30/8/26

Jorge Enrique Martí, un entrerriano por el canto

 Rubén I. Bourlot

 

Jorge Enrique Martí, poeta y periodista, editor nació en Rosario, Santa Fe, el 11 de septiembre de 1926, un día del maestro que los entrerrianos debieran conmemorar en su homenaje. A los dos años su familia se radicó en Liebig donde su padre entró a trabajar en el frigorífico. Después se aquerenciará en Colón. Casado con Marta Urquiza, fueron padres de 5 hijos.

Su alta figura, bigotes abundantes, decir firme y pausado, no pasaba inadvertido. Oriundo de Rosario se hizo entrerriano por el canto como le gustaba decir. La costa del Uruguay lo atrapó entre espinillos y ceibales. Pueblo Liebig, Colón, Paysandú, Concepción del Uruguay, vieron crecer su pluma de poeta y cronista. Periodista de alma, fue sembrando sus tribunas de papel “machacando sobre el mismo clavo” como sabía decir cuando insistía sobre temas que eran su desvelo. Su poesía impregnada de entrerrianía refleja sentires volcados en ríos de tinta, y en el aire a través de su voz contundente: “claro, altivo y vertical”.  La poesía era su destino y un retablo que es muestrario del paisaje de su provincia adoptiva.

Tuve el honor de haber compartido redacciones y lo recuerdo con su figura patriarcal inclinada sobre una antigua Rémington, dejando correr los dedos sobre el teclado, escribiendo sus crónicas de un tirón, sin respiro ni tachas. Prosa perfecta de un periodista de raza. Era el redactor del semanario cultural del diario Sucesos que se editaba en Concepción del Uruguay, donde anidaban las letras entrerrianas que cobraban vuelo agitando alas de papel.

Cada tanto don Jorge Enrique Martí nos sorprendía con un nuevo vástago, una nueva cuenta engarzada para engalanar el canto entrerriano. En la radio participó de ciclos de entrerrianía junto al conductor y recitador Roberto Román.

La escuela primaria la comenzó en la Escuela N° 16 Hipólito Vieytes de Liebig y la finalizó en la Escuela N° 1 Juan José Paso de Colón. El secundario lo cursó en el histórico Colegio del Uruguay Justo José de Urquiza de Concepción del Uruguay. Alojado en la Fraternidad se hizo “fraternal” donde se fogueó colaborando con el periódico estudiantil Chécale. Luego, entre 1952 y 1954, estuvo a cargo de esa prestigiosa entidad institucionalizada como Sociedad Educacionista La Fraternidad.

En Buenos Aires estudió Filosofía y Letras. Trabó amistad con el ambiente literario capitalino, y con Ricardo Rojas en particular. De vuelta a los pagos entrerrianos publicó Panambí, Antigua Luz (Faja de Honor de la SADE), Entre Ríos y Canciones, Entrerriano por el Canto, Rapsodia Entrerriana (Premio Fray Mocho de poesía, 1974), Al Colegio del Uruguay, Retablo, entre otros.

 

Entre Ríos y cantares

Escribió la "Cantata en unión y libertad", homenaje a Justo José de Urquiza, con música de su hijo Leopoldo (Polo) Martí. Estrenada en 2001, fue reestrenada en ocasión de las celebraciones por el Bicentenario de la Revolución de Mayo en Concepción del Uruguay y Paraná, y en aquella oportunidad cosechó elogios y reconocimiento. Martí explicaba que el texto de la Cantata fue escrito pensando en que fuera “de muy fácil comprensión, de manera que quien la escuche o la lea, la entienda, con una intención casi escolar”.

También recuerda Polo Martí que “en 1984, al regresar Aníbal Sampayo de su exilio en Suecia, fue fundamental en mi vida pasar a ser su director musical y guitarrista de su nuevo conjunto y en sus próximos proyectos. Y en todo ello, tanto mi padre como mi madre, fueron clave porque me dieron no solo su apoyo, sino la convicción de que ese sería un frondoso camino. Justamente mi padre fue quien, por 1986, me sugirió que rindiera un homenaje a Sampayo, en vida, por todo lo que significó, no solo a nivel personal y para nuestra familia, sino sobre todo para nuestra música y nuestra cultura, y que finalmente se concretara en mi composición ‘Homenaje a Aníbal Sampayo’, obra que estrenamos con el grupo Maíz, con la que obtuvimos nuestro Premio Revelación Cosquín '87, y que plasmáramos en el CD Viajero por la Tierra (Milan Sur, Francia, 1989).”

La pluma de Jorge Enrique dejó su huella en los periódicos de la provincia y el país. Fue colaborador de ElDiario de Paraná, La Nación y La Prensa de Buenos Aires, La Capital de Rosario, El Entre Ríos de Colón y La Calle de Concepción del Uruguay. En 1949 se hizo cargo de la Dirección del trisemanario El Orden. Fundó y dirigió el periódico Tribuna y la revista del mismo nombre, ambos en Colón; tuvo a su cargo la revista dominical del diario Sucesos (Concepción del Uruguay) y fue editorialista del diario El Sol (Concordia).

Fue asesor del Rectorado de la UNER y el primer Secretario de Extensión Universitaria y Cultura de la casa de estudios. Desde ese espacio desarrolló una activa tarea entre la que se destaca la creación de la editorial de la UNER (Eduner).

En 2013 la Universidad de Concepción del Uruguay y la Asociación Educacionista La Fraternidad, en el marco de sus 136 años de existencia, le otorgaron el Doctorado Honoris Causa.

 

Para la gurisada

En 2016 nos dejó a los entrerrianos un último regalo. Literalmente un regalo para los gurises, su último libro publicado con el nombre Gurisada, con ilustraciones de su nieta, la Lic. Virginia Martí. La edición la pagó con su propio peculio de jubilado universitario y donó quinientos ejemplares al Consejo General de Educación de la provincia para su distribución en todas las escuelas entrerrianas.

Al respecto escribió en el prólogo que "siempre estuvo en mis planes de trabajo el proyecto de escribir un libro dedicado a la lectura en las escuelas públicas de Entre Ríos, alentado por esa entidad del alma provinciana que con orgullo llamamos entrerrianía y nos guía con el fulgor de la estrella federal (…)

“Se trata de un conjunto de textos sencillos y transparentes sobre los seres y las cosas de nuestro entorno provinciano, el paisaje fluvial, el campo abierto y montaraz, con su fauna y su flora en riesgo de extinción y las ciudades pequeñas y pueblos en los que se trabaja y produce con el esfuerzo y el talento de nuestra gente".

Falleció el 14 de enero de 2018. Tenía 91 años. Se fue a otras tierras, a otros cielos, acompañado de un cortejo de pájaros y mariposas, donde seguramente seguirá recitando “Claro, altivo y vertical, /alto de nube y de cielo, / con esa actitud de vuelo / del pájaro y del puñal, / libre por toda señal / y entrerriano por el canto, / en mi guitarra levanto / los rumores provincianos / porque me tiembla en las manos / la tierra que quiero tanto (…)”.

 

Imágenes

- Jorge E. Martí junto a Roberto Román , Anibal Sampayo, a su hijo Polo Martí y su nieta Julia en Colón, 1993

- Jorge Enrique Martí

- Su último libro "Gurisada"


18/8/26

España en América o los orígenes de la independencia

 Rubén I. Bourlot

 

Mucho se debate acerca de si José de San Martín fue español, rioplatense y si actuó como un sedicioso que atentó en contra de su patria combatiendo a los ejércitos realistas. Nada más desacertado. Para comprender mejor el proceso histórico hay que ponerlo en contexto temporal y espacial.

A fines del siglo XVIII España ya no era la cabeza del gran imperio que atravesaba dos océanos, se prolongaba por tres continentes y tenía sus confines en la Filipinas. Ese imperio donde nunca se ocultaba el sol. La decadencia de la dinastía austriaca y su reemplazo por los borbones en el poder no pudo detener la caída libre de la España quijotesca. El siglo de las revoluciones, la industrial a la que se subieron Inglaterra, Francia y otros países, y la política que reemplazó las monarquías por procesos republicanos, no ingresó a España. Las riquezas americanas que alimentaban a la metrópolis fueron utilizadas para el consumo sin impactar en el desarrollo de una burguesía capitalista industrial. El oro solo pasaba por su territorio y se fugaba rápidamente para comprar manufacturas que otros fabricaban.


El siglo XIX fue peor. El ascendente emperador francés Napoleón con su plan de dominio continental avanzó sobre la península Ibérica y se apropió de España y Portugal.

Acá está el nudo de la cuestión. Ante la amenaza del Gran Corso la corte portuguesa resolvió salvar los trapos marchando a sus dominios del Brasil, con ayuda de su aliada Inglaterra, y lo convirtieron en el centro del imperio. La corte española, en cambio, se quedó esperando el desarrollo de la situación hasta que Napoleón dio el zarpazo, destituyó a los monarcas (padre Carlos IV y Fernando VIII) y nombró rey a su hermano José “Pepe” (el de las botellas).

 

Independencia temprana

Los acontecimientos europeos impactaron inmediatamente en los reinos americanos. La España ocupada estaba inhabilitada para sostener su autoridad sobre los territorios allende los mares. Las comunas resistían como podían, defendían sus autonomías y llegaron a formar un gobierno provisorio, la Junta Central de Sevilla que, perseguida por las garras de Napoleón, terminó en Cádiz (las Cortes de Cádiz) con la pretención de llenar el vacío de poder. Era tarde. España hacía tiempo que no estaba en condiciones hacerse cargo de los asuntos de América. Antes del avance de Napoleón la monarquía ya había mostrado su debilidad ante el intento de Inglaterra de apoderarse de los dominios del Río de la Plata. Fue la valentía y organización de los criollos americanos lo que impidió la ocupación británica en 1806 y 1807.

Por lo tanto cuando en el año X, en los reinos hispanoamericanos, comenzaron a emerger gobiernos provisionales en reemplazo de las autoridades nombradas por España la fractura ya estaba dada. La España ibérica se había caído del mapa. La ausencia de poder real produjo un proceso de retroversión, como lo había plateado Francisco Suárez, y los pueblos americanos recuperaron su autonomía para gobernarse por sí. De hecho ya se podían considerar independientes muchos antes de las sucesivas declaraciones formales. A partir de 1808 hubo proyectos de instalar una monarquía autónoma en el Río de la Plata encabezada por la princesa Carlota Joaquina, la esposa del rey de Portugal y hermana de Fernando VII.

No fue el caso de las rebeliones previas que, según el relato histórico tradicional, se consideran inspiradores de las independencias como el levantamiento de los Comuneros (Nueva Granada), el de Túpac Amaru (Alto Perú) y otros que  no tuvieron vocación independentista.

 

Una España americana

Pero el meollo de la cuestión es que la España americana -si se permite la caracterización- no pudo concretarse como lo hizo Portugal con el Brasil. El traslado de la corte lusitana con toda su parafernalia centralizó el poder y consolidó la unidad de aquel territorio. No sucedió lo mismo con reinos españoles.

Y aquí volvemos al principio. Al San Martín español en América. El Libertador en realidad no combatió en contra de España sino contra las fuerzas de una monarquía que ya no existía y respondían a los sustitutos como el Consejo de Regencia y sus virreyes. El retorno de Fernando VIII en 1814 era una caricatura de lo que habia sido la monarquía española. Por lo tanto no fue "el hombre del partido americano", como se definía, un sedicioso pues su campaña continental, como la de Bolívar, fue una operación para consolidar la España en América. Los sediciosos en todo caso eran los denominados realistas o “maturrangos”.

Por eso cuando en América se declararon formalmente las independencias no eran otra cosa que la ratificación de un hecho. La declaración de la independencia el 9 de julio de 1816 se hizo primeramente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli, y no específicamente de España como reino. Luego se agregó, para que no quedaran dudas, “de toda otra denominación extranjera.”

Algo similar pedía Artigas en las  instrucciones a los diputados orientales en 1813: “independencia absoluta” de “la corona de España, y familia de los Borbones, y que toda conexión política entre ellas y el Estado de España, es, y debe ser totalmente disuelta.”

Había que sofocar todo intento de la familia de los Borbones por recuperar los territorios que no supieron conservar.

Es contrafáctico imaginar qué hubiera pasado si la monarquía borbónica se trasladaba con todos sus petates a alguno de los reinos de América, como lo hizo Portugal. Tal vez con el poder centralizado se conservaba la unidad de los reinos americanos como era la aspiración de Miranda, Bolívar, Artigas, San Martín, entre otros. No es para nada casual que tanto San Martín como Belgrano y Bolívar hayan sido partidarios de regímenes monárquicos o de poderes ejecutivos fuertes. El propio Artigas gobernó la Liga de los Pueblos Libres como “Protector” y así lo hizo San Martín en el Perú. El primer gobierno independiente de México tambien fue el Imperio de  Agustín de Iturbide (1822). Poderes centralizados muy lejos de sistema republicano. Pero también lejos de las pretensiones de los gobiernos de Buenos Aires que intentaban importar a algún príncipe europeo para coronarlo y atarnos nuevamente a un poder extranjero.

4/8/26

Entrecruzamientos entre política e historia en la literatura entrerrianas: Juan L. Ortiz y Delio Panizza

 Rubén I. Bourlot

Expuesto en el I Congreso Entre Ríos, entre discursos: literaturas, territorios culturales y resonancias interdisciplinarias”, Paraná, julio de 2026.

Juan L. Ortiz es un ejemplo del entrecruzamiento entre su poesía con la historia, la regional más específicamente, y con la política. Fue una persona que vivió intensamente la política. Tal vez ese constado esté un poco invisibilizado por los entrerrianos que tampoco se atreven a destacar su trascendencia en la literatura nacional, también invisibilizada en parte por su abierto compromiso político y partidario. Por otra parte observamos que en la poesía de Juan L., además de lo paisajístico, hay una presencia de los acontecimientos de la historia regional.

Del mismo modo observamos en Panizza su compromiso político a la par de su escritura que abreva en la historia regional con obras emblemáticas.

En política estuvo vinculado al radicalismo yrigoyenista. Un poema de su autoría, publicado en el diario Los Principios de Concepción del Uruguay (Artusi, 2025), rinde homenaje a Hipólito Yrigoyen a tres días de su muerte: “Y allá su nombre va, como una flecha, a clavarse magnífica y derecha, en el bronce de la Inmortalidad”. Participó activamente en las lides partidarias y en 1931 fue concejal, cargo que ocupó nuevamente entre 1935.

Su poesía rinde también tributo histórico a Francisco Ramírez, José Artigas, Justo José de Urquiza.

Como escribió Jorge Abelardo Ramos (1985) “La impureza es el modus constante de la naturaleza, de las letras y también de la política. Todas las tentativas de ‘purificar’ algo concluyen esterilizándolo”.

Por su parte Claudia Rosa (1988) escribió que

“Hoy, es un lugar común afirmar que literatura, sociedad e historia están estrechamente vinculadas, y que dicha relación se pone de manifiesto no sólo en el proceso de creación, en el referente, en el vínculo sujeto-autor, en la inclusión de una obra a un sistema literario, sino también en el proceso de recepción y en la trama de relaciones recíprocas entre éste y el proceso de producción.”

 

 

Juan L. Ortiz

Juan L. Ortiz nació en Puerto Ruiz en 1896, residió en Gualeguay, hasta 1942 cuando se radicó en Paraná donde vivió hasta su muerte en 1978.


En los versos de Tríptico del viento, poemas que permanecieron inéditos -se publicaron de manera póstuma- que solía recitarlos de memoria sin que llegaran al papel impreso, apela a los acontecimientos históricos de la provincia y la región.

En una entrevista de Alberto Perrone (1973) recitó un fragmento titulado “Artigas (viento del este)” que se incluyó en un recuadro.

Durante la entrevista Juan L. explica el poema:

“Siempre me interesó comprender el problema de los caudillos, que es el problema nacional. Los caudillos son !a reacción contra los intereses porteños. Gente que estaba en arreglos con las diademas, con las coronas de Inglaterra y Portugal. Intereses europeos que imponían sus objetivos en el Río de la Plata. Pese a la Revolución de Mayo, el interior continúa sujeto a Buenos Aires. El federalismo es una entelequia. En mi poema ‘Tríptico del viento’ sintetizo, de algún modo, el problema. Para eso tomé figuras que reconozco principalísimas. Moreno, el hombre de fuego. Francisco Ramírez, rama de orilla, hombre del pueblo de Entre Ríos, y sobre todo, José Artigas, con un pensamiento y una acción de los más avanzados para su época. Ellos son tres grandes caudillos atentos al latido del pueblo (…)”

 

Artigas (viento del Este)

“De qué manera el grito por sobre el Plata halló

su raíz en el Este que descendía, ya al frente

de todas las raíces que invirtiera su voz

como si de unas manos llevara la creciente.”

En su extenso poema El Gualeguay se refiere a la relación de Artigas con Francisco Ramírez.

“(…) desde donde amanecía, casi,

en el día de esa lanza de Uruguay que no pararía con las suyas

y las vecinas 1850

hasta la ‘Cañada del destino’

y la sepultura de la ‘diadema’ o la traición...

hasta, la estrella del Pilar

con efluvios que irían a buscar el extrañamiento

y volverían para sellar las manos

contra las nubes ‘de afuera’, ésas sobre el cielo de la izquierda...

hasta la estrella de Febrero

con raíces en lo hondo y la revelación del camino

y la regla de plata (...)” 

En “El Aura del sauce” también asoman referencias a nuestros caudillos Ramírez y Ricardo López Jordán (h).

“Y sin embargo el héroe numeroso se había alzado de eso mismo

cuando el héroe Supremo supo tocarlo como un numen

en el numen de Mayo, traicionado allá, y amenazado de ‘coronas’...

Y fuera el ‘monte’, al fin, todo alado de centauros,

el que salvara ya entonces, paladinamente, la ‘ciudad’ (...)

Como fuera el ‘monte’, más tarde, con el sobrino consecuente y los otros centauros,

—una barba de río, como la propia divisa, llameando en el viento de las cargas,

y unos nuevos pechos de quimera para aguzar el viento—

el que lavara sus mismos laureles de la sangre y de la entrega,

y salvara por tercera vez, con el suyo, el honor de la ‘ciudad’ (...)

Y no fueran ‘estancieros’, no, éstos, ciñendo todos los cilicios,

para subir con todos los sin nombre, con todos, hasta el aire debido...

Mas la ‘cultura’, sólo al cabo permitiera, con los rémington y los cañones alemanes,

el de las raíces sin señales, y el de las marañas y las pajas, y el de la costa extraña(...)”

 

En otro fragmento del poema descubre al poco mencionado Bartolomé Zapata, el primer caudillo entrerriano que agitó montoneras por 1810 y murió tempranamente pero dejó su impronta.

“Nunca te faltaron, Ciudad, los Zapata, que te libraran de las extrañas fuerzas pesadas.

Marchabas, sí, a pesar de todo, con los pasos del mundo, pero con los pasos que avanzaban.

Y cuando esas fuerzas se abatían sobre ti, de lo hondo de ti salían las tuyas

como las gentiles deidades nunca dormidas del nativo monte íntimo

de la mano con los mitos más intensamente vivos en que el tiempo se miraba,

y hete al punto en tu línea ligera y profunda a la vez, clara e íntima a la vez,

alada como otra victoria en el encuentro siempre justo con el héroe (...)”

También su poesía estaba atravesada por la política: Juan L. Ortiz era simpatizante del Partido Comunista.   

Dice Alfredo Veiravé (1965):

“Mientras tanto el poeta vive experiencias literarias, políticas y también sentimentales, del amor revelado por quien dio entonces a su paisaje una suerte de ebriedad primera y permanecida de un octubre sin fin (…)

“En su poesía habla ‘de los barrios apartados o los barrios sin luz existe una razón más profunda que universaliza ese paisaje entrerriano en los arrabales ya que esta designación aparece cada vez que el autor quiere trasmitir una nota de tipo social, un tipo de evidencia de esa injusticia social que ha relegado a ciertos grupos humanos al abandono de los aledaños de la ciudad, fuera de una imagen de la felicidad apetecida para el poeta, que se puede divisar a través de grandes ventanales en la compañía de la música y los libros.”

 

En el poema El Gualeguay se refiere a sucesos políticos del siglo XX:

“Y vino Febrero del diecisiete, y vino Octubre del diecisiete.

Vinieron los ‘días que conmovieron al mundo’,

y yo un poco, como en pantuflas, había corrido las cortinas sobre el mundo,

y yo estaba, mejor, en la torre de marfil de unas riberas serenísimas.

En el poema Jornada denuncia:

Tantas almas perdidas y tantos cuerpos sufrientes,

con tanta preciosa fuerza ignorada!

La sombra fría que sube sobre el arrabal,

que invade las casas ¿las casas? y tanta criatura inocente, oh, hombres.

No amaré más el arrabal, con árboles y con calles verdes, como le amaba antes.

Su silencio está lleno del silencio terrible de las almas ignoradas y de los cuerpos sufrientes.”

 

Emma Barrandeguy (1997), otra notable escritora gualeya, también nos dejó sus recuerdos de los encuentros con Juan L. y otros representantes de la bien llamada “ciudad de los poetas” donde la política se filtra en todas las conversaciones.

Nombra a Juan L. Ortiz, Amaro Villanueva, Salvadora Medina Onrubia, Juan José Manauta

“Todos nacidos en Gualeguay antes de 1920, todos escritores de izquierda.

(…)

“Estos escritores gualeyos, cuya sociabilidad nació tempranamente en los ámbitos de las bibliotecas del pueblo, en los círculos de amistad y política como ‘Amigos de la revolución soviética’ -que fundó Juan L. Ortiz-, y cuyos lazos se extenderán durante todas sus vidas, obtuvieron en algún momento, en mayor o menor medida, proyección nacional. La temprana labor cultural y militante de algunos de sus miembros, los llevó a vincularse con los principales poetas sociales de Buenos Aires, como Raúl González Tuñón, Álvaro Yunque y César Tiempo, a quienes invitaban a dar conferencias y presentaciones.”

 

Por su parte escribió Pedrazzoli (1987):

“Resulta natural que los rasgos sociales de su poesía se hagan presentes con un sentimiento solidario por los desposeídos, o por los que soportan el drama bélico, o por los que padecen las distintas formas de injusticia. Resulta natural también, que el hombre y el contexto socio-económico-cultural avancen hacia el centro de su poesía.”

 

Juan L. se vinculó el grupo Claridad e integró la Asociación de intelectuales, artistas, periodistas y escritores (A.I.A.P.E.).

 

Durante el peronismo estuvo vigente. Su pertenencia al Partido Comunista no impidió que publicara el soneto “Gualeguay” -que no forma parte de su poema largo “El Gualeguay”–,  y se analizara su literatura en el suplemento cultural del diario La Prensa administrado por la CGT, que estaba a cargo de César Tiempo.

 “Me place mucho lo que hace Tiempo con La Prensa. Pregúntele si recibió alguna vez El álamo y el viento. En cuanto a los siguientes, los tendrá cuanto antes. No lo olvido nunca, ni olvido mi deuda con él”, dice en una carta del 26 de abril de 1953, incluida en su Obra completa (2005).

 La deuda a la que alude, probablemente sea la “activa complicidad” de Tiempo para la edición de El agua y la noche.

En 1957 viajó a Pekín, Shangay, Nankín, Moscú y Praga lo que significó un reencuentro con una milenaria poesía pero que lo distanció de la estructura del Partido Comunista.

 

 

Panizza, Señor de Montiel

Delio Panizza, Señor de Montiel como lo llamó Aníbal Sampayo, nació en Rosario del Tala en 1893 y luego residió en Concepción del Uruguay hasta su muerte en 1965.

Era militante de la UCR yrigoyenista y en 1931 fue concejal de la ciudad de adopción, cargo que ocupó nuevamente entre 1935 y 1939. En esa ocasión integró, junto a Alberto Carosini, el bloque del “radicalismo yrigoyenista”, separado del mayoritario “radicalismo unificado”.

El “poeta montonero” como lo llamó Sampayo reivindicó en su poesía a los caudillos federales y sus gestas. Su poesía está atravesada por la historia regional. Publicó dos poemarios emblemáticos como Artigas publicado en 1950: canta los esfuerzos de Artigas para mantener la unidad:

“las busca, las atrae,

las quiere ver al fin confederadas

en un lazo perenne”.

En otro de los tramos del poema, refiriéndose a Purificación, dice del caudillo:

“Es ejemplo, sanciona y obedece

su propia ley, es jefe y ciudadano

y la ‘ciudad’ bajo sus ojos crece (…)

Allí edifica su primera capilla

para la devoción de sus legiones (…)

Y la escuela primera se levanta…

Artigas en dinámico proceso

es juez, legislador, ejecutivo…

todo caído por su propio peso

de su notable cerebro pensativo”

 

En Ramírez publicado en 1926 le canta al caudillo entrerriano:

“Semi-dios fabuloso,

hijo de la pasión y la leyenda,

figura de coloso

que llenará de horror toda contienda,

bueno y fatal, satánico y hermoso (…)!”

 

También en Montonera, escribe Roberto Ángel Parodi (1987), su poesía es

“vigorosa y realista evocación de las cargas gauchas sugeridas por una escultura del artista argentino Horacio Juárez. Allí están descriptos, con admirable perfección, sus montoneros y tal es la fuerza de las imágenes que nos parece realmente verlos pasar raudos como el viento ‘camino a la eternidad’”

 

Durante el peronismo publicó varios artículos en la revista Tellvs (1948-1949), revista cultural del gobierno de Héctor Maya (1946-1949) que dirigía Leandro Ruiz Moreno. Del mismo modo que Juan L. Ortiz publicaba en un suplemento cultural oficialista del gobierno de Perón, lo hacía Panizza en Tellvs. Tal vez se pueda especular que su pertenencia al yrigoyenismo lo acercaba al gobernador Maya, también del mismo origen, que llegó al peronismo desde el grupo FORJA.

 

En el recorrido a sus manifestaciones políticas en el periodo encontramos en el diario La Juventud de Concepción del Uruguay (24-4-54) una nota donde cuestiona al gobierno nacional por el proyecto de devolver los trofeos de guerra tomados durante la llamada guerra de la Triple Alianza (1865-1870).

 

Tras el derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón, en 1955 publicó el libelo de poesía “Canto de la liberación”, un furibundo alegato en contra del gobierno depuesto.

Y no solo dedica versos destemplados en contra del gobierno peronista sino que no ahorra elogios al régimen de facto que se hace llamar “Libertadora”.

 

En el extenso poema Por mi Patria expresa:

“Cayó la tiranía…: del abismo

Por donde rueda ya sin esperanzas

Destilando sus últimos venenos,

Llega un bramar de fiera acorralada

Que aún en su impotencia

Quiera mostrar la ensangrentada garra

(…)

Acaso tornarán como mendigos

A las viriles filas democráticas;

Para alertas, alertas ciudadanos,

Pues volverán a traicionar mañana…

(…)

Y para los valientes triunfadores

Sin distinción de grados ni importancia,

Porque creemos en el gesto heroico

Porque hacemos fe de su palabra,

Y sin perjuicio (pág. 17)”

 

Tras su muerte, Aníbal Sampayo le dedicó la milonga Señor de Montiel:

“Lo llora Entre Ríos, al amanecer; y aquí en la otra banda lo lloran también. Poeta montonero, Señor de Montiel; se quedó en su pluma sangrando un laurel (…) En décimas suyas vibra el Uruguay, los hijos de Artigas no lo olvidarán”.

 



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