Rubén I. Bourlot
En general cuando se habla de “reforma agraria” se la vincula a procesos revolucionarios y también al marxismo. Así se menciona la colectivización de la tierra en la Unión Soviética, las reformas de Cuba tras la revolución, en China durante el maoísmo, en México, Bolivia y Perú. Pero hubo otras reformas agrarias que se fueron dando sin tanta espectacularidad y en gobiernos caracterizados como “conservadores”.
Es cierto que esas reformas orientadas a la distribución más equitativa del recurso natural tierra persigue varios objetivos que van más allá de promover la justicia social aunque, en definitiva, igual se cumple con ese cometido. Una reforma que redistribuya la tierra y cambie las formas de tenencia persiguen, en general, objetivos económicos, geoestratégicos y sociales. En el primer caso esa distribución se lleva a cabo con el propósito de incrementar la producción de granos como sucedió con la colonización en Argentina para proveer al modelo agroexportador. En el segundo caso se pretende radicar poblaciones en zonas de frontera para asegurar la presencia soberana. El tercer objetivo está directamente vinculado a garantizar el derecho al recurso tierra para la población.
La experiencia jesuítica
En nuestra región podemos encontrar las primeras medidas de reformas agrarias en los tiempos tempranos de la ocupación española y en particular con la presencia de la Compañía de Jesús en el ámbito de las comunidades guaraníticas.
El asentamiento en pueblos productivos en tierras de propiedad común para abastecer el consumo propio de la comunidad y destinar los excedentes para la comercialización puede considerarse una primigenia reforma agraria.
Azara y Artigas
También a fines del siglo XVIII Félix de Azara, militar y naturalista español, fue enviado al Río de la Plata para aplicar la demarcación de límites del Tratado de San Ildefonso y como una de las medidas para asegurar la presencia poblacional fundó pueblos fronterizos (como San Gabriel de Batoví) y repartió tierras a los pobladores locales para poblar y consolidar las fronteras españolas contra las incursiones lusitanas.
Esa fue una verdadera reforma agraria que contó, además, con la colaboración del entonces blandengue de la Frontera José Artigas.
Lo dispuesto en el Reglamento se pudo cumplir parcialmente y terminó en frustración tras el retiro del caudillo de la escena política.
Francisco Ramírez, tras la derrota de Artigas, organizó en 1820 la efímera República de Entre Ríos en donde se pretendió poner en producción la tierra con la entrega de herramientas para su cultivo y medidas para preservar las existencias ganaderas.
La colonización agrícola
No caben dudas que los procesos de colonización agrícola de la segunda mitad del siglo XIX también fueron auténticas reformas agrarias con el objeto de radicar productores de granos para volcarlos al comercio exterior. La constitución sancionada en 1853 promovía la “inmigración europea” para incrementar el poblamiento del amplio territorio nacional. No estaba exenta de prejuicios la preferencia por los europeos en lugar de pobladores de otros orígenes.
El encargado del gobierno de la Confederación Argentina Justo José de Urquiza en ese mismo año creó la primera colonia agrícola del país, Las Conchas, para radicar soldados de origen vasco español que habían combatido en la batalla de Caseros. En una carta de Urquiza al entonces gobernador delegado Antonio Crespo le ordenaba “formar en el rincón de las Conchas una población o Colonia Agrícola Militar de vascos españoles y en este concepto de Vd. lo conveniente para destinarle el lugar aparente en que debe plantearse dicha población. Los primeros que son 15 ó 20 hombres, necesitan bueyes, herramientas y semillas que he dispuesto que Vd. le haga facilitar." Este fue el origen de la luego Colonia de Villa Urquiza.
Horne y las colonias agrícolas
Durante las presidencias de Juan Domingo Perón (1946-1955) y de Arturo Frondizi (1958-1962) seguirá Horne colaborando en los planes de colonización agropecuaria.
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1 comentario:
Muy buen rescate de las experiencias de reformas agrarias o colonización interna a nivel rural, pendientes de llevar a cabo en forma intensa y generalizada en un país de escasa población y extenso territorio.
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