26/3/26

Pedro Radío, embajador de multitudes y benefactor

 Rubén I. Bourlot

No es habitual que la llegada de un embajador convoque multitudes. Pero así  sucedió con Pedro Radío cuando arribó a España en 1947 para hacerse cargo de la embajada argentina en ese país, nombrado por el presidente Juan Domingo Perón. Las fotografías de los periódicos muestran las calles de Madrid desbordante de un pueblo que lo acompañaba en su camino a la embajada ese 17 de enero de 1947.  Faltaban algunos meses para que los españoles recibieran también con idéntico fervor la visita de Eva Perón, esposa del presidente argentino, que le iba a dar a la España de Franco un respiro ante el bloqueo internacional que sufría el país.

Pedro Radío nació en Paraná el 27 de marzo de 1894, hijo de Pedro Radío y Josefa Albariño.  En 1919 se radicó en Victoria. Médico y político de origen conservador, fue Diputado Nacional en tres periodos, candidato a gobernador de la provincia, y embajador en España durante los primeros años del peronismo.

Cursó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal y los de medicina en la Universidad de Buenos Aires. En sus inicios ejerció la profesión en el Hospital Ramos Mejía de Buenos Aires. Llegó a  Victoria siendo médico y muy joven en 1919. Con los años, se transformaría en el principal forjador del progreso de la llamada Ciudad de las Siete Colinas. Fue médico del hospital local y colaboró ampliamente con la Sociedad de Beneficencia que sostenía y administraba.

Pasado conservador

Cuando irrumpe el peronismo en 1945 Radío era un veterano de la política. Se inició en las filas del Partido Demócrata Nacional de Entre Ríos. Fue electo diputado nacional durante tres períodos consecutivos: 1932-1936, 1936-1940 y 1940-1943. En tres oportunidades se postuló a gobernador de la provincia.

Entre las muchas obras que su ciudad de adopción, Victoria, le debe se cuenta la finalización del edificio de la Escuela Normal con el Salón de Actos, casa para el director, verja circundante y otros detalles del predio. También impulsó la creación del Hogar de Ancianos, al cual dotó de un confortable edificio. A sus gestiones se debe el edificio de la Escuela Técnica que hoy lleva su nombre. Un busto en su homenaje se interpone al paseante en la costanera victoriense que también lleva su nombre, y no es para menos. Es el justo homenaje a quién se preocupó por la pavimentación del puerto, la construcción del edificio de la Prefectura, la Avenida Costanera, el primer camino pavimentado y la Avenida Centenario de 1810, entre otras más.

“Al fundar también la Escuela de Comercio –relata una crónica-, dio una nueva orientación a la educación, limitada hasta entonces a la formación de maestros normales, y creó un futuro distinto para la juventud."

Embajador de multitudes

El arribo del embajador argentino era un gesto contundente para una España aislada luego del fin de la guerra y la demostración práctica de la política de la tercera posición, no alineada con los bloques que pretendían repartirse el mundo de postguerra, que había adoptado el gobierno de Juan Domingo Perón. Detrás de Radío venía la promesa de ayuda en alimentos que se concretó con el envío de embarques de 400.000 toneladas de trigo, 120.000 de maíz, 8.000 de aceites comestibles, 16.000 de tortas oleaginosas, 10.000 de lentejas, 20.000 de carne congelada, 5.000 de carne salada y 50.000 cajones de huevos.

El diario español ABC del 17 de enero de 1947 ilustra su portada con una foto a toda página bajo el título “Fútbol hispano-argentino que muestra a Pedro Radío junto a autoridades españolas presenciado el partido entre el equipo de San Lorenzo de Almagro y el ‘combinado’ español. Ganó el primero por seis a uno. Un público, más numeroso que nunca, llenaba el espacioso recinto deportivo, y vitoreó a Franco, a Perón y al nuevo representante de la repúblico del Plata.”

En páginas interiores el diario ilustra con varias notas gráficas la extensa crónica sobre el acontecimiento. “La estación del Mediodía estaba profusamente empavesada con los colores argentinos y españoles, y una muchedumbre innumerable, izando también banderas, acompañó al embajador hasta el hotel.” En otro pasaje el diario comenta que “ante la insistencia de la muchedumbre, el embajador apareció en uno de los balcones de Felipe IV, y, después algunos minutos de presenciar el imponente espectáculo, pronunció unas palabras de agradecimiento.”

Posteriormente Radío declaró ante la prensa que llegaba a España “en un momento excepcional de la vida política, cuando el mundo se agita buscando las ventajas de una paz duradera (…) España es para nosotros única e indivisibles desde la época de los Reyes Católicos..."

En 1949 terminó su misión como embajador y regresó a Victoria, donde falleció el 25 de septiembre de 1956.

Imágenes

Recepción de Radío en España

Radío con su esposa Rafaela Monzón Guerra y Eva Perón (Archivo Histórico Victoriense)

Pedro Radío (Archivo-Museo de la Ciudad Carlos A. Anadón)


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