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4/9/26

Urquiza: el presidente burgués

 Rubén I. Bourlot

 

Salvado algún detalle podemos afirmar que el único presidente argentino que pertenecía a la burguesía industrial fue Justo José de Urquiza, primer presidente constitucional de la Confederación Argentina (1854-1860). El detalle es que en el siglo XXI también presidió el país Mauricio Macri que provenía de una familia empresarial.

Es interesante analizar la actuación política de Urquiza en el contexto de sus actividades privadas para arrojar un poco más de luz al extenso y complejo proceso histórico que lo tuvo por protagonista.

Urquiza fue militar, político y terrateniente con vastas estancias en Entre Ríos, Corrientes y otras provincias. Pero no se quedó criando vacas. Fue un verdadero capitalista del siglo XIX, un burgués, que apostó a construir un conglomerado de emprendimientos industriales y de servicios en su provincia y otras.

Tuvo que conciliar sus funciones en el estado como gobernador y  presidente con sus negocios privados. Entre otros muchos tuvo saladeros, ingenios azucareros en Tucumán, flota de barcos, fábrica de paños, empresas de mensajerías, explotaciones mineras en Catamarca, yacimientos de cal en Entre Ríos, acciones en empresas ferroviarias, de seguros y en bancos. Solo es una rápida ojeada ya que donde había posibilidades de hacer una inversión estaba puesto el ojo de Urquiza.

 

Entre Caseros y Pavón

Esta mirada sirve para poner en contexto la actuación política de Urquiza y puede ayudarnos a comprender desde otro costado dos hechos clave de la historia de país: Caseros y Pavón. No hay dudas que ambas batallas protagonizadas por el llamado Organizador fueron puntos de quiebre en la marcha de la historia nacional. Y, como expresamos más arriba, arrojan más luz que las adjetivaciones con las que se suelen caracterizar ambos hechos.

El Pronunciamiento y Caseros, que llevaron a la sanción de la Constitución, fue la culminación de los reclamos para concretar la organización que las provincias se habían propuesto cuando firmaron el Pacto Federal en 1831. A esa altura el régimen político de Confederación mediante el pacto de gobernabilidad con el hegemónico gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas ya estaba agotado, es cierto. Pero hay que agregar que otra causa gravitante que desató el conflicto fueron las rentas aduaneras en manos del puerto de Buenos Aires, por ende de Rosas. Por ese puerto único pasaba el comercio exterior. Los puertos fluviales estaban cerrados al comercio, no solo para evitar el ingreso de las manufacturas europeas sino para la salida de la producción de las provincias. Todo terminaba entrando y saliendo por el embudo de Buenos Aires. Las exportaciones ganaderas tanto del estanciero Rosas como las de Urquiza y otros productores del Litoral debían pasar y tributar al gobierno de la provincia de Buenos Aires.

 

Capitalista industrial

Aquí tenemos que abrir un paréntesis. Urquiza no solo comerciaba con cueros y tasajo como lo hacía Rosas. El Urquiza capitalista industrial necesitaba vías alternativas para exportar sus manufacturas, importar materiales para sus instalaciones y comerciar con sus empresas navieras. La apertura de los ríos era fundamental.

La cuestión fue que el Pronunciamiento y Caseros cancelaron el periodo de Rosas pero no atacaron el meollo de la cuestión. Desplazado el Restaurador de la Leyes quedó por sacar del medio a la oligarquía parasitaria del Puerto. Contra eso no pudo Urquiza. No se atrevió, tal vez, a tocar el corazón del poder. Tuvo que aceptar ese triunfo a medias y replegarse a Paraná.

No vamos a avanzar en el análisis sobre lo sucedidos en Pavón. Es un tema pendiente que bien vale interpretar con la misma lógica de Caseros y no quedarnos con la novela de la “traición” y el “pacto masón”.

El triunfo a medias de Caseros postergó por tres décadas la organización definitiva del país. Recién la concluyó en 1880 Julio Argentino Roca que forzó la capitalización de Buenos Aires. Urquiza, militar de muchas batallas, no pudo batir al enemigo y adentrarse al corazón de la ciudad-puerto para echar a los mercaderes que siempre conspiraron en contra de la organización. Lo hizo Roca, también militar pero sin las limitaciones de un burgués como el entrerriano. Esos treinta años de demora no fueron gratuitos.

 

Más allá de la historia

No podemos hacer análisis contrafácticos en historia. Nos apartamos un momento de “la ciencia de los seres humanos en el tiempo”, según Marc Bloch, y hacemos un ejercicio especulativo: ¿Qué hubiera pasado si en 1853 se lograba la capitalización de Buenos Aires y la nacionalización de la aduana? ¿Se hubiese puesto en marcha con éxito el magnífico plan económico de Mariano Fragueiro desde el ministerio de Hacienda? Un plan que suponía el desarrollo autónomo con el estado promotor de las industrias, el impulso de la minería, la construcción de ferrocarriles y el establecimiento de la banca estatal para administrar el crédito público, entre otras muchas iniciativas.

Faltaban aun quince años para que los Estados Unidos resolvieran su destino mediante la guerra de Secesión con el triunfo del norte industrialista sobre el sur agroexportador esclavista. La Confederación Argentina lo pudo haber hecho en 1853. Cuando Roca y sus chinos provincianos desalojaron a la oligarquía del puerto era tarde para cambiar el modelo. Urquiza había muerto y la burguesía capitalista orientaba sus inversiones a la producción vacas y trigo para integrarse al mundo como proveedor de materias primas.

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