29/12/23

Hacia una redefinición del trabajo

 Rubén I. Bourlot


Desde hace algunas décadas presenciamos una euforia por definir los tiempos contemporáneos. Para algunos estamos viviendo en la postmodernidad, asistimos a fin de la Historia sustentada en la idea de globalización y en la explosión tecnológica. A fines del siglo pasado la idea de que habitábamos una aldea global suponía la desaparición de los conflictos de nacionalidades, de la puja de las culturas para conservar o construir sus respectivas identidades. Todo esto bajo la vigilancia de la pax imperial. Los hechos cotidianos y los sucesos globales en las primeras décadas del siglo XXI tienden a desmentir estas teorías de fin de milenio. Por ello también son tiempos de rectificaciones.

Si podemos hablar de algún tipo de globalización tenemos pensar en el mercado, verdadero dios pagano de la modernidad. El mercado acompañó las grandes conquistas, desde las cruzadas hasta nuestros días. La globalización mercantil que hoy interconecta al Mundo a una velocidad impensada hace un siglo (Internet, jumbos, satélites, cohetes intercontinentales) se anudó con la expedición de Magallanes - Elcano cuando amanecía el siglo XVI. Por lo tanto no es un fenómeno tan nuevo para estos tiempos de inmediatez. Es un acontecimiento propio de la Modernidad europea.

Es en este contexto que el trabajo humano ingresó como un componente más del mercado, integrando las cadenas de producción y comercialización, convirtiéndose en una variable más de los costos y en una mercancía. Así se justificó el comercio de esclavos, no ya la utilización de mano de obra esclava de las épocas preburguesas. El esclavo era mano de obra y mercancía. El esclavo abarataba los costos de producción de materias primas en las colonias y de manufacturas en las metrópolis. Las revoluciones sociales incorporaron los derechos ineludibles de los trabajadores y la esclavitud corrió el riesgo de desaparecer. No obstante el propio mercado recobró la iniciativa: flexibilización laboral, pérdida del poder adquisitivo de los salarios, reemplazo de trabajo humano por artefactos (robótica) contribuyen hoy a transferir el fruto del trabajo a los dueños de los medios de producción. Para ello el mercado ha sustituido al estado, a la política, como depositarios y administradores del poder. El poder del pueblo, un postulado de la modernidad, es una entelequia hoy más que nunca. El poder ha sido expropiado por el mercado.

Se plantea el fenómeno de la desaparición del trabajo en las formas que conoció la humanidad desde sus orígenes. El trabajo poco a poco se convierte en un privilegio de una clase social intermedia entre la aristocracia propietaria del mercado y los pobres que se deben conformar con las migajas de la “economía informal” y los planes sociales. En este contexto, heredero del más puro malthusianismo, sobran millones de personas.

Frente a esta realidad es necesario abrir un paréntesis para reflexionar y repensar el sentido del trabajo humano. No como un engranaje en la maquinaria de producción de bienes (o males) y servicios, un componente más del costo, una variable económica. El trabajo es parte de la dignidad del hombre. El hombre ganará el pan de cada día con el sudor de su frente dice la milenaria consigna. El trabajo es una experiencia vital, un acto cultural y una manera de servir a la comunidad. La persona humana se realiza mediante el trabajo, se constituye parte de su comunidad siendo útil, aportando su trabajo, cumpliendo una función (Aquello no era trabajo, / Mas bien era una junción, al decir del Martín Fierro). Desde este punto de vista no pueden existir desocupados y por ende miembros de la comunidad que no puedan satisfacer sus necesidades de alimento, abrigo, descanso y esparcimiento. La máquina, la tecnología son sólo instrumentos creados por el hombre para servir al hombre, para aliviar tareas penosas, para explorar nuevas experiencias propias de la cultura. No es concebible justificar la marginación de parte de la sociedad, sacrificar millones de personas, como un precio a pagar al avance tecnológico. La máquina no es responsable de las injusticias, de la miseria, de la guerra. La ruptura de la armonía entre el trabajo que transforma la energía física e intelectual del hombre en bienes culturales, y el descanso - alimentación - esparcimiento, por los cuales el hombre recupera esas energías; es responsabilidad de la lógica del mercado, que acumula los bienes producidos en pocas manos para luego distribuirlas - venderlas con la mayor ganancia posible.

Es necesario dar una vuelta de tuerca para reinventar el trabajo, desvinculándolo del mercado.

 

El hombre americano y el trabajo desde una nueva perspectiva

El hombre americano es producto de la fusión de culturas autóctonas con las oleadas de pueblos europeos peninsulares, impulsadas por las energías mercantiles pero también motivadas por ideales cristianos. Evangelizar a los indios implicó, más allá de gruesos y trágicos errores de apreciación, un esfuerzo para incorporar el otro a la ecúmene, ese otro que rechazaban, en nombre del puritanismo, los anglosajones que arribaron a la costa atlántica del norte de América.

La cultura hispanoamericana es una cultura trascendente. La comunidad, el cuerpo social tiene un horizonte de más allá. En otra dimensión puede hallar la salvación. El pueblo americano es un pueblo creyente con la misma fuerza e ingenuidad de sus antepasados indios. Los mitos y leyendas de las cosmovisiones americanas fueron el germen de su destrucción histórica pero a su vez fueron capaces de trascender en la nueva realidad cultural. De lo material nos quedan ruinas monumentales en medio de la maraña; de lo espiritual permanece vivo casi todo, imbricado, mimetizado en las culturas de la América morena. Es en los rincones más remotos del subsuelo social donde perdura viva la llama de una nueva redención; en los arrabales de una comunidad fracturada entre la opulencia de los edificios de vidrio y acero, la pobreza extrema entre las chapas y los cartones de las favelas y villas. Es en este submundo que para los politólogos son sectores NBA - con necesidades básicas insatisfechas - donde permanece latente el reservorio de dignidad humana, donde se conserva la llama de la esperanza por un más allá superador de las miserias actuales.

Desde esta América, podremos reinventar el trabajo con otra perspectiva, reconstruir una cultura donde el trabajo sea un componente imprescindible. Repensar el mundo, no como una aldea global sino como una sumatoria de comunidades integradas por fuertes lazos de identidad y solidaridad. Repensar y recrear el estado como la realización suprema de la comunidad organizada, su expresión más acabada, que sintetiza las aspiraciones de sus miembros. Este estado sustentado en las relaciones de trabajo y no en las relaciones económicas como las concibe el liberalismo, será el único que garantizará la justicia, la paz social y la prosperidad de los pueblos.


15/12/23

Beatriz Bosch, la historia con perfume de mujer

Rubén I. Bourlot

El 23 de noviembre de 1967 Beatriz Bosch fue designada miembro correspondiente por Entre Ríos en la Academia Nacional de la Historia (ANH), la primera mujer en ocupar ese sitial, publicaba EL DIARIO. Días después en Paraná se le ofreció un homenaje donde habló el historiador Juan Carlos Wirth (La Acción, 5 de diciembre de 1967).

La dilatada trayectoria de Bosch en el campo de la docencia y la historia comprendió gran parte del siglo XX. También incursionó en la literatura y el periodismo.

Nacida en Paraná en 1911, egresada como profesora de Historia de la entonces Facultad de Ciencias Económicas y Educacionales que dependía de la Universidad Nacional del Litoral, en los últimos años estuvo radicada en Buenos Aires donde falleció en 2013.


En el acto de incorporación a la ANH presidió la sesión su presidente Miguel Ángel Cárcano que dirigió la palabra para referirse a su obra como historiadora y también lo hizo el académico Ricardo Caillet Bois. La exposición de Bosch estuvo referida "Urquiza y el levantamiento de Felipe Varela", investigación  que llevó a cabo a partir de los fondos documentales de Urquiza y Benjamín Victorica. Días después, en el homenaje realizado en Paraná, Juan Carlos Wirth dijo: “las letras entrerrianas están de fiesta. Beatriz Bosch, la severa investigadora de nuestra historia, la escritora de estilo prieto y lleno de vida a la vez recibió finalmente el galardón máximo que tiempo ha merecía. (…) Beatriz Bosch estaba dando los mejores afanes de su intelecto, de su luz, allí resistió con alma indómita el malón del envilecimiento, allí la conocí, sin desfallecimientos ni lamentaciones, rechazando con suprema entereza su pretense degradación, para elevarse a una altura moral inigualada.”

Mujer en un mundo de hombres

Beatriz Bosch fue pionera como mujer en el campo de los estudios históricos en provincia y en el país. A mediados del siglo XX eran pocas las mujeres que se dedicaban a la investigación histórica. En una entrevista cuenta que “eran muy pocas las historiadoras. Con respecto a mi experiencia personal, la primera vez que fui al archivo (General de la Nación), me recibió el Vice-Director y tan asombrado estaba porque era la primera vez que iba una mujer a investigar sola, por su cuenta, que me obligó a que dirigiera una nota de autorización al Ministro de Instrucción Pública. La asistencia al archivo era completamente masculina, pero los colegas me recibieron con simpatía, y no sin curiosidad… eso me favoreció mucho, uno era hermano del Presidente del Colegio de abogados de Buenos Aires y entonces eso me ayudó a tener vinculaciones.” (Suarez, 2007).

Pero también en su propia provincia le costó mucho insertarse en el campo de la investigación histórica. En un ambiente dominado por varones, y en general muy veteranos, una mujer joven que pretendía hurgar en la historia era algo demasiado temerario. “Empecé a investigar aun antes de recibirme –contó en una entrevista (Bazán, 2011)- (…). El primer trabajo, un trabajo chiquito de una revista que se llamaba FIDES órgano de la asociación estudiantil universitaria de Paraná en el año 1932, ese es el primer trabajo.”

“Cuando yo empecé a trabajar fui muy mal recibida en el ambiente lugareño… Yo era una atrevida que pretendía trabajar como esos señores. Sí, entre los que trabajaban, me refiero a los que publicaban… me hicieron mala fama en Paraná y tuve mejor relación con los historiadores de Santa Fe. Con José Luis Busaniche, que fue mi profesor (…). Cuando me gradué me mandó uno de sus libros con una dedicatoria muy elocuente…” (Suarez, 2007).

En cambio en Paraná “cuando publiqué el primer libro se lo mandé por personal respeto a (César Blas) Pérez Colman, era Camarista Federal y nos había dado Instrucción Cívica en la Escuela Normal. Habían puesto la hora de clase a las doce para que él pudiera ir a la Cámara. Conversaba conmigo a la salida porque yo vivía a una cuadra de la Escuela, mis amigas me hacían algunas bromas… Era muy interesante lo que me decía, pero cuando me vio por primera vez en el archivo no-me-miró-más.

“Yo le mandé el primer libro, por respeto, y después de cinco meses me mandó una tarjetita adonde decía que ‘reflejaba mi amor a Entre Ríos…’”

No hay dudas que fue un triunfo su nombramiento como miembro correspondiente por Entre Ríos en la Academia Nacional de la Historia, la primera mujer en la historia de una institución poblada de hombres. Había sido fundada a fines del siglo XIX como Junta de Historia y Numismática Americana por Bartolomé Mitre y durante años fue la principal divulgadora de la interpretación mitrista de nuestro pasado. En 1986 fue la segunda mujer en incorporarse a la Academia como miembro de Número. Fue también miembro correspondiente de la Real Academia de Historia de Madrid, de las Academias de Historia del Perú, de Bolivia, de Puerto Rico, del Paraguay y de Venezuela, de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, y del Instituto Histórico y Geográfico Brasileiro.

La historia en el papel

Producto de sus investigaciones publicó numerosos libros y artículos en revistas especializadas. Sus desvelos se centraron en rescatar la figura y la labor del general Justo José de Urquiza pero no dejó de lado otros terrenos de la historia entrerriana como la gobernación de Lucio Mansilla, la actuación de Alejo Peyret en la organización de la colonia San José, la labor periodística de José Hernández o el Pacto Federal de 1831. “Mi lista bibliográfica denuncia hasta hoy 369 títulos entre libros, estudios parciales, juicios y reseñas bibliográficas, artículos, prólogos, estudios preliminares a obras de otros autores” manifestó en el discurso que pronunció en la Academia Nacional de la Historia cuando le realizó un homenaje en 2002 con motivo de sus 90 años.” La lista completa actualizada llega a 377 publicaciones.

De esa extensa lista libros s podemos nombrar Sarmiento y Urquiza; del unitarismo al federalismo (1938), Urquiza, gobernador de Entre Ríos 1842-1852 (1940),  Urquiza el Organizador (1963), Urquiza y su tiempo (1971), Alejo Peyret, administrador de la Colonia San José (1977) e Historia de Entre Ríos (1978).

También acumuló una enorme biblioteca de unos 15.000 volúmenes que actualmente se encuentra en la Biblioteca Provincial, en Paraná.

Para seguir leyendo

Bazán, Ricardo César (2011). Una entrevista a Beatriz Bosch, en

https://historiasdelasolapa.blogspot.com/2011/12/una-entrevista-beatriz-bosch.html


Un Ilusionista “indiano” en Paraná

Rubén I. Bourlot

En los comienzos del siglo XX eran comunes los espectáculos que brindaban los magos, ilusionistas, predisgitadores, espiritistas y otras yerbas, que en Paraná tenían como escenario el teatro 3 de Febrero.

El arte de la magia viene de muy antiguo y es heredera de las primitivas religiones que las comunidades humanas apelaban para explicar su existencia y la del mundo que las rodeaba. Los magos eran los sabios, poseedores de los conocimientos ocultos y sobrenaturales capaces de explicar lo que la razón no podía comprender. Mucho más acá en el tiempo ese poder se fue devaluando y la magia, el ilusionismo, se transformó en un entretenimiento para los abúlicos monarcas de las cortes europeas.

A fines del siglo XIX el francés Robert-Houdin fue el primero en reversionar la magia en un espectáculo que concitaba la atención de miles de personas. Tras su muerte le sucedió el húngaro Erik Weisz que adoptó el nombre de Harry Houdini (1874 – 1926) -un homenaje a su admirado antecesor-  y revolucionó el arte del ilusionismo con sus hazañas de escapismo imposibles.

En nuestro país el arte de lo aparente se popularizó en los teatros y cuando llegó la televisión ingresó a los hogares a través de las pantallas. Uno de los más reconocidos impulsores del ilusionismo televisivo fue Pipo Mancera en su programa Sábados circulares.

También la práctica de la magia llegó hasta los hogares donde había aficionados que deleitaban a familiares y vecinos con sus pruebas de fantasía. Habían aprendido en cursos a distancia, virtuales asincrónicos dirían hoy, en tiempos que no existía internet ni tutoriales de youtobe. Los cursos venían por entrega a través del correo que llegaba hasta los más lejanos puntos del país. Los dictaban academias que ofrecían los cursos de Fu Manchú -el mago inglés radicado en Argentina- y se publicitaban en las revistas de historietas. 


Ilusionistas indianos en Paraná

En 1913 una noticia aparecida en el diario La Acción de Paraná anunciaba el 13 de noviembre el debut en el teatro 3 de Febrero del “ilusionista indiano doctor Richards y Mme. Graci Richards cuyos experimentos tanto han llamado la atención en Montevideo, Buenos Aires, Rosario y Santa Fe”. Se prometían cuatro funciones de “una hora de magia blanca moderna y oriental terminando la primera parte con la preciosa ilusión: La Reina del Dado”. Luego se ofrecería una “parte científica dedicada a la culta Paraná. El doctor Richards presentará fenómenos mentales, impresiones personales y experiencias prácticas de ciencia profunda.”

El espectáculo terminaría con “la asombrosa experiencia El tanque de Neptuno.” Y finalmente la información acotaba que los comediantes, modestia aparte, “han sido declarados superiores a todos los artistas del género.”

El origen “indiano” es dudoso y no hay mayores referencias a la nacionalidad del matrimonio de ilusionistas pero encontramos en publicaciones similares de la época que era muy común asignarles ese origen exótico a estos artistas para agregarle valor al espectáculo. Por ejemplo, el diario La Capital de Rosario en 1915 anunciaba la llegada a esa ciudad del faquir Jumal Singh y en la crónica advertía que “todos decían ser originarios de la India pero buceando en sus biografías sus nacionalidades no respondían a tal afirmación. El nombre era una forma de estar más a tono con el personaje.”

 Gira americana

En la búsqueda de antecedentes de la pareja Richards -como el arqueólogo que, munido de palita y cepillo, rastrea en el suelo para hallar los restos de antiguas existencias y con la traza de unas pisadas impresas en la piedra o una vértebra petrificada puede reconstruir un dinosaurio- nos abocamos a escudriñar sus ecos en el territorio virtual que es internet y hallamos noticias sobre la actuación de los ilusionistas en diversos países del continente americano.

En los primeros días de noviembre de 1913 el llamado Dr. Richard había realizado funciones en Panamá, la última “dedicada a la colonia de EE. UU.” residente en el país.

Unos años antes, en 1910, lo encontramos en Puerto Rico donde un diario local informaba que “anoche debutó en este teatro el Dr. Richard, ilusionista científico de indiscutible mérito y lo mejor que hemos visto en esta clase de trabajos. Los de telepatía fueron muy celebrados y el tanque de Neptuno muy aplaudido. El Dr. Richard se propone dar varias funciones en este teatro durante la presente semana.”

En 1912 la pareja se encontraba actuando el Río de Janeiro (Brasil) donde presentaban “trabajos de magia blanca y magia oriental, y revelaciones científicas interesantes.”

Años después, en 1914, realizaban una nueva gira por el país actuando en el estado de Río Grande. En 1916 la dupla realizaba “La última tourneé en América” en Río de Janeiro con un programa que incluía “una hora de prestidigitación moderna”, experiencias sobre ciencias ocultas, trabajos mentales, la “asombrosa ilusión Princesa Karnac” que era un espectáculo de levitación y el número “O Cepo (prisión) de Kilán”. Para el día siguiente se anunciaba una matiné infantil. En octubre del mismo año se encontraban realizando funciones en el reconocido teatro Amazonas de Manaos y también en la ciudad de Aracatuba.

 
El tanque de Neptuno

Uno de los números más aclamados era el del Tanque de Neptuno, una ilusión que había impuesto nada menos que el gran escapista Harry Houdini unos años antes.

Se trataba de un recipiente cilíndrico gigante que se llenaba con agua con el mago en su interior -los mismos espectadores eran quienes cerraban su tapa con candados-. A los pocos minutos el protagonista escapaba del mismo, apareciendo donde el público menos lo esperaba.

La citada crónica de La Capital informa que también en el espectáculo de Jumal Singh “para agregar limpieza al efecto, el tanque se exhibía en el foyer del teatro durante todo el día, donde podía ser revisado por el público que visitaba la sala.” Y agregaba que “Jumal ha dejado atónito al público; el Tanque de Neptuno bien cerrado con fuertes cadenas y candados no ha sido abierto, y lo que la razón no quiere aceptar por hallarlo incomprensible, es que el indú (sic) salió del encierro sin derramar agua y sin que el público viera la puerta de escape.”

No hay referencias sobre la repercusión del espectáculo en Paraná pero suponemos que habría provocado la misma impresión. Tampoco encontramos detalles del número “La reina del Dado” que para 1920 lo seguían presentando según publica un aviso del diario panameño Estrella de Panamá.

Quintino Bocayuba: La visita de un repúblico brasileño a Paraná

Rubén I. Bourlot

El 4 de noviembre de 1900 arribaba a Paraná una delegación de periodistas del Brasil que realizaba una gira por distintas provincias. Encabezaba el grupo Quintino Bocayuba, destacado periodista, político republicano y diplomático que venía con los auspicios de haber sido uno de los impulsores del tratado de límites de la Misiones con del país vecino, luego malogrado. La gira se llevaba a cabo en el marco de la visita del presidente brasileño Manuel F. de Campo Salles.

Una embajada integrada por periodistas y vecinos paranaenses se dirigió a Santa Fe para dar la bienvenida a los visitantes. Una crónica de la época nos anoticia que “los viajeros desembarcaron en el Puerto Viejo, tributándosele entusiasta recepción en el Parque Urquiza, donde recibieron el saludo de la ciudad dado por el presidente municipal, Sebastián Vásquez, respondiendo el señor Bocayuba. En manifestación llegaron a la casa de gobierno, visitando el cuadro de Caraffa, que representaba el pasaje del río Paraná por el Ejército Grande y luego se dirigieron a la casa municipal, en que se sirvió un lunch, en cuya oportunidad habló  el periodista  Evaristo Carriego. Finalmente visitaron la Escuela Normal, oyéndose la palabra  de  su director, profesor Leopoldo Herrera.”


La revista Caras y Caretas del 10 de noviembre de 1900 informaba que “los representantes de la prensa brasileña, venidos a nuestro país con objeto de asistir a los festejos han transmitido a los diversos diarios de cuya redacción forman parte, entusiastas descripciones de Buenos Aires, de los obsequios con que se ha deseado hacerles agradable su estadía aquí y de las manifestaciones de confraternidad que ha originado el viaje del doctor Campos Salles. Con el fin de facilitarles el conocimiento de algunas reglones del interior, el ministro de Obras Públicas puso a disposición de dichos periodistas un salón dormitorio, que agregado a los trenes ordinarios, debía llevar a los excursionistas a Córdoba, Esperanza, Rafaela, Santa Fe, Paraná y Rosarlo. El viernes de la semana anterior partieron los que habían de realizar la jira, regresando el martes. Hicieron el viaje los señores Alfredo de Almeida, Félix Bocayuva, Armando Paiva, Arthur Warnetk, Samuel das Neves, Antonio Carlos Simnens da Silva, A. Perret Filho, Casio A. Farinha, Pedro Rabello, Harcild Farinha, Fernando Mendes, Arthur Días y varios de nuestros colegas de esta capital.”

 Bocayuba, amigo de Argentina

Quintino Antônio Ferreira de Sousa Bocaiúva (Itaguaí, 4 de diciembre de 1836 — Río de Janeiro, 11 de junio de 1912) fue un periodista, escritor y político brasileño, conocido por su participación en el proceso de proclamación de la República del Brasil. Como político, fue el primer ministro de Relaciones Exteriores de su país, entre 1889 y 1891, y presidente del estado de Río de Janeiro, entre 1900 y 1903. En la Argentina, donde lo recuerdan varias calles y una escuela en la ciudad de Buenos Aires, es conocido como Quintino Bocayuba. Fue masón, opositor a las ideas positivistas y uno de los motores de la revolución que terminó con el régimen monárquico e instaló el gobierno republicano. En 1890 fue el negociador que acordó la delimitación del territorio de las Misiones disputado por ambos países.

El 24 de octubre de 1900 había llegado a Buenos Aires, en misión de confraternidad, el presidente del Brasil, Manuel F. de Campo Salles acompañado de una multitudinaria comitiva. La visita era en devolución a la realizada anteriormente por el presidente argentino Julio Argentino Roca.

El diario La Razón de Paraná ofreció una amplia cobertura a la visita del mandatario del país vecino. En su edición del 26 publicaba los telegramas intercambiados entre el presidente Roca y el gobernador Echagüe por el cual el primero agradecía la adhesión de la provincia que le daba al “acontecimiento el carácter nacional que debe tener, demostrando que en todos los ámbitos de la República, palpita el mismo sentimiento de confraternidad y simpatía hacia la gran nación brasileña.” También habían adherido la Sociedad de Beneficencia, el Club Patriótico de la Juventud y la Cámara de Diputados.

 Un tratado malogrado

En 1889 Bocayuba había asumido la cartera de Relaciones Exteriores del Gobierno Provisorio de la flamante república. En ese papel, negoció y firmó el Tratado de Montevideo el 25 de enero de 1890 para dar por finalizado el prolongado conflicto de límites entre ambos países por el territorio de Misiones, que disponía la división en dos partes de igual superficie del territorio en disputa. Luego de la firma del tratado del 25 de enero visitó la Argentina donde fue recibido como un héroe y fue objeto de numerosos agasajos.

El gobierno nacional editó un folleto con un compendio con documentos del tratado y el gobierno de Entre Ríos, a cargo de Clemente Basavilbaso, adhirió mediante un decreto que declaraba feriado el 29 de enero, mandaba a embanderar los edificios públicos de la provincia con las enseñas de Argentina y Brasil, y disponía la interpretación de los himnos nacionales de ambos países a cargo de las bandas de música de la provincia.

Centro de Investigación y Documentación de Historia Contemporánea de Brasil en una biografía de Bocayuba brinda detalles de la firma del tratado de Montevideo y de las circunstancias posteriores. “Imbuido del espíritu de solidaridad americana que caracterizó a la mayoría de los líderes republicanos desde el manifiesto de 1870, han tratado con Argentina de manera que se alejaba del tradicional clima de rivalidad presente en las relaciones entre los dos países durante el Imperio. Las negociaciones dieron como resultado el Tratado de Misiones, o Tratado de Montevideo, firmado en la capital uruguaya el 25 de enero de 1890. Visto como una victoria de los argentinos, el acuerdo suscitó amplias e intensas reacciones desfavorables en el Brasil. Quintino fue blanco de varias acusaciones, entre ellas la de haber entregado al país vecino territorios sobre los cuales Brasil tendría derechos de propiedad legítimos.”

El tratado fue rechazado al año siguiente por el Congreso Nacional del Brasil, tras lo cual ambos países acudieron al arbitraje del presidente de los Estados Unidos de América, Grover Cleveland, quien finalmente falló en un laudo arbitral a favor de Brasil adjudicándole todo el territorio en disputa. Bocaiúva se vio obligado a abandonar su cargo para continuar como Senador por el estado de Río de Janeiro en la Asamblea Nacional Constituyente.

Permaneció en dichas funciones hasta la votación de la Constitución (24 de febrero de 1891), luego de lo cual renunció al mandato para volver al periodismo, al frente del O Paiz.

En 1899 había recompuesto sus vínculos con la política local. Fue reelegido senador y luego gobernador  del Estado de Río de Janeiro que  (1900-1903).

Blasco Ibáñez, el arroz y Entre Ríos

Rubén I. Bourlot

 

El 31 de octubre es el Día Internacional del Arroz  instituido en 2004 por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). La fecha busca, según el organismo internacional, atender problemas como el hambre y la desnutrición donde el arroz cumple un papel fundamental.

El cultivo de arroz (Oryza sativa L.) se practica en la región desde la época de colonial. Las primeras referencias corresponden a Félix de Azara, quien cuenta que fue introducido por los jesuitas en las Misiones durante el siglo XVII.

En Entre Ríos no hay registros de su cultivo hasta la década de 1930. El DIARIO, en 1933, informaba sobre la primera cosecha de arroz en el establecimiento Santa Cándida, departamento Uruguay. La implantación del grano estuvo supervisado por el ingeniero japonés Kawanguchi. Informaciones de los medios locales dan cuenta de que en el campo de cuatro hectáreas se realizó la siembra experimental que tuvo dificultades a causa de la langosta que por esa época diezmaba los cultivos. Se ensayaron distintas variedades para adaptarlas a nuestro suelo y clima.

En la provincia de Corrientes a partir de 1911, y por dos años, se concretaron las primeras siembras del grano en Nueva Valencia (hoy Riachuelo). Esta es una colonia fundada como una aventura por un personaje que invirtió sus ganancias de su labor literaria para radicar colonos provenientes de Valencia (España) en Río Negro y Corrientes. En el lugar se construyeron canales y riego a base de un motor de vapor para elevar y distribuir el agua. Finalmente la iniciativa fracasó.

 De escritor a colonizador

El impulsor de la iniciativa fue nada menos que Vicente Blasco Ibáñez, escritor, periodista y político republicano español, propulsor del naturalismo y del realismo. En torno a su figura y al periódico El Pueblo, que fundó y dirigió, se desarrolló en la ciudad de Valencia un movimiento político republicano conocido como blasquismo. Entre los años 1898 y 1908, ocupó escaños en el Congreso de los Diputados. En 1908 abandonó la política activa, se marchó a Madrid y se dedicó de lleno a la literatura. Intercalando la política y el periodismo escribió una extensa lista de novelas notables como Sangre y arena, Cañas y barro, La araña negra, Arroz y tartana, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, cuentos y relatos de viaje como Argentina y sus grandezas publicada en 1910. Compartió con Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Azorín y Ramón María del Valle-Inclán, el punto de partida de la novela española del siglo XX.

Vicente Blasco Ibáñez había nacido en Valencia el 29 de enero de 1867 y falleció en Menton (Francia) el 28 de enero de 1928. En 1909, en las vísperas del centenario de Mayo, llegó a la Argentina para pronunciar conferencias con gran repercusión entre el público. Una crónica describió su llegada a Buenos Aires el 6 de junio de 1909, en el barco Capitán Viana, donde fue recibido en el puerto unas treinta mil personas convocadas por la prensa. Contaba en esos momentos con 42 años y estaba en la madurez de su vida y de su talento creativo. Su fama se había extendido por medio mundo.

Luego de pronunciar varias conferencias en Buenos Aires sobre los más variados temas: Napoleón, Wagner, pintores del Renacimiento, la Revolución Francesa, Cervantes, filosofía, cocina, etc., compartidas con Anatole France, se arrimó a las tierras entrerrianas. 

La llegada a Paraná

En los primeros días de agosto Blasco Ibañez arribó a Paraná para ofrecer dos conferencias. Se había despertado una gran expectativa abonada por las crónicas de los periódicos locales. El diario El Entre Ríos anunciaba en su edición del 29 de julio la llegada del escritor a Rosario y la probable visita a Paraná. Diariamente fue publicando informaciones para mantener latente el interés hasta que el 5 de agostó el escritor arribó al puerto local proveniente de Santa Fe.

En Paraná se había conformado una comisión de notables para la recepción integrada por el presidente municipal Jaime Baucis, el presidente del Club Social José S. Viñas, el director de la Escuela Normal Maximio Victoria que acompañaban al Centro Español, organizador las conferencias. A la noche pronunció su primera disertación en el salón Rodrigo debido a que el teatro 3 de Febrero no fue cedido por sus autoridades según informó el periódico citado. Desarrolló su conferencia durante dos horas donde repasó su obra y se refirió a Émile Zola, el del polémico “yo acuso” en defensa del capitán Dreyfus, Jorge Sand, precursora del feminismo, y los escritores rusos León Tolstoi y Máximo Gorky entre otros.

El domingo 8 de agosto Blasco Ibáñez pronunció la segunda conferencia que versó sobre el teatro y la música.

 “Paraná, la blanca”

Tras su gira por el sur de América escribió un ensayo que tituló Argentina y sus grandezas en donde dedicó unos fragmentos a lo observado en su visita a Paraná.

“Otra vez se rasgó el encapotado cielo, dando paso a la manga solar, que saltaba de colina en colina, como el rayo movible de un reflector eléctrico, y de nuevo apareció la indecisa ciudad con su lejanía de ensueño, empezando a marcarse vagamente en su cima los contornos de torres y cúpulas. ¿Sería Paraná?... Sí, Paraná era.

“Estaban aún muy lejos, pero aquella masa de intensa blancura, festoneada de ramilletes verdinegros, en los que algunos reconocían jardines, era, indudablemente, la graciosa ciudad que durante algunos años sirvió de capital a la Confederación Argentina.

“Media hora después la vi en todo su esplendor. Rasgándose definitivamente las nubes, y el sol de la mañana reverberó en el enjalbegado de sus edificios. Era una ciudad semejante a las del viejo mundo y evocaba con su aspecto el recuerdo de la colonización andaluza. Paraná la blanca, tiene la blancura de Cádiz y otras poblaciones del Mediterráneo, que parecen hechas con estearina petrificada. Las torres de su Catedral y de otros edificios públicos, la altura de sus casas, hacen recordar a Toledo y a Segovia, a todas las viejas ciudades españolas situadas sobre una altura y un río al pie. Pero esta es más clara, más  nítida que las monumentales poblaciones de Castilla; tiene un aspecto sonriente y gracioso, que pudiera llamarse meridional; la rodean frondosos jardines, y el río que corre a sus pies no es un río, en un mar encajonado, con revuelto oleaje en días de tormenta y horizontes infinitos, entre las dos costas apartadas.”

 

Para publicar en este blog enviar los artículos a bourlotruben@gmail.com. Son requisitos que traten sobre la temática de este espacio, con una extensión no mayor a 2500 caracteres y agregar los datos del autor. Se puede adjuntar una imagen en formato jpg.
---------------------------------------------------------------