4/8/26

Entrecruzamientos entre política e historia en la literatura entrerrianas: Juan L. Ortiz y Delio Panizza

 Rubén I. Bourlot

Expuesto en el I Congreso Entre Ríos, entre discursos: literaturas, territorios culturales y resonancias interdisciplinarias”, Paraná, julio de 2026.

Juan L. Ortiz es un ejemplo del entrecruzamiento entre su poesía con la historia, la regional más específicamente, y con la política. Fue una persona que vivió intensamente la política. Tal vez ese constado esté un poco invisibilizado por los entrerrianos que tampoco se atreven a destacar su trascendencia en la literatura nacional, también invisibilizada en parte por su abierto compromiso político y partidario. Por otra parte observamos que en la poesía de Juan L., además de lo paisajístico, hay una presencia de los acontecimientos de la historia regional.

Del mismo modo observamos en Panizza su compromiso político a la par de su escritura que abreva en la historia regional con obras emblemáticas.

En política estuvo vinculado al radicalismo yrigoyenista. Un poema de su autoría, publicado en el diario Los Principios de Concepción del Uruguay (Artusi, 2025), rinde homenaje a Hipólito Yrigoyen a tres días de su muerte: “Y allá su nombre va, como una flecha, a clavarse magnífica y derecha, en el bronce de la Inmortalidad”. Participó activamente en las lides partidarias y en 1931 fue concejal, cargo que ocupó nuevamente entre 1935.

Su poesía rinde también tributo histórico a Francisco Ramírez, José Artigas, Justo José de Urquiza.

Como escribió Jorge Abelardo Ramos (1985) “La impureza es el modus constante de la naturaleza, de las letras y también de la política. Todas las tentativas de ‘purificar’ algo concluyen esterilizándolo”.

Por su parte Claudia Rosa (1988) escribió que

“Hoy, es un lugar común afirmar que literatura, sociedad e historia están estrechamente vinculadas, y que dicha relación se pone de manifiesto no sólo en el proceso de creación, en el referente, en el vínculo sujeto-autor, en la inclusión de una obra a un sistema literario, sino también en el proceso de recepción y en la trama de relaciones recíprocas entre éste y el proceso de producción.”

 

 

Juan L. Ortiz

Juan L. Ortiz nació en Puerto Ruiz en 1896, residió en Gualeguay, hasta 1942 cuando se radicó en Paraná donde vivió hasta su muerte en 1978.


En los versos de Tríptico del viento, poemas que permanecieron inéditos -se publicaron de manera póstuma- que solía recitarlos de memoria sin que llegaran al papel impreso, apela a los acontecimientos históricos de la provincia y la región.

En una entrevista de Alberto Perrone (1973) recitó un fragmento titulado “Artigas (viento del este)” que se incluyó en un recuadro.

Durante la entrevista Juan L. explica el poema:

“Siempre me interesó comprender el problema de los caudillos, que es el problema nacional. Los caudillos son !a reacción contra los intereses porteños. Gente que estaba en arreglos con las diademas, con las coronas de Inglaterra y Portugal. Intereses europeos que imponían sus objetivos en el Río de la Plata. Pese a la Revolución de Mayo, el interior continúa sujeto a Buenos Aires. El federalismo es una entelequia. En mi poema ‘Tríptico del viento’ sintetizo, de algún modo, el problema. Para eso tomé figuras que reconozco principalísimas. Moreno, el hombre de fuego. Francisco Ramírez, rama de orilla, hombre del pueblo de Entre Ríos, y sobre todo, José Artigas, con un pensamiento y una acción de los más avanzados para su época. Ellos son tres grandes caudillos atentos al latido del pueblo (…)”

 

Artigas (viento del Este)

“De qué manera el grito por sobre el Plata halló

su raíz en el Este que descendía, ya al frente

de todas las raíces que invirtiera su voz

como si de unas manos llevara la creciente.”

En su extenso poema El Gualeguay se refiere a la relación de Artigas con Francisco Ramírez.

“(…) desde donde amanecía, casi,

en el día de esa lanza de Uruguay que no pararía con las suyas

y las vecinas 1850

hasta la ‘Cañada del destino’

y la sepultura de la ‘diadema’ o la traición...

hasta, la estrella del Pilar

con efluvios que irían a buscar el extrañamiento

y volverían para sellar las manos

contra las nubes ‘de afuera’, ésas sobre el cielo de la izquierda...

hasta la estrella de Febrero

con raíces en lo hondo y la revelación del camino

y la regla de plata (...)” 

En “El Aura del sauce” también asoman referencias a nuestros caudillos Ramírez y Ricardo López Jordán (h).

“Y sin embargo el héroe numeroso se había alzado de eso mismo

cuando el héroe Supremo supo tocarlo como un numen

en el numen de Mayo, traicionado allá, y amenazado de ‘coronas’...

Y fuera el ‘monte’, al fin, todo alado de centauros,

el que salvara ya entonces, paladinamente, la ‘ciudad’ (...)

Como fuera el ‘monte’, más tarde, con el sobrino consecuente y los otros centauros,

—una barba de río, como la propia divisa, llameando en el viento de las cargas,

y unos nuevos pechos de quimera para aguzar el viento—

el que lavara sus mismos laureles de la sangre y de la entrega,

y salvara por tercera vez, con el suyo, el honor de la ‘ciudad’ (...)

Y no fueran ‘estancieros’, no, éstos, ciñendo todos los cilicios,

para subir con todos los sin nombre, con todos, hasta el aire debido...

Mas la ‘cultura’, sólo al cabo permitiera, con los rémington y los cañones alemanes,

el de las raíces sin señales, y el de las marañas y las pajas, y el de la costa extraña(...)”

 

En otro fragmento del poema descubre al poco mencionado Bartolomé Zapata, el primer caudillo entrerriano que agitó montoneras por 1810 y murió tempranamente pero dejó su impronta.

“Nunca te faltaron, Ciudad, los Zapata, que te libraran de las extrañas fuerzas pesadas.

Marchabas, sí, a pesar de todo, con los pasos del mundo, pero con los pasos que avanzaban.

Y cuando esas fuerzas se abatían sobre ti, de lo hondo de ti salían las tuyas

como las gentiles deidades nunca dormidas del nativo monte íntimo

de la mano con los mitos más intensamente vivos en que el tiempo se miraba,

y hete al punto en tu línea ligera y profunda a la vez, clara e íntima a la vez,

alada como otra victoria en el encuentro siempre justo con el héroe (...)”

También su poesía estaba atravesada por la política: Juan L. Ortiz era simpatizante del Partido Comunista.   

Dice Alfredo Veiravé (1965):

“Mientras tanto el poeta vive experiencias literarias, políticas y también sentimentales, del amor revelado por quien dio entonces a su paisaje una suerte de ebriedad primera y permanecida de un octubre sin fin (…)

“En su poesía habla ‘de los barrios apartados o los barrios sin luz existe una razón más profunda que universaliza ese paisaje entrerriano en los arrabales ya que esta designación aparece cada vez que el autor quiere trasmitir una nota de tipo social, un tipo de evidencia de esa injusticia social que ha relegado a ciertos grupos humanos al abandono de los aledaños de la ciudad, fuera de una imagen de la felicidad apetecida para el poeta, que se puede divisar a través de grandes ventanales en la compañía de la música y los libros.”

 

En el poema El Gualeguay se refiere a sucesos políticos del siglo XX:

“Y vino Febrero del diecisiete, y vino Octubre del diecisiete.

Vinieron los ‘días que conmovieron al mundo’,

y yo un poco, como en pantuflas, había corrido las cortinas sobre el mundo,

y yo estaba, mejor, en la torre de marfil de unas riberas serenísimas.

En el poema Jornada denuncia:

Tantas almas perdidas y tantos cuerpos sufrientes,

con tanta preciosa fuerza ignorada!

La sombra fría que sube sobre el arrabal,

que invade las casas ¿las casas? y tanta criatura inocente, oh, hombres.

No amaré más el arrabal, con árboles y con calles verdes, como le amaba antes.

Su silencio está lleno del silencio terrible de las almas ignoradas y de los cuerpos sufrientes.”

 

Emma Barrandeguy (1997), otra notable escritora gualeya, también nos dejó sus recuerdos de los encuentros con Juan L. y otros representantes de la bien llamada “ciudad de los poetas” donde la política se filtra en todas las conversaciones.

Nombra a Juan L. Ortiz, Amaro Villanueva, Salvadora Medina Onrubia, Juan José Manauta

“Todos nacidos en Gualeguay antes de 1920, todos escritores de izquierda.

(…)

“Estos escritores gualeyos, cuya sociabilidad nació tempranamente en los ámbitos de las bibliotecas del pueblo, en los círculos de amistad y política como ‘Amigos de la revolución soviética’ -que fundó Juan L. Ortiz-, y cuyos lazos se extenderán durante todas sus vidas, obtuvieron en algún momento, en mayor o menor medida, proyección nacional. La temprana labor cultural y militante de algunos de sus miembros, los llevó a vincularse con los principales poetas sociales de Buenos Aires, como Raúl González Tuñón, Álvaro Yunque y César Tiempo, a quienes invitaban a dar conferencias y presentaciones.”

 

Por su parte escribió Pedrazzoli (1987):

“Resulta natural que los rasgos sociales de su poesía se hagan presentes con un sentimiento solidario por los desposeídos, o por los que soportan el drama bélico, o por los que padecen las distintas formas de injusticia. Resulta natural también, que el hombre y el contexto socio-económico-cultural avancen hacia el centro de su poesía.”

 

Juan L. se vinculó el grupo Claridad e integró la Asociación de intelectuales, artistas, periodistas y escritores (A.I.A.P.E.).

 

Durante el peronismo estuvo vigente. Su pertenencia al Partido Comunista no impidió que publicara el soneto “Gualeguay” -que no forma parte de su poema largo “El Gualeguay”–,  y se analizara su literatura en el suplemento cultural del diario La Prensa administrado por la CGT, que estaba a cargo de César Tiempo.

 “Me place mucho lo que hace Tiempo con La Prensa. Pregúntele si recibió alguna vez El álamo y el viento. En cuanto a los siguientes, los tendrá cuanto antes. No lo olvido nunca, ni olvido mi deuda con él”, dice en una carta del 26 de abril de 1953, incluida en su Obra completa (2005).

 La deuda a la que alude, probablemente sea la “activa complicidad” de Tiempo para la edición de El agua y la noche.

En 1957 viajó a Pekín, Shangay, Nankín, Moscú y Praga lo que significó un reencuentro con una milenaria poesía pero que lo distanció de la estructura del Partido Comunista.

 

 

Panizza, Señor de Montiel

Delio Panizza, Señor de Montiel como lo llamó Aníbal Sampayo, nació en Rosario del Tala en 1893 y luego residió en Concepción del Uruguay hasta su muerte en 1965.

Era militante de la UCR yrigoyenista y en 1931 fue concejal de la ciudad de adopción, cargo que ocupó nuevamente entre 1935 y 1939. En esa ocasión integró, junto a Alberto Carosini, el bloque del “radicalismo yrigoyenista”, separado del mayoritario “radicalismo unificado”.

El “poeta montonero” como lo llamó Sampayo reivindicó en su poesía a los caudillos federales y sus gestas. Su poesía está atravesada por la historia regional. Publicó dos poemarios emblemáticos como Artigas publicado en 1950: canta los esfuerzos de Artigas para mantener la unidad:

“las busca, las atrae,

las quiere ver al fin confederadas

en un lazo perenne”.

En otro de los tramos del poema, refiriéndose a Purificación, dice del caudillo:

“Es ejemplo, sanciona y obedece

su propia ley, es jefe y ciudadano

y la ‘ciudad’ bajo sus ojos crece (…)

Allí edifica su primera capilla

para la devoción de sus legiones (…)

Y la escuela primera se levanta…

Artigas en dinámico proceso

es juez, legislador, ejecutivo…

todo caído por su propio peso

de su notable cerebro pensativo”

 

En Ramírez publicado en 1926 le canta al caudillo entrerriano:

“Semi-dios fabuloso,

hijo de la pasión y la leyenda,

figura de coloso

que llenará de horror toda contienda,

bueno y fatal, satánico y hermoso (…)!”

 

También en Montonera, escribe Roberto Ángel Parodi (1987), su poesía es

“vigorosa y realista evocación de las cargas gauchas sugeridas por una escultura del artista argentino Horacio Juárez. Allí están descriptos, con admirable perfección, sus montoneros y tal es la fuerza de las imágenes que nos parece realmente verlos pasar raudos como el viento ‘camino a la eternidad’”

 

Durante el peronismo publicó varios artículos en la revista Tellvs (1948-1949), revista cultural del gobierno de Héctor Maya (1946-1949) que dirigía Leandro Ruiz Moreno. Del mismo modo que Juan L. Ortiz publicaba en un suplemento cultural oficialista del gobierno de Perón, lo hacía Panizza en Tellvs. Tal vez se pueda especular que su pertenencia al yrigoyenismo lo acercaba al gobernador Maya, también del mismo origen, que llegó al peronismo desde el grupo FORJA.

 

En el recorrido a sus manifestaciones políticas en el periodo encontramos en el diario La Juventud de Concepción del Uruguay (24-4-54) una nota donde cuestiona al gobierno nacional por el proyecto de devolver los trofeos de guerra tomados durante la llamada guerra de la Triple Alianza (1865-1870).

 

Tras el derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón, en 1955 publicó el libelo de poesía “Canto de la liberación”, un furibundo alegato en contra del gobierno depuesto.

Y no solo dedica versos destemplados en contra del gobierno peronista sino que no ahorra elogios al régimen de facto que se hace llamar “Libertadora”.

 

En el extenso poema Por mi Patria expresa:

“Cayó la tiranía…: del abismo

Por donde rueda ya sin esperanzas

Destilando sus últimos venenos,

Llega un bramar de fiera acorralada

Que aún en su impotencia

Quiera mostrar la ensangrentada garra

(…)

Acaso tornarán como mendigos

A las viriles filas democráticas;

Para alertas, alertas ciudadanos,

Pues volverán a traicionar mañana…

(…)

Y para los valientes triunfadores

Sin distinción de grados ni importancia,

Porque creemos en el gesto heroico

Porque hacemos fe de su palabra,

Y sin perjuicio (pág. 17)”

 

Tras su muerte, Aníbal Sampayo le dedicó la milonga Señor de Montiel:

“Lo llora Entre Ríos, al amanecer; y aquí en la otra banda lo lloran también. Poeta montonero, Señor de Montiel; se quedó en su pluma sangrando un laurel (…) En décimas suyas vibra el Uruguay, los hijos de Artigas no lo olvidarán”.

 



2/7/26

El casamiento del año

 Rubén I. Bourlot

 

El 1º de julio de 1904 contraían matrimonio religioso Flora Teresa de Urquiza y Costa y Juan Pablo Sáenz Valiente Campos en la Iglesia de La Piedad de Buenos Aires. Dos familias de pública trayectoria unían destinos y riquezas en ese enlace que captaba el interés de la prensa porteña, entre otros la popular Caras y Caretas que lo caracteriza como “uno de los acontecimientos sociales más sonados del año”. Otro Sáenz Valiente –Samuel- lo había antecedido en el matrimonio con una hermana de Teresa.

Luego de la pomposa boda porteña el matrimonio fue a refugiarse a un tranquilo rincón entrerriano propiedad de la novia.

Hasta hace algunos años habitaba la coqueta residencia denominada Villa Teresa, casco de la estancia del mismo nombre, Marcelo Tito Sáenz Valiente, hijo menor del matrimonio, y nieto del general Urquiza. Rodeado de arboledas y arrullado por el murmullo del arroyo cercano, el hombre habitaba un trozo de la historia provinciana. Al otro lado de arroyito denominado Las Achiras aún se conservaban algunos indicios de lo que había sido el antiguo casco de la estancia San José o el Talar donde la tradición sostiene que nació Justo José de Urquiza en 1801.

Las edificaciones de la estancia Villa Teresa, conservadas hasta hoy, pertenecen al estilo arquitectónico colonial con mirador italianizante y ricos detalles de mármol de Carrara, según una crónica.  Cuenta con un portal para los carruajes, aljibe de una pieza de mármol blanco, hogares y chimeneas, espejos y mobiliario suntuoso, detalles que reconocen su origen a finales del siglo pasado, con techos casetonados de origen europeo, entre otros detalles de lujo. En su interior existía una rica biblioteca. En los alrededores se pueden observar varias estatuas diseminadas en el conjunto arbóreo y herbal de los jardines que ofrecen una reminiscencia europeizante a este fundo rural. También se extiende un parque cercano a las 30 hectáreas con robles, lapachos y magnolias.

 

Boda de campañillas

Por la crónica de Caras y Caretas del 9 de julio de 1904, con fotos incluidas, nos enteramos que luego de la ceremonia religiosa se realizó un baile en la casa del novio que “asumió grandes proporciones”. La lista de invitados mostraba a distinguidos nombres de la alta aristocracia porteña que el periódico no revela. Sí menciona el lujo de los objetos artísticos exhibidos en las vitrinas de los salones.

“A los naturales atractivos de la exposición –culmina la crónica- se unía un fin altamente simpático para acrecentar su éxito: el producto de las entradas era destinado a la Woman’s Building Association.”

Teresa era una de las hijas del general Justo José de Urquiza y Dolores Costa, nacida en la residencia de San José el 22 de diciembre de 1864 (falleció en Buenos Aires el 8 de septiembre de 1945), y fue testigo del asesinato de su padre en 1870. Para el momento de su matrimonio ya era una persona que orillaba los 40 años. Tras la muerte del general el juicio sucesorio determinó que los hijos Cipriano y Carmelo de Urquiza heredaran las extensiones que originalmente formaban parte de la estancia San José, también conocida como Rincón de Urquiza. A Carmelo le tocó la parte que en alguna documentación figura como Estancia Las Achiras, enhorquetada entre los arroyos Cordobés y Las Achiras que dan origen al arroyo hoy llamado Urquiza afluente del Uruguay. Una porción de esta última propiedad fue cedida a su hermana Teresa que incluía el casco ya construido por la fecha que figura en el frente de la edificación principal: “Villa Teresa 1876”. Observemos que para esa fecha Teresa tenía solo 12 años.

Y recién tres décadas después la residencia pasaba a ser el refugio de amor con Juan Pablo Sáenz Valiente, y el hogar de tres hijos aunque ninguno habría nacido en el lugar según los sitios de genealogía consultados, seguramente por la vida itinerante de Capitán de Navío que era Sáenz Valiente. Juan Pablo nació en París en 1905, Francisco José y Marcelo Tito lo hicieron en Buenos Aires en 1906 y 1908 respectivamente.

 

El marino Saénz Valiente

Juan Pablo Sáenz Valiente era al momento de contraer matrimonio Capitán de Navío. Había ingresado a la Escuela Naval con diecisiete años, egresando con el grado de alférez en 1883.

En 1884 Sáenz Valiente formó parte de la expedición que Augusto Lasserre (que ya mencionamos en una historia anterior) realizó al canal Beagle, integrando la División Expedicionaria del Atlántico Sur. Tras efectuar algunas tareas hidrográficas en el sur de su país, regresó a Buenos Aires para ejercer como profesor de máquinas de vapor en la Escuela Naval. En 1885 fue enviado al Chaco, con el objetivo de realizar una campaña en el río Teuco. Ese mismo año fue enviado a Europa, más precisamente a Trieste, Italia, a buscar el crucero Patagonia.

Tras ser ascendido a capitán de fragata en 1897, le fue encargado el acorazado Almirante Brown, con el cual realizó el relevamiento hidrográfico del canal Beagle y de las islas Picton, Nueva y Lennox.​

Entre 1899 y 1901, Sáenz Valiente estuvo al frente de las comisiones hidrográficas del río de la Plata y del canal Beagle.​ Posteriormente, entre 1906 y 1909, se desempeñó como jefe de Estado Mayor. Años más tarde, más precisamente el 12 de octubre de 1910, fue nombrado ministro de Marina por el presidente Roque Sáenz Peña, cargo que continuó, tras la muerte de éste, en la presidencia de Victorino de la Plaza.

 

Con Rubén Darío

Sabemos de la estrecha relación del poeta modernista nicaragüense con la Argentina y en particular con los fastos del centenario de la Revolución de Mayo donde le cantó a la Argentina, a sus “campos del Toro y del Becerro simbólicos”. También aquí encontramos en una carta los vínculos con Sáenz Valiente con motivo de la preparación de un Álbum de la Marina de Guerra.

La misiva enviada por Rubén Darío, fechada en París en 1912, da cuenta al entonces Ministro de Marina de la revisión de documentos “para la redacción del  Álbum de la Marina de Guerra que Ud. ha tenido la amabilidad de confiarme.” Luego de brindar detalles de las características que debiera tener el trabajo sugiere que el texto iría “precedido de unas palabras sobre la marina argentina de Sir Charles Beresford o de otro almirante extranjero” y agrega: “yo opino que sería muy conveniente, aprovechando los grabados, hacer una edición en inglés y otros en francés, pero sobre todo en inglés, a fin de dar a conocer en Europa y en Estados Unidos la importancia de la flota argentina. “

 

24/6/26

Los lugares y sus nombres

Rubén I. Bourlot

 

Los nombres de los lugares de nuestra provincia presentan una riqueza y variedad notables. Hay una persistencia de topónimos de origen remoto dado por las comunidades aborígenes, particularmente guaraníticas, tanto en los que señalan accidentes naturales como en los sitios humanizados.

El fundador Tomás de Rocamora tuvo el buen tino de nombrar a las villas con la denominación de una devoción religiosa con el agregado de una referencia al lugar como sucede con Concepción del Uruguay, San José de Gualeguaychú o San Antonio de Gualeguay. Las dos últimas ciudades terminaron perdiendo el santo en obsequio a la brevedad. Pero siempre es el pueblo, hoy diríamos el “usuario”, el que termina redondeando el topónimo. Lo mismo Paraná que por muchos años después de adoptar el nombre actual la seguían llamando La Bajada. Otro aso que combina devoción con un aditamento autóctono es Rosario del Tala.

Pero en el siglo XIX, tanto desde el estado como de las corporaciones privadas de colonización y las compañías que construyeron las redes ferroviarias impusieron nombres que en escasas ocasiones respetaron los topónimos lugareños. Son repetidos los lugares que recuerdan al general Urquiza, como es natural, inclusive en vida, como es el caso de la colonia Villa Urquiza nombrada así en 1858.

En el caso de la ciudad “Histórica” fue fundada 25 de junio de 1783 por Tomás de Rocamora con familias esta­blecidas cerca del Arroyo de la China y el río Uruguay. El funda­dor solicitó al virrey Juan José de Vértiz que la Virgen de la Purísima Concepción, de la que eran devotos los recién lle­gados, fuese patrona del pueblo. De ahí tomó su nombre: una asociación entre el topónimo del río (Uruguay) con el de la patrona de su parroquia, la  Inmaculada Concepción. No obstante durante décadas los vecinos la seguían llamando Arroyo de la China. 

 

La enajenación de los nombres

Escribe Jauretche en Los profetas del odio que “con el pretexto del homenaje a figuras históricas se ha desvirtuado la toponimia para afirmar la historia falsificada, y a la sombra de los San Martín y Belgrano, la nomenclatura ha servido para desvincular la imagen geográfica del paisaje histórico. Toda esta nomenclatura tenía amplia cabida en las calles innominadas, en las estaciones de ferrocarril y en los pueblos que iban surgiendo. (…) Recientemente se quiso restaurar el nombre de Fraile Muerto y se agitaron los diarios, los rotarianos y los pedagogos para defender su híbrido franco británico Bell Ville (…)

“Fue Sarmiento el que hizo el cambio de nombre adoptando el de un vecino británico, para que así Fraile Muerto, elemento retardatario pasase a ser Bell Ville, elemento progresista. Hay un caso curioso. A la estación Monte Buey -nombre tradicional del lugar que designaba la estancia de un inglés llamado Woodgate, el F. C. Central Argentino le adjudicó ese nombre británico. Pero ocurrió que a los paisanos Woodgate les resultaba difícil y le llamaban Bogati. El mismo Woodgate, horrorizado de que le italianizasen el apellido consiguió que se restableciera la vieja designación Monte Buey.”

 

Los autohomenajes

En nuestra provincia una ley de 1911 legalizó estas arbitrariedades al establecer que los nombres de los pueblos y colonias podrán ser propuestos por los fundadores. Así proliferaron los homenajes y autohomenajes en la denominación de estaciones y pueblos. La estación Gobernador Basavilbaso, habilitada en 1887 lleva el nombre de Clemente Basavilbaso, gobernador de la provincia entre 1887 y 1890. A la estación y pueblo Gilbert se le impuso ese nombre por decreto de 1890 en reconocimiento a Torcuato Gilbert, ministro del gobernador Basavilbaso. La estación Faustino Parera, en el departamento Gualeguaychú, fue habilitada en 1909 y recuerda al entonces gobernador de la provincia (1907 – 1910). Como puede verse, los homenajes en su mayoría eran para personas vivas y en funciones. 

Un caso particular es el del gobernador Eduardo Racedo que resultó agraciado repetidamente con la estación General Racedo, en el departamento Paraná; con la Colonia Racedo en el departamento Federación que en 1968, a pedido de los vecinos, cambió la denominación por “Paraje Guayaquil” para evitar confusiones, y Cerrito en el departamento Paraná, originalmente llamado Pueblo Gobernador Racedo. Colonia Celina en el departamento Paraná, fundada en 1889 por José Francisco Antelo, gobernador de la provincia entre 1879 y 1883, fue nombrada así en homenaje a su esposa.

También los jerarcas de las empresas ferroviarias se reservaban lugares para pasar a la posteridad como Lucas González que recuerda al abogado mendocino que fuera legislador, ministro de Relaciones Exteriores y director del Ferrocarril Central Entrerriano y de la empresa constructora que lleva su nombre. Otro caso es el nombre del pueblo Holt-Ibicuy que alude al administrador del Ferrocarril de Entre Ríos y de extensa actuación en los ferrocarriles argentinos y brasileros, Follet Holt.

 

Nombres complicados

Un caso muy significativo en la evolución de un nombre es el de San Jaime de la Frontera. Originalmente conocido como Villa Fronteras y también Villa Miño debido a José Miño propietario de la estancia La Selva. En 1922, se localizó en el lugar la estación San Jaime correspondiente a la línea ferroviaria entre Federal y Curuzú Cuatiá. En  1935 se fundó oficialmente la villa en una fracción de la estancia San Jaime perteneciente a Dominga La Cruz de Arruabarrena que le impone el nombre de su padre Juan B. Arruabarrena. Finalmente, en 1956 por solicitud de los vecinos, el pueblo adopta el nombre de la estación: San Jaime. En 1966 se conforma la denominación definitiva: San Jaime de la Frontera.

Las colonias judías también llevan nombres de funcionarios de la Jewish Colonization Association como Pueblo Cazés, en referencia a David Cazés de origen judío (nacido en Marruecos), educador, escritor y administrador de la compañía del Barón Maurice de Hirsch. Colonia Walter Moss ubicada en el departamento San Salvador fue nombrada en homenaje a uno de los directivos de la Jewish Colonization Association.

A partir de la instalación de la compañía Bovril en el departamento La Paz, varios lugares adoptan nombres vinculados a la misma como es la localidad de ese nombre. La firma producía un concentrado de carne denominado Bovril, pa­labra que proviene de dos vocablos griegos: "bo" (que significa "buey" o “toro”) y "vril” (“líquido” o "energía"). Este último término está tomado de la novela de ciencia-ficción The Coming Race, del autor Edward Bulwer-Lytton, sobre la existencia de una raza superior que habitaba en las profundidades de la Tierra y que utilizaba una energía llamada «Vril». 
Colonia Avigdor responde al nombre de un jerarca de la compañía, sir Osmoud Avigdor Goldsmith. Y finalmente, el Pueblo Sir Leonard, en el departamento La Paz, originalmente llamado Pueblo Ellison, homenajeando al Jorge Ellison, gerente general de la Bovril Ltda., y luego  Sir Leonard en homenaje a Leonard  Cohen, quien fue otro de los ejecutivos de la empresa británica. También una colonia judía del departamento Villaguay lleva el nombre de Leonard Cohen.

Un caso más llamativo aún; una versión tradicional según señala Enrique Udaondo, es el de Colonia Jubileo, situada departamento Villaguay, ya que el nombre se le dio en conmemoración del jubileo efectuado en Inglaterra en honor a la reina Victoria, en recuerdo de su coronación.

 

Fuentes:

Bertolini, Juan Carlos y Bourlot, Rubén: Proyecto Toponimias de Entre Ríos, síntesis y actualización.

Jauretche, Arturo, Los profetas del odio y la yapa, Peña Lillo, Ed., Bs. As., 1985.

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