Rubén I. Bourlot
El episodio del enfrentamiento armado entre Argentina y el
Reino Unido tras la recuperación del territorio de las Islas Malvinas el 2 de
abril de 1982 es el más significativo del siglo XX y uno de los tantos de un
rosario de hechos que marcan una guerra de alta y baja intensidad que se fue
dando a lo largo de más de dos siglos en esta parte de América.
El enfrentamiento de 1982 no fue en sentido estricto una
“guerra” sino una batalla más de un conflicto que aún continúa. En junio de
1982 no hubo una rendición sino un cese del fuego y retiro de tropas. Sí fue un acto de rendición los tratados de
Madrid de 1989 y 1990. Pero el estado de guerra continúa en la conciencia de
los argentinos hasta tanto el territorio de las Malvinas, demás islas del
Atlántico Sur y el mar territorial correspondiente no sean restituidos a la
soberanía argentina.
El siguiente es el contexto histórico de los acontecimientos
de esta guerra de más de dos siglos con la potencia colonial británica.
LAS TROPELÍAS DE LA PÉRFIDA ALBIÓN
En el siglo XVIII los británicos intentaron en varias
oportunidades poner un pie sobre las
Islas Malvinas y fueron sucesivamente rechazados por la corona de España, en
ese momento con jurisdicción sobre esta parte de América. Las Malvinas habían
sido incorporadas como territorio del imperio español tras su avistaje por la
expedición de Hernando de Magallanes y luego al reino (virreinato) del Río de
la Plata.
A principios del siglo XIX la “pérfida Albión”, con la caracterizaba
Napoleón, intentó ocupar el Río de la
Plata con sendos desembarcos en 1806 y 1807 y rechazados por los criollos con
singular valentía. A partir ese momento la diplomacia británica reemplazó a los
cañones, comenzó a operar en el marco del proceso de independencia y logró
fragmentar la región en varios países “independientes”, algunos como estados
tapón como el Uruguay. La vieja consigna (atribuida a los romanos) divide et
impera, o divide y reinarás, impidió que los reinos hispanos emancipados
conservaran su unidad y se alzaran como actores principales de la política
internacional de la época. Por añadidura
los bancos ingleses también operaron como punta de lanza apoyando a comercio
británico y promoviendo el endeudamiento de los nuevos estados.
UN PIE EN MALVINAS
Pero la voracidad de los británicos no se quedaría en la
diplomacia y las finanzas. En 1933 nuevamente apelaba a los cañones para ocupar
las Malvinas que significaba tener las llaves para el paso de la navegación
entre los océanos Atlántico y el Pacífico, además de la explotación de la
riqueza pesquera y eventualmente petrolera. No fue una ocupación pacífica ya
que los piratas se encontraron con la heroica resistencia de Antonio Rivero y
sus gauchos que sostuvieron una lucha desigual durante varios meses.
En la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX la
guerra de baja intensidad se desarrolló mediante el intercambio comercial que
ataba los destinos del país a la provisión de granos y carnes a un comprador
monopólico que a su vez nos proveía de manufacturas, entre otras armamentos
para nuestros ejércitos, y se instalaba en el país con inversiones en los
sectores frigoríficos y ferroviarios modelados para extraer las riquezas del
país. A comienzos de la década de 1930, tras el pacto Roca-Runciman, el sistema
financiero quedó prácticamente en manos de la banca británica radicada en el
país, y el intercambio comercial se anudó más fuertemente a sus dominios como
una disimulada colonia (semicolonia en efecto).
Tras el progresivo desmembramiento del imperio británico
como consecuencia de la Segunda Guerra Europea y el pase de posta a Estados
Unidos, su influencia en nuestro país fue retrocediendo pero sin soltar de sus
garras el territorio malvinense. Se aferraba al mismo como a otros retazos de
su pasada gloria imperial. La “guerra” se siguió desarrollando en los ámbitos
diplomáticos y con algunos episodios como el Operativo Cóndor de 1966, y con
algunos triunfos argentinos como la resolución 2065 de la ONU, de 1965, que reconoció
a la disputa por Malvinas como una situación colonial.
En 1982, provocada por el propio Reino Unido, la situación
cambió abruptamente. Las fuerzas armadas argentinas desembarcaron en el
territorio malvinense y tomaron nuevamente posesión soberana. Este hecho es un
hito histórico puesto que no solo provocó el enfrentamiento armado donde los
británicos con el apoyo de sus socios de la OTAN sufrieron duros e inesperados
reveses, sino que actualizaron la vocación del reclamo de la Argentina y lograron,
en el terreno diplomático, el pronunciamiento de los países latinoamericanos en
favor de los derechos soberanos del país sobre Malvinas.


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