Rubén I. Bourlot
A fines de 1841 el gobierno de Pascual Echagüe había sufrido el
desgaste de una década al frente del gobierno de Entre Ríos a lo que se sumó la
desarticulado el ejército entrerriano tras la derrota de Caaguazú. Su
desprestigio era tal que la Legislatura, en diciembre de 1841, designó para
sustituirlo al que hasta entonces era el Comandante del 2° Departamento
Principal, el ascendente Justo José de Urquiza.
El nombramiento Urquiza coincidió con una de las situaciones más críticas
que tuvo que afrontar la provincia, ante la inminente invasión de los
correntinos bajo el mando el general José María Paz y del “Pardejón” Rivera
desde la Banda Oriental. Paz se tomó por la fuerza el gobierno de la provincia
por lo que el flamante gobernador se retiró a la isla del Tonelero para
reagrupar sus fuerzas y conseguir refuerzos. Desde este sitio expidió un
decreto de fecha 16 de abril nombrando a su hermano Cipriano en carácter de
gobernador delegado que se hizo cargo estando en Concepción del Uruguay.
Desempeñó su cargo hasta el día de su asesinato, en Nogoyá, el 24 de enero de
1844. Cipriano de Urquiza, que había nacido en Gualeguaychú, tenía 53 años.
Cipriano, como gobernador delegado, colaboró activamente con Oribe
para la preparación y provisión del ejército federal que se encontraba en la
zona del Arroyo de las Conchas. La
abundante documentación epistolar así lo confirma.
El año 1843 se inició con un panorama más alentador para la
provincia. En Corrientes una revolución federal nombró como gobernador a Pedro
Dionisio Cabral, emparentado con Urquiza, lo que permitió la firma de un
tratado de paz entre ambas provincias. Mientras tanto el gobernador propietario
iniciaba su campaña hacia la Banda Oriental con el objetivo de derrotar en su
territorio al general Rivera y apoyar a Oribe que sitiaba la ciudad de
Montevideo.
Cipriano, ante la normalización de la provincia y aquejado por
distintas dolencias, presentó la renuncia a su cargo pero la misma fue
rechazada por la Legislatura.
La precaria paz entre Corrientes y Entre Ríos concluyó con el
derrocamiento de Cabral y el nombramiento en su lugar a Joaquín Madariaga. En
abril las tropas correntinas ingresaron nuevamente en Entre Ríos provocando la
destrucción y robo en los pueblos del norte de la provincia. Esta invasión,
sumada a los numerosos gauchos alzados y desertores que se refugiaban
principalmente en los montes del centro de la provincia, provocó la reacción
del gobierno para contener la situación.
EL MAGNICIDIO
Ante estos acontecimientos Cipriano, cumpliendo las órdenes de su
hermano, nombró como general del Ejército de Reserva a Eugenio Garzón para la
defensa de la provincia, y llamó a todos los hombres disponibles para que se
presenten en sus respectivos departamentos para su incorporación al servicio. También
se dispuso una amnistía para los desertores con la condición de que se
incorporen a sus respectivas divisiones.
El desorden que produjo la
invasión redundó a favor de los
desertores que aprovecharon las circunstancias para acercarse a las villas
indefensas, tal como ocurrió con una partida al mando de Pedro Martínez,
conocido como Rodas que se encontraba en las cercanías de Nogoyá.
El 26 de enero de 1844, en horas de la siesta cuando todo el
pueblo descansaba, Rodas atacó la casa donde se encontraba el gobernador
delegado. La escasa escolta fue rápidamente reducida y depusieron sus armas. En
tanto Cipriano intentó refugiarse en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen pero
en el camino fue alcanzado, ultimado de un balazo y degollado por los
malhechores.
Nunca quedó debidamente clarificado quienes fueron los verdaderos
autores intelectuales del crimen. Las sospechas recayeron sobre el gobernador
correntino Madariaga ya que el mencionado Rodas fue incorporado al ejército de
esa provincia, en tanto Urquiza sugirió como responsable al exgobernador
Echagüe quien desde Santa Fe conspiraba contra su gobierno.
La mayoría de los implicados fueron juzgados y fusilados en la
plaza pública de Nogoyá y colgados para ejemplo de la población.
