13/8/09

Soja. Ese yuyo maldito

Por Rubén Bourlot
En los albores del siglo XXI nos encontramos debatiendo temas que venimos arrastrando desde hace dos siglos. El modelo exportador de materias primas a cambio de manufacturas ya despertaba la inquietud de nuestros patriotas fundadores como Manuel Belgrano, que en sus escritos económicos propiciaba la incorporación del trabajo local a las materias primas.
El modelo agroexportador impuesto a mediados del siglo XIX con la ampliación de la frontera agropecuaria y la incorporación de mano de obra inmigrante nos convirtió en el “granero del mundo” pero no por ello el país alcanzó un nivel de desarrollo pleno con el logro del bienestar de sus habitantes.
Las rentas de las exportaciones favorecieron a un sector muy reducido de la población que se concentraba en las cercanías del puerto de Buenos Aires y en algunos núcleos urbanos del resto del país.
Pero la buena estrella del modelo pronto se eclipsó por las sucesivas crisis internacionales que tiraron abajo los precios. Nuestra dependencia de mercados cuyas variables no manejamos se reflejó claramente y no obstante los gobiernos poco hicieron para cambiar el modelo. Hubo algunos intentos muy tímidos de desarrollar la industria manufacturera de sustitución de importaciones y no se propició el incremento del mercado interno, verdadero motor del desarrollo. Recién cuando se desataron las guerras europeas del siglo XX, que dejaron de proveernos manufacturas, impulsaron la industria de sustitución. No había más remedio que ponernos a fabricar nuestras herramientas, vestimentas y alimentos.
A mediados del siglo, el modelo peronista intentó impulsar un viraje hacia la industrialización que se frustró tras el golpe de estado de 1955.
Hoy la producción sojera representa el modelo agroexportador que nos mantiene dependiente de los vaivenes del mercado exterior y no incorpora un valor agregado sustancial. La industria de la maquinaria agrícola, que aporta puestos de trabajo, depende también del mercado externo. Desde el estado no se implementan estrategias para aprovechar la coyuntura favorable e impulsar un modelo industrial autónomo. La política oficial se limita a recaudar, mediante las retenciones, para realizar una distribución improductiva, sin ninguna planificación estratégica.
Hoy el productor siembra soja porque es la actividad que le reditúa. Si mañana aumenta el precio del trigo se orientará hacia ese cultivo. No podemos pedirle al productor que diseñe estrategias a largo plazo porque no maneja las variables económicas. Esto le compete al gobierno.
La soja, ese yuyo maldito no es mas malo que el trigo, el maíz o las vacas. Todo depende de cómo se maneja. Todo monocultivo afecta los suelos así como afectan los agroquímicos cuando se utilizan si control. Pero también afectan a nuestra economía la dependencia del manejo monopólico de la genética o de los agroquímicos como el glisofato patentado por un laboratorio multinacional.
La soja como una mancha de aceite invadió los territorios agrícolas en desmedro de la ganadería, de los tambos y de otros cultivos, y también amplió la frontera agropecuaria a costa de las escasas áreas naturales que nos quedan. Como sucedió en otros países de América Latina, el monocultivo amenaza con sustituir la producción de alimentos para el consumo interno. Así sucedió en una época con la caña de azúcar en el Brasil, el café en Colombia y otros países, que se encontraron obligados a importar alimentos de origen agropecuario porque sus tierras estaban ocupadas con los cultivos de exportación.
Corresponde al estado la planificación económica con una decisiva intervención en el comercio exterior, el crédito y la distribución de la tierra. Sin dudas que surgirán voces de alarma ante medidas de este carácter porque nos han educado con el manual de los mercaderes que solo les interesa que nuestro país sea un proveedor de materias primas y un comprador de manufacturas, con un nivel de consumo interno deprimido. No vaya a suceder que nos comamos todo lo que producimos.
Una correcta distribución de los suelos cultivables y del crédito permitiría que los verdaderos productores trabajen la tierra y no sigan convirtiéndose en dependientes de los contratistas y pooles de siembra. El acceso al crédito, la organización en cooperativas para la compra de maquinarias, la formación de un fondo anticrisis y la fijación de precios sostén garantizados por el estado serían soluciones de fondo. Para ello es imprescindible la planificación a largo plazo que incluya la creación de una compañía estatal o mixta de comercio exterior. Los liberales pondrán el grito en el cielo pero, como vemos, las soluciones liberales siempre fracasaron. Entonces por qué no probar otra fórmula.

28/7/09

Mateo Zelich, entre la medicina y los bichos

Por Rubén Bourlot

Al doctor Mateo Zelich se lo solía ver transitando por las polvorientas calles de Pronunciamiento (departamento Uruguay), cuando cubría el trayecto entre su domicilio particular y el consultorio, acompañado por sus enérgicos dálmatas. Era el médico del pueblo y de las colonias vecinas. Su casa se parecía más a un museo de ciencias naturales que a una vivienda.

Desde siempre, este médico nacido en Pueblo Liebig, donde reside actualmente, se dedicó a los bichos y a las plantas. Periódicamente realizaba excursiones a la selva misionera para realizar sus cacerías de serpientes, insectos y otros animales que estudiaba y coleccionaba con dedicación.

"Me dediqué a los insectos toda la vida. De chico vivía a unos 500 metros del pueblo, era todo selva y bosque, así que siempre andaba metido en el pantano. Cuando empecé la escuela, en vez de estudiar las materias que tenía que rendir me iba a la biblioteca y leía libros de ciencias naturales", declaró en una entrevista.

A lo largo de los años fue atesorando, entre otras, una valiosa colección mariposas de todo el mundo que hoy expone en su museo particular de Liebig.

En 1979, luego de un estudio minucioso, publicó la primera lista de aves de los departamentos de Colón y Concepción del Uruguay, dando a conocer más aves en estos lugares que las que hasta ese momento se reconocían en la provincia de Entre Ríos. A raíz de esto descubrió una nueva especie, Capuchino de collar blanco, a la que llamaron Sporophila Zelichi en su honor. Es una especie en riesgo de extinción. Habita las costas del río Uruguay.

Como homenaje a su trayectoria, el centro de salud de la localidad de San Cipriano lleva su nombre.


10/7/09

Cuando desalojaron el Archivo

Por Rubén Bourlot

Una noticia curiosa publicada por el diario La Juventud de Concepción del Uruguay, el 10 de enero de 1920, daba cuenta del desalojo intempestivo del Archivo de Entre Ríos. Aquí la noticia publicada bajo el título "Un desalojo original".


Gentileza: Omar Gallay

30/6/09

El tren histórico del Ferroclub Villa Elisa

Por Rubén Bourlot

Una de las primeras iniciativas tendientes a la recuperación de los trenes en la provincia fue la del Ferroclub Central Entrerriano de Villa Elisa, que en 1994 recobró una locomotora modelo 1928 que estaba arrumbada en el puerto de Concepción del Uruguay. La misma solía funcionar a vapor y fue utilizada por la empresa petrolera Shell hasta 1989. En la actualidad cuenta con un motor diesel y fue restaurada por el Ferroclub en los galpones de la estación. Los dos vagones con los que cuenta, fueron reconstruidos conservando el estilo de la época, tienen una capacidad para 44 personas, bar y baño, al 1º se lo denominó “1094”, por ser habilitado en octubre de 1994, y el 2º “1195”, por ser habilitado en noviembre de 1995. La locomotora lleva el Nº “10594”en homenaje a fecha de creación del Ferroclub (10 de mayo de 1994).

Actualmente el Ferroclub explota con fines turísticos la línea entre Villa Elisa y Caseros con una combinación en colectivo al Palacio San José y de Villa Elisa con Arroyo Barú haciendo circular la antigua locomotora.

El Ramal Ferroviario que une las localidades de Villa Elisa con Caseros, fue inaugurado el 21 de julio de 1907, con una extensión de 36 Km., con dos poblaciones intermedias Pronunciamiento y 1º Mayo. Esta línea Férrea se comenzó a construir a fines de diciembre de 1905, el contratista de la misma fue el Sr. Benito Gustavino, los galpones y los tanques de agua fueron realizados bajo la dirección del Sr. Alejandro Passina quién dio por concluidas las obras en mayo de 1907.

Por iniciativa del Ferrocarril Central Entrerriano, la estación fue habilitada al tráfico en 1907 cuando solo se extendía de Villa Elisa a Caseros. Para el año 1910, en medio de decenas de proyectos que hablaban de tender vías por todos lados, se empezó a plantear la extensión del ramal desde Villa Elisa a la Fabrica Colón (actual Pueblo Liebig), a Jubileo o San Salvador, según las 3 iniciativas que se contemplaban posibles. Finalmente se decidió por la opción Villa Elisa - San Salvador y en 1912 quedo habilitada esta prolongación hasta la actual capital del arroz. Tres años más tarde fueron fundadas las estaciones de La Clarita y Arroyo Barú.

La mayor actividad en la estación “ELISA” se registró desde fines de la década del 20 hasta fines de los 60. Durante muchos años el tren fue el único medio para transportar la hacienda, las aves o la cosecha que se vendía a compradores de afuera a la vez que se usaba para traer alimentos, ropa, muebles y herramientas que surtían a los almacenes de la Villa.

En la primera década era común ver a los troperos que llegaban arreando cientos de animales desde la Suiza, Santa Rosa o La Matilde para embarcarlos en algún expreso de 20 o 30 vagones que salía al día siguiente. Las tropas se amontonaban en los caminos y campos cercanos, mientras los troperos hacían guardias de a caballo, sin importarles las inclemencias del tiempo. También solían llegar los colonos con sus carros repletos de bolsas de trigo o lino, de cajones de huevos o de jaulas con aves. Además todos los días pasaba un coche motor que le permitía a la gente del pueblo viajar de un lado a otro.

Después de una larga agonía, el 31 de julio de 1980 fue levantado el ramal y la estación "ELISA”, como las otras, se quedo sin trenes.

Fuente: http://www.elisanet.com.ar/ferroclub/trenhis.htm, acceso: 19 de junio de 2009.

4/6/09

Osvaldo Magnasco y la reforma educativa


Por Rubén Bourlot
Osvaldo Magnasco nació en Gualeguaychú y estudió en el histórico Colegio del Uruguay. Fue un destacado jurista, ocupó bancas en el Congreso de la Nación representando al Partido Autonomista Nacional, donde se destacó con su oratoria y tuvo un destacado papel en la investigación sobre el funcionamiento de los ferrocarriles privatizados.
Durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca (1894 – 1904) fue nombrado Ministro de Instrucción Pública. Desde ese cargo elaboró un proyecto de reforma educativa para sustituir el sistema implementado a partir de la Ley 1.420, sancionada precisamente, durante la primera presidencia de Roca (1880 – 1886). Consideraba Magnasco que el sistema universalista, enciclopédico y verbalista no respondía a las necesidades de la época, cuando el desarrollo del país necesitaba de más profesionales y técnicos para diversificar su economía que hasta el momento se sustentaba en las exportaciones de carnes y granos.
Su propuesta implicaba sustituir los bachilleratos comunes por un sistema de colegios secundarios descentralizados que respondieran a las características de cada región, con una considerable reducción de los contenidos humanistas, como la enseñanza del latín. Proponía en cambio incorporar “nociones elementales de trabajo agrícola, de trabajo y dibujo industrial y de química aplicada a nuestras principales industrias".
Pero no tuvo suerte con su audaz iniciativa. Los sectores influyentes de Buenos Aires, que concebían a la educación secundaria como mera preparatoria para el acceso a la universidad, reaccionaron rápidamente con una campaña de descrédito para Magnasco. El diario La Nación, representante del mitrismo opositor a Roca, se opuso a la reforma y lanzó denuncias contra el ministro. La misma actitud adoptó el diario La Prensa. La Iglesia también reaccionó negativamente ante la abolición del latín. Qué ironía la del sector clerical que en 1886 se opuso a la Ley 1.420 por establecer la educación laica, ahora la reivindicaba para oponerse a su reforma.
El operativo de desprestigio llegó al Congreso, donde un sector importante del propio roquismo se opuso a la sanción del proyecto. Ante estos hechos, el presidente Roca hizo renunciar a su ministro.
Y no es casual que hoy estemos debatiendo y tratando de “resignificar” el secundario que en las últimas décadas no ha dejado de deteriorarse, a pesar de las dos leyes que se sancionaron en pocos años. Tal vez si releemos un poco las ideas de Magnasco podríamos encontrar el rumbo.

Empresas de la economía social

Sus Comienzos desde la Confederación Argentina
Por Ricardo Cesar Bazan
Tec.Sup. en Cooperativismo

Paraná es la Cuna de la Cooperación Argentina y una de las pioneras en la creación de empresas que hoy llamamos de la economía social ya que hace 151 años (1858) empezó a funcionar en Paraná la primera cooperativa del país, la misma se llamo Panadería Del Pueblo y que según publicaciones de época encontrados en los archivos del Dr. Oscar Tavani Perez Colman deducimos que la misma fue fundada en 1855, apenas dos años de haber sido jurada la Constitución de la Confederación Argentina.
En investigaciones que realizamos en la Hemeroteca del Congreso de la Nación hallamos que dicha cooperativa realizaba sus asambleas en el Club Socialista hoy predio ocupado por el Banco Credicoop y la Cooperativa Institucional en calle Urquiza.
En 1859 fue fundada en la ciudad de Paraná una de las primeras mutuales en la Provincia de Entre Ríos nos referimos a la Sociedad Española que este año cumplió 150 años de su fundación y que actualmente se encuentra en actividad.
El 1 de Mayo de 1861, un núcleo de residentes franceses se reúnen en esta capital a fin de fundar una sociedad, dando origen a la Sociedad Francesa de Socorros Mutuos, formándose la comisión directiva bajo la presidencia del Baron de Viel Castel.
Un núcleo de patriotas italianos residentes en Paraná, se reunieron en sesión para formar la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos “La Unión y Beneficencia”, un 10 de Abril de 1864.
En 1865 empieza a funcionar otra cooperativa, la misma era de apicultura y se llamo El Colmenar Paranaense, funciono en lo que hoy es el predio del Colegio Nacional.
En el libro “Historia de una Mutualidad Entrerriana - Ochenta Años de Acción de la Sociedad de Socorros Mutuos “Unión Suiza”-1891-1973, se comenta que “en Paraná a fines de 1891, existían nada menos que 25 sociedades de beneficencia y de socorros mutuos, con un total de 3260 asociados, mas o menos el 11 % de la población total, se remite esta publicación a una obra ilustrativa titulada “La Provincia de Entre Ríos”impresa en 1893, donde se citan las siguientes sociedades: “Sociedad Italiana Unione e Benevolenza”(con 350 socios), “Sociedad Italiana Operai Italini”(con 150 socios) , Sociedad Italiana Italia Meriodionale”(con 98 socios) , “Sociedad Española de Socorros Mutuos”(con 330 socios) , “Sociedad Argentina Smiles”(con 110 socios),”Sociedad Francesa”(con 90 socios), “Sociedad Alemana” (con 80 socios), “Sociedad Helvética”(con 50 socios), “Sociedad Masónica”(con 300 socios), “Sociedad Postal Telegráfica”(con 53 socios), “Sociedad Esmeralda”(con 150 socios), “Sociedad Centro Italiano”(con 125 socios), “Sociedad Primera Argentina”(con 57 socios), “Sociedad Austro - Húngara”(con 203 socios), “Sociedad de Beneficencia”(con 340 socios), “Sociedad Hermanas de los Pobres”(con 167 socios), “Sociedad Club de Gimnasia y Esgrima”(con 250 socios), “Sociedad El Porvenir”(con 30 socios), “Sociedad Juventud Unida”(con 30 socios), “Sociedad Bartolomé Mitre” (con 60 socios, “Sociedad Filantrópica Normal”(con 80 socios), “Sociedad Esteban Echeverría”(con 40 socios), “Sociedad Mariano Moreno (con 45 socios), “Sociedad Sarmiento”(con 60 socios), “Sociedad Froebeliana Argentina”(con 57 socios) “Club de Regatas”(con 12 socios)
En 1888 es fundada la Cooperativa de Alumbrado a Gas del Paraná, hoy su edificio es conocido como la Vieja Usina.

23/4/09

Paraná, ¿capital del país?

Por Rubén Bourlot


Una noticia que ocupó la tapa de los diarios entrerrianos en 1972 fue el anuncio acerca del traslado de la Capital Federal a Paraná.
Paraná, entre 1854 y 1861, fue capital de la Confederación Argentina, debido a la separación de Buenos Aires, que se escindió del resto de las provincias. Tras el combate de Pavón donde fueron derrotadas las fuerzas de la Confederación, Buenos Aires accedió a se sede del gobierno federal. No obstante, recién en 1880, tras una dura batalla, se federalizó Buenos Aires para convertirla en capital del país.
Posteriormente, en el transcurso del siguiente siglo surgieron diversos proyectos para el traslado de la capital a otro lugar como una forma de reafirmar el federalismo.
En 1972, la noticia de los diarios daban cuenta de que el gobierno nacional de facto había declarado mediante el decreto ley Nº 19.610 “la necesidad de determinar la conveniencia, oportunidad y factibilidad” del traslado de la Capital Federal. Y tomando la posta el gobierno de Entre Ríos, cuyo titular de facto era el brigadier Ricardo Favre, presentó un proyecto de traslado de la Capital Federal a la ciudad de Paraná, para evitar “la concentración monopólica del capital, las finanzas y la industria en el reducido ámbito del puerto de buenos Aires”.
Entre las consideraciones del proyecto se sostenía que “Paraná reúne los mejores antecedentes para ser designada nueva sede el Poder Ejecutivo Nacional, y razones de entorno físico, ubicación geográfica, infraestructura y comunicaciones también avalan la proposición que efectuamos”. También se valoraba la existencia del Túnel subfluvial como medio de comunicación con Santa Fe, que se proponía como sede del Poder Legislativo y también Córdoba como sede del Poder Judicial.
En definitiva la propuesta era la instalación en Paraná del Poder Ejecutivo.

13/4/09

Una experiencia de periodismo chacarero

Por Rubén Bourlot

Durante un lustro, entre 1974 y 1979, circuló en los departamentos Uruguay y Colón el periódico Información Agraria, una singular publicación dirigida a la familia rural, que reflejaba los acontecimientos de pueblos y colonias de ambos departamentos de la provincia de Entre Ríos.
El periódico estaba dirigido, redactado y armado artesanalmente por Rafael Almeyra (seudónimo de José María Almeyra) en Concepción del Uruguay. Tijeras, cola vinílica, planchas de letraset, diarios viejos y la Olivetti eran los insumos utilizados para el armado de los textos. Los títulos se armaban recortando las letras de diarios y pegándolas con cola vinílica. En casos especiales, principalmente los avisos, se utilizaban letras transferibles (letraset). El propio Almeyra confeccionaba las fotos en su laboratorio.
Los originales se enviaban a una imprenta de Gualeguaychú para imprimirlos en offset ya que facilitaba la publicación de fotografías. Al principio la periodicidad fue quincenal y luego mensual.
La publicación reflejaba la actividades sociales, productivas y deportivas de zonas rurales, como el fútbol de la Liga Zonal. Lo que la caracterizaba eran las historias familiares mediante entrevistas. Otra característica era la profusión de fotografías. Contaba con corresponsales en distintas localidades. Con el tiempo se fueron incorporando algunos colaboradores.
Almeyra recorría mensualmente ambos departamentos en un vetusto automóvil, realizando notas, tomando fotos, repartiendo los ejemplares de la publicación y realizando la cobranza de los ejemplares vendidos y de la publicidad.
Otra particularidad era el sistema de venta de Información Agraria, que se efectuaba en bares, almacenes de ramos generales y carnicerías de los pueblos y colonias.
El fútbol de la Liga Zonal, las competencias de Fórmula Entrerriana y Fórmula 7, y las jineteadas eran cubiertas con abundante material gráfico.
Hacia 1979 la publicación comenzó a declinar, eclipsada por otros proyectos de Almeyra que comenzó a publicar el semanario Sucesos, posteriormente convertido en diario. Finalmente dejó de publicarse en ese año.

Paréntesis de humor (H)


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