14/4/26

La breve gestión del gobernador delegado Cipriano de Urquiza

 Rubén I. Bourlot

A fines de 1841 el gobierno de Pascual Echagüe había sufrido el desgaste de una década al frente del gobierno de Entre Ríos a lo que se sumó la desarticulado el ejército entrerriano tras la derrota de Caaguazú. Su desprestigio era tal que la Legislatura, en diciembre de 1841, designó para sustituirlo al que hasta entonces era el Comandante del 2° Departamento Principal, el ascendente Justo José de Urquiza.

El nombramiento Urquiza coincidió con una de las situaciones más críticas que tuvo que afrontar la provincia, ante la inminente invasión de los correntinos bajo el mando el general José María Paz y del “Pardejón” Rivera desde la Banda Oriental. Paz se tomó por la fuerza el gobierno de la provincia por lo que el flamante gobernador se retiró a la isla del Tonelero para reagrupar sus fuerzas y conseguir refuerzos. Desde este sitio expidió un decreto de fecha 16 de abril nombrando a su hermano Cipriano en carácter de gobernador delegado que se hizo cargo estando en Concepción del Uruguay. Desempeñó su cargo hasta el día de su asesinato, en Nogoyá, el 24 de enero de 1844. Cipriano de Urquiza, que había nacido en Gualeguaychú, tenía 53 años.

El gobierno unitario del “Manco” Paz fue breve. El antiguo oficial del general Belgrano, se retiró de la provincia hostigado por los entrerrianos y el ejército de Rivera fue derrotado en diciembre de 1842 por el general federal Manuel Oribe en la batalla de Arroyo Grande.

Cipriano, como gobernador delegado, colaboró activamente con Oribe para la preparación y provisión del ejército federal que se encontraba en la zona del Arroyo de las Conchas.  La abundante documentación epistolar así lo confirma.

El año 1843 se inició con un panorama más alentador para la provincia. En Corrientes una revolución federal nombró como gobernador a Pedro Dionisio Cabral, emparentado con Urquiza, lo que permitió la firma de un tratado de paz entre ambas provincias. Mientras tanto el gobernador propietario iniciaba su campaña hacia la Banda Oriental con el objetivo de derrotar en su territorio al general Rivera y apoyar a Oribe que sitiaba la ciudad de Montevideo.

Cipriano, ante la normalización de la provincia y aquejado por distintas dolencias, presentó la renuncia a su cargo pero la misma fue rechazada por la Legislatura.

La precaria paz entre Corrientes y Entre Ríos concluyó con el derrocamiento de Cabral y el nombramiento en su lugar a Joaquín Madariaga. En abril las tropas correntinas ingresaron nuevamente en Entre Ríos provocando la destrucción y robo en los pueblos del norte de la provincia. Esta invasión, sumada a los numerosos gauchos alzados y desertores que se refugiaban principalmente en los montes del centro de la provincia, provocó la reacción del gobierno para contener la situación.

EL MAGNICIDIO

Ante estos acontecimientos Cipriano, cumpliendo las órdenes de su hermano, nombró como general del Ejército de Reserva a Eugenio Garzón para la defensa de la provincia, y llamó a todos los hombres disponibles para que se presenten en sus respectivos departamentos para su incorporación al servicio. También se dispuso una amnistía para los desertores con la condición de que se incorporen a sus respectivas divisiones.

A fines de 1843 el gobernador delegado se dirigió a Nogoyá, con una pequeña escolta, con el objetivo de permanecer próximo al teatro de los posibles acontecimientos y vigilar personalmente la concentración de hombres que en la región se llevaría a cabo.

El desorden que produjo la  invasión  redundó a favor de los desertores que aprovecharon las circunstancias para acercarse a las villas indefensas, tal como ocurrió con una partida al mando de Pedro Martínez, conocido como Rodas que se encontraba en las cercanías de Nogoyá.

El 26 de enero de 1844, en horas de la siesta cuando todo el pueblo descansaba, Rodas atacó la casa donde se encontraba el gobernador delegado. La escasa escolta fue rápidamente reducida y depusieron sus armas. En tanto Cipriano intentó refugiarse en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen pero en el camino fue alcanzado, ultimado de un balazo y degollado por los malhechores.

Nunca quedó debidamente clarificado quienes fueron los verdaderos autores intelectuales del crimen. Las sospechas recayeron sobre el gobernador correntino Madariaga ya que el mencionado Rodas fue incorporado al ejército de esa provincia, en tanto Urquiza sugirió como responsable al exgobernador Echagüe quien desde Santa Fe conspiraba contra su gobierno.

La mayoría de los implicados fueron juzgados y fusilados en la plaza pública de Nogoyá y colgados para ejemplo de la población.


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