15/11/18

Mary Charriere, la Iris Yunque del radioteatro*


Por Rubén Bourlot

En la década que va de 1950 a 1960 las hermanas Charriere se vincularon al medio radial, Rosalía como locutora y, con cierta audacia para la época, relatora de radioteatro en ocasiones muy esporádicas. Era todo un desafío explorar un terreno dominado por voces impostadas al más puro estilo de Julio César Barton. Mary Mabel, la menor, se inclinó hacia el radioteatro, tentada por Teodoro Galotto que dirigía el elenco de LT 11 de Concepción del Uruguay junto a Liliana Campos, su hermano Roque Galotto y otros.
"Quien estuvo primero en la radio fue mi hermana Rosalía - afirma -, quién abrió el camino en estas cosas porque ella también hizo radioteatro e hizo teatro. Participó en las obras clásicas con el matrimonio Pepe - Saravia. Yo era una chiquilina que estaba muy apegada a mi hermana y como ella estaba en la radio a mi me gustaba todo lo artístico, y me llevaba a todos lados, yo iba y los miraba. Yo siempre fui una persona muy introvertida, muy calladita... Y entonces observaba todo y me gustaba. Pero en realidad mi vocación era ser maestra.
"Tal vez en la intimidad de mi casa, con esos espejos grandes, donde uno se podía ver, yo hacía de artista y hablaba con esa otra que era la del espejo. Pero para mí sola. Mientras mi sueño era ser maestra. Y mis hermanas escribían a las artistas de EE UU, a las direcciones que salían en la revistas, y recibían las fotos autografiadas. Yo pienso que ya había posiblemente algo muy metido en mí que me daba timidez expresarlo. Lo hacía yo sola en los espejos de mi casa. Y así fui sumando esas ganas de hacer algo.
"Cuando estaba estudiando en la Escuela Avellaneda, que está a media cuadra de la radio, me dicen si no quería actuar en un papelito en la compañía la dirigía Teodoro Galotto; la primera actriz era Liliana Campos. La recuerdo a Liliana Campos porque ella [en la ficción] era mi amita Dolores, yo hacía de una mulatita. Y era todo en vivo, todo se hacía en vivo. Era como hacer teatro dentro de la radio. Yo tendría ocho años... Yo hacía mi papel y me iba la  escuela, y en la escuela me olvidaba del papel".
Mary Charriere, como se la conoce actualmente en el medio radial recuerda su primer papel, donde debía contar una historia muy triste.
"Yo era muy llorona porque a mi amita le pasaba un montón de cosas, sufría mucho mi amita, y yo como mulatita era muy fiel a mi ama. Entonces yo lloraba, pero en algún momento yo lloraba en serio y no me decían que ya había terminado la escena, y yo seguía llorando. Yo lo vivía al personaje".
Después de ese primer paso continuó con la compañía pero
"el problema era el nombre - cuenta - Los esposos Galotto, Roque y Beba [María Luisa Casanova de Galotto o Marisa Allende], eran los que me tenían que buscar un nombre, porque como mi hermana ya era locutora y era Rosalía Charriere, no me querían poner Mary Charriere, para no confundir. Y como yo era chiquita, me querían elegir cada nombre: Aromito, entre los que me acuerdo. Después viene Marisa y me dice 'ya sé como te vamos a poner: Yunque, por el famoso escritor Álvaro, y entonces quedó Irita Yunque' y yo dije: bueno, mejor que Aromito...Pero después cuando fui creciendo y encabecé compañía, y conduje compañía con Rubén [Grey], ya me parecía que Irita era de chiquita, y entonces quedó Iris Yunque".
A fines de la década, actuó con las compañías de Roberto Volpi y Raúl Jordán
Mary Charriere (Iris Yunque) y
Oscar Trocoso (Rubén Grey)
"que estaba con su esposa Manuca Montes, con la hija Zaída y había también un grupo de jóvenes. Ellos iban a los teatros. Yo no salía a los teatros, yo solamente actuaba en la radio. En mi nombre iba otra persona".
Posteriormente, junto a Oscar Troncoso (Rubén Grey) encabezó y dirigió una compañía propia que hacía radioteatro familiar con obras de las autoras locales Marisa Allende, Eugenia Orlegui y de los consagrados de Rosario y Buenos Aires.
"Hicimos un montón de obras hasta que se hizo radioteatro doble, a la mañana y a la tarde. Yo me quedé a la mañana con Rubén [Grey]; el de las diez y cinco que nos escribía Marisa Allende con temas sociales. Un ciclo muy extenso, hasta que yo en el 65 me fui de Uruguay".
"Y todo era, como se dice, autodidacta. Si hubiéramos tenido la posibilidad que tienen tantos hoy de capacitarnos - reflexiona -. Los que nos sucedieron también fueron autodidactas. Ahora hay muchos talleres acá con los que vienen de Buenos Aires. Los artistas conocidos hacen talleres.
"Todo era todo corazón, pura sensibilidad. Y hacíamos todo. Cuando quedamos con Rubén habíamos adelantado en materia de sonido. Teníamos efectos especiales... Hasta ahí los efectos lo hacíamos nosotros. La silla para los golpes, los tiros, eran sillas de madera terciada",
ejemplifica.
También participó de la experiencia de radioteatro unitario que se trasmitía una vez a la semana, con obras de un repertorio más selecto. La obra que tuvo mayor repercusión fue El diario de Ana Frank.  "Eso iba por la noche - dice -.Lo hicimos con Manuca Santángelo, Zaída Santángelo, Rubén Grey y Maricarmen Galván.  Y después se hicieron otros".
El director de la emisora, en ese periodo era Jacobo Corach,
"el hombre que más apoyó el radioteatro - asegura -. Fue él que me descubrió a mí como locutora. Yo dejé el radioteatro. Por razones particulares tuve que dejar todo eso y entonces: ¿qué hago ahora?, no es que yo vivía, en cuanto a dinero, del radioteatro. Yo estudiaba y hacía radioteatro. Pero cuando me estoy recibiendo me llama el señor Corach y me dice: 'Señorita, ¿no le gustaría probarse como locutora?'. A mí me pareció una cosa tan distinta a lo que yo estaba haciendo. Me dice 'pruebe, pruebe'. Y probaba en los horarios de la siesta, esos horarios que nadie escuchaba, decía él. Yo hacía alguna práctica y me decían los vecinos 'Mary, ¡qué feo que sale!. ¿Por qué no seguís con el radioteatro?'. Y yo tímida, introvertida, le digo: 'mire señor, yo no voy a venir más'. Y me dice: 'Usted me hace caso a mí. Siga practicando, que si no va para esto, yo se lo voy a decir".
A partir de ese momento se incorporó a la radio como locutora, y cada tanto vuelve a interpretar alguna que otra obra que evoca los buenos tiempos del radioteatro. Como conductora tuvo recordados ciclos como "El rinconcito de los niños" donde utilizaba el seudónimo Iris Yunque, "De todo un poco", ya como Mary Charriere, y "Ocho y medio", un musical. Desde hace varios años conduce uno de los espacios de mayor popularidad en la región, la revista matutina "¡Hola, mañana!".

* Charriere, Mary Mabel (2006, septiembre 30). Entrevista, C. del Uruguay.

8/11/18

Las flores de Kubero

Por Rubén Bourlot*

“La imaginación al poder” decían los revoltosos parisinos del Mayo francés. Tanta imaginación como la de esos muchachos que en La Plata pensaban en cultivar flores solares. O flores en el sol, todo era posible. Porque la década de 1960 – 1970 presenció, tal vez, la última revolución creativa del siglo XX en el viejo mundo “occidental”. Revolución que se plasmó en nuevas corrientes musicales como el rock de los Beatles, el arte pop, el hippismo y algunas rebeldías más. Y algo de esa inmensa ola se fue derramando hacia las periferias. A nuestra región la bitlemanía trocó en un rock nacional, el nuevo arte se expresó en los hapenning de Marta Minujin en el Instituto Di Tella, pero que también empujó a las juventudes hacia el folclore que brotaba en cada rincón. 
Kubero con Carlitos Díaz y Miguel Pustilnik en Nogoyá
En medio de este clima nació el grupo creativo que se conoció como La cofradía de la flor solar. Algunos de sus gestores fueron los muchachos entrerrianos de Nogoyá que se arraigaron en La Plata hacia 1966, un agitado año signado por la bota de hosco general Onganía.
Una crónica informa que la historia tiene su comienzo en Nogoyá cuando cuatro amigos estudiantes secundarios (igual que los de Liverpool) se juntaron para formar la banda Los Grillos (por esa época The Beatles eran “los escarabajos”) para animar las reuniones bailables de la época con la música de la “nueva ola”. Sus nombres: Juan Fernando Díaz -al que apodaban Kubero- en guitarra y voz, Mauricio Morcy Requena en bajo y voz, José Manija Paz en batería y Carlos Gómez en guitarra. Algunos ya habían incursionado en el folklore con Los Horneritos, niños aún.
“A los 15 años me vinieron a buscar para que tocara en Los Grillos – dice Kubero en una entrevista -, el primer grupo de rock que hubo en el pueblo. Allí tocaban Eduardo Paz, Luis Alberto Morcy Requena y Carlos Gómez. Esa fue una experiencia muy fuerte.” Cuando terminaron la secundaria tomaron diversos rumbos, y dos de ellos, Requena y Paz, se fueron a estudiar a la Universidad Nacional de La Plata, destino de tantos entrerrianos cuando aquí las carreras universitarias eran una rareza. 
Kubero hacia 1965 en el techo de su casa en Nogoyá
En un caserón alquilado de la avenida 122 se juntaron con el artista plástico Ricardo Mono Cohen, el escritor Néstor Candi y el estudiante de Antropología Hugo Pascua García, y comenzaron a fermentar la idea que terminó en una de las clásicas comunidades hippies, ampliada luego con la incorporación de disímiles disciplinas artísticas. “La Cofradía de La Flor Solar durante el verano del 67 propuso unir la vida al arte (acción y pensamiento) y buscar la fórmula para cambiar el corazón del hombre para, así, poder cambiar al mundo, expresando esta idea con canciones y toda clase de slogans imaginativos y estéticos. Un año después y con más prensa, los protagonistas del ‘mayo francés’, hicieron lo propio”, dice un manifiesto de la comunidad.
En este ambiente, hacia 1968, surge la banda de rock que forman Requena, Paz y Hugo Pascua García. La comunidad y la banda eran conocidas con el nombre que les dio fama: La cofradía de la flor solar. 

La llegada de Kubero
Pero a este grupo le faltaba una pieza fundamental, el cuarto elemento, que le aportaría una bocanada de creatividad. Y a Nogoyá fueron a buscarlo a Kubero, y lo convencieron para que se mudara a la ciudad de las diagonales. El propio Kubero explica el origen de su apodo  “Cuando era muy chico, mi madre me cantaba siempre una canción llamada Juancito, el escobero. Y yo en vez de ‘escobero’ decía ‘cobero’ o algo así. Y mi viejo me empezó a decir Kubero.”
Carátula de uno de sus primeros discos
De la creatividad de Kubero, una de las primeras canciones, “Juana”, se inspira en un personaje de su pueblo: “Es la historia de una pareja de Nogoyá: Juana y Troncoso, quienes cruzaban el pueblo pidiendo limosna. Él era inválido, andaba en muletas, y ella le hacía el aguante con una paciencia increíble. Desde chiquito, recuerdo que los veía todos los días cruzando el pueblo, y de ahí salió la canción: ‘Allí está Juana, sola junto al gran portón...’ Justo, era la época de Eleanor Rigby, y creo que está inspirado en material como ese.”
En el ‘69, después de un traspié con un disco rechazado por las discográficas,  llegan al vinilo con el sencillo "Sombra fugaz por la ciudad / La mufa", y luego le siguen "La Cofradía de la Flor Solar" en 1971 y  "Kubero Díaz y La Pesada" en 1973.
Para 1972 los miembros de La Cofradía se fueron dispersando por el acoso de las autoridades, en particular la policía. Pensaron en irse a Europa, una aventura muy remota de emprender sin los mínimos recursos económicos. Unos se fueron a El Bolsón cuando nacía esa comunidad de idealistas que pretendía vivir al margen de ruido urbano. Otros probaron con viajar al Brasil y algunos se vinieron a Entre Ríos para tantear suerte, y vaya si la tuvieron. Ricardo Legna se sacó la lotería de Entre Ríos y junto a Morcy Requena viajan a Londres con el objetivo de conseguir una casa capaz de albergar al grupo. Allí toman contacto con el sello Virgin Records mostrando unas cintas y el disco de La Cofradía e interesan también al manager de Led Zeppelin. Envían los pasajes y una parte de la ex Cofradía sale para Londres entre ellos Jorge Pinchevsky. En la capital británica no les acompaña la suerte. Un miembro del grupo es descubierto ocultando una dosis de marihuana y son deportados a Holanda.
En 1974 la Cofradía se disuelve y algunos de sus integrantes se integran a La Pesada del Rock and Roll de Billy Bond. Nuevamente perseguidos por la dictadura, en 1976, Kubero y Jorge Pinchevsky (viololinsta) parten a Europa con la idea de recrear allí la Cofradía. Con Miguel Abuelo tocaron como La Cofradía de la Nada. En Ibiza, cantaron rock en castellano, algo inédito para España. Durante todo 1976 se presentaron en una discoteca de Barcelona. A fines de 1976 se contactaron con Miguel Cantilo, que se radicaba en España, y de allí nacería Punch.
De nuevo en el país, cada tanto reeditan sus viejas canciones y nuevas producciones como "El café de los ciegos" (1997), "Cofrádika" (1998), "Histórico", álbum de archivo con temas inéditos (2005) y "Kundabuffer" (2007).
Kubero Díaz continúa con su labor artística participando de distintos proyectos, entre otros con los inicios de Los redonditos de ricota y con la banda de León Gieco.

Fuentes:
http://www.rock.com.ar
https://www.facebook.com/pages/Kubero-Díaz/
http://lacofradiadelaflorsolar.blogspot.com.ar/
http://secinicial.blogspot.com.ar/2013/03/las-rutas-de-un-viajero-entrevista.html

*Publicado originalmente en la revista Orillas

4/11/18

Trenes: de ayer para hoy

Por Rubén Bourlot

Hoy se plantea, de tarde en tarde, la necesidad de recuperar los ferrocarriles, que fueron destruyéndose a lo largo de décadas. Recordemos una nota de mi autoría en el mensuario Información Agraria que es editaba en Concepción del Uruguay. El recorte fue publicado en junio de 1977.

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