24/6/26

Los lugares y sus nombres

Rubén I. Bourlot

 

Los nombres de los lugares de nuestra provincia presentan una riqueza y variedad notables. Hay una persistencia de topónimos de origen remoto dado por las comunidades aborígenes, particularmente guaraníticas, tanto en los que señalan accidentes naturales como en los sitios humanizados.

El fundador Tomás de Rocamora tuvo el buen tino de nombrar a las villas con la denominación de una devoción religiosa con el agregado de una referencia al lugar como sucede con Concepción del Uruguay, San José de Gualeguaychú o San Antonio de Gualeguay. Las dos últimas ciudades terminaron perdiendo el santo en obsequio a la brevedad. Pero siempre es el pueblo, hoy diríamos el “usuario”, el que termina redondeando el topónimo. Lo mismo Paraná que por muchos años después de adoptar el nombre actual la seguían llamando La Bajada. Otro aso que combina devoción con un aditamento autóctono es Rosario del Tala.

Pero en el siglo XIX, tanto desde el estado como de las corporaciones privadas de colonización y las compañías que construyeron las redes ferroviarias impusieron nombres que en escasas ocasiones respetaron los topónimos lugareños. Son repetidos los lugares que recuerdan al general Urquiza, como es natural, inclusive en vida, como es el caso de la colonia Villa Urquiza nombrada así en 1858.

En el caso de la ciudad “Histórica” fue fundada 25 de junio de 1783 por Tomás de Rocamora con familias esta­blecidas cerca del Arroyo de la China y el río Uruguay. El funda­dor solicitó al virrey Juan José de Vértiz que la Virgen de la Purísima Concepción, de la que eran devotos los recién lle­gados, fuese patrona del pueblo. De ahí tomó su nombre: una asociación entre el topónimo del río (Uruguay) con el de la patrona de su parroquia, la  Inmaculada Concepción. No obstante durante décadas los vecinos la seguían llamando Arroyo de la China. 

 

La enajenación de los nombres

Escribe Jauretche en Los profetas del odio que “con el pretexto del homenaje a figuras históricas se ha desvirtuado la toponimia para afirmar la historia falsificada, y a la sombra de los San Martín y Belgrano, la nomenclatura ha servido para desvincular la imagen geográfica del paisaje histórico. Toda esta nomenclatura tenía amplia cabida en las calles innominadas, en las estaciones de ferrocarril y en los pueblos que iban surgiendo. (…) Recientemente se quiso restaurar el nombre de Fraile Muerto y se agitaron los diarios, los rotarianos y los pedagogos para defender su híbrido franco británico Bell Ville (…)

“Fue Sarmiento el que hizo el cambio de nombre adoptando el de un vecino británico, para que así Fraile Muerto, elemento retardatario pasase a ser Bell Ville, elemento progresista. Hay un caso curioso. A la estación Monte Buey -nombre tradicional del lugar que designaba la estancia de un inglés llamado Woodgate, el F. C. Central Argentino le adjudicó ese nombre británico. Pero ocurrió que a los paisanos Woodgate les resultaba difícil y le llamaban Bogati. El mismo Woodgate, horrorizado de que le italianizasen el apellido consiguió que se restableciera la vieja designación Monte Buey.”

 

Los autohomenajes

En nuestra provincia una ley de 1911 legalizó estas arbitrariedades al establecer que los nombres de los pueblos y colonias podrán ser propuestos por los fundadores. Así proliferaron los homenajes y autohomenajes en la denominación de estaciones y pueblos. La estación Gobernador Basavilbaso, habilitada en 1887 lleva el nombre de Clemente Basavilbaso, gobernador de la provincia entre 1887 y 1890. A la estación y pueblo Gilbert se le impuso ese nombre por decreto de 1890 en reconocimiento a Torcuato Gilbert, ministro del gobernador Basavilbaso. La estación Faustino Parera, en el departamento Gualeguaychú, fue habilitada en 1909 y recuerda al entonces gobernador de la provincia (1907 – 1910). Como puede verse, los homenajes en su mayoría eran para personas vivas y en funciones. 

Un caso particular es el del gobernador Eduardo Racedo que resultó agraciado repetidamente con la estación General Racedo, en el departamento Paraná; con la Colonia Racedo en el departamento Federación que en 1968, a pedido de los vecinos, cambió la denominación por “Paraje Guayaquil” para evitar confusiones, y Cerrito en el departamento Paraná, originalmente llamado Pueblo Gobernador Racedo. Colonia Celina en el departamento Paraná, fundada en 1889 por José Francisco Antelo, gobernador de la provincia entre 1879 y 1883, fue nombrada así en homenaje a su esposa.

También los jerarcas de las empresas ferroviarias se reservaban lugares para pasar a la posteridad como Lucas González que recuerda al abogado mendocino que fuera legislador, ministro de Relaciones Exteriores y director del Ferrocarril Central Entrerriano y de la empresa constructora que lleva su nombre. Otro caso es el nombre del pueblo Holt-Ibicuy que alude al administrador del Ferrocarril de Entre Ríos y de extensa actuación en los ferrocarriles argentinos y brasileros, Follet Holt.

 

Nombres complicados

Un caso muy significativo en la evolución de un nombre es el de San Jaime de la Frontera. Originalmente conocido como Villa Fronteras y también Villa Miño debido a José Miño propietario de la estancia La Selva. En 1922, se localizó en el lugar la estación San Jaime correspondiente a la línea ferroviaria entre Federal y Curuzú Cuatiá. En  1935 se fundó oficialmente la villa en una fracción de la estancia San Jaime perteneciente a Dominga La Cruz de Arruabarrena que le impone el nombre de su padre Juan B. Arruabarrena. Finalmente, en 1956 por solicitud de los vecinos, el pueblo adopta el nombre de la estación: San Jaime. En 1966 se conforma la denominación definitiva: San Jaime de la Frontera.

Las colonias judías también llevan nombres de funcionarios de la Jewish Colonization Association como Pueblo Cazés, en referencia a David Cazés de origen judío (nacido en Marruecos), educador, escritor y administrador de la compañía del Barón Maurice de Hirsch. Colonia Walter Moss ubicada en el departamento San Salvador fue nombrada en homenaje a uno de los directivos de la Jewish Colonization Association.

A partir de la instalación de la compañía Bovril en el departamento La Paz, varios lugares adoptan nombres vinculados a la misma como es la localidad de ese nombre. La firma producía un concentrado de carne denominado Bovril, pa­labra que proviene de dos vocablos griegos: "bo" (que significa "buey" o “toro”) y "vril” (“líquido” o "energía"). Este último término está tomado de la novela de ciencia-ficción The Coming Race, del autor Edward Bulwer-Lytton, sobre la existencia de una raza superior que habitaba en las profundidades de la Tierra y que utilizaba una energía llamada «Vril». 
Colonia Avigdor responde al nombre de un jerarca de la compañía, sir Osmoud Avigdor Goldsmith. Y finalmente, el Pueblo Sir Leonard, en el departamento La Paz, originalmente llamado Pueblo Ellison, homenajeando al Jorge Ellison, gerente general de la Bovril Ltda., y luego  Sir Leonard en homenaje a Leonard  Cohen, quien fue otro de los ejecutivos de la empresa británica. También una colonia judía del departamento Villaguay lleva el nombre de Leonard Cohen.

Un caso más llamativo aún; una versión tradicional según señala Enrique Udaondo, es el de Colonia Jubileo, situada departamento Villaguay, ya que el nombre se le dio en conmemoración del jubileo efectuado en Inglaterra en honor a la reina Victoria, en recuerdo de su coronación.

 

Fuentes:

Bertolini, Juan Carlos y Bourlot, Rubén: Proyecto Toponimias de Entre Ríos, síntesis y actualización.

Jauretche, Arturo, Los profetas del odio y la yapa, Peña Lillo, Ed., Bs. As., 1985.

No hay comentarios:

Para publicar en este blog enviar los artículos a bourlotruben@gmail.com. Son requisitos que traten sobre la temática de este espacio, con una extensión no mayor a 2500 caracteres y agregar los datos del autor. Se puede adjuntar una imagen en formato jpg.
---------------------------------------------------------------