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15/3/26

El épico combate naval de Arroyo de la China

 Rubén I. Bourlot

En el marco de los enfrentamientos de las Provincias Unidas, aún no independizadas formalmente, y el gobierno de Montevideo que representaba a metrópolis española se produjo el combate naval del Arroyo de la China, el 28 de marzo de 1814.

En los primeros meses de 1814, tras el combate del Espinillo donde la fuerzas artiguistas comandadas por Eusebio Hereñú derrotaron a las que respondían al gobierno centralista de Buenos Aires, Entre Ríos se había consagrado como provincia autónoma. No obstante días después se abría otro frente de batalla.
Se trataba de la reacción de los realistas que se abroquelaban en Montevideo. Ante el intento del almirante Guillermo Brown de recuperar la isla Martín García, primer paso en su propósito final de ocupar Montevideo, el gobierno montevideano de José Gaspar de Vigodet envió una expedición a cargo de Jacinto Romarate que en un primer momento venció a los patriotas pero finalmente, reagrupados, lograron desplazar a los realistas de estratégica la isla.

Los realistas derrotados llevaron a su escuadra aguas arriba del río Uruguay y arribaron a los alrededores de Concepción del Uruguay que aún se la conocía por el antiguo topónimo de Arroyo de la China. La perseguía una escuadrilla compuesta por seis unidades enviada por Brown al mando de capitán norteamericano Tomás Nother. 

Naves a la vista

A despuntar la mañana del 28 de marzo las naves realistas estuvieron a la vista de la ciudad fundada por Tomás de Rocamora. Romarate se acercó a parlamentar con el jefe artiguista Fernando Otorgués. Según documenta Urquiza Almandoz en su Historia de Concepción del Uruguay (Tomo I) el propio Otorgués habría provisto de carne fresca a la expedición realista cuando pasó por puerto Landa. Pero los sorprendió el arribo de las fuerzas de Nother que atacaron a los invasores.

De nuevo los entrerrianos hacían pata ancha frente al mismo enemigo que en 1811 habían derrotado y expulsado a la otra banda del Uruguay. El espíritu del paisano Bartolomé Zapata sobrevolaba sobre sauces y espinillos.

Según el relato de Urquiza “los buques de Romarate se habían ubicado acordelados (amarados proa con popa), en la boca del Arroyo de la China. La escuadrilla estaba compuesta por dos bergantines, Belén y Aranzazú; la zumaca Gálvez; dos cañoneras, Reina Luisa y Perla; dos balandras, Murciana y Americana; la polacra San Ramón y la lancha corsaria del navío Salvador. Reunían en total 32 cañones y una fuerza de 380 hombres.

“A su vez la escuadrilla patriota sumaba alrededor de 41 cañones y 260 tripulantes. No obstante, la superioridad realista se acentuaba porque su tripulación era de carrera y veterana.”

Según transcribe el autor los patriotas avanzaron “temerariamente colocándose ‘a un tiro escaso de pistola de las naves enemigas’. La Trinidad -el buque insignia- tuvo la desgracia de varar y contrariamente a la creencia de encontrarse con un enemigo insuficientemente provisto de pólvora y municiones, de las naves españolas partió una cerrada descarga de metralla y balas que arrasó de una andanada sesenta hombres del barco varado, entre ellos el capitán Nother que perdió la vida, por lo cual se hizo cargo del mando de la Trinidad, Ángel Hubac.”

El combate continuó algunas horas y resultó herido Hubac que fue reemplazado por el coronel de origen griego Nicolás Jorge.

La inmolación de Spiro

A esta altura faltaba el episodio épico del enfrentamiento que protagonizó otro de los griegos, el teniente de infantería Pedro Samuel Spiro. El marino estaba a cargo de la balandra Carmen que tuvo la mala suerte de encallar. “Afrontó el peligro del instante -escribe Urquiza-, y ante un posible abordaje se dispuso volar la nave. Ordenó, entonces, el desembarco de su tripulación; luego bajó de cubierta y prendió la mecha. En el intento voló Spiro con su barco. Su inmolación fue una estupenda muestra de valentía y un noble tributo para la patria adoptiva.”

Pedro Samuel Spiro había llegado a la Argentina con dos hermanos a la Ensenada de Barragán en julio de 1810. Según testimonia César Augusto Villamayor Revythis, desde 1812 existen registros de sus actividades militares en una pequeña flotilla desde el puerto de Buenos Aires contra las fuerzas realistas con base en Montevideo como corsario rioplatense con gran éxito a pesar de ser pequeñas naves y muy poco artilladas.

El capitán de puertos Martín Jacobo Thompson, hoy considerado el padre de la Prefectura Naval Argentina, dijo de Spiro: "De los extranjeros que han estado a sueldo del estado, Pedro Samuel Espiro es de los que más se han distinguido”.

Como homenaje de su acto heroico existe un busto en el Museo Naval de la Nación, en la sala independencia, ubicado en la localidad del Tigre, que fuera realizador por el escultor Luis Perlotti.

El combate naval del Arroyo de la China significó una dura derrota para los patriotas pero meses después vendría la reivindicación para tantos esfuerzos. Los realistas que se habían alzado con la victoria pocos meses después tuvieron que evacuar Montevideo y alejarse del Río de la Plata.

El 23 de junio los sitiadores de Montevideo, que habían sumado el bloqueo naval por el río de la Plata a cargo del almirante Borwn, ingresaron a la ciudad y expulsaron a los realistas.

El gobierno de Buenos Aires se hizo cargo de la ciudad pero no pudo sostenerse. Las fuerzas de Artigas, que dominaban toda la región, en enero de 1815 enfrentaron a los centralistas porteños y los derrotaron en el combate de Guayabos. En febrero los artiguistas ingresaron a Montevideo y el Protector nombró como gobernador a Fernando Otorgués. Fue el momento de mayor gloria de la Liga de los Pueblos Libres que en junio de 1815 convocaba a los pueblos para reunirse en el Congreso del Arroyo de la China. Sin dudas que la heroica ciudad entrerriana se había convertido en el epicentro de las luchas por la independencia. Y esto recién comenzaba.

El combate naval del Arroyo de la china es recordado en la zona del Balneario Municipal de la ciudad con un monolito y una placa con la inscripción “Combate del Arroyo de la China. 28 de marzo de 1814 ¡Gloria a sus combatientes! Comisión de homenaje a la campaña naval de 1814. Armada Argentina. 12 de noviembre de 1966”


Imágenes
Balandra Carmen en el Combate de Arroyo de la China. Acuarela de E. Biggeri
Placa conmemorativa del combate
Balandra Carmen. Estampilla conmemorativa.

18/5/12

En la huella de Artigas (1)


Transcribimos la primera entrega de la conferencia pronunciada por Wáshington Reyes Abadie en el Colegio Nacional del Uruguay el 11 de junio de 1983, durante las Primeras Jornadas Humanísticas organizadas por la institución educativa de Concepción del Uruguay en adhesión a los 200 años de la ciudad.

Para un oriental cruzar el río Uruguay para pisar tierra entrerriana es siempre dar un paso adelante en la interioridad de la Patria Grande, no es cruzar la frontera, no es venir como ajeno a casa extraña, es reincorporarme sencillamente al viejo hogar americano, y en esa emocionante condición y situación, qué grande e importante paso de retorno cuando se hace para venir a hablar a hablar en el Colegio del Uruguay, institución que señera en el tiempo sobre el perfil del río Uruguay como un continen­te de luz y cultura para mantener viva la llama permanente de nuestra identidad ameri­cana. Y en esta Concepción del Uruguay, la vieja Villa del Arroyo de la China, llegó primigenia, fundacional la convocatoria de aquel admirable intérprete de las voluntades profundas de los pueblos, de las comarcas del Plata que fue José Artigas , el caudi­llo del milagro, el hombre que alcanza por su profunda vigencia en el hoy y en el futuro inmediato de estas patrias hermanas, el valor estimulante, simbólico y permanente del mito viviente, del mito que convoca, del que compromete la comprensión profundo de nuestra condición; porque en su huella marcharon, los pueblos para erigirse desde la soberanía particular de cada una de las comarcas a construir la gran nación, y ese co­losal y aun no logrado proyecto de esa Patria Grande que la miopía penosa, la ambición alienada y los intereses conjurados de las capatacías oligárquicas de las ciudades puer­to del Plata -Buenos Aires y Montevideo- más el interés del naciente Imperio inglés, impidió. Porque, no vamos a resignarnos lo hombres de este tiempo, naturalmente a ceder la pedana de la historia dejando como término inconcluso la tarea heredada de nuestros fun­dadores, la de dar sí culminación a la empresta emancipadora, en tanto y en cuanto emancipación implica la plenitud del desarrollo de nuestro propio ser histórico - cultural en la dimensión magna de nuestro continente sin los límites artificiales y egoístas de la jurisdicciones impuestas por los intereses antinacionales y antiamericanos que hasta hoy dolorosamente han logrado prevalecer.
Pero, desde el fondo de la historia y cabalgando en el mundo de las sombras los li­bertadores, que no pueden descansar en paz mientras quede un pedazo de tierra ameri­cana sin liberar, nos convocan a proseguir en su huella la obra iniciada entonces. De allí el vivo interés que tiene el venir a Concepción, a la vieja Villa del Arroyo de la China, a recordar, a actualizar, a dar vigencia nueva y renovadora a un acontecimien­to que nuestra desmemoria ha dejado, no digo en el olvido, pero amnésicamente largo rato perdido, y que sería inútil buscar en la letra, y aun en la chica, de los textos en uso fabricados, a menudo, por el subsistema de dominación intelectual que pretende escamotearnos parte de la historia, no toda la historia - imposible- pero la suficien­te parte como para que se haga ininteligible y para que la historia la tengamos que aprender con dolor y sufrimiento, rescatando del olvido las partes esenciales, aque­llos capítulos que pintan el aparente confuso tramite de un proceso que repetimos y repasamos, y reexaminamos y no terminamos de entender bien. Porque mal puede entenderse un pro­ceso vital como el de la historia cuando se le hace ablación de aspectos sustanciales del mismo.
Y es que en esta tierra, en este lugar, un 29 de junio de 1815 tuvo lugar el primer congreso libre y auténticamente representativo de la soberanía de los pueblos americanos del Plata con el propósito, nada menos, que de echar los fundamentos del nuevo orden americano que debía nacer. El que en efecto ese mismo 29 de junio de 1815, convocados por quién era proclamado por la egregia Córdoba “Protector de los Pueblos Libres”, se reunían diputados de los pueblos de todas aquellas provincias que ante sí y por sí, sin tutela de nadie se habían declarado libres e independientes, y reconocido también ante sí y por sí, el protectorado del gran caudillo al sólo efecto de ser garante de su mutua seguridad y el efectivo valimiento de su recién adquirida libertad e independencia. No estuvieron todas las provincias del Río de la Plata, no porque no lo quisiera el Protector. Empezamos por decir que este hecho augural que ocurría aquí, en Concepción era factible porque acababa de sufrir un rudo traspié el sistema bonaerense y la pretensión de aquella ciudad – puerto de continuar ejercitando su despótica jurisdicción omnipotente sobre la voluntad de los pueblos interiores. Había sufrido un traspié; dicho traspié es el que protagonizó la caída del director Carlos de Alvear y su sustitución por Ignacio Álvarez Thomas, después del conocido motín de Fontezuela.
Álvarez Thomas nos explicita en un reservada correspondencia a Manuel de Sarratea, por entonces residente en Londres en busca todavía, sin haber superado aún su visión unilateral del proceso americano - Manuel Sarratea es una alta personalidad americana, sus graves errores de mocedades no le pueden se achacadas de una manera implacable atento que en el resto de su importante y fecunda vida habría de servir, desde la embajada de la Confederación Argentina en París, los intereses nacionales de América. De modo que basta y sobra con los largos servicios prestados por esta ilustre hombre que a su muerte en 1847, fue reconocido en la prensa francesa y europea en general como uno de los más representativos hombres del cuerpo, todavía en agraz, diplomático de las patrias nuevas o jóvenes de América Latina -, digo, Don Manuel de Sarratea en este año 15 todavía soñaba en la búsqueda de un rey posible detrás de aquella malhadada gestión que encabezaría don Bernardino, y buscaba un rey posible de las distintas cortes, llegando hasta la fantasía aquella que ustedes recordarán del rapto del pequeño infante Francisco de Paula, el menor de la estirpe de los borbones. Ignacio Álvarez Thomas confiesa luego del golpe de Fontezuela a don Manuel de Sarratea la verdadera razón del golpe y dice que la verdadera razón del golpe “es elegir entre dos males el menor”, porque para don Ignacio era un tremendo mal que se presentaran frente a la orgullosa excapital virreinal las huestes de los pueblos encabezados por el caudillo inmortal, y era mejor detenerlos, y si para detenerlos había que descabezar el sistema urdido en la ciudad capital, pues se descabezaba. Le narra en efecto don Ignacio a Sarratea, en oficio del 10 de octubre de 1815, lo acontecido a partir de Fontezuela, la deposición de Alvear, la emergencia al cargo y la intriga desarrollada para, ahora que se pudo eliminar y detener las caballerías criollas de las grandes vanguardias entrerrianas precisamente, en San Francisco de Areco y retrogradaron hasta Santa Fe – Paraná, La Bajada, en atención a la concordia y al pronunciamiento sincero que creyó el Protector, había hecho el régimen porteño. Una vez que logró esto había ganado tiempo, había que buscar ahora la manera de inhabilitar a don José Artigas y los pueblos libres. Don José de San Martín, en este momento gobernador de Cuyo, es notificado por don José de Artigas de lo que acababa de acontecer e invitando también a la unión. Don José de San Martín prefirió lógicamente, aterrado por la anarquía que esto implicaba, una composición de punto de vista de espera, desgraciadamente, del desarrollo de los acontecimientos, y los pueblos del Cuyo no van a venir a Concepción. Los pueblos del Noroeste, las provincias del Tucumán y de Salta, no estarán tampoco, pero por una razón muy simple: están enfrentando con las armas en las manos a las fuerzas limeñas que amenazan por aquel ángulo penetrar en el corazón de las Provincias Unidas. Y allá se bate el inmortal Güemes, defendiendo con sus gauchos inmortales la amenaza que sufre el contexto de la patria toda. Queda el corazón del Litoral para asumir en representación de los pueblos. 
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