Rubén I. Bourlot
16/6/26
Día del Caudillo y del Federalismo
14/6/26
La desertificación educativa
Rubén I. Bourlot
En la
Argentina, que fue pionera en materia educativa en toda América, a lo largo de
más de un siglo estuvo regida por la ley 1420 (sancionada en 1884). Esta norma
cumplió con su cometido de alfabetizar a los argentinos, integrarlos
socialmente, cohesionar a una población heterogénea como consecuencia de las
oleadas inmigratorias de diverso origen y prepararlos para la vida ciudadana.
“Educar al soberano” era la consigna sarmientina no exenta de prejuicios para
con los sectores sociales más desposeídos del interior. También tuvo una misión
“civilizadora” con la incorporación de contenidos europeizantes, que
constituían el ideal del régimen político y de los intelectuales de la segunda
mitad del siglo XIX.
LA DEGRADACIÓN
DEL SISTEMA
Con el tiempo
la eficiencia del sistema educativo se fue deteriorando. La escuela no acompañó
los cambios económicos y sociales. Se intentaron reformas y parches pero con
escasa efectividad.
Finalmente, y luego de prolongados debates se logró cambiar la ley 1420 por dos proyectos aprobados en pocos años – 1993 y 2006 –. La denominada Ley Federal de Educación, sancionada al calor del veranito neoliberal, resultó un rotundo fracaso. La actual ley de educación, sancionada en 2006, no termina de consolidarse. Es un proyecto a medias que no ataca los problemas de fondo. Enmarañada entre las novedades tecnológicas, las actualizaciones terminan siendo saltos en el vacío. Poner al día el sistema no consiste en incorporar material sin objetivos concretos, sin capacitación del personal docente y con serios baches en la conectividad.
El nivel
secundario, en particular, termina siendo un sistema de acreditación de cursado
que no certifica la apropiación de saberes. Con 180 días de clases, el
porcentaje mínimo de asistencia del alumno y los correspondientes exámenes
demasiado formales para convalidar un aprendizaje real se otorgan títulos. Pero
la realidad es muy otra. Lo que se promociona como “inclusión” en el sistema
termina siendo la futura exclusión del mundo del trabajo y de la universidad
por la magra preparación recibida.
Por cierto, no
todo es fracaso. Hay docentes capacitados y con gran compromiso, alumnos que se
esfuerzan y superan ampliamente las expectativas, establecimientos educativos
que llevan adelante proyectos innovadores y exitosos. Los resultados que
observamos en las ferias de ciencias, en los olimpíadas de las distintas
disciplinas donde estudiantes de instituciones de todo el país, y de sectores
sociales vulnerables, compiten con solvencia. Lo preocupante en la media, los
estudiantes que no pueden avanzar dentro del sistema y los que, como se
menciona más arriba, acreditan formalmente.
¿Por qué no
hacer un estudio de los modelos que lograron superar los fracasos y
generalizarlos? Este conocimiento empírico puede ser mucho más valioso que
todas las teorías sobre innovación educativa.
Es hora de
pensar en una nueva escuela con un criterio innovador y audaz, como lo hicieron
quienes crearon
TEORÍA Y
PRÁCTICA
Uno de los
modelos que merecen ser estudiados con detenimiento, es el de la educación
técnica, que en la Argentina comenzó a implementarse en los primeros años del
siglo XX (después del fallido intento del Ministro de Instrucción Pública
Osvaldo Magnasco), que es socialmente bien valorado. A pesar del descalabro que
sufrió la educación técnica a partir de la derogada Ley Federal de Educación
(1993), desarticulada por motivos ideológicos y económicos, continúa siendo,
luego de su recuperación en la primera década del siglo XXI, un ejemplo de
aprendizaje a partir del hacer. La fusión de lo teórico con lo práctico tiene
más que probada efectividad.
LO VIEJO
FUNCIONA
¿Por qué no
tomar el modelo y extrapolarlo a todo el nivel? Un secundario, o como se le
llame, donde el aula y el taller interactúen con horarios extendidos. No nos
referimos aquí a las conocidas “prácticas laborales” o de ambientación, sino de
auténticos talleres curriculares para todas las modalidades, como sucede con la
educación técnica. Se dirá que se incrementarán los costos. Sí, pero como una
antigua publicidad de televisores: caro pero el mejor.
Se deberá
garantizar una educación de calidad para todos los habitantes,
independientemente de su ubicación geográfica, en nivel socioeconómico, etc.
No deberá
haber diferencias entre escuelas del centro y de la periferia. El estado debe
asegurar la educación mediante el sistema público estatal y complementariamente
a través de iniciativas educativas no estatales. Se aplicarán medidas
compensatorias para sectores con carencias de aprendizaje y económicas. Se
garantizarán las mismas posibilidades para los sectores rurales.
Los diseños
curriculares de todos los ciclos se deberán articular a partir del conocimiento
de la realidad inmediata y concreta, partiendo de lo local, regional,
latinoamericano y universal. Se ofrecerá una formación humanística y la capacitación
específica para la inserción en el mundo del trabajo y el acceso a la
universidad.
El sistema se
centralizará en el sujeto que “aprende” de la familia, de la comunidad, de las
instituciones y del docente que facilita y aporta sus saberes. Se sustituirán
conceptos como escuela “primaria”, “secundaria”, “media” por una estructura de
Educación Obligatoria conformada por tres ciclos: Aprendizaje preescolar (desde
los 45 – 60 días hasta los 5 - 7 años), Aprendizaje Básico (de aproximadamente
los 6 años de duración) y Aprendizaje Orientado - Especializado (de
aproximadamente 6 años de duración). De carácter no obligatorio será el ciclo
de Formación Profesional Universitario. El ciclo de Aprendizaje Orientado -
Especializado comprenderá escuelas especializadas en las modalidades Técnica,
Agrotécnica y Administración contable; y orientadas en las modalidades
Humanística, en Ciencias Naturales, Artística y complementarias: de adultos,
especial, etc.
Se suplantará
la educación graduada por una estructura de niveles, seis en cada ciclo, que el
alumno irá superando a medida que logre objetivos, independiente del tiempo. Se
sustituyen los bimestres, trimestres por módulos de aprendizaje. De esta manera
se respeta el ritmo de aprendizaje de cada persona y se eliminan los
recuperatorios, los exámenes previos y la repitencia.
Estos cambios
irán acompañados por modificaciones en el régimen docente: se implementará el
sistema de docentes por cargo – eliminándose el régimen de horas cátedra - con
dedicaciones y se incorporará la figura de maestro y profesor integrador y la
del alumno ayudante.
En forma progresiva se implementará el
sistema de Aulas temáticas específicas de cada asignatura o área de asignaturas
afines. Por lo tanto las comisiones de alumno/as no tienen un aula sino que
rotan por las distintas salas.
Los docentes
de todos los ciclos tendrán un régimen escalafonado conformado por ocho
categorías. El docente ingresa en la categoría inicial (1) y puede ascender una
categoría cada tres años concursando con su credencial de puntaje, siempre que
haya sumado un puntaje predeterminado que implique la realización de
capacitación y actualización. La capacitación será requisito para los ascensos
y el estado la garantizará y bonificará con el pago horas cátedra.
Se asegurará
una asignación por escolaridad y la ayuda escolar anual que cubra una canasta
escolar que comprenderá los costos de útiles y vestimenta escolar. Estas
asignaciones que perciben los empleados en relación de dependencia se
extenderán a los sectores de bajos recursos sin empleo formal o
cuentapropistas.
Los comedores
escolares dejarán de estar a cargo de personal docente y se reemplazarán por un
Servicio de Asistencia Escolar anexo a cada establecimiento, que comprenderá
comedor, servicio de enfermería, vacunador y guardería.
El gobierno
del sistema estará a cargo de consejos escolares, consejos departamentales,
consejos provinciales y un Consejo Federal de Educación, todos conformados por
representantes del gobierno, de los docentes, padres y estudiantes. En las
provincias y a nivel país el organismo educativo tendrá el rango de ministerio.
La elección de
los miembros en representación de docentes, padres y estudiantes de los
consejos en los distintos niveles se realizará mediante asambleas, primero en
forma directa a nivel establecimiento y en las siguientes instancias mediante
asambleas de delegados.
5/6/26
Los diálogos de Mastronardi con César Tiempo a través de las cartas
Rubén I. Bourlot
Es solo un dato simbólico que el 23 de enero se haya instituido como el Día Mundial de la Carta Escrita a Mano. Aparentemente la fecha responde al día de nacimiento, en 1737, de John Hancock, uno de los protagonistas de la Revolución estadounidense y el primer firmante de la declaración de Independencia de los Estados Unidos. En 1977 la asociación Writing Instrument Manufacturers (Asociación de Fabricantes de Instrumentos de Escritura) comenzó a celebrar este día con el objetivo de enaltecer la historia de la caligrafía y su influencia. Y, viendo cómo avanza la tecnología desterrando día a día la práctica de la escritura a mano, la celebración cobra plena vigencia.
Me consta que hasta no hace mucho las cartas aún circulaban,
y tengo a mano un libro con olor a tinta fresca en donde Luis Alberto
Salvarezza descorre el velo del pintor gualeyo Derlis Maddoni a través de sus
cartas. Cartas que muerden los primeros años del siglo XXI.
Cartas con Tiempo
A propósito de cartas rescatamos una interesante misiva, de
una serie que intercambiaron en la década del ’30 dos de los más notables
poetas entrerrianos, Juan L. Ortiz y Carlos Mastronardi, con César Tiempo. Esta
carta que le dirige el autor de Luz de provincia desde Gualeguay a su amigo Tiempo
está fechada el 30 de enero 1930 y vale la pena ir desgranando ese rico texto
donde comparten impresiones sobre Roberto Arlt, Juan L. Ortiz y la literatura
de la época.
“Amigo Tiempo: ya me
extrañaba su silencio casi entusiasta (…).
“Ahora le escribo bajo un signo de influjo demencial. Acabo
de leer -lectura frenética- la novela desconcertante de Arlt. Me parece el
‘libro del año’. Me digo un encamotado de ese libro. En Arlt hay eso que los
críticos del 905 llaman garra. Nunca lo adiviné tan poderoso al amigo Arlt.
‘Los 7 locos’ tiene esa contextura maciza, homogénea, contundente, que solo se
admira en Balzac y en algunos rusos de primera magnitud. El sabor policial de
un secuestro allí relatado, y lo contradictorio de algunos caracteres, no
disminuyen los méritos de esta obra. Lo sucio que puede leerse tampoco molesta.
No aparece como pimentón ni como finalidad estética. Por eso no molesta. Libro
de alucinación, donde se mueven muchas bestias divinas. Porque sus personajes
no son símbolos netos y pulcros, no representan el Bien total ni el Mal entero.
Tienen de todo. La bajera bestial y la divinidad están en cada uno de sus
hombres. Hombres que esperan lo extraordinario
sin darse cuenta de que viven unas vidas extraordinarias. Seres
deschavetados que buscan un ‘sentido’, una razón de existencia.
Angustiosamente. Personajes que, a pesar de ser canallas o poseídos, tienen
alguna hora noble. Hay situaciones raras y de excepción: la ‘piantada’ de la
esposa. El que, sin desvestirse, le proporciona una alegría de 5 pesos a la
pupila. La ciudad mimando al ‘canfli’. El aburrimiento de estos rufianes:
aburrimiento y desesperanza bien representativos de Buenos Aires. Un rufián melancólico
–humanamente- no deja de ser reo, cosa interesante. Pero lo que me asombra en
Arlt es su don de generalizador, su facultad para expresar una visión global,
filosófica de las vidas. No se queda en la anecdótico, sino que traza planes de
hombres, categorías. El mismo –visible en Erdosain- busca internamente una
total justificación de su ser. A cada rato se desdobla, se analiza
urgentemente.
“Me dice Ud. que lo de Ortiz tendrá buen destino. Así sea.
El vate compinche me dice que un tan Barbieri le solicitó fotografía para la
revista de Rosso. Yo no conozco a ese señor y Ortiz no sabe con qué objeto
pidió la vera efigie. Si Ud. anda en eso, agradézcale al dicho Barbieri.”
Se refería a Lorenzo Rosso, editor de Literatura Argentina
que incluyó efectivamente una nota de César Tiempo y Carlos Mastronardi sobre
Juan L. en la edición de enero de 1930.
Comerciantes al
menudeo
Y continua Mastronardi la carta deslizando una crítica al
mundillo literario:
“Lo que yo me olvidé de anotar (puede hacerlo Ud. Si le
parece) es el heroísmo que significa hacerse un mundo de arte en este ambiente.
Y superar el mal gusto reinante. Pueblo de comerciantes al menudeo, solo tiene
existencia reconocida aquel que persigue fines centaveros. Y nada le digo de la
idiosincrasia secante de los aedas de abanico, de los amerengados vates de
salón, de los campeones florales. Ortiz es pobre, y como no frecuenta el Club
Social, no puede pasmar a las damas que se regodean con poemas cuyos títulos
solicitan Jurcas. Circulan algunos así nombrados: ‘Los 3 Mosquetereos’, ‘El
Ensueño Vespertino’, ‘El Hermoso Brummel’; ¡y hay que ver la suficiencia con
que eruptan esas cosas!
“Es realmente asqueante esta literaria comedia provinciana.
Yo me olvidé de arrimar leña a este respecto. Si Ud. quiere suplirme (y si no
ha enviado a prensas los originales) se lo agradeceré. “Siento la necesidad
(casi sanitaria) de escribir una rajante cachadura. Si ya no hay tiempo, lo
convoco para cualquier otra oportunidad.
“Supongo ha prosperado su propósito revistero. Carulla,
Scalabrini y los demás que Ud. nombra son mis amigos. Estaré con agrado allí.
“Mi laboriosidad es bien relativa. Notitas pobretonas en
‘Síntesis’. Como para dar señales de vida. Ahora me interesaría ocuparme de
[Nicolás] Olivari (ese Arlt del verso, aunque menos) pero no sé si ya lo
comentaron en ‘Síntesis’ (…)”
César Tiempo
César Tiempo nació con el nombre de Israel Zeitlin en Ucrania
pero cumplió su primer año de vida en Buenos Aires. En 1924 obtuvo la ciudadanía
argentina. Formó parte del grupo literario Boedo. En 1930 obtuvo el Premio
Municipal de Poesía. En 1937 fundó y dirigió la revista Columna y recibió el
Premio Nacional de Teatro. En los años treinta, como joven intelectual, enfrentó
al director general de la Biblioteca Nacional Hugo Wast (Gustavo Martínez
Zuviría), por su antisemitismo, y se transformó en héroe en la colectividad
judía. Más tarde adhirió al peronismo.
Entre 1952 y 1955 fue director del suplemento literario del estatizado
diario La Prensa. Entre 1973 y 1975 se desempeñó como director del Teatro
Nacional Cervantes.
Imágenes
Fragmento de la carta de Mastronardi a Tiempo
César Tiempo
2/6/26
La reforma constitucional de 1949 en Entre Ríos
Rubén I. Bourlot
En 1949 se reformó integralmente la Constitución de la provincia, adhiriendo a los principios de la Constitución Nacional que había sido reformada en marzo de ese año por una convención reunida en Buenos Aires que incorporó el reconocimiento de derechos sociales y nuevas funciones del Estado en el marco del lo que se conoce como constitucionalismo social. En la convención reformadora nacional tuvo un destacado papel el constitucionalista Arturo Sampay, oriundo de Concordia. Fue quién sentó las bases de la filosofía jurídica de la justicia social incorporada al nuevo texto constitucional.
En nuevo texto de la constitución provincial fue sancionado el 3 de Junio de 1949 y el jurado del 30 de junio.Entre las principales disposiciones incorporadas por la reforma se cuentan el reconocimiento de los derechos del trabajador, la familia, la ancianidad, la educación y la cultura, y la función social de la propiedad privada.
Reconocía el derecho de la familia rural a la propiedad de la tierra que cultivaba. Establecía que los servicios públicos pertenecían originalmente a la provincia y a las municipalidades, sin que pudiera ser enajenada su explotación. Respecto de la educación disponía que debía ser gratuita, obligatoria y democrática (eliminó la educación laica introducida en 1883).
Creó el Ministerio de Educación. En lo instrumental, amplió el mandato del gobernador, del vicegobernador, de senadores y de diputados a seis años.
Se dejaron sin efecto los artículos del 216 al 223 de la constitución de 1933.
En el contexto del golpe de estado que derrocó el gobierno nacional de Juan Domingo Perón en 1955 el gobierno de facto anuló la reforma.
27/5/26
El padre Alejandro de la madera de Magnasco
Rubén I. Bourlot
Pero bien vale
rescatar del olvido al autor de la canción que es mucho más que una apelación
confesional. Se trata del sacerdote Alejandro Mayol, conocido como El padre
Alejandro, el que sacudió un poco el avispero eclesiástico en la década del ’60
y resonó a los largo de las siguientes décadas.
En el Seminario
Metropolitano de Buenos Aires estudió Teología y Filosofía y en 1959 se ordenó
sacerdote junto a Carlos Mugica.
Fue un pionero en
utilizar los más diversos medios para difundir la doctrina cristiana como la
música y los programas de televisión. En 1961 condujo el “Trampolín a la vida”
en el canal 7 y luego transitó por otros canales de Buenos Aires.
LA CREACIÓN
Pero una de sus
vetas más destacada fue la composición e interpretación de canciones que
también rompieron los esquemas de los típicos cánticos religiosos. Su emblemática
La Creación en la versión de Piero (Piero Antonio Franco De Benedictis)
sobrepasó fronteras. Otros temas también ganaron la preferencia de públicos
diversos, en particular los más jóvenes, como Hay fiesta en la casa del Padre,
Ternura de Navidad, Zamba del grano de trigo, entre una larguísima lista. (
Por esa época
Carlos Mugica asesoraba a la JUC -Juventud Universitaria Católica- en la
facultad de Medicina y Mayol lo hacía en la Facultad de Farmacia y se desde ahí
se vinculó con el Secretario General de Sindicato de Farmacia, Jorge Di
Pascuale, enrolado en lo que se conocería como “sindicalismo de liberación”.
Su pasión por la
música lo acercó al ambiente del folklore que en la época renacía con una
fuerza arrolladora. Tal vez no es tan conocida su participación en los orígenes
de una obra emblemática que trascendió los tiempos como es la Misa Criolla.
Fue Mayol quién le acercó la idea y un esquema para componer una misa en clave
folklórica a Ariel Ramírez. La misa la grabarían en su primera versión Los
Fronterizos y la Cantoría de la Basílica del Socorro dirigida por el Padre
Jesús Gabriel Segade.
TERCER MUNDO Y
CÁTEDRAS NACIONALES
Con la irrupción
de las reformas introducidas por el Concilio Vaticano II se plegó al movimiento
de sacerdotes para el Tercer Mundo que comenzó a gestarse alrededor de figuras
como Jerónimo Podestá y Antonio Quarracino, Lucio Gera, Miguel Mascialino y
Carmelo Giaquinta, y más adelante su amigo Carlos Mugica.
En 1969, sin
mucha convicción sobre el valor del celibato, decidió pedir la reducción laical
y se casó con Beatriz Braga con quien tuvo cuatro hijos: Lorena, Ramiro, Matías
y Emmanuel.
Cuando se
recuperaron las instituciones constitucionales en 1973 ocupó la dirección de
Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires del gobierno de Oscar
Bidegain, desde donde organizó los trenes culturales que recorrían los pueblos
de la provincia.
Luego vinieron
tiempos oscuros con el asesinato de su amigo Mugica y la cruel dictadura cívico-militar.
ÓPERAS CANCHERAS
Cuando volvió la
normalidad al país se desempeñó como secretario de Cultura municipal en
Florencio Varela desde 1983 hasta 1995.
En paralelo
continuó produciendo las llamadas “Óperas cancheras” como La pasión según San
Juan que se representó en la cancha de Vélez Sarfield, el espectáculo Emanuel
en la plaza Roberto Arlt y La Patriada en el Cruce de Florencio Varela. Los
actores eran los obreros y empleados de la Municipalidad.
En 1990 compuso
la obra El Hálito, música y letra sobre Pentecostés. En 1992, el sello Odeón
grabó la comedia musical El Cachuzo Rantifuso, con letra de Alejandro Mayol y
música de Piero, interpretada por Juan Carlos Baglietto, Piero, Marilina Ross,
y la participación de Patricia Sosa, Adrián Noriega, Alejandro Mayol, Lorena
Mayol y dibujos de tapa de Carlos Nine, creador del personaje. También creó Fe
Tropical, una obra con ritmo de cumbia interpretada por músicos tropicales de
la escena local y en diciembre de 1999, se representó la Navidad del Milenio en
el Obelisco de Buenos Aires, con Pedro Aznar, Teresa Parodi, Julia Zenko, Opus
4, Abel Pintos, Guillermina Béccar Varela y Chango Farías Gómez.
Falleció el 3 de
febrero de 2011.
El Cordobazo: cuando el pueblo resurge
Rubén I. Bourlot
El 29 de mayo de
1969, justo el Día del Ejército, la paz armada de la autodenominada “revolución
argentina” se vio conmovida por una masiva movilización en Córdoba conocida
como el Cordobazo. Seguramente no estaba en los planes del hosco presidente de
facto Juan Carlos Onganía, que no tenía “plazos sino objetivos” para terminar
su periodo de gobierno.
No habían
advertido, ni los gobernantes de facto ni la dirigencia política tradicional,
lo que se avecinaba cuando los estudiantes se rebelaron en los comedores
universitarios de Corrientes, más al sur estallaba el “Rosariazo” y caían las
primeras víctimas mortales de la represión.
REBELIÓN EN LA DOCTA
A la industrial
Córdoba la marea llegó con toda la fuerza de obreros y estudiantes. Fue una
movilización desde la profundidad del pueblo en contra de la dictadura que
parecía eternizarse, en contra la proscripción política iniciada en 1955 con el
derrocamiento del presidente Juan Domingo Perón y en franca oposición a la
política económica del ministro Adalbert Krieger Vasena.
Días previos los
gremios SMATA, que encabezaba Elpidio Torres (alineado con el líder Augusto
Vandor), la UTA de Atilio López y Alejo Simó de la UOM habían convocado a un
paro general con movilización en una histórica asamblea que contó con representantes
universitarios donde Pascual Bianconi, presidente del centro de estudiantes de
la Facultad de Derecho e integrante de la AUN, agrupación universitaria que respondía
a la Izquierda Nacional, fue su portavoz.
UN PUÑADO DE REVOLTOSOS
Fue la mecha que
inició la rebelión aunque con objeciones varias de grupos que respondían a
dirigentes que se oponían a lo que ellos llamaban “burocracia sindical”. En la
Universidad Nacional de Córdoba una asamblea de 9.000 estudiantes resolvió
adherir a la medida de fuerza a pesar de la oposición de las agrupaciones de
izquierda que no aceptaban mezclarse con el obreraje “burócrata”. Con algunas
prevenciones finalmente el Sindicato de Luz y Fuerza que dirigía Agustín Tosco
también fue de la partida.
Hay que entender, desde la perspectiva que nos ofrece el tiempo transcurrido, que esos a los que acusaban de “burócratas” fueron los que motorizaron la rebelión, los que supieron auscultar el humor social para atacar en el momento justo. El olfato que se le dice. Y los “antiburócratas”, vanguardistas, fueron los que cuestionaban la medida y proponían alternativas para vaciar la movilización como “ir a los barrios”. Los hechos les demostraron que las bases se sentían contenidas en las estructuras sindicales y no en los dirigentes de izquierda que apelaban a profundizar las contradicciones.
Pero también la
marea rebelde terminó sepultando al gobierno de Onganía. Días después su
gabinete completo renunció. Lo que siguió de su gobierno fue una lenta agonía
que se fue esmerilando con el asesinato del dirigente de la UOM Augusto Vandor
y luego el secuestro y asesinato de Pedro Eugenio Aramburu.
18/5/26
La entrerriana que sacó a los niños del pupitre
Rubén I. Bourlot
El 18 de mayo de 1889
nacía en Concepción del Uruguay (Entre Ríos) Gerarda Scolamieri que con el
tiempo se convertiría en una destacada docente e innovadora del sistema
educativo con impacto continental.
Egresó con el título
maestra en la Escuela Normal de su ciudad natal en 1906 y trabajó algunos años
en la Escuela Láinez Nº 8 de Caseros, en
el departamento Uruguay. En 1912, con 23 años, se trasladó a una escuela de Buenos
Aires donde ejerció como docente y directora durante más de un cuarto de siglo
en la escuela N° 7 “República de México” que obtuvo, gracias a su gestión, un
nuevo edificio en el barrio de Villa Santa Rita, donde funciona hasta la
actualidad.
Las ideas de Scolamieri estaban vinculadas a la
pedagogía de la Escuela Nueva o escuela Activa reconociendo ella misma como su
mentora a Clotilde Guillén de Rezzano, una pedagoga que impulsó en Buenos Aires
esta corriente reformadora inspirada en los postulados de Friedrich Froebel y
María Montessori, entre otros. Compartió ideales con otras dos entrerrianas
como Celia Ortíz de Montoya –que desarrolló una experiencia innovadora en Paraná-
y Luz Vieira Méndez, también paranaense cuya labor también tuvo proyección
latinoamericana. Asimismo adherían al nuevo movimiento que pretendía poner coto
a normalismo positivista Olga y Leticia Cossettini y Juan Mantovani.
Niños en movimiento
En Buenos Aires Scolamieri
comenzó a aplicar innovaciones profundas en la lógica de la
enseñanza-aprendizaje que dejaba de ser unilateral, en un solo sentido del
docente, depositario de los saberes, que enseña y el alumno que aprende. La
revolución “copernicana” fue conceder autonomía a los aprendices, motivarlos
para que salgan en la búsqueda de los conocimientos, a utilizar medios
novedosos que los sacaran de la pasividad del pupitre (término muy de
época). Surgieron el teatro, la música,
el encuentro con artistas de distintas disciplinas, las visitas a exposiciones
de arte como recursos para motivar el aprendizaje activo. La lectura cotidiana
en el aula no faltaba como una práctica placentera.
Trabó amistad con Benito
Quinquela Martín quien realizó un mural llamado “Trabajo” en el patio interno
de la escuela que dirigía. También apeló al arte del poeta titiritero Javier
Villafañe con su “Andariega” que mostró a los niños la magia de los títeres y
les enseñó a construirlo.
La biógrafa de Scolamieri,
María Belén Trejo (Escuela Nueva y relato autobiográfico. Análisis de la
trayectoria de Gerarda Scolamieri, una docente argentina), dice que “desde su
posición de directora impulsó acciones que tendían a vincular la escuela con
una comunidad más amplia. Eran frecuentes las visitas de personalidades del
mundo de las artes, de la política, funcionarios, a actos y eventos escolares.
Por otra parte construyó una relación fuerte y sostenida con instituciones
mexicanas a partir de la imposición del nombre de la escuela: homenajes,
celebraciones, actos de reciprocidad, visitas de diplomáticos, etc. Todas estas
ocasiones eran construidas como instancias pedagógicas: no se trataba de la
reunión de una adulta con funcionarios o con artistas, sino de un encuentro con
la comunidad escolar, de una oportunidad de aprendizaje para el estudiantado y
de construcción de lazos de solidaridad.”
En 1922 el Consejo
Federal de Educación había resuelto darle el nombre de repúblicas americanas a
escuelas de Capital Federal. Así fue como la escuela que dirigía Scolamieri se
convirtió “República de México” y fue la excusa perfecta para acercar la niñez
argentina con la mexicana ya que ella venía fomentando vínculos entre alumnos
de escuelas de países de Latinoamérica con los cuales intercambiaban
correspondencia.
El monitor de la
educación común en 1923 informa que “en la secretaría de Educación Pública de
Méjico realizóse el 1º de Setiembre último un brillante acto escolar, con
motivo de la entrega de una bandera argentina que nuestro ministro en Méjico,
Dr. Federico Quintana, hiciera a la escuela ‘Republica Argentina’ de ese país,
dirigida por la señorita Adelaida Arguelles, y que fue remitida en nombre de la
escuela ‘República de México’ de esta capital por la directora de la misma,
señorita Gerarda Scolamieri.”
Luego vino la invitación
para visitar México donde había llevado a cabo su innovadora experiencia
educativa José Vasconcelos con un espíritu similar a la Escuela Nueva, y que
vivió exiliado en el país entre 1933 y 1935.
A partir de 1943 la
situación educativa cambió. El nuevo gobierno surgido del golpe de estado
impuso la educación católica y canceló la experiencia de la Escuela Nueva que
ya se venía cuestionando por los gobiernos conservadores. Lo mismo había
sucedido con la experiencia educativa de Luz Vieira Méndez que tratamos en una
nota anterior. Las posiciones de “izquierda” de Scolamieri, que se vinculó con
el Partido Comunista y participó de actos del Movimiento Comunista por la Paz, habría
sido el motivo de precipitada jubilación en 1944. Los gobiernos de facto
cambiaron la orientación del sistema educativo, sin volver al normalismo,
inspirado en el nacionalismo católico que impuso la religión en las escuelas.
La educación católica en las escuelas estatales y cierta tensión con los
movimientos feministas de la época marginaron muchos proyectos innovadores,
situación continuó casi hasta el final de los gobiernos peronistas. Recién a
principios de 1955 se sancionó de la Ley 14401 que suprimió de la enseñanza
religiosa en el contexto del conflicto del gobierno con la Iglesia.
Cantando felices
Fuera de las aulas
Scolamieri se dedicó a plasmar en un libro su rica experiencia. En 1946 publicó
Vida y espíritu de una escuela.
Rescatamos de su trabajo
unos fragmentos que transcribe Trejo: “El niño es un trabajador incansable
–escribe Scolamieri-, y encauzada su actividad en las vías de lo agradable, se
apasiona, se abstrae, se crea un mundo magnífico y provechoso, propicio para la
adquisición del conocimiento. Los niños aprendían con placer, con avidez, con
felicidad. Mi escuela fue un taller en que trabajaban cantando niños felices.
“En el cuaderno de cada
alumno se fijó siempre, con la ilustración justa, cada conocimiento
conquistado. El alumno dibujó, puso la vida del color y de la forma junto con
la sugestión de la palabra escrita; nunca hubo en la enseñanza impartida nociones
endebles; siempre el conocimiento llegó a ser tal, después de la justa visión
del mismo: los niños siempre vieron (…)”.
Y en otros párrafos
hallamos “A todas las expresiones de arte musical que se gustasen, admitía aún
a los niños más pequeñitos; los colocaba muy cerca de los ejecutantes, porque
creo que es el modo de iniciarlos en el arte de escuchar; ellos quitecitos,
absortos, observan las formas de los instrumentos con toda la curiosidad de sus
ojos nuevos; miran luego los movimientos y sin comprender, sin advertirlo,
instintivamente, van comenzando a separar en sus sensibilidades la percepción
plástica llevada por las formas nuevas y la percepción sonora que llega
agradablemente desde aquellas formas vibrantes. Siempre era un gozo para mí ver
aquellas personitas tan pequeñas, quietas, atentas, obsesionadas, apresadas por
el encantamiento del primer contacto musical (…)”.
Gerarda falleció en
Buenos Aires el 19 de enero de 1961.
El Potrero, la continuidad de la colonización agrícola
Rubén I. Bourlot
El 20 de mayo de 1946 el gobierno nacional por decreto declara de
utilidad pública, sujeto a expropiación, varios campos en el sur del
departamento Uruguay para la creación de la colonia agrícola El Potrero.
La fundación de la colonia se enmarcaba en la ley 12.636 de 1940, autoría del
entonces diputado entrerriano Bernardino Horne, que también había instaurado el
Consejo Agrario Nacional. Los gobiernos nacional y provincial impulsaban la
puesta en producción los extensos latifundios con aptitud agrícola y la
consecuente radicación la población rural. Era la continuidad de una política
de estado que hundía sus raíces en la colonización llevada a cabo por Justo
José de Urquiza en el siglo XIX y, más recientemente, en las políticas agropecuarias
del gobierno de Luis L. Etchevehere (1931-1935) a través de su ministro Horne.
EL POTRERO DE SAN LORENZO
La
nueva colonia se constituyó con fracciones de campos correspondientes a las
estancias “El Ñandubaysal”, “El Mangrullo”, “San Martín” y “San Luis”,
en su mayoría propiedad de sucesores de Saturnino E. Unzué. El nombre de la
misma, El Potrero, proviene del Potrero de San Lorenzo (en alusión a un arroyo de ese
nombre) perteneciente entonces a la familia Unzué. Desde el siglo XVIII estos
campos constituían la estancia San Lorenzo de Isabel de Álzaga de Elía,
comprados en subasta pública al Cabildo de Buenos Aires por su padre Ignacio de
Elía e Ilarra. Existen indicios de que en la zona se proyectó instalar una
colonia con inmigrantes griegos y canarios en la década de 1840. Con el tiempo la
propiedad fue adquirida por Justo José de Urquiza, más adelante pasó a manos de
una sociedad encabezada por Anacarsis Lanús y finalmente a la familia Unzué.
Tras la expropiación se procedió a la mensura de los predios, de
LA RESERVA POTRERO DE SAN LORENZO
En 2015 parte de los campos no expropiados en 1946, que constituyen la
estancia Potrero de San Lorenzo (unas 18.000 hectáreas), fueron destinados por
sus propietarios para constituir un Área Natural Protegida mediante un convenio
con el gobierno provincial. El casco de la misma cuenta con un parque diseñado
por Carlos Thays. Los dueños del establecimiento son Marcos Jorge Celedonio
Pereda Born y su esposa Azul García Uriburu, esta última hija del pintor
Nicolás García Uriburu, uno de los más destacados artistas plásticos argentinos
contemporáneos, quien encontró reconocimiento mundial por sus pinturas sobre la
naturaleza y por eventos culturales de gran repercusión mediática como fue el
teñir de verde las aguas del Gran Canal, en Venecia, hace cincuenta años, para
advertir sobre el ataque y destrucción de los escenarios naturales a manos de
la sociedad moderna.
Entre los objetivos manifestados de esta área se cuentan convertirlo en
un modelo productivo, ambiental y socialmente sustentable, y que sirva además
para futuras investigaciones contribuyendo al bienestar de las comunidades.
El gaucho Calandria convertido en comedia por Martiniano Leguizamón
Rubén I. Bourlot
La noche del 21 de mayo de 1896 la compañía de
Podestá-Scotti representó en el Teatro Victoria de Buenos Aires la comedia de
costumbres camperas Calandria, escrita por Martiniano Leguizamón.
Gaucho bravo y montaraz era el Calandria real y más aún el
ficcionado por Leguizamón: “¡Pa agarrar esta Calandria tienen que aplastar
muchos matungos las polesías de Entre Ríos!”
Dice el también entrerriano y dramaturgo Juan Carlos Ghiano
que “el estreno fue recibido con general cordialidad por los críticos, quienes
se preocuparon por señalar las distancias que reconocían entre la nueva pieza y
el teatro gauchesco nacido de Juan Moreira.”
EL GAUCHO LITERARIO
Ghiano explica que “mientras para los primeros escritores
del género, el gaucho era simplemente el hombre del pueblo, el provinciano
entregado a tareas rurales -en particular de la campaña litoralense-, para los
críticos de fines de siglo el gaucho era ya el símbolo de nuestro pueblo: la
encarnación de las virtudes patrias y la esforzada síntesis de nuestra historia
popular. Por estas riesgosas implicaciones, rechazaban los destinos rebeldes y
agresivos que contó con abundancia Eduardo Gutiérrez, y se resistían a admitir
la dignidad extratemporal del hijo poemático de José Hernández.
“Dentro de la castigada historia de nuestro teatro,
Calandria se vio como la encarnación de ese ennoblecimiento del gaucho y, con
la alegría de la rehabilitación, se sacrificó en su homenaje el teatro
gauchesco anterior. Sin embargo, a través de los años transcurridos desde
entonces, y en perspectiva librada de prejuicios, Calandria adquiere su pleno
sentido si se sitúa como el final de una serie de creaciones, no como el
comienzo de un nuevo género, que debe buscarse por otros rumbos: los de los
dramas rurales de Florencio Sánchez y de Roberto J. Payró.”
Agrega el autor citado que “un tanto al margen queda un
drama injustamente olvidado, del político Francisco F. Fernández, hombre importante
en nuestros entreveros civiles: Solané, publicado en 1881”.
UNA CALANDRIA JORDANISTA
Seguimos con el relato del dramaturgo nogoyacero: “Martiniano Leguizamón conoció al famoso Calandria, civilmente Servando Cardoso, en Concepción del Uruguay, por donde solía aparecer hacia 1870. Los sucesos de su vida (según la han recordado Paul Groussac y Carlos Zedlitz-Weyrach) lo muestran como excelente jinete y cantor de nota; por sus cantos y travesuras recibió el apodo definitorio. Se recuerda, también, que le resultaba difícil sujetarse a cualquier disciplina de trabajo regular; debió ser el peón decidido y simpático a quien toleran sus compañeros y miman sus patrones. Así pasaba sus días, trabajando en un saladero de la ciudad de Urquiza, hasta que ocurrió la revolución de López Jordán; incorporado a las tropas, se portó como bravo en los entreveros de las facciones que chocaban en el territorio de su provincia. Mientras crecían sus corajadas, ganándole el aprecio de los jefes, no dejaba de suscitar el recelo de los compañeros de armas, desconcertados ante el arrojo sin premeditaciones de su conducta militar. Terminan las luchas jordanistas y Cardoso es destinado a un destacamento de guardias nacionales, donde vuelve a ganarse la estima de los superiores, hasta ser asistente del capitán; pero ningún halago puede silenciar los resueltos llamados de su alma y deserta, comenzando su vida de gaucho alzado.
“Eran hombres que se quedaban al margen de las nuevas
fundaciones rurales; hábiles y decididos para las guerrillas, no supieron
acomodarse a las tareas de chacras y estancias alambradas. De ahí el epíteto
con que lo señala Groussac al llamar a Calandria ‘el último outlaw argentino’
(…)
“Las aventuras de su héroe debieron llegar a Leguizamón no
sólo por conocimiento directo del gaucho -escena que se evoca en el cuadro en
que unos estudiantes del Colegio de Concepción del Uruguay son testigos de una
travesura peligrosa-, sino también por las memorias de los pobladores de la
campaña, que fueron la inspiración de muchos de sus relatos.”
Al igual que el Martín Fierro rebelado contra las
injusticias de la primera parte que en la vuelta se incorpora manso a la nueva
realidad del país de la “paz y la administración”, Calandria también se
reconcilia en la obra de Leguizamón: “Ya ese pájaro murió / en la jaula de
estos brasos; / pero ha nasido,
amigasos, / ¡el criollo trabajador!...”
SOBRE EL AUTOR
Dejó valiosas obras de diversos géneros como Recuerdos de la
tierra (1896), el romance histórico Montaraz (1900), Alma natía (1906). En 1908
publica De cepa criolla, luego Páginas argentinas (1911), La cinta colorada (1916),
El primer poeta criollo del Río de la Plata (1917), Rasgos de la vida de
Urquiza (1920), Hombres y cosas que pasaron (1926) y finalmente Papeles de
Rosas y La cuna del gaucho publicados en 1935, luego de su muerte.
11/5/26
La escuela del padre Castañeda en Paraná
El 12 de Mayo de 1832 moría en Paraná, Entre Ríos, el sacerdote franciscano Francisco Paula Castañeda. Apasionado patriota, fue enemigo de Bernardino Rivadavia redactor de periódicos combativos de nombre curiosos como El desengañador gauchipolítico, El despertador teofilantrópico, Vete Portugués que aquí no es, entre otros. Fue profesor de filosofía en la Universidad de Córdoba. Fundó la Escuela de Artes y Oficios un Colegio de niños en Santa Fe y otro en Paraná. Fundó también el pueblo San José de la Esquina, en Corrientes. Dirigió y publicó varios periódicos y se destacó por su cultura y sus artículos satíricos y mordaces. Había nacido en Córdoba en 1800.
En el Archivo General de la Provincia de Entre Ríos, se encuentra documentación sobre la instalación de una escuela en la ciudad de Paraná a cargo del Padre Francisco Castañeda, con datos curiosos y pintorescos de las actividades que iban a recibir los alumnos de dicho establecimiento.
El
3 de mayo de 1827 el sacerdote Francisco Castañeda se dirige al Gobernador con
la intención de establecer una escuela:
“Fray Francisco Castañeda ante V.E. con el
debido respeto me presento y digo: Que firme siempre en el propósito de
fomentar por todos medios, y modos la instrucción de la juventud he sostenido
por espacio de cuatro años en el Desierto del Rincón de Santa Fe un Colegio de
Niños bastante numeroso procurándoles no solo la educación moral en los
primeros rudimentos de la religión y de las letras, sino también la educación
física habituándolos a andar descalzos, sufrir intemperies, y emprender
trabajos de labranza y pastoría compatibles con sus fuerzas.
Entre mis candidatos se encuentran bastantes niños
Entre-Rianos que se han desterrado voluntariamente, y me acompañan prefiriendo
la instrucción al bienestar que lograban al lado de sus padres; pero habiendo
la seca concluido todas mis sementeras, me he visto en la necesidad de
trasladar para de mi comunidad a algún otro punto, dejando en aquel destino los
que buenamente puedan mantenerse.
Esta provincia de Entre Ríos por su vecindad y cercanía me
parece a mi que es el punto indicado, y siendo además tan abundante en cal,
piedra y otros materiales, no dudo que en pocos días se podría levantar una
capilla pequeña, y alguna otra pieza para verificar la traslación, ciñéndome al
principio no más que proporcionarles escuela y clase de gramática, y dejando el
cuidado del tiempo y el procurarles todos los adelantamientos que cupieran en
mis facultades.
En mi primera fundación no he tenido más objeto que el de
ensayarme y convencerme de cuanto es capaz el hombre cuando desea eficazmente
la educación e instrucción de sus próximos, y al mismo tiempo hacer ese remito
para ser bien recibido en cualquier punto de América, donde me ofrezca a hacer
otro tanto; por lo que a mi me toca estoy seguro que aun cuando mi utilidad
fuera mucho mayor de lo que es para el efecto no por eso dejo de ser estimable
la fina voluntad el vivo interés, y la incansable solicitud que toda mi vida he
acreditado a favor de la juventud con el mayor desinterés y a costa de tantos
sacrificios.
La escasez de fondos en que accidentalmente se halla esta
Provincia aun no se me oculta, pero yo estoy acostumbrado a padecer penuria, y
a endurecer el ánimo contra toda escasez esperando el tiempo bueno y la
abundancia que siempre suele seguir a la necesidad; de esta abundancia yo no
dudo, y por eso es que quiero ser partícipe en las necesidades del Entre Ríos
para después enriquecer mi Colegio exigiéndolo en Universidad, donde concurran
a instruirse todos los jóvenes de América. Por tanto a V.E. pido y suplico se
sirva señalarme en la Capital de la Provincia de su mando un sitio donde puede
trasladarme con mis entre-rianos.
Otro si que el tal establecimiento si es posible se
construya lo más distante de la Parroquia para que los vecinos tengan más cerca
el auxilio espiritual de la Curia, y sermón los domingos, rosario y leyenda
todas las noches, y todo lo demás que en el colegio del Rincón se practica.”
Ante
la solicitud del padre Castañeda, el 5 de mayo de 1827 se reunieron en la sala
del Despacho del Juzgado Mayor Ordinario de la ciudad de Paraná a virtud del
Superior Decreto del 3 del corriente, los señores que deben formar la junta
para determinar sobre la solicitud elevada al Superior Gobierno por el
mencionado Castañeda relativa a la construcción de una Capilla y Casa de
Educación de la Juventud, a saber el Alcalde Mayor Ordinario Dn. Pedro pablo
Seguí, Presidente y los Alcaldes de los distintos cuarteles y vecinos de la
ciudad. Todos los integrantes de la junta, estuvieron a favor del
establecimiento considerando muy útil y ventajosa para la educación.
El
padre Castañeda informa como sería el funcionamiento de la escuela a su cargo,
en la cual establece el siguiente método: “al
rayar el alba tanto en invierno como en verano decirles la misa a los
candidatos, en cuyo tiempo cantaran con música, o sin ella las divinas alabanzas:
concluida la misa, barrer los aposentos, y el patio, poner en orden la escuela
y dejarla todo acomodado antes del almuerzo: la escuela deberá durar tres horas
por la mañana, y otras tres a la tarde: al entrar la noche rezarán el rosario,
y después se leerá un punto sobre los misterios según el orden con que la santa
Iglesia los va celebrando: antes de cenar se juntaran todos, y haciendo un coro
relataran de memoria alguna parte del Catecismo.
Los tiempos que median entre estas funciones
se dedicaran a la educación física, y a divertirse ya en la danza, ya en la
maroma, ya en la lucha, en correr a caballo, manejar una canoa, nadar en el
Paraná, etc.
Los gramáticos además de las tres horas de mañana, y tarde
tendrán de noche sus conferencias; esto está por ahora reducido el método
provisorio dejando para mejores tiempos y para cuando sean menos escasas las
facultades el emprender con todo lujo la enseñanza recíproca, el fundar
académica de dibulo, para lo cual debe contar el gobierno con mi notoria
eficacia, y tesón infatigable.”
Se
le concede la autorización para la fundación de la escuela de primera letras
clase de latinidad y capilla pero deberá establecerse exclusivamente la
enseñanza mutua o de Lancaster, cuando existan fondos para tal efecto.
Con respecto al terreno en la cual deberá funcionar el establecimiento escolar y la capilla don Salvador Ezpeleta, fundador de la Matanza (hoy Victoria) ofrece un terreno de sesenta varas de frente al este y cien de fondo al oeste sobre el mismo punto y en frente de la esquina del finado Dn. Esteban Marques.
Francisco
Castañeda solicita al gobierno, que es necesario que se nombre a un patrono o
síndico a cuyo cargo este lo material de la obra; como también la subsistencia
y adelantamientos temporales del colegio, y para tal cargo propone a Dn.
Salvador Ezpeleta, no solo por la donación del terreno sino también porque la
fundación del pueblo de Aranzazu en la Matanza es un testimonio de la actividad
y celo que lo caracteriza para que se le confíe la administración de éstas y
otras obras mías. Esta solicitud fue aprobada por el Gobierno.
La
primitiva escuela y capilla, llamada San José del Puerto, fueron edificadas en
barro con techo de paja, hasta que en 1830, el señor Ezpeleta los sustituyó por
otros edificios de cal y piedra. Estaba situada cerca del río, detrás de la
actual iglesia del Carmen, según las comprobaciones realizadas por el doctor
César B. Pérez Colman.
En
mayo de 1834, el escribano don Manuel A. Calderón, publicó el siguiente
documento: “se trata de un arreglo de cuentas entre el P. Castañeda y el señor Espeleta como
síndico de la escuela y capilla, hasta el 18 de marzo de 1830. Se pactó que las
cuentas quedaban liquidadas, y que Espeleta recibía en propiedad el edificio de
la capilla y escuela, bajo el compromiso de reedificarlas en piedra y cal.
Finalizando la actividad educativa del padre Castañeda en el año 30.-
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