Muy enfermo, Pueyrredón solicitó al gobierno su separación del servicio. Si bien no marchó en esa histórica campaña, recién se accedió a su separación el 4 de febrero de 1814, siendo reemplazado en sus funciones por el presbítero Iturri Patiño.

Años después de la caída del Directorio, habiendo ya repartido todos sus bienes en obras de caridad, llegó a encontrarse en situación de extrema pobreza, por lo que solicitó a las autoridades un curato. El 23 de agosto de 1825 fue nombrado cura de la parroquia de Jesús Amoroso, en el actual partido de General San Martín, cargo que desempeñó hasta su muerte. Falleció en esa localidad el 29 de noviembre de 1826, siendo inhumado en el cementerio de la Recoleta.

14/4/26

La breve gestión del gobernador delegado Cipriano de Urquiza

 Rubén I. Bourlot

A fines de 1841 el gobierno de Pascual Echagüe había sufrido el desgaste de una década al frente del gobierno de Entre Ríos a lo que se sumó la desarticulado el ejército entrerriano tras la derrota de Caaguazú. Su desprestigio era tal que la Legislatura, en diciembre de 1841, designó para sustituirlo al que hasta entonces era el Comandante del 2° Departamento Principal, el ascendente Justo José de Urquiza.

El nombramiento Urquiza coincidió con una de las situaciones más críticas que tuvo que afrontar la provincia, ante la inminente invasión de los correntinos bajo el mando el general José María Paz y del “Pardejón” Rivera desde la Banda Oriental. Paz se tomó por la fuerza el gobierno de la provincia por lo que el flamante gobernador se retiró a la isla del Tonelero para reagrupar sus fuerzas y conseguir refuerzos. Desde este sitio expidió un decreto de fecha 16 de abril nombrando a su hermano Cipriano en carácter de gobernador delegado que se hizo cargo estando en Concepción del Uruguay. Desempeñó su cargo hasta el día de su asesinato, en Nogoyá, el 24 de enero de 1844. Cipriano de Urquiza, que había nacido en Gualeguaychú, tenía 53 años.

El gobierno unitario del “Manco” Paz fue breve. El antiguo oficial del general Belgrano, se retiró de la provincia hostigado por los entrerrianos y el ejército de Rivera fue derrotado en diciembre de 1842 por el general federal Manuel Oribe en la batalla de Arroyo Grande.

Cipriano, como gobernador delegado, colaboró activamente con Oribe para la preparación y provisión del ejército federal que se encontraba en la zona del Arroyo de las Conchas.  La abundante documentación epistolar así lo confirma.

El año 1843 se inició con un panorama más alentador para la provincia. En Corrientes una revolución federal nombró como gobernador a Pedro Dionisio Cabral, emparentado con Urquiza, lo que permitió la firma de un tratado de paz entre ambas provincias. Mientras tanto el gobernador propietario iniciaba su campaña hacia la Banda Oriental con el objetivo de derrotar en su territorio al general Rivera y apoyar a Oribe que sitiaba la ciudad de Montevideo.

Cipriano, ante la normalización de la provincia y aquejado por distintas dolencias, presentó la renuncia a su cargo pero la misma fue rechazada por la Legislatura.

La precaria paz entre Corrientes y Entre Ríos concluyó con el derrocamiento de Cabral y el nombramiento en su lugar a Joaquín Madariaga. En abril las tropas correntinas ingresaron nuevamente en Entre Ríos provocando la destrucción y robo en los pueblos del norte de la provincia. Esta invasión, sumada a los numerosos gauchos alzados y desertores que se refugiaban principalmente en los montes del centro de la provincia, provocó la reacción del gobierno para contener la situación.

EL MAGNICIDIO

Ante estos acontecimientos Cipriano, cumpliendo las órdenes de su hermano, nombró como general del Ejército de Reserva a Eugenio Garzón para la defensa de la provincia, y llamó a todos los hombres disponibles para que se presenten en sus respectivos departamentos para su incorporación al servicio. También se dispuso una amnistía para los desertores con la condición de que se incorporen a sus respectivas divisiones.

A fines de 1843 el gobernador delegado se dirigió a Nogoyá, con una pequeña escolta, con el objetivo de permanecer próximo al teatro de los posibles acontecimientos y vigilar personalmente la concentración de hombres que en la región se llevaría a cabo.

El desorden que produjo la  invasión  redundó a favor de los desertores que aprovecharon las circunstancias para acercarse a las villas indefensas, tal como ocurrió con una partida al mando de Pedro Martínez, conocido como Rodas que se encontraba en las cercanías de Nogoyá.

El 26 de enero de 1844, en horas de la siesta cuando todo el pueblo descansaba, Rodas atacó la casa donde se encontraba el gobernador delegado. La escasa escolta fue rápidamente reducida y depusieron sus armas. En tanto Cipriano intentó refugiarse en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen pero en el camino fue alcanzado, ultimado de un balazo y degollado por los malhechores.

Nunca quedó debidamente clarificado quienes fueron los verdaderos autores intelectuales del crimen. Las sospechas recayeron sobre el gobernador correntino Madariaga ya que el mencionado Rodas fue incorporado al ejército de esa provincia, en tanto Urquiza sugirió como responsable al exgobernador Echagüe quien desde Santa Fe conspiraba contra su gobierno.

La mayoría de los implicados fueron juzgados y fusilados en la plaza pública de Nogoyá y colgados para ejemplo de la población.