26/3/26

Pedro Radío, embajador de multitudes y benefactor

 Rubén I. Bourlot

No es habitual que la llegada de un embajador convoque multitudes. Pero así  sucedió con Pedro Radío cuando arribó a España en 1947 para hacerse cargo de la embajada argentina en ese país, nombrado por el presidente Juan Domingo Perón. Las fotografías de los periódicos muestran las calles de Madrid desbordante de un pueblo que lo acompañaba en su camino a la embajada ese 17 de enero de 1947.  Faltaban algunos meses para que los españoles recibieran también con idéntico fervor la visita de Eva Perón, esposa del presidente argentino, que le iba a dar a la España de Franco un respiro ante el bloqueo internacional que sufría el país.

Pedro Radío nació en Paraná el 27 de marzo de 1894, hijo de Pedro Radío y Josefa Albariño.  En 1919 se radicó en Victoria. Médico y político de origen conservador, fue Diputado Nacional en tres periodos, candidato a gobernador de la provincia, y embajador en España durante los primeros años del peronismo.

Cursó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal y los de medicina en la Universidad de Buenos Aires. En sus inicios ejerció la profesión en el Hospital Ramos Mejía de Buenos Aires. Llegó a  Victoria siendo médico y muy joven en 1919. Con los años, se transformaría en el principal forjador del progreso de la llamada Ciudad de las Siete Colinas. Fue médico del hospital local y colaboró ampliamente con la Sociedad de Beneficencia que sostenía y administraba.

Pasado conservador

Cuando irrumpe el peronismo en 1945 Radío era un veterano de la política. Se inició en las filas del Partido Demócrata Nacional de Entre Ríos. Fue electo diputado nacional durante tres períodos consecutivos: 1932-1936, 1936-1940 y 1940-1943. En tres oportunidades se postuló a gobernador de la provincia.

Entre las muchas obras que su ciudad de adopción, Victoria, le debe se cuenta la finalización del edificio de la Escuela Normal con el Salón de Actos, casa para el director, verja circundante y otros detalles del predio. También impulsó la creación del Hogar de Ancianos, al cual dotó de un confortable edificio. A sus gestiones se debe el edificio de la Escuela Técnica que hoy lleva su nombre. Un busto en su homenaje se interpone al paseante en la costanera victoriense que también lleva su nombre, y no es para menos. Es el justo homenaje a quién se preocupó por la pavimentación del puerto, la construcción del edificio de la Prefectura, la Avenida Costanera, el primer camino pavimentado y la Avenida Centenario de 1810, entre otras más.

“Al fundar también la Escuela de Comercio –relata una crónica-, dio una nueva orientación a la educación, limitada hasta entonces a la formación de maestros normales, y creó un futuro distinto para la juventud."

Embajador de multitudes

El arribo del embajador argentino era un gesto contundente para una España aislada luego del fin de la guerra y la demostración práctica de la política de la tercera posición, no alineada con los bloques que pretendían repartirse el mundo de postguerra, que había adoptado el gobierno de Juan Domingo Perón. Detrás de Radío venía la promesa de ayuda en alimentos que se concretó con el envío de embarques de 400.000 toneladas de trigo, 120.000 de maíz, 8.000 de aceites comestibles, 16.000 de tortas oleaginosas, 10.000 de lentejas, 20.000 de carne congelada, 5.000 de carne salada y 50.000 cajones de huevos.

El diario español ABC del 17 de enero de 1947 ilustra su portada con una foto a toda página bajo el título “Fútbol hispano-argentino que muestra a Pedro Radío junto a autoridades españolas presenciado el partido entre el equipo de San Lorenzo de Almagro y el ‘combinado’ español. Ganó el primero por seis a uno. Un público, más numeroso que nunca, llenaba el espacioso recinto deportivo, y vitoreó a Franco, a Perón y al nuevo representante de la repúblico del Plata.”

En páginas interiores el diario ilustra con varias notas gráficas la extensa crónica sobre el acontecimiento. “La estación del Mediodía estaba profusamente empavesada con los colores argentinos y españoles, y una muchedumbre innumerable, izando también banderas, acompañó al embajador hasta el hotel.” En otro pasaje el diario comenta que “ante la insistencia de la muchedumbre, el embajador apareció en uno de los balcones de Felipe IV, y, después algunos minutos de presenciar el imponente espectáculo, pronunció unas palabras de agradecimiento.”

Posteriormente Radío declaró ante la prensa que llegaba a España “en un momento excepcional de la vida política, cuando el mundo se agita buscando las ventajas de una paz duradera (…) España es para nosotros única e indivisibles desde la época de los Reyes Católicos..."

En 1949 terminó su misión como embajador y regresó a Victoria, donde falleció el 25 de septiembre de 1956.

Imágenes

Recepción de Radío en España

Radío con su esposa Rafaela Monzón Guerra y Eva Perón (Archivo Histórico Victoriense)

Pedro Radío (Archivo-Museo de la Ciudad Carlos A. Anadón)


Martiniano Leguizamón: "la historia de Entre Ríos con garra de novelista"

 Bernardo Verbitsky

Transcribimos una nota aparecida en 1958, en la revista Blanco y Negro, bajo el título “El centenario de Martiniano Leguizamón”

Se ha recordado con artículos, y con discursos en sucesivos actos público —el último se realizó en la SADE en los primeros días de agosto— el centenario de Martiniano Leguizamón, nacido el 28 de abril de 1858. Se ha honrado su memoria pero lo que resulta imposible es encontrar sus libros. Están agotados desde hace muchos años y salvo, dos, Recuerdos de la tierra y Montaraz, reeditados no hace mucho, los demás títulos que forman sus obras completas son hoy la obsesión de quienes procuran reunir material de literatura argentina, desaparecido de la circulación. Sus libros se han convertido así en piezas raras más al alcance de coleccionistas que de 1os lectores. Sin embargo Leguizamón no es un fósil de nuestra literatura, y buena parte de su obra mantiene su vitalidad.

Esto se demostró hace unas dos décadas al volver a representarse Calandria en el Teatro Cervantes. Exhumada unos cuarenta años después de su estreno, que fue en 1896, lejos de ser una curiosidad histórica resultó un éxito de público. Era interesante ese triunfo póstumo de un autor cuya primera obra era de 1877.

Su incorporación poética fue aún más lejana. Tenía solo 17 años cuando publicó su "Canto a la bandera de los Andes”, entonces celebrado por Oleario Andrade. Esto era en 1875 y muchos años después, en 1910, en el mismo día en que Martiniano Leguizamón cumplía 52 años, firmaba a su vez el elogio de un joven a quien dio de ese modo un augural espaldarazo. Por una curiosa coincidencia el prólogo a Los gauchos judío con el cual lanzaba a Alberto Gerchunoff, que entonces tenía 27 años, está fechado el 28 de abril de aquel año del Centenario. Del elogio de Andrade a Leguizamón, al espaldarazo de éste a Gerchunofí, surge el hecho vivo de una continuidad literaria, siempre fecunda. El tradicionalismo de Leguizamón no le impedía apoyar a un escritor desconocido que precisamente registraba una esencial transformación del campo argentino a través del aporte inmigratorio que entonces pudo parecer exótico.

Pero esta continuidad entre autores de generaciones distintas es entre nosotros más ilusoria que verdadera, y uno de los hechos que cortan el nexo de lo tradicional, es la desaparición misma de los libros. También la novela Montaraz es obra aún viva. Se publicó en 1900, una fecha que nos parece increíblemente remota justamente por esa inexistencia de una tradición. (Gálvez no desciende de un Manuel T. Podestá, ni Roberto Arlt continúa a Gálvez). La lectura de Montaraz depara la sorpresa de su modernidad. Leguizamón evoca lejanos acontecimientos de la historia de su Entre Ríos y lo hace con garra de novelista actual. La estructura y el estilo son de hoy. Mas que describir o relatar hace vivir los hechos a través de personajes que en el ritmo de sus acciones nos traen el eco de un tiempo heroico, argentino y americano, que así se salva en el testimonio artístico, y no el meramente documental.

Pero ¿cuándo ha podido leerse Montaraz? Se reeditó en 1956. Sin duda que Leguizamón, fallecido en 1936, tuvo tiempo de hacer melancólicas reflexiones sobre su propio destino de novelista que ya en 1900 había cumplido un positivo avance dentro de la literatura local. Inclusive el centenario de su nacimiento ha debido recordarse sin que se le pudiese leer. Y esto no es sólo lamentable: es grave. Porque esta “muerte” de los libros, no de su contenido sino de su envoltura, sólo nos deja nombres fantasmas e interrumpe hasta  la posibilidad física de esa integración que representa en lo nacional la tradición literaria.”

(Blanco y negro, Nº 8, noviembre de 1958, pág. 76)

15/3/26

El épico combate naval de Arroyo de la China

 Rubén I. Bourlot

En el marco de los enfrentamientos de las Provincias Unidas, aún no independizadas formalmente, y el gobierno de Montevideo que representaba a metrópolis española se produjo el combate naval del Arroyo de la China, el 28 de marzo de 1814.

En los primeros meses de 1814, tras el combate del Espinillo donde la fuerzas artiguistas comandadas por Eusebio Hereñú derrotaron a las que respondían al gobierno centralista de Buenos Aires, Entre Ríos se había consagrado como provincia autónoma. No obstante días después se abría otro frente de batalla.
Se trataba de la reacción de los realistas que se abroquelaban en Montevideo. Ante el intento del almirante Guillermo Brown de recuperar la isla Martín García, primer paso en su propósito final de ocupar Montevideo, el gobierno montevideano de José Gaspar de Vigodet envió una expedición a cargo de Jacinto Romarate que en un primer momento venció a los patriotas pero finalmente, reagrupados, lograron desplazar a los realistas de estratégica la isla.

Los realistas derrotados llevaron a su escuadra aguas arriba del río Uruguay y arribaron a los alrededores de Concepción del Uruguay que aún se la conocía por el antiguo topónimo de Arroyo de la China. La perseguía una escuadrilla compuesta por seis unidades enviada por Brown al mando de capitán norteamericano Tomás Nother. 

Naves a la vista

A despuntar la mañana del 28 de marzo las naves realistas estuvieron a la vista de la ciudad fundada por Tomás de Rocamora. Romarate se acercó a parlamentar con el jefe artiguista Fernando Otorgués. Según documenta Urquiza Almandoz en su Historia de Concepción del Uruguay (Tomo I) el propio Otorgués habría provisto de carne fresca a la expedición realista cuando pasó por puerto Landa. Pero los sorprendió el arribo de las fuerzas de Nother que atacaron a los invasores.

De nuevo los entrerrianos hacían pata ancha frente al mismo enemigo que en 1811 habían derrotado y expulsado a la otra banda del Uruguay. El espíritu del paisano Bartolomé Zapata sobrevolaba sobre sauces y espinillos.

Según el relato de Urquiza “los buques de Romarate se habían ubicado acordelados (amarados proa con popa), en la boca del Arroyo de la China. La escuadrilla estaba compuesta por dos bergantines, Belén y Aranzazú; la zumaca Gálvez; dos cañoneras, Reina Luisa y Perla; dos balandras, Murciana y Americana; la polacra San Ramón y la lancha corsaria del navío Salvador. Reunían en total 32 cañones y una fuerza de 380 hombres.

“A su vez la escuadrilla patriota sumaba alrededor de 41 cañones y 260 tripulantes. No obstante, la superioridad realista se acentuaba porque su tripulación era de carrera y veterana.”

Según transcribe el autor los patriotas avanzaron “temerariamente colocándose ‘a un tiro escaso de pistola de las naves enemigas’. La Trinidad -el buque insignia- tuvo la desgracia de varar y contrariamente a la creencia de encontrarse con un enemigo insuficientemente provisto de pólvora y municiones, de las naves españolas partió una cerrada descarga de metralla y balas que arrasó de una andanada sesenta hombres del barco varado, entre ellos el capitán Nother que perdió la vida, por lo cual se hizo cargo del mando de la Trinidad, Ángel Hubac.”

El combate continuó algunas horas y resultó herido Hubac que fue reemplazado por el coronel de origen griego Nicolás Jorge.

La inmolación de Spiro

A esta altura faltaba el episodio épico del enfrentamiento que protagonizó otro de los griegos, el teniente de infantería Pedro Samuel Spiro. El marino estaba a cargo de la balandra Carmen que tuvo la mala suerte de encallar. “Afrontó el peligro del instante -escribe Urquiza-, y ante un posible abordaje se dispuso volar la nave. Ordenó, entonces, el desembarco de su tripulación; luego bajó de cubierta y prendió la mecha. En el intento voló Spiro con su barco. Su inmolación fue una estupenda muestra de valentía y un noble tributo para la patria adoptiva.”

Pedro Samuel Spiro había llegado a la Argentina con dos hermanos a la Ensenada de Barragán en julio de 1810. Según testimonia César Augusto Villamayor Revythis, desde 1812 existen registros de sus actividades militares en una pequeña flotilla desde el puerto de Buenos Aires contra las fuerzas realistas con base en Montevideo como corsario rioplatense con gran éxito a pesar de ser pequeñas naves y muy poco artilladas.

El capitán de puertos Martín Jacobo Thompson, hoy considerado el padre de la Prefectura Naval Argentina, dijo de Spiro: "De los extranjeros que han estado a sueldo del estado, Pedro Samuel Espiro es de los que más se han distinguido”.

Como homenaje de su acto heroico existe un busto en el Museo Naval de la Nación, en la sala independencia, ubicado en la localidad del Tigre, que fuera realizador por el escultor Luis Perlotti.

El combate naval del Arroyo de la China significó una dura derrota para los patriotas pero meses después vendría la reivindicación para tantos esfuerzos. Los realistas que se habían alzado con la victoria pocos meses después tuvieron que evacuar Montevideo y alejarse del Río de la Plata.

El 23 de junio los sitiadores de Montevideo, que habían sumado el bloqueo naval por el río de la Plata a cargo del almirante Borwn, ingresaron a la ciudad y expulsaron a los realistas.

El gobierno de Buenos Aires se hizo cargo de la ciudad pero no pudo sostenerse. Las fuerzas de Artigas, que dominaban toda la región, en enero de 1815 enfrentaron a los centralistas porteños y los derrotaron en el combate de Guayabos. En febrero los artiguistas ingresaron a Montevideo y el Protector nombró como gobernador a Fernando Otorgués. Fue el momento de mayor gloria de la Liga de los Pueblos Libres que en junio de 1815 convocaba a los pueblos para reunirse en el Congreso del Arroyo de la China. Sin dudas que la heroica ciudad entrerriana se había convertido en el epicentro de las luchas por la independencia. Y esto recién comenzaba.

El combate naval del Arroyo de la china es recordado en la zona del Balneario Municipal de la ciudad con un monolito y una placa con la inscripción “Combate del Arroyo de la China. 28 de marzo de 1814 ¡Gloria a sus combatientes! Comisión de homenaje a la campaña naval de 1814. Armada Argentina. 12 de noviembre de 1966”


Imágenes
Balandra Carmen en el Combate de Arroyo de la China. Acuarela de E. Biggeri
Placa conmemorativa del combate
Balandra Carmen. Estampilla conmemorativa.

La escuela y el sable de Guarumba

Rubén I. Bourlot

El sistema educativo actual fue moldeado a partir del sistema ideado hace tres siglos por Juan Bautista de La Salle para sacar a los chicos de la calle y luego por el normalismo destinado a formar maestros que debían enseñar a alumnos en grupos homogéneos y “normales” que aprendían en un tiempo determinado.
Con el tiempo se planteó la necesidad de una educación masiva que fue derivando hacia la gratuidad y obligatoriedad para la enseñanza primaria pero sin modificar el sistema. Fue el sueño de los educadores del siglo XIX que se proponían “educar al soberano”. En Entre Ríos ya lo había planteado Francisco Ramírez cuando incorporó la enseñanza obligatoria de las primeras letras en los reglamentos de la República de Entre Ríos, en 1820. En 1870 una ley pionera en Entre Ríos disponía que "será obligatoria en toda la Pro­vincia la instrucción primaria de lectura, rudimentos de arit­mética y de religión para todos los niños varones de siete a catorce años y mujeres de seis a doce”. Los pa­dres, tutores, etc. que no tuvieran cómo dar instrucción, por su indigencia, "a sus hijos, pupilos o dependientes menores, deberán hacerlo en las escuelas públicas costeadas o subven­cionadas por el Estado, donde se les enseñará gratuitamen­te"
Pero la escolaridad nunca llegó a ser totalmente masiva. Argentina se vanagloriaba de tener uno de los más bajos índices de analfabetismo lo cual no implicaba una escolaridad de calidad para todos. En muchos casos significaba solo un mínimo nivel alfabetización (saber leer y escribir) sin la terminalidad de la escuela primaria. Sobre ese esquema, en la última década del siglo XX se incorporó la obligatoriedad del nivel secundario con idénticos resultados. Era evidente que no se podía diseñar un sistema nuevo vaciado en los viejos moldes de la escuela pensada para unos pocos. Que estaba formateada para un alumno ideal, el modelo de estudiante que era capaz de aprender todos los contenidos en un año lectivo de 180 días de clases y egresar al cabo de seis o siete años. Una normalidad que muy pocos pueden sostener y el resto se cae del sistema y debe reingresar a regímenes alternativos. Estos son sobrantes que el sistema recorta al igual que cuando no se cumplen los 180 días ideales de clases y el docente apela a recortar contenidos.

El sable de Guarumba

Cuando hablamos de recortes nos vienen a la memoria anécdotas de nuestra historia, maestra de vida afirmaba Cicerón, como lo que sucedió con el coronel Miguel Guarumba que recortó de un certero sablazo lo que le sobraba de Sarmiento. El hecho ocurrió hacia 1874 en oportunidad de la visita de Domingo Faustino Sarmiento a Federación para la inauguración del Ferrocarril Este Argentino. En el lugar se encontró con el bravo guaraní -a quién el sanjuanino le había enviado una colección de sus libros- que le mostró los ejemplares que conservaba impecables salvo los recortes practicados para uniformar los que tenían distinto formato. Guarumba era analfabeto y por lo tanto para él los libros eran solo preciados objetos, tótems que podía moldear a su gusto. Sarmiento, el letrado, no lo comprendió así y estalló con su furia habitual: "¡La civilización hasta aquí y la barbarie de tu lado!" le espetó. Como Guarumba, que en su ingenuidad había recortado lo sobrante, lo no normal, también lo hacía el civilizado Sarmiento cuando podaba lo que no encajaba en su criterio de normalidad. Para el “padre del aula” al país le sobraba espacio y había que cercenar la Patagonia (“El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión” escribió), y le sobraban caudillos gauchos e indios a los que había que “recortar”, usar de carne de cañón y abonar la tierra con su sangre porque “la sangre es lo único que tienen de seres humanos esos salvajes”, decía.

Un tiempo sin tiempos
Y algo así sucede con nuestro sistema educativo establecido para un ideal de alumno “normal”. El que no se ajusta a ese molde se descarta, se corta (Hay que "ajustar el traje al cuerpo y no el cuerpo al traje" nos decía sabiamente Arturo Jauretche). Retomando lo expresado al principio, la escuela actual encorseta el aprendizaje en tiempos que solo algunos pueden cumplir. Se planifican contenidos que no siempre es posible desarrollar en un año lectivo y se terminan podando también. Entonces por qué no pensar en una educación que contemple las condiciones objetivas y subjetivas del alumno, y que el tiempo no sea un tirano que todo lo condiciona, que obliga a todos a aprender con el mismo ritmo contenidos tan disímiles como Lengua, Matemáticas o Historia. Más aún en una sociedad injusta la situación social y económica de cada estudiante es un condicionante que no puede modificar la escuela.
Por eso el tiempo no puede ser un factor.
Por lo tanto hay que poner sobre la mesa de discusión una reforma del sistema que contemple la eliminación de tiempos rígidos para el desarrollo de la enseñanza. Educación no graduada, escuelas sin grados, donde el aprendizaje sea continuo sin el factor tiempo de por medio. No son ideas nuevas. Desde el método ideado por María Montessori (controversial en muchos aspectos) en adelante se han realizado varias experiencias si llegar a generalizarse. Vale la pena pensar en un modelo que sustituya la tipología de alumno “normal” por otro que contemple una “normalidad” diversa y elimine las situaciones de repitencia, de traumáticos exámenes “previos”, “recuperatorios” y otros artefactos ideados para reinsertar al alumno. Un modelo sin tiempos predeterminados, sin la rigidez de un ciclo lectivo anual facilitaría, además, la integración de alumnos denominados “con necesidades educativas especiales” y o los que padecen el tan de moda “déficit de atención dispersa” (TDA) que hoy quita el sueño padres y docentes.

La ciudad que por un equívoco homenajea a Ramírez

 Rubén I. Bourlot

 

En la provincia no abundan pueblos o ciudades que lleven el nombre del caudillo de mayor relevancia como fue Francisco Ramírez. En contraste abundan los lugares que rinden homenaje a Justo José de Urquiza. El Índice sintético de la toponimia entrerriana recolecta cinco localidades con el nombre Urquiza y uno solo para Ramírez y por puro azar como veremos. Incluso son contados los monumentos dedicados al Supremo, salvo los bustos en las plazas. Sí hallamos dos arroyos con el nombre “Pancho”, solo una curiosidad ya que nada indica que se refieran a apodo con que es conocido históricamente el fundador de la República de Entre Ríos.

El 17 de marzo de 1888 se considera la fecha de fundación de la hoy ciudad de General Ramírez en el departamento Diamante sobre la traza del ferrocarril que en esa época se denominaba Central Entrerriano. La fecha corresponde a la aprobación del plano de mensura del “Pueblo y Colonia General Ramírez”, confeccionado por el agrimensor Pablo Ávila. Por convención, cuando no hay un acto fundacional de una localidad se toma como origen un acto administrativo que señala su origen.
¿Cómo llega el nombre del caudillo a denominar a la ciudad de la Fiesta Provincial de la Juventud? Los caminos al cielo son tortuosos dicen, y así fue con este justificado homenaje.

La posta del locro
La historia de la localidad comenzó antes del emplazamiento de la estación ferroviaria en el kilómetro 74 del tramo Bajada Grande-Nogoyá, habilitada al servicio público el 16 de mayo de 1887. En el lugar se había instalado Francisco Solano González en 1864, el primer habitante en la zona. Tres años más tarde se emplazó una posta autorizada por el Gobierno Provincial para atender a las galeras que prestaban sus servicios bajo la responsabilidad de Franciso Dionisio Ferreyra y su esposa Francisca Ibarra. La posta era también la delegación del correo. El apeadero Los Paraísos, como se lo conocía, era un lugar de descanso para los pasajeros que iniciaban su viaje en Paraná, hacían una parada al mediodía y después seguían camino a Nogoyá. Al lugar se lo conoció también con el nombre de “la posta del locro” seguramente en referencia a ese plato criollo que se servía a los viandantes. En 1880 la familia Ferreyra levantó la primera casa de material.
Relatos tradicionales nos informan que alrededor de la posta comenzaron a ubicarse numerosas familias en ranchos de adobe y paja formando un pequeño caserío. En la zona también edificó su estancia una acaudalada familia de apellido Ramírez. Parte de sus tierras fueron expropiadas para la construcción del ferrocarril y la formación colonias. En el lugar en 1887 se habilitó la estación que, como era costumbre, fue denominada con el apellido del propietario. Para tal efecto la ley provincial del 6 de octubre de 1885 en su artículo 1º establecía la declaración de “utilidad pública la expropiación de una legua cuadrada a cada costado de la vía del ferrocarril Central Entre-Riano para ser colonizadas en los puntos designados para las estaciones intermedias (…)” para la formación de colonias de agricultores.

El nombre de Ramírez
Un año más tarde, el 17 de marzo de 1888, el gobierno aprobó el plano de mensura del “Pueblo y Colonia General Ramírez”, confeccionado por el agrimensor Pablo Ávila. Fue este funcionario el que agregó al nombre original de la estación la palabra “General” y de esta manera el Supremo logró incorporarse a la lista de topónimos de la provincia. Pero para complicar un poco las cosas, en 1983 el gobierno municipal estableció el 13 de marzo – natalicio de Pancho Ramírez – como Día de la ciudad. Días más, días menos, en marzo recuerda la ciudad sus orígenes. Como dicen en España: “Dios escribe derecho con renglones torcidos.”
El pequeño pueblo fue creciendo. En 1890 se instaló la primera delegación policial bajo la jefatura de Juan Alba. Hacia 1891 se sumaron pobladores inmigrantes del Este europeo, conocidos como alemanes del Volga. El primero fue el herrero Juan Siebenlist. Los colonos se venían desplazando desde la original Colonia Alvear en busca de tierras hacia el sur de la provincia siguiendo la traza del ferrocarril. Algunos de ellos, practicantes de la religión bautista, se habían ubicado en la Aldea Jacobi y luego se trasladaron hacia Ramírez donde fundaron en septiembre de 1894 lo que hoy se conoce como Iglesia Evangélica Bautista Alemana. Posteriormente, el 27 de marzo de 1910, se conformó la Congregación Evangélica del Río de la Plata y en 1915 comenzó la construcción de la capilla católica. Luego llegó un contingente de colonos judíos que se dedicaron al comercio como los Dubner, Rothman, Kosoy, Bluftein. Con el tiempo estos apellidos fueron desapareciendo de la localidad.
La primera escuela fue una institución particular dirigida por Jorge Signer que enseñaba las primeras letras en castellano y alemán. En 1893 el gobierno de la provincia instaló la escuela Rural Nº 13 para cubrir la demanda de los niños de la zona rural y los de menos recursos que no podían solventar el costo de una cuota.
También el cooperativismo prendió en la localidad fomentado por el espíritu solidario de los vecinos que fundaron las dos prestigiosas instituciones que hoy funcionan en la ciudad: Cooperativa Agrícola Unión Regional (1931) y La Ganadera General Ramírez (1952).

6/3/26

Entre Ríos cierra la comunicación con Bolivia y Perú

Rubén I. Bourlot

El 6 de marzo de 1837 el gobernador entrerriano Pascual Echagüe decretó la cancelación de las comunicaciones de la provincia con Bolivia y Perú, a la sazón la Confederación Perú-Boliviana bajo la conducción del Mariscal Santa Cruz.

Lejos quedaba nuestra provincia de la frontera altoperuana y también del viejo Camino Real que podría haber producido algún roce con el ascendente Protector Santa Cruz. Pero la medida de Echagüe respondía a la actitud adoptada por el encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas que había decretado, el 13 de febrero de 1837, cerrar toda comunicación comercial, epistolar y de cualquier otra clase entre los habitantes argentinos y los de aquellos países, debiendo ser "castigado como reo de traición al Estado" quien transgrediera la disposición. El obediente gobernante entrerriano no iba a sacar los pies del plato.


Un intento de reunificación


¿Qué había motivado semejante medida por parte del Restaurador de la Leyes imitada por el gobernador entrerriano? El origen de los resquemores era el rápido ascenso en la vida política del sur de América del mencionado mariscal Andrés Santa Cruz, un mestizo –su madre, Juana Basilia Calahumana, era descendiente de un cacique incaico- que había participado de las campañas de San Martín y Bolívar*. Cancelado el sueño de los dos libertadores, que habían bregado por una gran confederación americana, la sucesiva constitución de repúblicas “independientes” y los consecuentes conflictos internos entre las dirigencias locales, resurgió la figura de Santa Cruz como prenda de unión de lo que había sido el antiguo virreinato del Perú: El Bajo Perú cabeza del antiguo reino hispoanoamericano, convertido en una república autónoma separada del Bajo Perú que con el nombre de Bolivia homenajeaba tristemente al libertador Bolívar. En mariscal Santa Cruz, tras presidir brevemente el Perú (1826), en 1829 fue nombrado presidente de Bolivia. Su mandato se prolongó durante una década logrando la organización de las instituciones del país. A este fin convocó una Asamblea Constituyente que lo eligió presidente constitucional y, asimismo, aprobó la segunda Constitución del país y puso en vigencia los códigos Civil, Mercantil, Penal, de Procedimientos y de Minas. También creó la Universidad de San Andrés de La Paz y la Universidad de San Simón de Cochabamba. Para algunos autores la estabilidad del gobierno la obtuvo haciendo concesiones que representaron un retroceso en lo referido a la situación de los pueblos indígenas. En 1829 promulgó una ley que volvía a someter a los indios del Altiplano a la antigua condición servil que, al menos en la ley escrita ya que no en la práctica, había suprimido Simón Bolívar. El propósito de Santa Cruz era obtener el apoyo de las clases terratenientes y mineras del Alto Perú despojando de toda amenaza legal a su secular explotación de las mayorías bolivianas.

Pero, más allá de estas medidas polémicas, Santa Cruz tenía en mente lograr la reunificación del antiguo Perú en una confederación, que para los gobernantes vecinos constituía una amenaza de expansión. El primer paso lo dio ante la caótica situación de la república del Perú donde tres caudillos se disputaban el poder. Uno de ellos, el general Luis José de Obregoso, acudió a su auxilio “invitándolo” a ocupar el país para pacificarlo. Rápidamente Santa Cruz se hizo cargo de la situación y constituyó su soñada Confederación Perú-Boliviana.

 

Tambores de guerra

La nueva entidad política puso en alerta a sus vecinos Chile y la Confederación Argentina. Chile, durante la presidencia de José Joaquín Prieto, influido por el todopoderoso ministro de Guerra Diego Portales, fue el primero en declarar la guerra a la Confederación Perú-Boliviana con argumentos de coyuntura que escondían el temor al posible expansionismo de Santa Cruz. Lo propio hizo luego el mandamás de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, temeroso que la reunificación del Perú entusiasmara a las provincias del Noroeste argentino para tomar el rumbo del viejo Camino Real que conducía a Lima. Rosas era consciente que su política centralizada en el puerto de Buenos Aires y el Litoral mantenía en el olvido al lejano norte de la Confederación.

Así lo manifestó el Restaurador de la Leyes en el decreto que transcribía el gobernador Echagüe donde ponía en tela de juicio “el modo arbitrario y violento como el general Santa Cruz ha trastornado las respectivas constituciones políticas del Perú y Bolivia (…) arrogándose en ellas un poder absoluto para extenderlo después sobre los demás estados vecinos como lo manifiestan las pérfidas agresiones que han hecho desde el Perú a Chile, y desde Bolivia a esta República (…)”. Por lo tanto decreta el cierre “toda comunicación comercial, epistolar y de cualquiera clase entre los habitantes de esta República y los del Perú y Bolivia.”

El camino de la guerra estaba expedito, que Rosas declaró el 19 de mayo en alianza con Chile. No obstante la campaña no pasó de una serie de escaramuzas al mando del caudillo tucumano Alejandro Heredia "general en jefe del Ejército Argentino Confederado de Operaciones contra el tirano Santa Cruz". En tanto Chile continuó la guerra en sucesivas etapas, tras la muerte del ministro Portales, hasta lograr el triunfo que trajo como consecuencia la disolución de la Confederación Perú-Boliviana y la expulsión de Santa Cruz del poder.

 *En 1857 el coronel Simón de Santa Cruz, hijo del Mariscal, fue docente del Colegio del Uruguay

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Confederación Perú-Boliviana

Mariscal Santa Cruz

4/3/26

La plaza Mansilla entre árboles y cemento

 Rubén I. Bourlot

 Hoy la plaza que ejerce de antesala a la Casa de gobierno de Entre Ríos luce remozada, recuperada después de superar varios proyectos para su puesta en valor. La llamada Plaza Mansilla, que rinde homenaje al polémico gobernador Lucio N. Mansilla, tiene sus orígenes en un proyecto de fines del siglo XIX, tres años después del traslado de la capital provincial a Paraná y la consecuente construcción de la sede gubernamental.

El puntapié inicial fue el acuerdo del 2 de diciembre de 1886 que dispuso el “desmonte de tierra de la plazoleta y calles que rodean la casa de Gobierno en construcción.” Pero recién el 29 de enero de 1889 se llamó a licitación para el diseño de la plaza según el proyecto del arquitecto Bernardo Rígoli y el 2 de marzo se realizó la apertura de propuestas para parquizar el espacio. Un mes más tarde la tarea de embellecimiento se encontraba en plena ejecución con la plantación del césped. Luego vendría el arbolado.

Como primera medida, el gobierno provincial había solicitado al Departamento de Agricultura de Buenos Aires una remesa de diez kilos de lawn grass y 25 paquetes de semilla de estación, según narra Ofelia Sors en su libro Paraná: dos siglos y cuarto de su evolución urbana. Y agrega que el Departamento de Agricultura adquiría directamente de Europa, todos los años, colecciones de semillas muy completas y variadas para ser repartidas al final del invierno o al principio de la primavera.

 

Una plaza con árboles

La plaza, que en sus orígenes llevó el nombre Belgrano, estaba diseñada en base a dos plazoletas regulares que fueron arboladas por coníferas al estilo romano, caracterizadas por sus hojas persistentes y carencia de flores vistosas. También contaba con cuatro especies de cipreses, entre ellos el ciprés llorón, especie con ramita pendular de aspecto muy original, y el ciprés lusitanica, muy apreciado para parque inglés por su aspecto señorial. Antiguas fotos de principios del siglo XX muestran una plaza exuberante con las coníferas recortándose sobre los muros de la Casa Gris.

La plaza permaneció así a lo largo de seis décadas, hasta que el gobierno de facto del brigadier Ricardo Favre, durante los últimos años de la década del 60 y primeros de los 70, con un decretazo dio por tierra con árboles y arbustos para transformarla en un “plaza seca” con playa de estacionamiento. El cemento le ganó la pulseada a la naturaleza viva. Cabe acotar que ya la plaza había perdido parte de su espacio que fue destinado a la construcción del edificio de Tribunales.

Ofelia Sors se refiere a este último hecho en el libro citado: “Y no está de más anotar la nostalgia que, junto a la protesta casi general, trajo la tala de los recios y añosos árboles, testigos ellos de tantos episodios como del solaz y descanso de los habituales vecinos”. A partir de ahora solo descasarían en el lugar los automotores oficiales.

 

Las “plazas secas”

El tiempo fue pasando y el deterioro del espacio era evidente. La gran explanada de cemento se encontraba delimitada por algunos árboles raquíticos que rara vez accedían a algún riego de los buscavidas habituales que ofrecían sus servicios de cuida autos y lavado al paso. Luego de la reforma constitucional de 1994 se agregó a la plaza el monumento en homenaje a la nueva constitución que, más allá del valor artístico, sumaba cemento y quitaba verdor.

Así las cosas se sucedieron hasta que en 2012 el gobierno provincial se propuso restaurar el espacio y llamó nuevamente a un “Concurso Provincial de Ideas para el espacio público del área del Centro Cívico Provincial y la puesta en valor de la Plaza Mansilla en la ciudad de Paraná” con la participación del Colegio de Arquitectos de Entre Ríos. En ese momento se hicieron consultas en el Archivo de la Provincia con el aparente objeto de recuperar el diseño original del espacio. El organismo aportó la documentación que daba cuenta de las especies vegetales que ornaban la plaza. “La explanada de la Casa de Gobierno recuperará su fisonomía original a partir de la decisión del gobierno entrerriano de recuperar la Plaza Mansilla”, rezaba una información oficial. El proceso del concurso siguió adelante pero por algún motivo no se presentaron propuestas que rescataran el legado original y restauraran un tan necesario espacio verde para la ciudad. Por el contrario las propuestas apuntaron a construir una “plaza seca”, un gran patio duro y frío, libre de las molestas hojas otoñales y del excremento de los pájaros que habitan la copa de los árboles. Esa obsesión de ciertos arquitectos y urbanistas que sueñan con ciudades europeas donde la piedra y el cemento separa la “civilización” del estado de naturaleza.

Tal vez por la polémica que se originó en su momento o por las estrecheces presupuestarias el proyecto no prosperó. Años después, en 2016, el gobierno de la provincia encaró la tarea “refuncionalización” de la plaza con la puesta en valor de la fuente histórica en consonancia con la conmemoración del bicentenario de la Independencia. La información oficial ponía en relieve que se había hecho “una limpieza, restauración y ordenamiento integral. Se efectuó asfaltado de las cuadras de la misma, se parquizó y dotó de iluminación led, poniendo en valor la infraestructura existente. También se emplazaron dos mástiles metálicos para las banderas argentina y de Entre Ríos frente al Consejo de Educación, estos poseen un sistema de izamiento electrónico y a control remoto.” Pero del diseño original, salvo la fuente, no se restauró nada. Solo unos pocos árboles de pequeño porte la tiñen con algo de verde.



8/1/26

Tellvs: una gesta de la cultura entrerriana

Rubén I. Bourlot

El 30 de enero de 1948 aparecía la revista cultural Tellvs, publicación del gobierno de la provincia. Fue una novedad que desde el estado se abriera un cauce para la divulgación de las expresiones culturales.
Tellvs, Cuadernos Entrerrianos de Divulgación Cultural, estaba editada por la Dirección de Cultura, en cumplimiento del programa cultural trazado por el gobierno de Entre Ríos. En ese momento ocupaba el ejecutivo entrerriano Héctor Domingo Maya, que había asumido en 1946 en el marco del ascenso de un nuevo movimiento político que había catapultado en el poder nacional al coronel Juan Domingo Perón.
Los nuevos aires políticos alentaron un renovado impulso a la divulgación de la cultura. Maya provenía de las filas de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina) que agrupaba a políticos e intelectuales como Arturo Jauretche, Homero Manzi, Manuel Ortiz Pereyra y Raúl Scalabrini Ortiz entre otros, preocupados por la defensa de la soberanía nacional, que difundían sus ideas a través de los Cuadernos de Forja.
Dentro de sus realizaciones en el campo de la cultura el gobierno creó la Dirección de Cultura de la Provincia. Del reservorio del Museo de Entre Ríos (Ciencias Naturales, Antropología e Industrias) desglosó el Departamento de Historia y Numismática y el Instituto “Martiniano Leguizamón” y creó el Museo Histórico de Entre Ríos “Martiniano Leguizamón”. La Escuela Provincial de Bellas Artes sirvió de base para la creación de la Escuela Provincial de Artes Plásticas y Conservatorio Provincial de Música y Arte Escénico, y se estableció la Orquesta Sinfónica de la Provincia.

La revista de la tierra
En 1948 aparecía Tellvs cuyo nombre hacía alusión a una diosa de la mitología romana (Tellvs, tierra en latín).
En su primer año de vida logró editar 13 ejemplares, hecho inusual tratándose de este tipo de cuadernos culturales, y continuó hasta su último número (el 19) de agosto de 1949.
La redacción inicial estuvo localizada en calle Laprida 188 de Paraná. A partir del número 4 se hizo cargo de Tellvs la Dirección del Museo Histórico de Entre Ríos “Martiniano Leguizamón” (con redacción en calle Urquiza 608), que estaba a cargo de Leandro Ruiz Moreno y como Secretario de Redacción José Angió. Se imprimía en Nueva Impresora.
En el primer número expresan sus “Principios”: “Así como todo hombre desarrolla su vida de acuerdo a los preceptos que se impuso para hacerla más fecunda, más útil y más noble, toda obra colectiva, para ser eficaz y trascendente, ha de vertebrarse en una serie de postulados que, teorizados en recta y progresiva ordenación, lleven los esfuerzos conjuntos al logro de los ideales de antemano propuestos. La empresa que acometemos con esta publicación, a la que traen sus desvelos intelectuales de la más varia condición y procedencia, asienta su estructura sobre la base inconmovible de los principios que, a través de las centurias, vienen enmarcando la cultura occidental. Dentro del orden que tal concepto supone, nuestra trayectoria se delinea con claridad prístina: venimos de Roma por el camino de España y vamos hacia una nueva América, un auténtico Nuevo Mundo en el cual la Argentina tendrá perfil materno y magistral. Normas: Tenemos nuestras normas y a ellas nos ajustaremos, en sus tres dimensiones, nuestro anhelo y quehacer; normas que nos permitirán, si Dios quiere, mantenernos sobre toda pasión mezquina, sobre todo interés bastardo, sobre todo prejuicio baladí: en la serena altura desde la cual puede verse la vida espiritual de la Provincia en la dulce y placentera armonía que nuestros mayores soñaron cuando imaginaron que esta podría ser la cátedra suprema de la República. Fines: Fines diversos y de atracción múltiple tientan nuestra ambición desde los cuatro rumbos del horizonte hogareño. Dos, primordiales, nos alientan y nos estimulan apasionadamente; elevar más y más el nivel mental de nuestras gentes, para que Entre Ríos pueda ser el espejo impoluto en que se reflejen las más puras virtudes de la Nación, y, asomados a los linderos nativos, decir con voz propia a todos los vientos cuál es nuestra idea y cuál es nuestro afán”.
A propósito de “Tellvs” gobernador Maya el 8 de marzo 1949 expresó que “el gobierno se ha preocupado por el progreso material de Entre Ríos para lo cual ha concebido y puesto en ejecución el plan de obras de la ley 3397 sin descuidar el aspecto espiritual y cultural, que es básico. La Revista ‘Tellvs’ que hoy cumple victoriosamente su primer año de vida es prueba de este anhelo. Me complazco, pues, en felicitar a quienes tan inteligente y esforzadamente la dirigen y agradecer la eficaz colaboración de quienes prestigian sus páginas”.

Un selecto plantel de colaboradores
En su primer año de vida se publicaron 13 números, hecho inusual tratándose de este tipo de Cuadernos, lo que le valió innumerables comentarios elogiosos que el investigador Luis Alberto Salvarezza se ocupó de recopilar (“Apuntes sobre el Periodismo Entrerriano, 2001).
Entre otros, seleccionamos los siguientes: “…la gran revista Tellvs es la mejor del país…” (Dr. Isidoro Ruiz Moreno); “Tellvs…, una revista que honra la vida literaria del país” (Prosecretario de la Comisión Nacional de Cultura Sr. Juan José de Urquiza); “…la gran revista literaria de mi provincia, Tellvs, es un ideal alcanzado por hombres inteligentes y claros de espíritu” (Leonor del Carmen Leonor Ferreyra Castelli); “Esta revista es un modelo en su género, sus artículos perfectamente seleccionados y pertenecientes a caracterizados escritores realzan el mérito de una publicación que honra a esa ilustrada provincia” (Carlos Alberto Silveira Cadra); “Tellvs pone en evidencia la ya probada cultura de Entre Ríos. Ninguna otra provincia tiene una revista de tan altos quilates” (Juan José de Soiza Reilly), y “Tellvs, compendia una expresión cultural entrerriana que sobrepasa los límites de la Provincia y se proyecta sobre la Nación” (Eduardo Francheri López).
Las páginas de la revista contaron con una extensa lista de colaboradores de la provincia y del país que volcaron sus trabajos sobre las más diversas temáticas. Sería tedioso consignar la nómina completa pero nombramos algunos autores como Miguel Ángel Andreetto, José Angió, Facundo A. Arce, José Arévalo, Víctor M. Badano, Guillermo Saraví, Juan José Antonio Segura y Rodolfo A. Seró Mantero.
Entre los artículos podemos mencionar, solo para ofrecer un panorama de la variedad de temas y motivar su consulta: “Luis N. Palma, el poeta de su fe y de su patria”, “El padre Castañeda, su programa cultural en Paraná”, “La invasión realista a Entre Ríos 1810 – 1811”, “Comentarios a la Filosofía de la Historia, de Spengler”, “Artigas y el Directorio”, “Capítulos de la historia económica de Entre Ríos”, “La convención constituyente de 1964”, “Bolivia en el continente. VII el puerto libre”.
Hoy constituye un rico material de consulta y reflejo de una época.


La colección de la revista Tellvs se encuentra disponible en el Archivo General de Entre Ríos

Imagen
Portada del primer número de Tellvs

José María Sobral atrapado en la Antártida

Rubén I. Bourlot

José María Sobral nació en Gualeguaychú el 14 de abril de 1880 y falleció el mismo día de 1961 en Buenos Aires. Si bien inició la carrera militar en la armada y es reconocido como “Alférez Sobral” su mayor aporte fue la temprana exploración de la Antártida, los estudios geológicos y el desarrollo de la minería.
La familia Sobral tenía un antiguo arraigo en la ciudad del sur entrerriano. A principios del siglo XVIII el español José García del Sobral se radicó en Gualeguaychú y contrajo enlace con Carmen Tejeiro. Del matrimonio de Tejeiro-García Sobral nacieron nueve hijos, entre ellos Enrique Ramón Sobral, de profesión escribano, que se casó con Luisa Iturrióz, y tuvieron ocho hijos, siendo el mayor de ellos José María.
El futuro explorador de la Antártida cursó parte de sus estudios primarios en su ciudad natal y en 1890 se trasladó a Buenos Aires donde concluyó los estudios secundarios en el Colegio Nacional Norte e ingresó en la Escuela Naval Militar en 1894, egresando como guardiamarina en enero de 1898.

Inviernos en la Antártida
En 1901, con 21 años, fue el primer argentino que invernó en el continente antártico como integrante de la expedición sueca de Otto Nordenskjöld. Allí permaneció a lo largo de dos años realizando estudios astronómicos y geológicos.
En esos tiempos los países europeos estaban muy interesados en explorar las frías y poco conocidas planicies antárticas. El 1897 Bélgica envió una expedición a cargo de Adrian de Gerlache. Al año siguiente partió una inglesa dirigida por Borchgrevink, y en 1901 exploró el territorio Roberto F. Scott. En ese mismo año llegó la expedición alemana a cargo Erich Von Drygalski. Finalmente fue el sueco Nordenskjöld que propuso la inclusión en su expedición de un oficial de la Armada Argentina y allí estuvo el Alférez de Fragata José María Sobral.
La patriada comenzó el 21 de diciembre de 1901, a las seis de la mañana, cuando el Antartic, al mando de Carl Anton Larsen, zarpó del puerto de Buenos Aires con 29 personas, en su mayoría suecos y noruegos, siendo Sobral el único argentino. Celebraron la Navidad a bordo. El buque fue engalanado para la ocasión y las cuatro nacionalidades presentes se exteriorizaron en los palos del buque: la bandera sueca y noruega, en la verga y tope del palo mesana, la norteamericana sobre el palo mayor y la bandera argentina en el palo trinquete. Un veterano de los hielos tocó en su acordeón los himnos de las naciones escandinavas, que se escucharon de pie, y Sobral hizo oír en su gramófono el Himno Nacional Argentino, aplaudido estruendosamente.
El 31 de diciembre el Antartic arribó a Puerto Soledad, hoy Puerto Argentino, Islas Malvinas que los británicos llevaban ocupadas desde el 3 de enero de 1833.
El 10 de enero de 1902 llegaron a la isla Seymour (actual Vicecomodoro Marambio), exploraron la zona y finalmente un grupo encabezado por Nordenskjöld acampó en la isla Cerro Nevado dispuesto a pasar el invierno. Allí construyeron el refugio, una casilla de madera que hoy permanece en pié como monumento histórico, en tanto el Artartic partió rumbo las Malvinas donde permanecería para luego retornar a buscar a los expedicionarios. En esa misión el navío quedó atrapado en los témpanos y naufragó. Sobral y sus compañeros se vieron obligados a quedarse en el lugar un invierno más hasta que fueron rescatados por una misión argentina de salvamento, dirigida por el Teniente de Navío Julián Irízar, que a bordo de la corbeta Uruguay los rescató y llevó de regreso a Buenos Aires.

El primer geólogo
Tras esa experiencia antártica José María Sobral decidió renunciar a su carrera militar para iniciar estudios científicos superiores. La Armada le había negado el permiso para estudiar geología, incluso con una licencia sin goce de sueldo. Invitado por Nordenskjöld en 1905 viajó a Suecia con una beca para estudiar filosofía y geología en la Universidad de Upsala, donde obtuvo el doctorado en Geología en 1913. Se convirtió en un investigador reconocido, realizó campañas de estudios geológicos y geográficos en Suecia, Finlandia, Rusia, Suiza, España, Francia e Inglaterra. En Suecia se casó y tuvo 9 hijos. Un mineral nuevo -piroxmangita descubierto en Suecia en 1913- fue bautizado en su homenaje “sobralita”. Fue el primer geólogo argentino (en esa época el título era doctor en Ciencias Naturales).
A fines de 1914 Sobral decidió regresar a la Argentina. Trabajó en la Dirección General de Minas e
Hidrografía, llegó a ser director de Minería desde 1922 a 1930 y fue uno de los mentores de la primera ley de minas sancionada en la Argentina. Recorrió el país con la misión de inspeccionar minas, estudió los carbones, el hierro tacurú o tierra colorada de las misiones jesuíticas, el cobre de los basaltos del Paraná, los metales preciosos de Mendoza y el Famatina, el agua en Catamarca, y en la Puna argentina donde llegó para cerciorarse de cuál era la situación planteada en torno a los boratos y las denuncias de monopolización por parte de una empresa extranjera. Pero no abandonó la pasión por la Antártida aunque, dice una biografía, todos los proyectos que presentó para investigar allí fueron rechazados.
En 1930 fue nombrado cónsul en Noruega, pero en 1932 decidió volver al país para incorporarse como geólogo a Yacimientos Petrolíferos Fiscales de donde se jubiló en 1935.
Florencio Aceñolaza en su libro La Geología como construcción de soberanía: Plataforma Continental Argentina escribe: “En las décadas de 1940 y 1950 dio conferencias y publicó sus puntos de vista sobre la Antártida, donde fundamentó las razones para extender la soberanía argentina sobre el territorio antártico. En un artículo publicado en el diario Crítica, Sobral afirmó: ‘El Polo Sur debe ser una posesión Argentina’, para luego agregar que ‘En el Antártico ningún derecho es más auténtico que el argentino’.”
Publicó varios libros, entre otros El futuro de nuestra Armada, Problemas de los Andes Australes, Sobre cambios geográficos, La frontera argentino-chilena en el canal de Beagle y Dos años entre los hielos sobre su experiencia en la Antártida.
Sobral falleció en Buenos Aires el 14 de abril de 1961, día que cumplía 81 años.

Imágenes
José María Sobral
El Antartic
El refugio 

Bibliografía
Aceñolaza, F. G. (2020). La Geología como construcción de soberanía: Plataforma Continental Argentina. Yerba Buena. Disponible en formato digital.



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