Mostrando entradas con la etiqueta viñedos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viñedos. Mostrar todas las entradas

5/1/26

Tierra del buen vino

Rubén I. Bourlot

La provincia de Entre Ríos fue tierra donde crecieron las viñas y fermentó el buen vino. Tal vez con el tiempo hubiera podido competir de igual a igual con las provincias cordilleranas que hoy son zonas de floreciente vitivinicultura.
A mediados del siglo XIX, con la afluencia de colonos europeos, se esparcieron las primeras viñas que crecieron junto con los olivos, los paraísos y el trigo. Suizos, saboyanos, piamonteses trajeron la tradición de convertir la uva en la espirituosa bebida que acompañaba todas las comidas. Es cierto que el cultivo de la uva no era desconocido en estos lares. El general Justo José de Urquiza en su residencia de San José plantó vides, las muy conocidas viñas, de unas veinte cepas distintas, que aún hoy ornamentan los patios del palacio.
Escribe Susana de Domínguez Soler, en un completo estudio sobre el tema, que los primeros sarmientos cultivados en la colonia San José, fundada en 1857, fueron enviados desde la Residencia de San José por el propio Urquiza. Eran de la variedad “Filadelfia” introducida desde los Estados Unidos.
Además de las viñas del Palacio, Urquiza elaboraba vinos en el Saladero Santa Cándida. Eran “vinos de pasas” obtenidos con pasas de uva frescas y aguardiente adquirido en Buenos Aires. La materia prima se procesaba en alambiques de cobre. “La adquisición de una partida de 5.000 corchos de ‘buena calidad’ dan cuenta de la producción”, escribe Domínguez Soler.
No obstante este entusiasmo de Urquiza por la explotación, los colonos de San José, bajo la administración de Alejo Peyret, chocaron inicialmente con una disposición del contrato que establecía la prohibición “a los colonos (para) vender licores, vinos y bebidas espirituosas en la colonia”, seguramente con la intención de prevenir los excesos en el consumo de alcohol. Esta disposición impedía el desarrollo de la incipiente industria por lo que rápidamente los inmigrantes solicitaron la derogación del artículo N° 19 del contrato, lo que fue aceptado por el propio Urquiza.
Así se incorporó la producción de vinos como una más de las múltiples actividades de las colonias. Los excedentes se vendían inicialmente entre los vecinos, a los saladeros de la zona y pronto ganaron mercados fuera de la provincia y llegaron a Buenos Aires.
En 1886 el colono Ferdinand Costantín escribía a sus primos de Suiza sobre la plantación de “quinientas toesas de viñas (alrededor de cinco mil metros). Espero que en pocos años podré agarrarme unas hermosas borracheras como tan a menudo lo hacía en Arbaz…”
Años después, en 1894 solicitaba a sus familiares de Europa: “… puede usted enviarme el Manual del viñatero del Valais que ha salido este año? Aquí todo el mundo trabaja su viña…”

Entre viñas y langostas
Pero no todas eran buenas en la explotación. “Las pequeñas langostas que han crecido en otra parte han vuelto para devorar el maíz y la viña”, escribía el agricultor citado, en 1887 y años después otra carta daba cuenta que “si no hubiéramos tenido las desgraciadas langostas, seríamos muy felices. Este año llegaron el día de San Miguel y han hecho una gran destrucción.”
Hacia 1890, solamente en el departamento Colón existían 600 hectáreas de viñedos en plena producción con 9 bodegas que elaboraban 1.148 hectolitros de vino. Además la actividad se había expandido por toda la provincia, principalmente Concordia, Uruguay, Victoria y Paraná.
En la hoy capital del citrus, se constituyó en 1886 un sociedad denominada “La Industrial Entrerriana” que tenía entre otros accionistas a Justo José de Urquiza (hijo), Eduardo Racedo, Benito Cook, Lucilo López, Miguel Laurencena y José V. Morán.
Un informe presentado en un congreso, en Buenos Aires, por el ingeniero José Alazraqui, contratado para estudiar la producción de la zona, dejaba constancia que “he probado en Concordia un vino rosado de 6 años que no temo compararlo con un Szmorodal de Hungría y un tinto de Cariñena, de igual color a la Pelure d’oignon (se refiere a un color de vino), rico bouquet y excelente paladar…”
Para 1880 Entre Ríos era la cuarta provincia en producción de vinos que se vendían en toda la Mesopotamia, Buenos Aires y con posibilidades de comercializarlos en el Río Grande del Sur, Brasil.
En 1887 los vinos producidos en el departamento Victoria también ganaban premios por su calidad en la Primera Exposición de Entre Ríos, mereciendo la región la denominación de “Champagne entrerriana”. “Es inútil decir que se trata de vino puro de uva y no de los brebajes que nos mandan de Europa, con etiquetas llevando pomposos nombres que son engaños y nada más”, reza un comentario sobre los vinos victorienses premiados en la citada exposición.

La extirpación
Además de la voraz langosta, otros oscuros nubarrones amenazaban la actividad en los albores del siglo XX. Para subsanar la crisis por sobre producción se tomaron medidas totalmente contraproducentes para la provincia que terminaron desalentando a los productores. En la década de 30’, envuelto en la crisis económica mundial, el gobierno conservador dispuso la creación de una Junta Reguladora de Vinos para controlar la producción, y fue Entre Ríos la que cayó en la volteada. La misma estaba radicada en Buenos Aires con delegaciones en Mendoza, San Juan y Río Negro. Entre Ríos no figuraba y así le fue.
Entre los cargos de la junta figuraba el temible “Jefe de extirpación” que tenía como misión la eliminación de viñedos. Pastor Cettour, un descendiente de los primeros colonos, testimonia que “todo era viñales en esta casa, después vino la ley que reguló la economía y entonces se prohibió…”
“La actuación de la Junta Reguladora de Vinos entre 1935 – 1943 representó para los entrerrianos un periodo muy triste de la vitivinicultura – escribe Domínguez Soler.
“Con dolor recuerdan los vitivinicultores de la colonia San José escenas que hieren sus sentimientos más profundos cuando pasaban los inspectores perforando toneles de vino, destruyendo alambiques, arrancando las vides de la tierra con el fin de regular la producción de vino…”
Lo que pudo haber sido una actividad que diera a la provincia una identidad de tierra de bueno vino a la par de las cuyanas, desapareció de un plumazo y recién medio siglo más tarde una ley nacional dispuso la liberación de la actividad en todo el territorio nacional y en Entre Ríos resurgió el entusiasmo de los pioneros.
En la colonia San Cipriano, frente a la casa de Omar Gallay hoy se puede observar un parral de las denominadas uvas “chinche”, que cada año produce las racimos que este descendiente de colonos saboyanos convierte en un vino tinto, dulzón y sustancioso. Así en toda la región, pesar de las regulaciones y prohibiciones, no se perdió esta tradición que hoy está renaciendo.

Bibliografía
Domínguez de Soler, Susana de, Entre Ríos, viñas y vinos,, Instituto Urquiza de Estudios Históricos, Bs. As. 2000.
Malaurie, Alfredo y Gazzano, Juan M. La industria argentina y la exposición del Paraná, Juan M. Gazzano y Cía, Bs. As., 1888.
Para publicar en este blog enviar los artículos a bourlotruben@gmail.com. Son requisitos que traten sobre la temática de este espacio, con una extensión no mayor a 2500 caracteres y agregar los datos del autor. Se puede adjuntar una imagen en formato jpg.
---------------------------------------------------------------