8/1/26

Desocupación y planes de emergencia en la década del 30

Rubén I. Bourlot

El 20 de octubre de 1933 los habitantes de Villa Desocupación, la primera urbanización de emergencia del país, asaltaron la sucursal de Grandes Despensas Argentinas, reclamando comida, y realizaron movilizaciones similares el 24 y el 30 de noviembre de 1933. En esta última oportunidad, la policía confiscó 72 panfletos titulados “Incitación a la lucha, pan y trabajo. Viva el comité de desocupados”.

Entre Ríos no fue ajena a la problemática. El 13 de febrero de ese mismo año el diario El Pueblo de Villaguay, con el título “Invasión de desocupados”, publicaba la siguiente noticia: “Esta mañana, poco después de las diez horas, invadió la ciudad un contingente de desocupados a caballo. Lo componían veinte y dos personas. Veinte y dos hombres de trabajo, salidos de los campos, hambrientos y cubiertos de harapos, que al verse sin ocupación y ante la perspectiva de delinquir para seguir viviendo, se han decidido exigir de los políticos de la ciudad el cumplimiento de las Promesas (…)”.

Para tratar de paliar esa situación se conformaron en la provincia comités de desocupados que funcionaban en las localidades más afectadas.

Este periodo de crisis en el país tuvo su inicio a partir de los cambios en el escenario internacional con la abrupta caída de la Bolsa Nueva York en 1929. A esto se sumaron las vicisitudes de la política doméstica con el golpe de estado que derrocó al gobierno de Hipólito Yrigoyen en 1930. En 1933 el presidente conservador de Agustín P. Justo impulsó la firma de un pacto de virtual coloniaje con Gran Bretaña conocido como Pacto Roca-Runciman.

El escenario descripto fue el ideal para que gran parte de la población, la más pobre que ya existía, terminara en los arrabales de la miseria. No fue casual la aparición del primer asentamiento con el significativo nombre de Villa Desocupación. Las alarmas se encendieron. Los pobres ocuparon terrenos de una zona privilegiada de Buenos Aires y fueron desalojados violentamente. Como respuesta el gobierno creó la Junta Nacional Para Combatir la Desocupación.

El poeta y dramaturgo Elía Castelnuovo en su obra La marcha del hambre hacía decir a sus protagonistas:

-          El trabajo nuestro es agitar bien este sector. Las consignas deben ser concretas. Hay que enseñarles a gritar siempre lo mismo: ¡Pan! ¡Pan! ¡Trabajo! ¡Trabajo! ¡Queremos trabajo!

-          ¡Y aullar! ¡Aullar como lobos!

 

Desocupación a la entrerriana

Nuestra provincia no fue ajena a la problemática. De ser un territorio receptivo de la inmigración europea se iniciaba un proceso de expulsión de entrerrianos que emigraban hacia los grandes centros urbanos en busca de mejores condiciones de vida. La provincia contaba con pocas industrias que podían satisfacer la demanda de trabajo. Se destacaban, entre ellas, los frigoríficos como Liebigs, Santa Elena y otros de menor cuantía.

El diario El Censor de Gualeguaychú en 1933 trazaba un panorama de la situación:

“Un diario de Colón hace resaltar la nota de honda tristeza que pone en el escenario lugareño, el espectáculo de los obreros que habiendo ido de los distintos puntos de la provincia a Fábrica Colón [Fábrica Liebig] en busca de trabajo, no lo han encontrado. Esa pobre gente que esperanzada en hallar ocupación dejaron sus hogares, se resistían a volver, tal vez ante la visión desesperante de tornar a sus casas, vacías las manos, sin un mendrugo de para sus hijos y con la ingrata nueva de haber sido inútil toda tentativa de poder ganarlo. La policía ha tenido que proceder a disolverlos, y sólo así cada uno ha tomado su camino, triste, desilusionado, mascullando en sus labios en vez de saborear el trozo de pan buscado, una amarga protesta…” (Citado por Rodolfo Matías Leyes en su trabajo Comités pro-desocupados: intervención estatal, contención social y política. Entre Ríos, 1932- 1943).

El diario El Debate de Gualeguay pedía reprimir la protesta de los desocupados: “ha quedado demostrado que en Paraná, los desocupados son en su mayoría extranjeros de malos antecedentes, ladrones, jugadores y con dinero. Son además comunistas”. En ese mismo año se informó que se habían echado de la provincia a 300 desocupados que habitaban los galpones de la Sociedad Rural de Paraná, escribe el citado Leyes.

 

Planes sociales

La preocupación del gobierno provincial por los “desórdenes” que provocaba la desocupación, y no tanto por sensibilidad social, se tradujo, en consonancia con el gobierno nacional, en la creación de comisiones de desocupados en los departamentos más críticos de la provincia.

En 1933 el gobierno “dispuso encomendar a los señores jefes de Policía la gestión de promover en cada departamento, en la forma que pueda resultar más eficaz y con la cooperación de las autoridades municipales en las ciudades y villas y con la de los vecinos, en los distritos de campaña, la organización de la ayuda a los desocupados, en lo posible mediante la creación de trabajos públicos locales o vecinales (…).”

Pero, como suceden hoy, las críticas a la ayuda para los desocupados, fundadas o no, estaban a la orden del día.

En junio de 1933, el Diario del Pueblo de Colón ironizaba sobre la disputa por los recursos obtenidos y el escándalo que se produjo entre el Presidente municipal y los miembros de la Comisión: “Después de laboriosa gestión de meses en la que se invirtieron viáticos y gran cantidad de combustible para el auto policial, el señor jefe de la repartición policial logró reunir algunas vacas que en realidad resultan de oro, si nos atenemos al gasto que se originó con el motivo anotado ¿Sería interesante conocer el monto? Finalizadas las gestiones, el mismo funcionario designa, por su cuenta, una comisión de calificados vecinos, pero con exclusión de otros no menos calificados y conocedores del ambiente popular, lo que los habilita para una equitativa distribución de víveres a los que realmente necesitan y no a los ‘pulpos’ que en esta circunstancia forman legión.”

Leyes sostiene que “el uso de las comisiones para fines políticos, que buscaran vincular a los trabajadores sin trabajo con los políticos burgueses, estaba implícito en la propia estructura que ordenaba a las comisiones, presididas por comisarios –por entonces un cargo político-, diputados y senadores. En todos los casos, las comisiones se volvieron espacios de disputa para la administración de los recursos necesarios para establecer un vínculo clientelar con el proletariado desocupado.”

El periódico Los Principios de Concepción del Uruguay en tanto cuestionaba los subsidios a los desocupados por considerarlo una dádiva corruptora, pero necesaria para activar el consumo obrero, motor del comercio, el transporte, la industria y las actividades bancarias.

Bibliografía

Leyes, R. M. (2020). Comités pro-desocupados: intervención estatal, contención social y política. Entre Ríos, 1932-1943. Anuario De La Escuela De Historia, (33). Disponible en https://doi.org/10.35305/aeh.vi33.300 

Imágenes

-        Villa Desocupación (foto diario La Prensa)     

-          Distribución de pan a los pobres en Nogoyá

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