Rubén I. Bourlot
Mucho se debate
acerca de si José de San Martín fue español, rioplatense y si actuó como un sedicioso
que atentó en contra de su patria combatiendo a los ejércitos realistas. Nada
más desacertado. Para comprender mejor el proceso histórico hay que ponerlo en
contexto temporal y espacial.
Acá está el nudo
de la cuestión. Ante la amenaza del Gran Corso la corte portuguesa resolvió
salvar los trapos marchando a sus dominios del Brasil, con ayuda de su aliada
Inglaterra, y lo convirtieron en el centro del imperio. La corte española, en
cambio, se quedó esperando el desarrollo de la situación hasta que Napoleón dio
el zarpazo, destituyó a los monarcas (padre Carlos IV y Fernando VIII) y nombró
rey a su hermano José “Pepe” (el de las botellas).
Independencia
temprana
Los
acontecimientos europeos impactaron inmediatamente en los reinos americanos. La
España ocupada estaba inhabilitada para sostener su autoridad sobre los
territorios allende los mares. Las comunas resistían como podían, defendían sus
autonomías y llegaron a formar un gobierno provisorio, la Junta Central de
Sevilla que, perseguida por las garras de Napoleón, terminó en Cádiz (las Cortes
de Cádiz) con la pretención de llenar el vacío de poder. Era tarde. España hacía
tiempo que no estaba en condiciones hacerse cargo de los asuntos de América. Antes
del avance de Napoleón la monarquía ya había mostrado su debilidad ante el intento
de Inglaterra de apoderarse de los dominios del Río de la Plata. Fue la
valentía y organización de los criollos americanos lo que impidió la ocupación
británica en 1806 y 1807.
Por lo tanto
cuando en el año X, en los reinos hispanoamericanos, comenzaron a emerger
gobiernos provisionales en reemplazo de las autoridades nombradas por España la
fractura ya estaba dada. La España ibérica se había caído del mapa. La ausencia
de poder real produjo un proceso de retroversión, como lo había plateado
Francisco Suárez, y los pueblos americanos recuperaron su autonomía para gobernarse
por sí. De hecho ya se podían considerar independientes muchos antes de las
sucesivas declaraciones formales. A partir de 1808 hubo proyectos de instalar
una monarquía autónoma en el Río de la Plata encabezada por la princesa Carlota
Joaquina, la esposa del rey de Portugal y hermana de Fernando VII.
No fue el caso de
las rebeliones previas que, según el relato histórico tradicional, se consideran inspiradores de las independencias como el levantamiento de los Comuneros
(Nueva Granada), el de Túpac Amaru (Alto Perú) y otros que no tuvieron vocación independentista.
Una España
americana
Pero el meollo de
la cuestión es que la España americana -si se permite la caracterización- no
pudo concretarse como lo hizo Portugal con el Brasil. El traslado de la corte
lusitana con toda su parafernalia centralizó el poder y consolidó la unidad de aquel territorio. No sucedió lo mismo con reinos españoles.
Y aquí volvemos
al principio. Al San Martín español en América. El Libertador en realidad no
combatió en contra de España sino contra las fuerzas de una monarquía que ya no
existía y respondían a los sustitutos como el Consejo de Regencia y sus virreyes.
El retorno de Fernando VIII en 1814 era una caricatura de lo que habia sido la monarquía
española. Por lo tanto no fue "el hombre del partido americano", como se definía, un sedicioso pues su campaña continental, como la de Bolívar,
fue una operación para consolidar la España en América. Los sediciosos en todo
caso eran los denominados realistas o “maturrangos”.
Por eso cuando en
América se declararon formalmente las independencias no eran otra cosa que la
ratificación de un hecho. La declaración de la independencia el 9
de julio de 1816 se hizo primeramente del rey Fernando VII, sus sucesores
y metrópoli, y no específicamente de España como reino. Luego se agregó,
para que no quedaran dudas, “de toda otra denominación extranjera.”
Algo similar
pedía Artigas en las instrucciones a los diputados orientales en 1813: “independencia
absoluta” de “la corona de España, y familia de los Borbones, y que toda conexión política entre ellas y el
Estado de España, es, y debe ser totalmente disuelta.”
Había que sofocar
todo intento de la familia de los Borbones por recuperar los territorios que
no supieron conservar.
Es contrafáctico
imaginar qué hubiera pasado si la monarquía borbónica se trasladaba con todos sus
petates a alguno de los reinos de América, como lo hizo Portugal. Tal vez con el
poder centralizado se conservaba la unidad de los reinos americanos como era la
aspiración de Miranda, Bolívar, Artigas,
San Martín, entre otros. No es para nada casual que tanto San Martín como
Belgrano y Bolívar hayan sido partidarios de regímenes monárquicos o de poderes
ejecutivos fuertes. El propio Artigas gobernó la Liga de los Pueblos Libres
como “Protector” y así lo hizo San Martín en el Perú. El primer gobierno independiente de México tambien fue el Imperio de Agustín de Iturbide (1822). Poderes centralizados muy
lejos de sistema republicano. Pero también lejos de las pretensiones de los
gobiernos de Buenos Aires que intentaban importar a algún príncipe europeo para
coronarlo y atarnos nuevamente a un poder extranjero.

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