Rubén I. Bourlot
Expuesto en el I Congreso Entre Ríos, entre discursos: literaturas, territorios culturales y resonancias interdisciplinarias”, Paraná, julio de 2026.
Juan L. Ortiz es un ejemplo del
entrecruzamiento entre su poesía con la historia, la regional más
específicamente, y con la política. Fue una persona que vivió intensamente la
política. Tal vez ese constado esté un poco invisibilizado por los
entrerrianos que tampoco se atreven a destacar su trascendencia en la
literatura nacional, también invisibilizada en parte por su abierto compromiso
político y partidario. Por otra parte observamos que en la poesía de Juan L.,
además de lo paisajístico, hay una presencia de los acontecimientos de la
historia regional.
Del mismo modo observamos en Panizza su compromiso político a la par de su escritura que abreva en la historia regional con obras emblemáticas.
En política estuvo vinculado al
radicalismo yrigoyenista. Un poema de su autoría, publicado en el diario Los
Principios de Concepción del Uruguay (Artusi, 2025), rinde homenaje a Hipólito
Yrigoyen a tres días de su muerte: “Y allá su nombre va, como una flecha, a
clavarse magnífica y derecha, en el bronce de la Inmortalidad”. Participó
activamente en las lides partidarias y en 1931 fue concejal, cargo que ocupó
nuevamente entre 1935.
Su poesía rinde también tributo
histórico a Francisco Ramírez, José Artigas, Justo José de Urquiza.
Como escribió Jorge Abelardo Ramos (1985)
“La impureza es el modus constante de la naturaleza, de las letras y también de
la política. Todas las tentativas de ‘purificar’ algo concluyen
esterilizándolo”.
Por su parte Claudia Rosa (1988)
escribió que
“Hoy, es un lugar común afirmar que
literatura, sociedad e historia están estrechamente vinculadas, y que dicha
relación se pone de manifiesto no sólo en el proceso de creación, en el
referente, en el vínculo sujeto-autor, en la inclusión de una obra a un sistema
literario, sino también en el proceso de recepción y en la trama de relaciones
recíprocas entre éste y el proceso de producción.”
Juan L. Ortiz
Juan L. Ortiz nació en Puerto Ruiz en
1896, residió en Gualeguay, hasta 1942 cuando se radicó en Paraná donde vivió
hasta su muerte en 1978.
En los versos de Tríptico del viento, poemas que permanecieron inéditos -se publicaron de manera póstuma- que solía recitarlos de memoria sin que llegaran al papel impreso, apela a los acontecimientos históricos de la provincia y la región.
En una entrevista de Alberto Perrone
(1973) recitó un fragmento titulado “Artigas (viento del este)” que se incluyó
en un recuadro.
Durante la entrevista Juan L. explica
el poema:
“Siempre me interesó comprender el
problema de los caudillos, que es el problema nacional. Los caudillos son !a
reacción contra los intereses porteños. Gente que estaba en arreglos con las
diademas, con las coronas de Inglaterra y Portugal. Intereses europeos que
imponían sus objetivos en el Río de la Plata. Pese a la Revolución de Mayo, el
interior continúa sujeto a Buenos Aires. El federalismo es una entelequia. En
mi poema ‘Tríptico del viento’ sintetizo, de algún modo, el problema. Para eso
tomé figuras que reconozco principalísimas. Moreno, el hombre de fuego.
Francisco Ramírez, rama de orilla, hombre del pueblo de Entre Ríos, y sobre
todo, José Artigas, con un pensamiento y una acción de los más avanzados para
su época. Ellos son tres grandes caudillos atentos al latido del pueblo (…)”
Artigas (viento del Este)
“De qué manera el grito por sobre el
Plata halló
su raíz en el Este que descendía, ya al
frente
de todas las raíces que invirtiera su
voz
como si de unas manos llevara la
creciente.”
En su extenso poema El Gualeguay se
refiere a la relación de Artigas con Francisco Ramírez.
“(…) desde donde amanecía, casi,
en el día de esa lanza de Uruguay que
no pararía con las suyas
y las vecinas 1850
hasta la ‘Cañada del destino’
y la sepultura de la ‘diadema’ o la
traición...
hasta, la estrella del Pilar
con efluvios que irían a buscar el
extrañamiento
y volverían para sellar las manos
contra las nubes ‘de afuera’, ésas
sobre el cielo de la izquierda...
hasta la estrella de Febrero
con raíces en lo hondo y la revelación
del camino
y la regla de plata (...)”
En “El Aura del sauce” también asoman
referencias a nuestros caudillos Ramírez y Ricardo López Jordán (h).
cuando el héroe Supremo supo tocarlo
como un numen
en el numen de Mayo, traicionado allá,
y amenazado de ‘coronas’...
Y fuera el ‘monte’, al fin, todo alado
de centauros,
el que salvara ya entonces,
paladinamente, la ‘ciudad’ (...)
Como fuera el ‘monte’, más tarde, con
el sobrino consecuente y los otros centauros,
—una barba de río, como la propia
divisa, llameando en el viento de las cargas,
y unos nuevos pechos de quimera para
aguzar el viento—
el que lavara sus mismos laureles de la
sangre y de la entrega,
y salvara por tercera vez, con el suyo,
el honor de la ‘ciudad’ (...)
Y no fueran ‘estancieros’, no, éstos,
ciñendo todos los cilicios,
para subir con todos los sin nombre,
con todos, hasta el aire debido...
Mas la ‘cultura’, sólo al cabo
permitiera, con los rémington y los cañones alemanes,
el de las raíces sin señales, y el de
las marañas y las pajas, y el de la costa extraña(...)”
En otro fragmento del poema descubre al
poco mencionado Bartolomé Zapata, el primer caudillo entrerriano que agitó
montoneras por 1810 y murió tempranamente pero dejó su impronta.
“Nunca te faltaron, Ciudad, los Zapata,
que te libraran de las extrañas fuerzas pesadas.
Marchabas, sí, a pesar de todo, con los
pasos del mundo, pero con los pasos que avanzaban.
Y cuando esas fuerzas se abatían sobre
ti, de lo hondo de ti salían las tuyas
como las gentiles deidades nunca
dormidas del nativo monte íntimo
de la mano con los mitos más
intensamente vivos en que el tiempo se miraba,
y hete al punto en tu línea ligera y
profunda a la vez, clara e íntima a la vez,
alada como otra victoria en el encuentro
siempre justo con el héroe (...)”
También su poesía
estaba atravesada por la política: Juan L. Ortiz era simpatizante del
Partido Comunista.
Dice Alfredo Veiravé (1965):
“Mientras tanto el poeta vive
experiencias literarias, políticas y también sentimentales, del amor revelado
por quien dio entonces a su paisaje una suerte de ebriedad primera y
permanecida de un octubre sin fin (…)
“En su poesía habla ‘de los barrios
apartados o los barrios sin luz existe una razón más profunda que universaliza
ese paisaje entrerriano en los arrabales ya que esta designación aparece cada
vez que el autor quiere trasmitir una nota de tipo social, un tipo de evidencia
de esa injusticia social que ha relegado a ciertos grupos humanos al abandono
de los aledaños de la ciudad, fuera de una imagen de la felicidad apetecida
para el poeta, que se puede divisar a través de grandes ventanales en la
compañía de la música y los libros.”
En el poema El Gualeguay se refiere a
sucesos políticos del siglo XX:
“Y vino Febrero del diecisiete, y vino
Octubre del diecisiete.
Vinieron los ‘días que conmovieron al
mundo’,
y yo un poco, como en pantuflas, había
corrido las cortinas sobre el mundo,
y yo estaba, mejor, en la torre de
marfil de unas riberas serenísimas.
En el poema Jornada denuncia:
Tantas almas perdidas y tantos cuerpos
sufrientes,
con tanta preciosa fuerza ignorada!
La sombra fría que sube sobre el
arrabal,
que invade las casas ¿las casas? y
tanta criatura inocente, oh, hombres.
No amaré más el arrabal, con árboles y
con calles verdes, como le amaba antes.
Su silencio está lleno del silencio
terrible de las almas ignoradas y de los cuerpos sufrientes.”
Emma Barrandeguy (1997), otra notable
escritora gualeya, también nos dejó sus recuerdos de los encuentros con Juan L.
y otros representantes de la bien llamada “ciudad de los poetas” donde la
política se filtra en todas las conversaciones.
Nombra a Juan L. Ortiz, Amaro
Villanueva, Salvadora Medina Onrubia, Juan José Manauta
“Todos nacidos en Gualeguay antes de
1920, todos escritores de izquierda.
(…)
“Estos escritores gualeyos, cuya
sociabilidad nació tempranamente en los ámbitos de las bibliotecas del pueblo,
en los círculos de amistad y política como ‘Amigos de la revolución soviética’
-que fundó Juan L. Ortiz-, y cuyos lazos se extenderán durante todas sus vidas,
obtuvieron en algún momento, en mayor o menor medida, proyección nacional. La
temprana labor cultural y militante de algunos de sus miembros, los llevó a
vincularse con los principales poetas sociales de Buenos Aires, como Raúl
González Tuñón, Álvaro Yunque y César Tiempo, a quienes invitaban a dar
conferencias y presentaciones.”
Por su parte escribió Pedrazzoli
(1987):
“Resulta natural que los rasgos
sociales de su poesía se hagan presentes con un sentimiento solidario por los
desposeídos, o por los que soportan el drama bélico, o por los que padecen las
distintas formas de injusticia. Resulta natural también, que el hombre y el
contexto socio-económico-cultural avancen hacia el centro de su poesía.”
Juan L. se vinculó el grupo Claridad e
integró la Asociación de intelectuales, artistas, periodistas y escritores (A.I.A.P.E.).
Durante el peronismo estuvo vigente. Su
pertenencia al Partido Comunista no impidió que publicara el soneto “Gualeguay”
-que no forma parte de su poema largo “El Gualeguay”–, y se
analizara su literatura en el suplemento cultural del diario La Prensa administrado
por la CGT, que estaba a cargo de César Tiempo.
“Me place mucho lo que hace
Tiempo con La Prensa. Pregúntele si recibió alguna vez El álamo y el viento. En
cuanto a los siguientes, los tendrá cuanto antes. No lo olvido nunca, ni olvido
mi deuda con él”, dice en una carta del 26 de abril de 1953, incluida en su
Obra completa (2005).
La deuda a
la que alude, probablemente sea la “activa complicidad” de Tiempo para la
edición de El agua y la noche.
En 1957 viajó a Pekín, Shangay, Nankín, Moscú y Praga
lo que significó un reencuentro con una milenaria poesía pero que lo distanció
de la estructura del Partido Comunista.
Panizza, Señor de
Montiel
Delio Panizza,
Señor de Montiel como lo llamó Aníbal Sampayo, nació en Rosario del Tala en
1893 y luego residió en Concepción del Uruguay hasta su muerte en 1965.
Era militante de
la UCR yrigoyenista y en 1931 fue concejal de la ciudad de adopción, cargo que
ocupó nuevamente entre 1935 y 1939. En esa ocasión integró, junto a Alberto
Carosini, el bloque del “radicalismo yrigoyenista”, separado del mayoritario
“radicalismo unificado”.
El “poeta montonero” como lo llamó Sampayo reivindicó en su poesía a los caudillos federales y sus gestas. Su poesía está atravesada por la historia regional. Publicó dos poemarios emblemáticos como Artigas publicado en 1950: canta los esfuerzos de Artigas para mantener la unidad:
“las busca, las atrae,
las quiere ver al fin confederadas
en un lazo perenne”.
En otro de los tramos del poema, refiriéndose a Purificación, dice del caudillo:
“Es ejemplo, sanciona y obedece
su propia ley, es jefe y ciudadano
y la ‘ciudad’ bajo sus ojos crece (…)
Allí edifica su primera capilla
para la devoción de sus legiones (…)
Y la escuela primera se levanta…
Artigas en dinámico proceso
es juez, legislador, ejecutivo…
todo caído por su propio peso
de su notable cerebro pensativo”
En Ramírez publicado en 1926
le canta al caudillo entrerriano:
“Semi-dios fabuloso,
hijo de la pasión y la
leyenda,
figura de coloso
que llenará de horror toda
contienda,
bueno y fatal, satánico y
hermoso (…)!”
También en
Montonera, escribe Roberto Ángel Parodi (1987), su poesía es
“vigorosa y
realista evocación de las cargas gauchas sugeridas por una escultura del
artista argentino Horacio Juárez. Allí están descriptos, con admirable
perfección, sus montoneros y tal es la fuerza de las imágenes que nos parece
realmente verlos pasar raudos como el viento ‘camino a la eternidad’”
Durante el
peronismo publicó varios artículos en la revista Tellvs (1948-1949), revista
cultural del gobierno de Héctor Maya (1946-1949) que dirigía Leandro Ruiz
Moreno. Del mismo modo que Juan L. Ortiz publicaba en un suplemento cultural
oficialista del gobierno de Perón, lo hacía Panizza en Tellvs. Tal vez se pueda
especular que su pertenencia al yrigoyenismo lo acercaba al gobernador Maya,
también del mismo origen, que llegó al peronismo desde el grupo FORJA.
En el recorrido a
sus manifestaciones políticas en el periodo encontramos en el diario La
Juventud de Concepción del Uruguay (24-4-54) una nota donde cuestiona al
gobierno nacional por el proyecto de devolver los trofeos de guerra tomados
durante la llamada guerra de la Triple Alianza (1865-1870).
Tras el
derrocamiento del gobierno de Juan Domingo Perón, en 1955 publicó el libelo de
poesía “Canto de la liberación”, un furibundo alegato en contra del gobierno
depuesto.
Y no solo dedica
versos destemplados en contra del gobierno peronista sino que no ahorra elogios
al régimen de facto que se hace llamar “Libertadora”.
En el extenso
poema Por mi Patria expresa:
“Cayó la tiranía…:
del abismo
Por donde rueda ya
sin esperanzas
Destilando sus
últimos venenos,
Llega un bramar de
fiera acorralada
Que aún en su
impotencia
Quiera mostrar la
ensangrentada garra
(…)
Acaso tornarán
como mendigos
A las viriles
filas democráticas;
Para alertas,
alertas ciudadanos,
Pues volverán a
traicionar mañana…
(…)
Y para los
valientes triunfadores
Sin distinción de
grados ni importancia,
Porque creemos en
el gesto heroico
Porque hacemos fe
de su palabra,
Y sin perjuicio
(pág. 17)”
Tras su muerte,
Aníbal Sampayo le dedicó la milonga Señor de Montiel:
“Lo llora Entre
Ríos, al amanecer; y aquí en la otra banda lo lloran también. Poeta montonero,
Señor de Montiel; se quedó en su pluma sangrando un laurel (…) En décimas suyas
vibra el Uruguay, los hijos de Artigas no lo olvidarán”.




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