Rubén I. Bourlot
Una extensa avenida, de las más prolongadas de la ciudad, que es la vía de ingreso desde el Este a Paraná lleva el nombre del ilustre poeta que en 1915 visitara la ciudad en medio de eufóricos homenajes. Pedro B. Palacio más conocido por su seudónimo de Almafuerte venía en el marco de una gira que en ese año incluyó a la poética Gualeguaychú. En esa ciudad el autor de los Sonetos medicinales fue recibido por una multitud en el puerto y luego actuó en el histórico Teatro Gualeguaychú.
No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ofelia Sors dice que Almafuerte fue recibido en el puerto por una comisión vecinal que lo acompañó hasta la plaza Alvear donde cerca de 500 personas lo esperaron para luego dirigirse en columna acompañándolo hasta la plaza 1º de Mayo, en cuya esquina de calle Urquiza y Monte Caseros una Comisión Estudiantil había levantado una tribuna para que el poeta se dirigiera al público.
El diario La Provincia relataba, en un amplio despliegue en su primera plana, las actividades del “cantor de la chusma” como solía identificarse. En la edición del 8 de mayo publicaba una nota con los detalles de lo que sería la llegada de Almafuerte ilustrada con una fotografía del poeta. “Mañana será honrado Paraná con la visita de un poeta insigne… que acudiendo a insistentes pedidos de un núcleo de admiradores, viene a deleitarnos con la música sonora de sus versos y las vibraciones rítmicas de sus Evangelios”.
A la noche se realizó un acto en el teatro 3 de Febrero donde el profesor Maximio S. Victoria, director de la Escuela Normal, lo presentó. Almafuerte, por su parte, pronunció un discurso y recitó algunas de sus poesías, entre otras “Evangélicas, “La sombra de la patria” y “Sonetos medicinales”, que merecieron el aplauso entusiasta del numeroso auditorio. Al otro día visitó algunos establecimientos educacionales.
Unos meses antes, el 30 de marzo de 1915, el diario El Censor de Paraná había publicado como anticipo de la visita el poema Serenata:
Nocturno canto do amor
que ondulas en mis pesares,
como en los negros pinares
las notas del ruiseñor.
El poeta de la chusma
Se destacó por su oratoria impetuosa y transgresora que reivindicaba a los sectores humildes, “la chusma de mis amores” les decía, y que le constó duras críticas por parte de la intelectualidad de la época. Se lo acusaba de prosaico y superficial en respuesta al deprecio que expresaba Almafuerte hacia los escritores consagrados por el orden conservador, a los que acusaba de “modernistas decadentes”. Tanto en su obra literaria como en sus escritos periodísticos bregaba por la implantación de una justicia social basada en la moral cristiana, aunque en soledad cuando el país se vanagloriaba de ser el granero del mundo y los que se caían des sistema permanecían invisibles.
El maestro malogrado
En el nuevo siglo comienza a recoger los frutos de su obra poética. En 1906 publica Lamentaciones que es continuada por una sucesión de publicaciones que se prolongan más allá de su pronta muerte en 1917. Incomprendido en su momento, las generaciones posteriores, en particular el denominado “grupo de Boedo”, lo reconocen como uno de los precursores del vanguardismo (Jorge Luis Borges, Evaristo Carriego, Roberto Arlt, entre otros). Para algunos críticos uno de sus modelos fue Olegario v. Andrade, el gran poeta de La vuelta al hogar, vinculado con Gualeguaychú. No fue casual entonces que en su visita a la ciudad del sur entrerriano “una multitud esperaba en el puerto la entrada del vapor Golondrina –cuenta una crónica- que transportaba al señor Pedro Bonifacio Palacios, conocido por su seudónimo Almafuerte. La banda de música del regimiento 10 saludó con diferentes acordes la feliz llegada del distinguido viajero.”
Tras su muerte, en Paraná por una ordenanza del 7 de diciembre de 1917 se nombra Avenida Almafuerte al “camino a los corrales”.
(1) Laura Graciela Rodríguez dice al respecto que “en la Ley de Educación (1420) estaba previsto que los ayudantes o cualquier aspirante que no pudiese cursar en la Escuela Normal, adquiriese el título de maestro previa aprobación de un examen ante las autoridades del Consejo General de Educación. El control sobre las personas que ejercían sin título se hizo cada vez más estricto y hubo casos resonantes, como el del poeta y escritor Pedro B. Palacios, más conocido como “Almafuerte”, a quien las autoridades dejaron cesante después de haber trabajado como maestro durante 20 años.” (Maestro, inspector e intelectual: la biografía de Juan Francisco Jáuregui (1870-1960), en Intelectuales de la educación y el Estado: maestros, médicos y arquitectos, compilado por Flavia Fiorucci y Laura Graciela Rodríguez. – Bernal, Universidad Nacional de Quilmes, 2018)


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