11/9/26

Pedro Barral, sembrador de escuelas

 Rubén I. Bourlot

 

Varios acontecimientos de nuestras efemérides señalan a septiembre como el mes de la educación. El 11 día del maestro, el 17 del profesor y el 21 del estudiante. También agregamos el anclaje en Entre Ríos señalando el 29 de septiembre de 1820 cuando Francisco Ramírez creó la República de Entre Ríos que en sus reglamentos disponía que “cada comandante, en su respectivo departamento, será encargado de establecer una escuela pública y de obligar a los padres de familia, manden a los hijos de menor edad para la útil enseñanza, al menos la de leer, escribir y contar”. Y le sumamos que el primero de septiembre de 1883 se sancionó la reforma de la constitución de Entre Ríos que disponía legislar la organización de la educación sujeta “a las reglas siguientes: 1º. La educación común es gratuita, obligatoria y laica…”

En esta oportunidad recordamos a un uruguayense reconocido por su actividad hotelera pero menos por su labor benemérita como impulsor de la creación de escuelas.

El historiador Andrés Rousseaux escribió que “la figura de D. Pedro José Barral es ampliamente conocida dentro de la sociedad uruguayense por su honestidad y lealtad comercial frente al Hotel París pero un aspecto de su hombría de bien es poco conocida como lo fue su incansable obra para la construcción de escuelas y su habilitación en diversos parajes de los departamentos Uruguay y Colón, sobre todo en los lugares  que la visión oficial pocas veces llegaba.

“En su vida ayudó a crear y fundar alrededor de 23 escuelas primarias, aportando fondos de su propio peculio en algunos casos y en otros motorizando a las autoridades y vecinos para que con la colaboración de todos, se concretaran los edificios escolares.”

Una crónica publicada en la revista Caras y Caretas en 1918 hace referencia a Barral que se presenta como el Sarmiento II.

Al arribar el cronista Augusto Vaccari a Concepción del Uruguay se hospeda en el Hotel París, propiedad de Barral, y aprovecha la oportunidad para entrevistarlo.

“-¿Usted es el dueño del hotel, señor?

-Yo soy, tal vez me haya oído nombrar, el Sarmiento II…-responde el entrevistado

-¡Ah!  ¡Cómo no! ¿Usted ha sido el que ha fundado tantas escuelas?

-Yo soy, sí señor; yo soy… Veinte y tres escuelas se deben a mi iniciativa y todas funcionan regularmente. Por eso me llaman Sarmiento II.

-¿Pero usted fue maestro en otros tiempos?

-¡Qué esperanza! Tengo 43 años de Uruguay. Vine en el 75. Saque la cuenta. Primero trabajé de caballerizo, luego de cocinero en el Hotel Francia que ya no existe y después de quince años quedé dueño del hotel. El mozo de comedor del Hotel Francia, en los ratos perdidos, me enseñaba a escribir y leer en italiano, francés y español. Era maestro rural el mozo ese.

-¿Y en cuánto tiempo?

-En tres meses aprendí bastante para poder continuar por mi cuenta.”

 

ESCUELAS EN LA CHACRAS

El relato de Barral despierta la curiosidad del cronista. Y viene la pregunta.

“-¿Y cómo se las arreglaba para fundar tanto?

-Muy sencillo. Me iba por las chacras, por los pueblos y le hablaba a esa gente de campo. Es necesario cultivar la mente de vuestros chicos lo mismo que cultiváis el trigo y el maíz. Es necesario abrirle los ojos, ponerlos en condiciones  de defenderse.”

Sin dudas con un buen poder de convicción, con la mística de un militante de esa noble causa, lograba el apoyo de los vecinos para hacer realidad la obra.

“¿Con cuánto contribuye usted? –le preguntaba, seguro medio de prepo, al chacarero- ¿Con tanto? Está bien ¿Y usted? ¿Regala en terreno? Perfectamente ¿Usted? ¿No tiene plata? Pero puede trabajar. Es lo mismo. Tantos días de trabajo. Todo sirve. Y así las escuelas se levantaban. Una vez concluidas pasaba el informe al gobierno, se redactaba un acta de donación al Consejo Escolar del edificio y demás, y el gobierno nombraba los maestros. Veinte y tres escuelas fundé de esta manera. Quisiera alcanzara veinte y cinco y después descansar.

-¿Y en qué fecha empezó?

-En el año 92. Todas las escuelas funcionan con asistencia de 75 niños como mínimo y 350 como máximo. Calcula mi secretario en materia de escuelas, el doctor Lucilo B. López, que en los establecimientos que yo he fundado se han educado de 40 a 50 mil niños. Un trabajo colosal que me cuesta bastantes sacrificios personales y de dinero. Por eso me llaman Sarmiento II, y yo creo que más que él todavía. Más que él porque una cosa es trabajar como presidente de una Nación y otra cosa como hotelero, como particular…”

Entre las escuelas fundadas por este benefactor hemos identificado dos. Una se encuentra en la Estación Caseros (Departamento Uruguay) y la otra es la número 8 “3 de Febrero” de Colonia Hugues (Departamento Colón). Esta última cuando cumplió su centenario convocó para el acto conmemorativo a Pedro Barral, nieto del fundador, nos informa su bisnieta Guillermina Greco.

Lamentablemente de las 23 escuelas ninguna hasta la fecha lleva su nombre, dejando la inquietud a las autoridades educacionales para que algún día reparen este olvido.

 

EL HOTELERO

Más conocida es la actividad comercial de Barral. Fue propietario del Hotel París ubicado sobre la plaza Francisco Ramírez en el solar donde antiguamente estuvo el teatro 1º de Mayo y hoy se encuentra la sede del rectorado de la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER). En 1890 habilitó el establecimiento que marcó toda una época en la ciudad y que con el tiempo se fue ampliando. Allí se alojaban todas las personalidades que visitaban la ciudad. En 1933, ya fallecido su fundador en 1928, se alojó Carlos Gardel en su última gira por el país. También albergó a Florencio Sánchez, el Barón Hirsch y Benjamín Victorica.

Tras la muerte de Barral el negocio pasó a manos de sus herederos, su esposa Serafina Ambrosia Delaloye de Barral y sus hijos Nemesio Enrique, Amalia Elvira Barral de Vidal, Marta Luisa Barral de Pereda y Sara Rafaela Barral de Girard. La familia lo explotó hasta 1956. En 1960 dejó de funcionar como hotel.

En la década del ‘80 la parte nueva del hotel fue adquirida por la UNER para ubicar su rectorado.

Según Hororio Bourlot, en sus memorias inéditas, Pedro Barral fue quién puso el dinero de materiales y mano de obra para la reconstrucción de la escuelita de Villa San Luis (Hugues) cuando en 1900 la derrumbó una tormenta. Menciona a los hermanos (hijos de Juan Bautista?) Minatta de Colón que eran constructores y fuero quiénes trabajaron en la escuelita.

Imágenes

- Hotel París, propiedad de Barral (imagen tomada de la página concepcionhistoriayturismo.com)

- Pedro Barral

- Nieto de Pedro Barral en el centenario de la escuela 3 de Febrero

 

Fuentes consultadas

Hotel de París, un solar con historia, publicado en https://concepcionhistoriayturismo.com/2019/01/05/hotel-de-paris-un-solar-con-historia/

La nota completa sobre Barral en la revista Caras y Caretas Nº 1050 16 -11-1918 disponible en https://www.bne.es/es/catalogos/hemeroteca-digita


4/9/26

Urquiza: el presidente burgués

 Rubén I. Bourlot

 

Salvado algún detalle podemos afirmar que el único presidente argentino que pertenecía a la burguesía industrial fue Justo José de Urquiza, primer presidente constitucional de la Confederación Argentina (1854-1860). El detalle es que en el siglo XXI también presidió el país Mauricio Macri que provenía de una familia empresarial.

Es interesante analizar la actuación política de Urquiza en el contexto de sus actividades privadas para arrojar un poco más de luz al extenso y complejo proceso histórico que lo tuvo por protagonista.

Urquiza fue militar, político y terrateniente con vastas estancias en Entre Ríos, Corrientes y otras provincias. Pero no se quedó criando vacas. Fue un verdadero capitalista del siglo XIX, un burgués, que apostó a construir un conglomerado de emprendimientos industriales y de servicios en su provincia y otras.

Tuvo que conciliar sus funciones en el estado como gobernador y  presidente con sus negocios privados. Entre otros muchos tuvo saladeros, ingenios azucareros en Tucumán, flota de barcos, fábrica de paños, empresas de mensajerías, explotaciones mineras en Catamarca, yacimientos de cal en Entre Ríos, acciones en empresas ferroviarias, de seguros y en bancos. Solo es una rápida ojeada ya que donde había posibilidades de hacer una inversión estaba puesto el ojo de Urquiza.

 

Entre Caseros y Pavón

Esta mirada sirve para poner en contexto la actuación política de Urquiza y puede ayudarnos a comprender desde otro costado dos hechos clave de la historia de país: Caseros y Pavón. No hay dudas que ambas batallas protagonizadas por el llamado Organizador fueron puntos de quiebre en la marcha de la historia nacional. Y, como expresamos más arriba, arrojan más luz que las adjetivaciones con las que se suelen caracterizar ambos hechos.

El Pronunciamiento y Caseros, que llevaron a la sanción de la Constitución, fue la culminación de los reclamos para concretar la organización que las provincias se habían propuesto cuando firmaron el Pacto Federal en 1831. A esa altura el régimen político de Confederación mediante el pacto de gobernabilidad con el hegemónico gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas ya estaba agotado, es cierto. Pero hay que agregar que otra causa gravitante que desató el conflicto fueron las rentas aduaneras en manos del puerto de Buenos Aires, por ende de Rosas. Por ese puerto único pasaba el comercio exterior. Los puertos fluviales estaban cerrados al comercio, no solo para evitar el ingreso de las manufacturas europeas sino para la salida de la producción de las provincias. Todo terminaba entrando y saliendo por el embudo de Buenos Aires. Las exportaciones ganaderas tanto del estanciero Rosas como las de Urquiza y otros productores del Litoral debían pasar y tributar al gobierno de la provincia de Buenos Aires.

 

Capitalista industrial

Aquí tenemos que abrir un paréntesis. Urquiza no solo comerciaba con cueros y tasajo como lo hacía Rosas. El Urquiza capitalista industrial necesitaba vías alternativas para exportar sus manufacturas, importar materiales para sus instalaciones y comerciar con sus empresas navieras. La apertura de los ríos era fundamental.

La cuestión fue que el Pronunciamiento y Caseros cancelaron el periodo de Rosas pero no atacaron el meollo de la cuestión. Desplazado el Restaurador de la Leyes quedó por sacar del medio a la oligarquía parasitaria del Puerto. Contra eso no pudo Urquiza. No se atrevió, tal vez, a tocar el corazón del poder. Tuvo que aceptar ese triunfo a medias y replegarse a Paraná.

No vamos a avanzar en el análisis sobre lo sucedidos en Pavón. Es un tema pendiente que bien vale interpretar con la misma lógica de Caseros y no quedarnos con la novela de la “traición” y el “pacto masón”.

El triunfo a medias de Caseros postergó por tres décadas la organización definitiva del país. Recién la concluyó en 1880 Julio Argentino Roca que forzó la capitalización de Buenos Aires. Urquiza, militar de muchas batallas, no pudo batir al enemigo y adentrarse al corazón de la ciudad-puerto para echar a los mercaderes que siempre conspiraron en contra de la organización. Lo hizo Roca, también militar pero sin las limitaciones de un burgués como el entrerriano. Esos treinta años de demora no fueron gratuitos.

 

Más allá de la historia

No podemos hacer análisis contrafácticos en historia. Nos apartamos un momento de “la ciencia de los seres humanos en el tiempo”, según Marc Bloch, y hacemos un ejercicio especulativo: ¿Qué hubiera pasado si en 1853 se lograba la capitalización de Buenos Aires y la nacionalización de la aduana? ¿Se hubiese puesto en marcha con éxito el magnífico plan económico de Mariano Fragueiro desde el ministerio de Hacienda? Un plan que suponía el desarrollo autónomo con el estado promotor de las industrias, el impulso de la minería, la construcción de ferrocarriles y el establecimiento de la banca estatal para administrar el crédito público, entre otras muchas iniciativas.

Faltaban aun quince años para que los Estados Unidos resolvieran su destino mediante la guerra de Secesión con el triunfo del norte industrialista sobre el sur agroexportador esclavista. La Confederación Argentina lo pudo haber hecho en 1853. Cuando Roca y sus chinos provincianos desalojaron a la oligarquía del puerto era tarde para cambiar el modelo. Urquiza había muerto y la burguesía capitalista orientaba sus inversiones a la producción vacas y trigo para integrarse al mundo como proveedor de materias primas.

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