5/6/26

Los diálogos de Mastronardi con César Tiempo a través de las cartas

 Rubén I. Bourlot

 

Es solo un dato simbólico que el 23 de enero se haya instituido como el Día Mundial de la Carta Escrita a Mano. Aparentemente la fecha responde al día de nacimiento, en 1737, de John Hancock, uno de los protagonistas de la Revolución estadounidense y el primer firmante de la declaración de Independencia de los Estados Unidos. En 1977 la asociación Writing Instrument Manufacturers (Asociación de Fabricantes de Instrumentos de Escritura) comenzó a celebrar este día con el objetivo de enaltecer la historia de la caligrafía y su influencia. Y, viendo cómo avanza la tecnología desterrando día a día la práctica de la escritura a mano, la celebración cobra plena vigencia.

Las cartas constituyen una fuente interesantísima para auscultar las mentalidades de una época y descubrir algunas “verdades” que muchas veces no se expresan en otros documentos públicos. Cartas de personalidades, políticos, artistas, empresarios, cartas familiares. Hasta no hace mucho tiempo la comunicación entre personas se hacía mediante las cartas, hasta que fueron reemplazadas por el territorio de lo virtual. Primero, los correos electrónicos y hoy los breves y efímeros mensajes de las redes sociales, celulares y otros artefactos. La comunicación perdió ese encanto del relato escrito con tiempo para ser leído pausadamente. No sé qué incidencia tendrán ahora las cartas y si aún se siguen enviando por correo electrónico cartas que luego se guardan en algún rincón del ciberespacio. Lo casi cierto es que cada vez se escribe más breve, más desprolijo y no se guardan los escritos. Es la era de lo instantáneo, efímero y descartable. ¿Estaremos yendo a una nueva cultura ágrafa como en los tiempos primordiales? Es la gran pregunta.

Me consta que hasta no hace mucho las cartas aún circulaban, y tengo a mano un libro con olor a tinta fresca en donde Luis Alberto Salvarezza descorre el velo del pintor gualeyo Derlis Maddoni a través de sus cartas. Cartas que muerden los primeros años del siglo XXI.

 

Cartas con Tiempo

A propósito de cartas rescatamos una interesante misiva, de una serie que intercambiaron en la década del ’30 dos de los más notables poetas entrerrianos, Juan L. Ortiz y Carlos Mastronardi, con César Tiempo. Esta carta que le dirige el autor de Luz de provincia desde Gualeguay a su amigo Tiempo está fechada el 30 de enero 1930 y vale la pena ir desgranando ese rico texto donde comparten impresiones sobre Roberto Arlt, Juan L. Ortiz y la literatura de la época.

 “Amigo Tiempo: ya me extrañaba su silencio casi entusiasta (…).

“Ahora le escribo bajo un signo de influjo demencial. Acabo de leer -lectura frenética- la novela desconcertante de Arlt. Me parece el ‘libro del año’. Me digo un encamotado de ese libro. En Arlt hay eso que los críticos del 905 llaman garra. Nunca lo adiviné tan poderoso al amigo Arlt. ‘Los 7 locos’ tiene esa contextura maciza, homogénea, contundente, que solo se admira en Balzac y en algunos rusos de primera magnitud. El sabor policial de un secuestro allí relatado, y lo contradictorio de algunos caracteres, no disminuyen los méritos de esta obra. Lo sucio que puede leerse tampoco molesta. No aparece como pimentón ni como finalidad estética. Por eso no molesta. Libro de alucinación, donde se mueven muchas bestias divinas. Porque sus personajes no son símbolos netos y pulcros, no representan el Bien total ni el Mal entero. Tienen de todo. La bajera bestial y la divinidad están en cada uno de sus hombres. Hombres que esperan lo extraordinario  sin darse cuenta de que viven unas vidas extraordinarias. Seres deschavetados que buscan un ‘sentido’, una razón de existencia. Angustiosamente. Personajes que, a pesar de ser canallas o poseídos, tienen alguna hora noble. Hay situaciones raras y de excepción: la ‘piantada’ de la esposa. El que, sin desvestirse, le proporciona una alegría de 5 pesos a la pupila. La ciudad mimando al ‘canfli’. El aburrimiento de estos rufianes: aburrimiento y desesperanza bien representativos de Buenos Aires. Un rufián melancólico –humanamente- no deja de ser reo, cosa interesante. Pero lo que me asombra en Arlt es su don de generalizador, su facultad para expresar una visión global, filosófica de las vidas. No se queda en la anecdótico, sino que traza planes de hombres, categorías. El mismo –visible en Erdosain- busca internamente una total justificación de su ser. A cada rato se desdobla, se analiza urgentemente.

“Pero estoy hablando sobre sabido. Ud., en carta del mes pasado, ya me había dicho sus entusiasmos por este libro. Me alegra coincidir con estos agrados suyos.

“Me dice Ud. que lo de Ortiz tendrá buen destino. Así sea. El vate compinche me dice que un tan Barbieri le solicitó fotografía para la revista de Rosso. Yo no conozco a ese señor y Ortiz no sabe con qué objeto pidió la vera efigie. Si Ud. anda en eso, agradézcale al dicho Barbieri.”

Se refería a Lorenzo Rosso, editor de Literatura Argentina que incluyó efectivamente una nota de César Tiempo y Carlos Mastronardi sobre Juan L. en la edición de enero de 1930.

 

Comerciantes al menudeo

Y continua Mastronardi la carta deslizando una crítica al mundillo literario:

“Lo que yo me olvidé de anotar (puede hacerlo Ud. Si le parece) es el heroísmo que significa hacerse un mundo de arte en este ambiente. Y superar el mal gusto reinante. Pueblo de comerciantes al menudeo, solo tiene existencia reconocida aquel que persigue fines centaveros. Y nada le digo de la idiosincrasia secante de los aedas de abanico, de los amerengados vates de salón, de los campeones florales. Ortiz es pobre, y como no frecuenta el Club Social, no puede pasmar a las damas que se regodean con poemas cuyos títulos solicitan Jurcas. Circulan algunos así nombrados: ‘Los 3 Mosquetereos’, ‘El Ensueño Vespertino’, ‘El Hermoso Brummel’; ¡y hay que ver la suficiencia con que eruptan esas cosas!

“Es realmente asqueante esta literaria comedia provinciana. Yo me olvidé de arrimar leña a este respecto. Si Ud. quiere suplirme (y si no ha enviado a prensas los originales) se lo agradeceré. “Siento la necesidad (casi sanitaria) de escribir una rajante cachadura. Si ya no hay tiempo, lo convoco para cualquier otra oportunidad.

“Supongo ha prosperado su propósito revistero. Carulla, Scalabrini y los demás que Ud. nombra son mis amigos. Estaré con agrado allí.

“Mi laboriosidad es bien relativa. Notitas pobretonas en ‘Síntesis’. Como para dar señales de vida. Ahora me interesaría ocuparme de [Nicolás] Olivari (ese Arlt del verso, aunque menos) pero no sé si ya lo comentaron en ‘Síntesis’ (…)”

 

César Tiempo

César Tiempo nació con el nombre de Israel Zeitlin en Ucrania pero cumplió su primer año de vida en Buenos Aires. En 1924 obtuvo la ciudadanía argentina. Formó parte del grupo literario Boedo. En 1930 obtuvo el Premio Municipal de Poesía. En 1937 fundó y dirigió la revista Columna y recibió el Premio Nacional de Teatro. En los años treinta, como joven intelectual, enfrentó al director general de la Biblioteca Nacional Hugo Wast (Gustavo Martínez Zuviría), por su antisemitismo, y se transformó en héroe en la colectividad judía. Más tarde adhirió al peronismo.

Entre 1952 y 1955 fue director del suplemento literario del estatizado diario La Prensa. Entre 1973 y 1975 se desempeñó como director del Teatro Nacional Cervantes.


Imágenes

Fragmento de la carta de Mastronardi a Tiempo

César Tiempo

2/6/26

La reforma constitucional de 1949 en Entre Ríos

Rubén I. Bourlot


En 1949 se reformó integralmente la Constitución de la provincia, adhiriendo a los principios de la Constitución Nacional que había sido reformada en marzo de ese año por una convención reunida en Buenos Aires que incorporó el reconocimiento de derechos sociales y nuevas funciones del Estado en el marco del lo que se conoce como constitucionalismo social. En la convención reformadora nacional tuvo un destacado papel el constitucionalista Arturo Sampay, oriundo de Concordia. Fue quién sentó las bases de la filosofía jurídica de la justicia social incorporada al nuevo texto constitucional. 

En nuevo texto de la constitución provincial fue sancionado el 3 de Junio de 1949 y el jurado del 30 de junio. 

Entre las principales disposiciones incorporadas por la reforma se cuentan el reconocimiento de los derechos del trabajador, la familia, la ancianidad, la educación y la cultura, y la función social de la propiedad privada. 

Reconocía el derecho de la familia rural a la propiedad de la tierra que cultivaba. Establecía que los servicios públicos pertenecían originalmente a la provincia y a las municipalidades, sin que pudiera ser enajenada su explotación. Respecto de la educación disponía que debía ser gratuita, obligatoria y democrática (eliminó la educación laica introducida en 1883). 

Creó el Ministerio de Educación. En lo instrumental, amplió el mandato del gobernador, del vicegobernador, de senadores y de diputados a seis años. 

Se dejaron sin efecto los artículos del 216 al 223 de la constitución de 1933.  

En el contexto del golpe de estado que derrocó el gobierno nacional de Juan Domingo Perón en 1955 el gobierno de facto anuló la reforma. 



27/5/26

El padre Alejandro de la madera de Magnasco

 Rubén I. Bourlot

Cuando cursaba la primaria escuché una canción que permaneció flotando en la memoria. La maestra, personal único de una escuela rural, solía interpretar canciones con su guitarra y otras veces nos hacía escuchar algunas grabadas en su Geloso. No recuerdo de dónde fue que brotaron los acordes de La Creación: “Al crear la vaca, Dios hizo la leche
Hizo el dulce de leche, todo lo hizo bien…” Nunca supe el autor e intérprete del tema.

Pero bien vale rescatar del olvido al autor de la canción que es mucho más que una apelación confesional. Se trata del sacerdote Alejandro Mayol, conocido como El padre Alejandro, el que sacudió un poco el avispero eclesiástico en la década del ’60 y resonó a los largo de las siguientes décadas.

Mayol había nacido en Buenos Aires el 1º de junio de 1932 y era nieto de Osvaldo Magnasco, aquel entrerriano de Gualeguachú que también agitó las aguas de la educación cuando desde su ministerio de Instrucción Pública, en la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, intentó una profunda reforma que no se concretó (Osvaldo Magnasco y la reforma educativa).

En el Seminario Metropolitano de Buenos Aires estudió Teología y Filosofía y en 1959 se ordenó sacerdote junto a Carlos Mugica.

Fue un pionero en utilizar los más diversos medios para difundir la doctrina cristiana como la música y los programas de televisión. En 1961 condujo el “Trampolín a la vida” en el canal 7 y luego transitó por otros canales de Buenos Aires.

 

LA CREACIÓN

Pero una de sus vetas más destacada fue la composición e interpretación de canciones que también rompieron los esquemas de los típicos cánticos religiosos. Su emblemática La Creación en la versión de Piero (Piero Antonio Franco De Benedictis) sobrepasó fronteras. Otros temas también ganaron la preferencia de públicos diversos, en particular los más jóvenes, como Hay fiesta en la casa del Padre, Ternura de Navidad, Zamba del grano de trigo, entre una larguísima lista. (La Creación por Mayol)

Por esa época Carlos Mugica asesoraba a la JUC -Juventud Universitaria Católica- en la facultad de Medicina y Mayol lo hacía en la Facultad de Farmacia y se desde ahí se vinculó con el Secretario General de Sindicato de Farmacia, Jorge Di Pascuale, enrolado en lo que se conocería como “sindicalismo de liberación”.

Su pasión por la música lo acercó al ambiente del folklore que en la época renacía con una fuerza arrolladora. Tal vez no es tan conocida su participación en los orígenes de una obra emblemática que trascendió los tiempos como es la Misa Criolla. Fue Mayol quién le acercó la idea y un esquema para componer una misa en clave folklórica a Ariel Ramírez. La misa la grabarían en su primera versión Los Fronterizos y la Cantoría de la Basílica del Socorro dirigida por el Padre Jesús Gabriel Segade.

 

TERCER MUNDO Y CÁTEDRAS NACIONALES

Con la irrupción de las reformas introducidas por el Concilio Vaticano II se plegó al movimiento de sacerdotes para el Tercer Mundo que comenzó a gestarse alrededor de figuras como Jerónimo Podestá y Antonio Quarracino, Lucio Gera, Miguel Mascialino y Carmelo Giaquinta, y más adelante su amigo Carlos Mugica.

En 1969, sin mucha convicción sobre el valor del celibato, decidió pedir la reducción laical y se casó con Beatriz Braga con quien tuvo cuatro hijos: Lorena, Ramiro, Matías y Emmanuel.

Pero sus compromisos religiosos y sociales no cesaron. Continuó produciendo música, estudió Sociología en la UBA y participó de las rupturistas “Cátedras Nacionales” de la mano de Roberto Carri, Alcira Argumedo, Amelia Podetti, Gonzalo Cárdenas, Justino O´Farrell, Norberto Wilner, Gunnar Olsson, Pedro Krotsch que fueron una experiencia de construcción político-intelectual mediante las cuales se proponían trasladar al campo académico la resistencia a la dictadura de la llamada Revolución Argentina, desarrollando el “pensamiento nacional” en la carrera de Sociología entre 1967 y 1972.

Cuando se recuperaron las instituciones constitucionales en 1973 ocupó la dirección de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires del gobierno de Oscar Bidegain, desde donde organizó los trenes culturales que recorrían los pueblos de la provincia.

Luego vinieron tiempos oscuros con el asesinato de su amigo Mugica y la cruel dictadura cívico-militar.

 

ÓPERAS CANCHERAS

Cuando volvió la normalidad al país se desempeñó como secretario de Cultura municipal en Florencio Varela desde 1983 hasta 1995.

En paralelo continuó produciendo las llamadas “Óperas cancheras” como La pasión según San Juan que se representó en la cancha de Vélez Sarfield, el espectáculo Emanuel en la plaza Roberto Arlt y La Patriada en el Cruce de Florencio Varela. Los actores eran los obreros y empleados de la Municipalidad.

En 1990 compuso la obra El Hálito, música y letra sobre Pentecostés. En 1992, el sello Odeón grabó la comedia musical El Cachuzo Rantifuso, con letra de Alejandro Mayol y música de Piero, interpretada por Juan Carlos Baglietto, Piero, Marilina Ross, y la participación de Patricia Sosa, Adrián Noriega, Alejandro Mayol, Lorena Mayol y dibujos de tapa de Carlos Nine, creador del personaje. También creó Fe Tropical, una obra con ritmo de cumbia interpretada por músicos tropicales de la escena local y en diciembre de 1999, se representó la Navidad del Milenio en el Obelisco de Buenos Aires, con Pedro Aznar, Teresa Parodi, Julia Zenko, Opus 4, Abel Pintos, Guillermina Béccar Varela y Chango Farías Gómez.

Falleció el 3 de febrero de 2011.


El Cordobazo: cuando el pueblo resurge

 Rubén I. Bourlot

 

El 29 de mayo de 1969, justo el Día del Ejército, la paz armada de la autodenominada “revolución argentina” se vio conmovida por una masiva movilización en Córdoba conocida como el Cordobazo. Seguramente no estaba en los planes del hosco presidente de facto Juan Carlos Onganía, que no tenía “plazos sino objetivos” para terminar su periodo de gobierno.

No habían advertido, ni los gobernantes de facto ni la dirigencia política tradicional, lo que se avecinaba cuando los estudiantes se rebelaron en los comedores universitarios de Corrientes, más al sur estallaba el “Rosariazo” y caían las primeras víctimas mortales de la represión. 


REBELIÓN EN LA DOCTA

A la industrial Córdoba la marea llegó con toda la fuerza de obreros y estudiantes. Fue una movilización desde la profundidad del pueblo en contra de la dictadura que parecía eternizarse, en contra la proscripción política iniciada en 1955 con el derrocamiento del presidente Juan Domingo Perón y en franca oposición a la política económica del ministro Adalbert Krieger Vasena.

Desde las fábricas automotrices comenzó el fermento. Tractores y camiones se pusieron en marcha, y se agregaron los estudiantes que empezaron a movilizarse desde el barrio Clínicas. Finalmente toda la población estuvo comprometida en un conflicto que se expandió al todo el país: Mendoza, Río Negro, Cipoletti y Tucumán.

Días previos los gremios SMATA, que encabezaba Elpidio Torres (alineado con el líder Augusto Vandor), la UTA de Atilio López y Alejo Simó de la UOM habían convocado a un paro general con movilización en una histórica asamblea que contó con representantes universitarios donde Pascual Bianconi, presidente del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho e integrante de la AUN, agrupación universitaria que respondía a la Izquierda Nacional, fue su portavoz.


UN PUÑADO DE REVOLTOSOS 

Fue la mecha que inició la rebelión aunque con objeciones varias de grupos que respondían a dirigentes que se oponían a lo que ellos llamaban “burocracia sindical”. En la Universidad Nacional de Córdoba una asamblea de 9.000 estudiantes resolvió adherir a la medida de fuerza a pesar de la oposición de las agrupaciones de izquierda que no aceptaban mezclarse con el obreraje “burócrata”. Con algunas prevenciones finalmente el Sindicato de Luz y Fuerza que dirigía Agustín Tosco también fue de la partida.

Hay que entender, desde la perspectiva que nos ofrece el tiempo transcurrido, que esos a los que acusaban de “burócratas” fueron los que motorizaron la rebelión, los que supieron auscultar el humor social para atacar en el momento justo. El olfato que se le dice. Y los “antiburócratas”, vanguardistas, fueron los que cuestionaban la medida y proponían alternativas para vaciar la movilización como “ir a los barrios”. Los hechos les demostraron que las bases se sentían contenidas en las estructuras sindicales y no en los dirigentes de izquierda que apelaban a profundizar las contradicciones.

El gobierno minimizó la movilización caracterizándola como un conato de “revoltosos”; un puñado de “subversivos” decían también. En el transcurso de la jornada, cuando cayeron en la cuenta de la gravedad de los acontecimientos enviaron al Ejército para reprimir. Los enfrentamientos arrojaron unas catorce víctimas mortales, cientos de heridos y numerosos detenidos, entre los que se encontraban los dirigentes sindicales que luego fueron sometidos a tribunales militares.

Pero también la marea rebelde terminó sepultando al gobierno de Onganía. Días después su gabinete completo renunció. Lo que siguió de su gobierno fue una lenta agonía que se fue esmerilando con el asesinato del dirigente de la UOM Augusto Vandor y luego el secuestro y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu.

18/5/26

La entrerriana que sacó a los niños del pupitre

 Rubén I. Bourlot

 

El 18 de mayo de 1889 nacía en Concepción del Uruguay (Entre Ríos) Gerarda Scolamieri que con el tiempo se convertiría en una destacada docente e innovadora del sistema educativo con impacto continental.

Egresó con el título maestra en la Escuela Normal de su ciudad natal en 1906 y trabajó algunos años en la Escuela Láinez Nº 8  de Caseros, en el departamento Uruguay. En 1912, con 23 años, se trasladó a una escuela de Buenos Aires donde ejerció como docente y directora durante más de un cuarto de siglo en la escuela N° 7 “República de México” que obtuvo, gracias a su gestión, un nuevo edificio en el barrio de Villa Santa Rita, donde funciona hasta la actualidad.

Las  ideas de Scolamieri estaban vinculadas a la pedagogía de la Escuela Nueva o escuela Activa reconociendo ella misma como su mentora a Clotilde Guillén de Rezzano, una pedagoga que impulsó en Buenos Aires esta corriente reformadora inspirada en los postulados de Friedrich Froebel y María Montessori, entre otros. Compartió ideales con otras dos entrerrianas como Celia Ortíz de Montoya –que desarrolló una experiencia innovadora en Paraná- y Luz Vieira Méndez, también paranaense cuya labor también tuvo proyección latinoamericana. Asimismo adherían al nuevo movimiento que pretendía poner coto a normalismo positivista Olga y Leticia Cossettini y Juan Mantovani.

 

Niños en movimiento

En Buenos Aires Scolamieri comenzó a aplicar innovaciones profundas en la lógica de la enseñanza-aprendizaje que dejaba de ser unilateral, en un solo sentido del docente, depositario de los saberes, que enseña y el alumno que aprende. La revolución “copernicana” fue conceder autonomía a los aprendices, motivarlos para que salgan en la búsqueda de los conocimientos, a utilizar medios novedosos que los sacaran de la pasividad del pupitre (término muy de época).  Surgieron el teatro, la música, el encuentro con artistas de distintas disciplinas, las visitas a exposiciones de arte como recursos para motivar el aprendizaje activo. La lectura cotidiana en el aula no faltaba como una práctica placentera.

En 1918 llegó el cine a la escuela, una iniciativa verdaderamente revolucionaria en los comienzos de la cinematografía. Con su empeño logró contar con una máquina de proyección con la cual se llevaba a cabo semanalmente “una función de media hora para los alumnos de la escuela N°7 y de la escuela vecina que estaban invitados a disfrutar de la proyección”.

Trabó amistad con Benito Quinquela Martín quien realizó un mural llamado “Trabajo” en el patio interno de la escuela que dirigía. También apeló al arte del poeta titiritero Javier Villafañe con su “Andariega” que mostró a los niños la magia de los títeres y les enseñó a construirlo.

La biógrafa de Scolamieri, María Belén Trejo (Escuela Nueva y relato autobiográfico. Análisis de la trayectoria de Gerarda Scolamieri, una docente argentina), dice que “desde su posición de directora impulsó acciones que tendían a vincular la escuela con una comunidad más amplia. Eran frecuentes las visitas de personalidades del mundo de las artes, de la política, funcionarios, a actos y eventos escolares. Por otra parte construyó una relación fuerte y sostenida con instituciones mexicanas a partir de la imposición del nombre de la escuela: homenajes, celebraciones, actos de reciprocidad, visitas de diplomáticos, etc. Todas estas ocasiones eran construidas como instancias pedagógicas: no se trataba de la reunión de una adulta con funcionarios o con artistas, sino de un encuentro con la comunidad escolar, de una oportunidad de aprendizaje para el estudiantado y de construcción de lazos de solidaridad.”

En 1922 el Consejo Federal de Educación había resuelto darle el nombre de repúblicas americanas a escuelas de Capital Federal. Así fue como la escuela que dirigía Scolamieri se convirtió “República de México” y fue la excusa perfecta para acercar la niñez argentina con la mexicana ya que ella venía fomentando vínculos entre alumnos de escuelas de países de Latinoamérica con los cuales intercambiaban correspondencia.

El monitor de la educación común en 1923 informa que “en la secretaría de Educación Pública de Méjico realizóse el 1º de Setiembre último un brillante acto escolar, con motivo de la entrega de una bandera argentina que nuestro ministro en Méjico, Dr. Federico Quintana, hiciera a la escuela ‘Republica Argentina’ de ese país, dirigida por la señorita Adelaida Arguelles, y que fue remitida en nombre de la escuela ‘República de México’ de esta capital por la directora de la misma, señorita Gerarda Scolamieri.”

Luego vino la invitación para visitar México donde había llevado a cabo su innovadora experiencia educativa José Vasconcelos con un espíritu similar a la Escuela Nueva, y que vivió exiliado en el país entre 1933 y 1935.

A partir de 1943 la situación educativa cambió. El nuevo gobierno surgido del golpe de estado impuso la educación católica y canceló la experiencia de la Escuela Nueva que ya se venía cuestionando por los gobiernos conservadores. Lo mismo había sucedido con la experiencia educativa de Luz Vieira Méndez que tratamos en una nota anterior. Las posiciones de “izquierda” de Scolamieri, que se vinculó con el Partido Comunista y participó de actos del Movimiento Comunista por la Paz, habría sido el motivo de precipitada jubilación en 1944. Los gobiernos de facto cambiaron la orientación del sistema educativo, sin volver al normalismo, inspirado en el nacionalismo católico que impuso la religión en las escuelas. La educación católica en las escuelas estatales y cierta tensión con los movimientos feministas de la época marginaron muchos proyectos innovadores, situación continuó casi hasta el final de los gobiernos peronistas. Recién a principios de 1955 se sancionó de la Ley 14401 que suprimió de la enseñanza religiosa en el contexto del conflicto del gobierno con la Iglesia.

 

Cantando felices

Fuera de las aulas Scolamieri se dedicó a plasmar en un libro su rica experiencia. En 1946 publicó Vida y espíritu de una escuela.

Rescatamos de su trabajo unos fragmentos que transcribe Trejo: “El niño es un trabajador incansable –escribe Scolamieri-, y encauzada su actividad en las vías de lo agradable, se apasiona, se abstrae, se crea un mundo magnífico y provechoso, propicio para la adquisición del conocimiento. Los niños aprendían con placer, con avidez, con felicidad. Mi escuela fue un taller en que trabajaban cantando niños felices.

“En el cuaderno de cada alumno se fijó siempre, con la ilustración justa, cada conocimiento conquistado. El alumno dibujó, puso la vida del color y de la forma junto con la sugestión de la palabra escrita; nunca hubo en la enseñanza impartida nociones endebles; siempre el conocimiento llegó a ser tal, después de la justa visión del mismo: los niños siempre vieron (…)”.

Y en otros párrafos hallamos “A todas las expresiones de arte musical que se gustasen, admitía aún a los niños más pequeñitos; los colocaba muy cerca de los ejecutantes, porque creo que es el modo de iniciarlos en el arte de escuchar; ellos quitecitos, absortos, observan las formas de los instrumentos con toda la curiosidad de sus ojos nuevos; miran luego los movimientos y sin comprender, sin advertirlo, instintivamente, van comenzando a separar en sus sensibilidades la percepción plástica llevada por las formas nuevas y la percepción sonora que llega agradablemente desde aquellas formas vibrantes. Siempre era un gozo para mí ver aquellas personitas tan pequeñas, quietas, atentas, obsesionadas, apresadas por el encantamiento del primer contacto musical (…)”.

Gerarda falleció en Buenos Aires el 19 de enero de 1961.

El Potrero, la continuidad de la colonización agrícola

 Rubén I. Bourlot

 

El 20 de mayo de 1946 el gobierno nacional por decreto declara de utilidad pública, sujeto a expropiación, varios campos en el sur del departamento Uruguay para la creación de la colonia agrícola El Potrero.

La fundación de la colonia se enmarcaba en la ley 12.636 de 1940, autoría del entonces diputado entrerriano Bernardino Horne, que también había instaurado el Consejo Agrario Nacional. Los gobiernos nacional y provincial impulsaban la puesta en producción los extensos latifundios con aptitud agrícola y la consecuente radicación la población rural. Era la continuidad de una política de estado que hundía sus raíces en la colonización llevada a cabo por Justo José de Urquiza en el siglo XIX y, más recientemente, en las políticas agropecuarias del gobierno de Luis L. Etchevehere (1931-1935) a través de su ministro Horne.

En la primera mitad del siglo XX gran parte de la producción agrícola estaba en manos de aparceros que cultivaban parcelas de los latifundios sin la posibilidad de arraigarse para consolidar las familias y desarrollar planes de inversión sobre un terreno que no le era propio. En la zona de El Potrero ya se encontraban varias aparcerías organizadas por los propietarios de las estancias que se apresuraron a poner en producción sus tierras ante la perspectiva de una expropiación por parte del Consejo Agrario Nacional. En 1944 un grupo de arrendatarios patrocinados por Federación Agraria Argentina llevaron a cabo una gran concentración en la zona para reclamar la entrega de las parcelas en propiedad ante el maltrato por parte de los estancieros, las prohibiciones para contar al menos con alguna vaca lechera y aves para la subsistencia y la falta de escuelas para los niños.

 

EL POTRERO DE SAN LORENZO

La nueva colonia se constituyó con fracciones de campos correspondientes a las estancias “El Ñandubaysal”, “El Mangrullo”, “San Martín” y “San Luis”, en su mayoría propiedad de sucesores de Saturnino E. Unzué. El nombre de la misma, El Potrero, proviene del Potrero de San Lorenzo (en alusión a un arroyo de ese nombre) perteneciente entonces a la familia Unzué. Desde el siglo XVIII estos campos constituían la estancia San Lorenzo de Isabel de Álzaga de Elía, comprados en subasta pública al Cabildo de Buenos Aires por su padre Ignacio de Elía e Ilarra. Existen indicios de que en la zona se proyectó instalar una colonia con inmigrantes griegos y canarios en la década de 1840. Con el tiempo la propiedad fue adquirida por Justo José de Urquiza, más adelante pasó a manos de una sociedad encabezada por Anacarsis Lanús y finalmente a la familia Unzué.

Las familias de colonos de El Potrero en su mayoría eran descendientes de antiguos inmigrantes europeos, en su mayoría alemanes del Volga, y algunos criollos. Entre otros apellidos de los primeros chacareros figuran Ferrari, Koch, Ross, Domínguez, Sosa, Damer, Gertsner, Rinaldi, Spomer, Reichel, Vitasse, Martiarena, Schneider, Lizzi, Bohl y Sack.

Tras la expropiación se procedió a la mensura de los predios, de 50 a 100 hectáreas cada uno, el trazado de calles internas y el alambrado de los mismos. Poco a poco se fue dotando a la colonia de las mejoras necesarias para el desarrollo de la vida comunitaria. Se levantó la escuela primaria, un templo de la congregación evangélica del Río de la Plata, y la capilla María Auxiliadora. En 1958 se fundó el club Centro Cívico El Potrero, que contaba con un salón de considerables dimensiones, escenario de distintos eventos, reuniones, bailes y hasta de la proyección de cine. También se construyó una cancha de fútbol y un predio para jineteadas.

 

LA RESERVA POTRERO DE SAN LORENZO

En 2015 parte de los campos no expropiados en 1946, que constituyen la estancia Potrero de San Lorenzo (unas 18.000 hectáreas), fueron destinados por sus propietarios para constituir un Área Natural Protegida mediante un convenio con el gobierno provincial. El casco de la misma cuenta con un parque diseñado por Carlos Thays. Los dueños del establecimiento son Marcos Jorge Celedonio Pereda Born y su esposa Azul García Uriburu, esta última hija del pintor Nicolás García Uriburu, uno de los más destacados artistas plásticos argentinos contemporáneos, quien encontró reconocimiento mundial por sus pinturas sobre la naturaleza y por eventos culturales de gran repercusión mediática como fue el teñir de verde las aguas del Gran Canal, en Venecia, hace cincuenta años, para advertir sobre el ataque y destrucción de los escenarios naturales a manos de la sociedad moderna.

Entre los objetivos manifestados de esta área se cuentan convertirlo en un modelo productivo, ambiental y socialmente sustentable, y que sirva además para futuras investigaciones contribuyendo al bienestar de las comunidades.

El gaucho Calandria convertido en comedia por Martiniano Leguizamón

 Rubén I. Bourlot

 

La noche del 21 de mayo de 1896 la compañía de Podestá-Scotti representó en el Teatro Victoria de Buenos Aires la comedia de costumbres camperas Calandria, escrita por Martiniano Leguizamón.

El gaucho Calandria es uno de los tantos personajes reales que se transformó en mito popular como Juan Moreyra, el Gauchito Gil, nuestros entrerrianos Lázaro Blando y Carmelito Acosta. La obra de Martiniano Leguizamón le dio trascendencia y en estos tiempos falaces y descreídos, parafraseando a Yrigoyen, permanece en las bibliotecas a la espera de que alguna alma caritativa lo desempolve porque, como decía nuestro Martiniano: “Lo argentino se va. Es urgente salvarlo, antes que se pierda para siempre”. Cabe acotar que en 2023 se recreó la obra como “Las aventuras del gaucho Calandria” que fue presentada en la Vieja Usina de Paraná, dirigida por Juan Carlos Izaguirre.

Gaucho bravo y montaraz era el Calandria real y más aún el ficcionado por Leguizamón: “¡Pa agarrar esta Calandria tienen que aplastar muchos matungos las polesías de Entre Ríos!”

Dice el también entrerriano y dramaturgo Juan Carlos Ghiano que “el estreno fue recibido con general cordialidad por los críticos, quienes se preocuparon por señalar las distancias que reconocían entre la nueva pieza y el teatro gauchesco nacido de Juan Moreira.”

 

EL GAUCHO LITERARIO

Ghiano explica que “mientras para los primeros escritores del género, el gaucho era simplemente el hombre del pueblo, el provinciano entregado a tareas rurales -en particular de la campaña litoralense-, para los críticos de fines de siglo el gaucho era ya el símbolo de nuestro pueblo: la encarnación de las virtudes patrias y la esforzada síntesis de nuestra historia popular. Por estas riesgosas implicaciones, rechazaban los destinos rebeldes y agresivos que contó con abundancia Eduardo Gutiérrez, y se resistían a admitir la dignidad extratemporal del hijo poemático de José Hernández.

“Dentro de la castigada historia de nuestro teatro, Calandria se vio como la encarnación de ese ennoblecimiento del gaucho y, con la alegría de la rehabilitación, se sacrificó en su homenaje el teatro gauchesco anterior. Sin embargo, a través de los años transcurridos desde entonces, y en perspectiva librada de prejuicios, Calandria adquiere su pleno sentido si se sitúa como el final de una serie de creaciones, no como el comienzo de un nuevo género, que debe buscarse por otros rumbos: los de los dramas rurales de Florencio Sánchez y de Roberto J. Payró.”

Agrega el autor citado que “un tanto al margen queda un drama injustamente olvidado, del político Francisco F. Fernández, hombre importante en nuestros entreveros civiles: Solané, publicado en 1881”.

 

UNA CALANDRIA JORDANISTA

Seguimos con el relato del dramaturgo nogoyacero: “Martiniano Leguizamón conoció al famoso Calandria, civilmente Servando Cardoso, en Concepción del Uruguay, por donde solía aparecer hacia 1870. Los sucesos de su vida (según la han recordado Paul Groussac y Carlos Zedlitz-Weyrach) lo muestran como excelente jinete y cantor de nota; por sus cantos y travesuras recibió el apodo definitorio. Se recuerda, también, que le resultaba difícil sujetarse a cualquier disciplina de trabajo regular; debió ser el peón decidido y simpático a quien toleran sus compañeros y miman sus patrones. Así pasaba sus días, trabajando en un saladero de la ciudad de Urquiza, hasta que ocurrió la revolución de López Jordán; incorporado a las tropas, se portó como bravo en los entreveros de las facciones que chocaban en el territorio de su provincia. Mientras crecían sus corajadas, ganándole el aprecio de los jefes, no dejaba de suscitar el recelo de los compañeros de armas, desconcertados ante el arrojo sin premeditaciones de su conducta militar. Terminan las luchas jordanistas y Cardoso es destinado a un destacamento de guardias nacionales, donde vuelve a ganarse la estima de los superiores, hasta ser asistente del capitán; pero ningún halago puede silenciar los resueltos llamados de su alma y deserta, comenzando su vida de gaucho alzado. 

Son los años confirmatorios de su existencia y los que mejor diseñan los ecos popularísimos de la leyenda: Calandria frente a las partidas policiales entrerrianas juega como un pájaro que conoce los mejores refugios del monte, la fuente de los arroyos y la amistad admirativa de los paisanos, puestos decididamente de su parte. Dicen que no robaba ni mataba, o quizá la legendaria aceptación de su figura necesitó de estos reparos; era el matrero burlón, con algo de pícaro y mucho de animal bullente (…)

“Eran hombres que se quedaban al margen de las nuevas fundaciones rurales; hábiles y decididos para las guerrillas, no supieron acomodarse a las tareas de chacras y estancias alambradas. De ahí el epíteto con que lo señala Groussac al llamar a Calandria ‘el último outlaw argentino’ (…)

“Las aventuras de su héroe debieron llegar a Leguizamón no sólo por conocimiento directo del gaucho -escena que se evoca en el cuadro en que unos estudiantes del Colegio de Concepción del Uruguay son testigos de una travesura peligrosa-, sino también por las memorias de los pobladores de la campaña, que fueron la inspiración de muchos de sus relatos.”

Al igual que el Martín Fierro rebelado contra las injusticias de la primera parte que en la vuelta se incorpora manso a la nueva realidad del país de la “paz y la administración”, Calandria también se reconcilia en la obra de Leguizamón: “Ya ese pájaro murió / en la jaula de estos brasos; / pero ha nasido, amigasos, / ¡el criollo trabajador!...”

 

SOBRE EL AUTOR

Martiniano Leguizamón había nacido en Rosario del Tala el 28 de abril de 1858 y pasó largas temporadas de la niñez y de la adolescencia en la estancia paterna del Rincón de Calá, en el departamento de Gualeguay. Los años de estudiante en el ambiente del Colegio Nacional y su permanencia en la Fraternidad no lo separaron de su querencia campestre, ni tampoco su posterior radicación en Buenos Aires.

Dejó valiosas obras de diversos géneros como Recuerdos de la tierra (1896), el romance histórico Montaraz (1900), Alma natía (1906). En 1908 publica De cepa criolla, luego Páginas argentinas (1911), La cinta colorada (1916), El primer poeta criollo del Río de la Plata (1917), Rasgos de la vida de Urquiza (1920), Hombres y cosas que pasaron (1926) y finalmente Papeles de Rosas y La cuna del gaucho publicados en 1935, luego de su muerte.

 

11/5/26

La escuela del padre Castañeda en Paraná

 El 12 de Mayo de 1832 moría en Paraná, Entre Ríos, el sacerdote franciscano Francisco Paula Castañeda. Apasionado patriota, fue enemigo de Bernardino Rivadavia redactor de periódicos combativos de nombre curiosos como El desengañador gauchipolítico, El despertador teofilantrópico, Vete Portugués que aquí no es, entre otros. Fue profesor de filosofía en la Universidad de Córdoba. Fundó la Escuela de Artes y Oficios un Colegio de niños en Santa Fe y otro en Paraná. Fundó también el pueblo San José de la Esquina, en Corrientes. Dirigió y publicó varios periódicos y se destacó por su cultura y sus artículos satíricos y mordaces. Había nacido en Córdoba en 1800.

En el Archivo General de la Provincia de Entre Ríos, se encuentra documentación sobre la instalación de una escuela en la ciudad de Paraná a cargo del Padre Francisco Castañeda, con datos curiosos y pintorescos de las actividades que iban a recibir los alumnos de dicho establecimiento.

El 3 de mayo de 1827 el sacerdote Francisco Castañeda se dirige al Gobernador con la intención de establecer una escuela:

         “Fray Francisco Castañeda ante V.E. con el debido respeto me presento y digo: Que firme siempre en el propósito de fomentar por todos medios, y modos la instrucción de la juventud he sostenido por espacio de cuatro años en el Desierto del Rincón de Santa Fe un Colegio de Niños bastante numeroso procurándoles no solo la educación moral en los primeros rudimentos de la religión y de las letras, sino también la educación física habituándolos a andar descalzos, sufrir intemperies, y emprender trabajos de labranza y pastoría compatibles con sus fuerzas.

         Entre mis candidatos se encuentran bastantes niños Entre-Rianos que se han desterrado voluntariamente, y me acompañan prefiriendo la instrucción al bienestar que lograban al lado de sus padres; pero habiendo la seca concluido todas mis sementeras, me he visto en la necesidad de trasladar para de mi comunidad a algún otro punto, dejando en aquel destino los que buenamente puedan mantenerse.

         Esta provincia de Entre Ríos por su vecindad y cercanía me parece a mi que es el punto indicado, y siendo además tan abundante en cal, piedra y otros materiales, no dudo que en pocos días se podría levantar una capilla pequeña, y alguna otra pieza para verificar la traslación, ciñéndome al principio no más que proporcionarles escuela y clase de gramática, y dejando el cuidado del tiempo y el procurarles todos los adelantamientos que cupieran en mis facultades.

         En mi primera fundación no he tenido más objeto que el de ensayarme y convencerme de cuanto es capaz el hombre cuando desea eficazmente la educación e instrucción de sus próximos, y al mismo tiempo hacer ese remito para ser bien recibido en cualquier punto de América, donde me ofrezca a hacer otro tanto; por lo que a mi me toca estoy seguro que aun cuando mi utilidad fuera mucho mayor de lo que es para el efecto no por eso dejo de ser estimable la fina voluntad el vivo interés, y la incansable solicitud que toda mi vida he acreditado a favor de la juventud con el mayor desinterés y a costa de tantos sacrificios.

         La escasez de fondos en que accidentalmente se halla esta Provincia aun no se me oculta, pero yo estoy acostumbrado a padecer penuria, y a endurecer el ánimo contra toda escasez esperando el tiempo bueno y la abundancia que siempre suele seguir a la necesidad; de esta abundancia yo no dudo, y por eso es que quiero ser partícipe en las necesidades del Entre Ríos para después enriquecer mi Colegio exigiéndolo en Universidad, donde concurran a instruirse todos los jóvenes de América. Por tanto a V.E. pido y suplico se sirva señalarme en la Capital de la Provincia de su mando un sitio donde puede trasladarme con mis entre-rianos.

         Otro si que el tal establecimiento si es posible se construya lo más distante de la Parroquia para que los vecinos tengan más cerca el auxilio espiritual de la Curia, y sermón los domingos, rosario y leyenda todas las noches, y todo lo demás que en el colegio del Rincón se practica.”

Ante la solicitud del padre Castañeda, el 5 de mayo de 1827 se reunieron en la sala del Despacho del Juzgado Mayor Ordinario de la ciudad de Paraná a virtud del Superior Decreto del 3 del corriente, los señores que deben formar la junta para determinar sobre la solicitud elevada al Superior Gobierno por el mencionado Castañeda relativa a la construcción de una Capilla y Casa de Educación de la Juventud, a saber el Alcalde Mayor Ordinario Dn. Pedro pablo Seguí, Presidente y los Alcaldes de los distintos cuarteles y vecinos de la ciudad. Todos los integrantes de la junta, estuvieron a favor del establecimiento considerando muy útil y ventajosa para la educación.

El padre Castañeda informa como sería el funcionamiento de la escuela a su cargo, en la cual establece el siguiente método: “al rayar el alba tanto en invierno como en verano decirles la misa a los candidatos, en cuyo tiempo cantaran con música, o sin ella las divinas alabanzas: concluida la misa, barrer los aposentos, y el patio, poner en orden la escuela y dejarla todo acomodado antes del almuerzo: la escuela deberá durar tres horas por la mañana, y otras tres a la tarde: al entrar la noche rezarán el rosario, y después se leerá un punto sobre los misterios según el orden con que la santa Iglesia los va celebrando: antes de cenar se juntaran todos, y haciendo un coro relataran de memoria alguna parte del Catecismo.

         Los tiempos que median entre estas funciones se dedicaran a la educación física, y a divertirse ya en la danza, ya en la maroma, ya en la lucha, en correr a caballo, manejar una canoa, nadar en el Paraná, etc.

         Los gramáticos además de las tres horas de mañana, y tarde tendrán de noche sus conferencias; esto está por ahora reducido el método provisorio dejando para mejores tiempos y para cuando sean menos escasas las facultades el emprender con todo lujo la enseñanza recíproca, el fundar académica de dibulo, para lo cual debe contar el gobierno con mi notoria eficacia, y tesón infatigable.

         Se le concede la autorización para la fundación de la escuela de primera letras clase de latinidad y capilla pero deberá establecerse exclusivamente la enseñanza mutua o de Lancaster, cuando existan fondos para tal efecto.

Con respecto al terreno en la cual deberá funcionar el establecimiento escolar y la capilla don Salvador Ezpeleta, fundador de la Matanza (hoy Victoria) ofrece un terreno de sesenta varas de frente al este y cien de fondo al oeste sobre el mismo punto y en frente de la esquina del finado Dn. Esteban Marques.

Francisco Castañeda solicita al gobierno, que es necesario que se nombre a un patrono o síndico a cuyo cargo este lo material de la obra; como también la subsistencia y adelantamientos temporales del colegio, y para tal cargo propone a Dn. Salvador Ezpeleta, no solo por la donación del terreno sino también porque la fundación del pueblo de Aranzazu en la Matanza es un testimonio de la actividad y celo que lo caracteriza para que se le confíe la administración de éstas y otras obras mías. Esta solicitud fue aprobada por el Gobierno.

La primitiva escuela y capilla, llamada San José del Puerto, fueron edificadas en barro con techo de paja, hasta que en 1830, el señor Ezpeleta los sustituyó por otros edificios de cal y piedra. Estaba situada cerca del río, detrás de la actual iglesia del Carmen, según las comprobaciones realizadas por el doctor César B. Pérez Colman.

En mayo de 1834, el escribano don Manuel A. Calderón, publicó el siguiente documento: “se trata de un arreglo de cuentas entre  el P. Castañeda y el señor Espeleta como síndico de la escuela y capilla, hasta el 18 de marzo de 1830. Se pactó que las cuentas quedaban liquidadas, y que Espeleta recibía en propiedad el edificio de la capilla y escuela, bajo el compromiso de reedificarlas en piedra y cal. Finalizando la actividad educativa del padre Castañeda en el año 30.-

9/5/26

Las visitas de Almafuerte a Paraná

 Rubén I. Bourlot


Una extensa avenida, de las más prolongadas de la ciudad, que es la vía de ingreso desde el Este a Paraná lleva el nombre del ilustre poeta que en 1915 visitara la ciudad en medio de eufóricos homenajes. Pedro B. Palacio más conocido por su seudónimo de Almafuerte venía en el marco de una gira que en ese año incluyó a la poética Gualeguaychú. En esa ciudad el autor de los Sonetos medicinales fue recibido por una multitud en el puerto y luego actuó en el histórico Teatro Gualeguaychú.

En Paraná, en los primeros días de mayo, la recepción tuvo también ribetes epopéyicos. Se recibía a un poeta como hoy se suelen recibir a los ídolos deportivos o a algún cantante exitoso. Para esa altura Almafuerte ya había producido gran parte de la obra que lo hizo popular como los reconocidos Piu avanti y Molto piu avanti.

No te des por vencido, ni aun vencido,

no te sientas esclavo, ni aun esclavo;

trémulo de pavor, piénsate bravo,

y arremete feroz, ya mal herido.

Ofelia Sors dice que Almafuerte fue recibido en el puerto por una comisión vecinal que lo acompañó hasta la plaza Alvear donde cerca de 500 personas lo esperaron para luego dirigirse en columna acompañándolo hasta la plaza 1º de Mayo, en cuya esquina de calle Urquiza y Monte Caseros una Comisión Estudiantil había levantado una tribuna para que el poeta se dirigiera al público.

El diario La Provincia relataba, en un amplio despliegue en su primera plana, las actividades del “cantor de la chusma” como solía identificarse. En la edición del 8 de mayo publicaba una nota con los detalles de lo que sería la llegada de Almafuerte ilustrada con una fotografía del poeta. “Mañana será honrado Paraná con la visita de un poeta insigne… que acudiendo a insistentes pedidos de un núcleo de admiradores, viene a deleitarnos con la música sonora de sus versos y las vibraciones rítmicas de sus Evangelios”. 

A la noche se realizó un acto en el teatro 3 de Febrero donde el profesor Maximio S. Victoria, director de la Escuela Normal, lo presentó. Almafuerte, por su parte, pronunció un discurso y recitó algunas de sus poesías, entre otras “Evangélicas, “La sombra de la patria” y “Sonetos medicinales”, que merecieron el aplauso entusiasta del numeroso auditorio. Al otro día visitó algunos establecimientos educacionales. 

Unos meses antes, el 30 de marzo de 1915, el diario El Censor de Paraná había publicado como anticipo de la visita el poema Serenata: 

Nocturno canto do amor

que ondulas en mis pesares,

como en los negros pinares

las notas del ruiseñor.


El poeta de la chusma

Almafuerte había nacido como Pedro Bonifacio Palacios en San Justo (Buenos Aires) en 1854. Fue periodista y poeta. También ejerció la docencia. Era de una familia muy humilde, abandonado por su padre y perdió a su madre. 

Se destacó por su oratoria impetuosa y transgresora que reivindicaba a los sectores humildes, “la chusma de mis amores” les decía, y que le constó duras críticas por parte de la intelectualidad de la época. Se lo acusaba de prosaico y superficial en respuesta al deprecio que expresaba Almafuerte hacia los escritores consagrados por el orden conservador, a los que acusaba de “modernistas decadentes”. Tanto en su obra literaria como en sus escritos periodísticos bregaba por la implantación de una justicia social basada en la moral cristiana, aunque en soledad cuando el país se vanagloriaba de ser el granero del mundo y los que se caían des sistema permanecían invisibles. 


El maestro malogrado

Sin contar con una formación profesional -era un autodidacta en todos los sentidos- se inició en la docencia dictando clases en escuelas perdidas en medio de las pampas bonaerenses donde pocos se atrevían a llevar la cultura letrada: Mercedes, Salto y Trenque Lauquen. Ante una invitación de Domingo Faustino Sarmiento para que se trasladara a ejercer a la ciudad de Buenos Aires se negó alegando que “yo me quedo en el desierto; y cuando se haya poblado, me iré de maestro al Chubut”. Fue su forma de ganarse la vida dignamente. Años después (1896)  separado de la docencia por carecer de título oficial, que solo parece ser una simple excusa para separar a un elemento polémico que no rendía pleitesía a los gobernantes de turno (1). Esa circunstancia lo afectó anímicamente y en su economía. Al año siguiente inició su labor periodística en el diario El Pueblo de La Plata. 

En el nuevo siglo comienza a recoger los frutos de su obra poética. En 1906 publica Lamentaciones que es continuada por una sucesión de publicaciones que se prolongan más allá de su pronta muerte en  1917. Incomprendido en su momento, las generaciones posteriores, en particular el denominado “grupo de Boedo”, lo reconocen como uno de los precursores del vanguardismo (Jorge Luis Borges, Evaristo Carriego, Roberto Arlt, entre otros). Para algunos críticos uno de sus modelos fue Olegario v. Andrade, el gran poeta de La vuelta al hogar, vinculado con Gualeguaychú. No fue casual entonces que en su visita a la ciudad del sur entrerriano “una multitud esperaba en el puerto la entrada del vapor Golondrina –cuenta una crónica- que transportaba al señor Pedro Bonifacio Palacios, conocido por su seudónimo Almafuerte. La banda de música del regimiento 10 saludó con diferentes acordes la feliz llegada del distinguido viajero.”

Tras su muerte, en Paraná por una ordenanza del 7 de diciembre de 1917 se nombra Avenida Almafuerte al “camino a los corrales”.


(1) Laura Graciela Rodríguez dice al respecto que “en la Ley de Educación (1420) estaba previsto que los ayudantes o cualquier aspirante que no pudiese cursar en la Escuela Normal, adquiriese el título de maestro previa aprobación de un examen ante las autoridades del Consejo General de Educación. El control sobre las personas que ejercían sin título se hizo cada vez más estricto y hubo casos resonantes, como el del poeta y escritor Pedro B. Palacios, más conocido como “Almafuerte”, a quien las autoridades dejaron cesante después de haber trabajado como maestro durante 20 años.” (Maestro, inspector e intelectual: la biografía de Juan Francisco Jáuregui (1870-1960), en Intelectuales de la educación y el Estado: maestros, médicos y arquitectos, compilado por Flavia Fiorucci y Laura Graciela Rodríguez. – Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 2018)


Sucesos, un diario con opinión propia

Rubén I. Bourlot

El 7 de junio de 1979 nacía en Concepción del Uruguay un nuevo diario: Sucesos. La ciudad que supo tener un considerable número de periódicos en ese momento contaba con uno solo. No eran tiempos de internet y radios de frecuencia modulada. La gente se informaba por el diario local o por la emisora de AM LT 11.

Sucesos, aunque de existencia efímera, nació con la intención de ofrecer una alternativa al hasta entonces único medio gráfico de la ciudad, el diario La Calle. Se presentaba como un medio innovador en su formato, con un contenido en un 90 % de producción local, a diferencia de la competencia que solía llenar páginas con cables de agencias y gacetillas oficiales. El sistema de impresión offset también aportaba ventajas sobre la tipográfica, particularmente en la reproducción de fotografías. Si bien su factura era muy artesanal, el resultado era atractivo para el lector. A esto se sumaba una muy activa producción periodística con cobertura de hechos locales, entrevistas y artículos de fondo.

La iniciativa venía precedida de varias experiencias periodísticas impulsadas por Rafael Almeyra. Desde 1974 se publicaba el periódico Información Agraria que circulaba en las zonas rurales de los departamentos Uruguay y Colón.  En distintos momentos también circularon mensuarios como La Costera dedicada a los espectáculos de jineteadas, La Gráfica Zonal especializada en el fútbol departamental y Sucesos que comenzó con un mensuario inspirado de la revistas de interés general como Siete Días y Gente. A fines de 1978 fue transformado en un semanario con vocación de diario. Esta experiencia sirvió para formar los cuadros de profesionales y ensayar la dinámica que requería la nueva periodicidad. El objetivo era salir a la calle el 7 de junio Día del Periodista.

Opinión propia

El lema del medio era “con opinión propia”, todo un desafío en tiempos que el gobierno de facto mantenía una férrea vigilancia sobre el pensamiento. La línea editorial estableció como un objetivo central la defensa del rectorado de la Universidad Nacional de Entre Ríos. La UNER, creada en 1973, tenía su sede en Concepción del Uruguay pero sin ninguna facultad de la casa de estudios por lo que varias ciudades de la provincia aspiraban llevarsela: Paraná y Concordia, al menos.

El equipo de la publicación encabezado por el director Rafael Almeyra estaba integrado por Aníbal Gallay como jefe de redacción, Liliana Poggio, quién suscribe, en deportes Mario Lovisa y Martín González, Miguel Speroni en el diseño y diagramación, Rubén Juárez Bitz colaborador en el diseño y a cargo de la tira humorística, Mónica Amoz, entre varios más que escapan a la memoria.

Los primeros números se imprimían en los talleres de un diario de Gualeguaychú lo que implicaba llevar los originales a la medianoche para que los ejemplares estén en la calle en las primeras horas del día. Luego adquirieron el propio equipo.

Su aparición era de lunes a sábado y el domingo se publicaba un semanario literario, Sucesos dominical, que dirigía el poeta Jorge Enrique Martí.

Un pato rebelde

Entre las novedades incorporadas estuvo la tira humorística El Pato Sirirí que se publicaba al pie de la tapa con guion de Aníbal Gallay y dibujos de Bitz.
Este personaje fue protagonista de un insólito contrapunto con el gobierno de la provincia. Por esa época su logo turístico era también un pato sirirí por lo que las autoridades de facto cursaron un reclamo por “derechos de autor” que originó la respuesta irónica de Sirirí es su propia tira deslindado toda similitud con el pato oficialista. La cuestión no pasó a mayores.

Final

Pero poderoso caballero, don dinero mandaba. A finales de 1979 el diario debatía su continuidad ante la falta de apoyo económico.

En esos últimos días del oscuro 1979, con las urnas bien guardadas, por la redacción comenzó a correr el rumor de que un diario de Paraná había hecho una oferta para adquirirlo.

En la capital provincial en esa época también circulaba un solo diario con aspiraciones hegemónicas. Se trataba de El Diario, por esos tiempos “de los Etchevehere”, que estaba en un proceso de expansión mediante la adquisición de diarios locales para posicionarse a nivel provincial. Ya se había quedado con el paranaense La Acción, trasladado a Nogoyá en 1978, El Debate-Pregón de Gualeguay, el Crisol de Victoria, y por los corrillos circulaba la versión de la compra de varios periódicos locales que luego cerraban. En 1980 el grupo Etchevehere fundó el diario Concordia en la ciudad homónima.

El hecho fue que el rumor de la compra de Sucesos resultaba creíble y que no se concretó ante la negativa del director y titular de la sociedad editora Rafael Almeyra de dejar en manos de un grupo de Paraná el diario que había sido algo así como la coronación de su proyecto periodístico iniciado en 1974 con Información Agraria.

En marzo de 1980 Sucesos dejó de aparecer.

 

Imágenes

Portada del primer número de Sucesos

La cobertura de la visita de Palito Ortega

Una tira del Pato Sirirí

Parte del equipo de Sucesos


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