4/3/26

La plaza Mansilla entre árboles y cemento

 Rubén I. Bourlot

 Hoy la plaza que ejerce de antesala a la Casa de gobierno de Entre Ríos luce remozada, recuperada después de superar varios proyectos para su puesta en valor. La llamada Plaza Mansilla, que rinde homenaje al polémico gobernador Lucio N. Mansilla, tiene sus orígenes en un proyecto de fines del siglo XIX, tres años después del traslado de la capital provincial a Paraná y la consecuente construcción de la sede gubernamental.

El puntapié inicial fue el acuerdo del 2 de diciembre de 1886 que dispuso el “desmonte de tierra de la plazoleta y calles que rodean la casa de Gobierno en construcción.” Pero recién el 29 de enero de 1889 se llamó a licitación para el diseño de la plaza según el proyecto del arquitecto Bernardo Rígoli y el 2 de marzo se realizó la apertura de propuestas para parquizar el espacio. Un mes más tarde la tarea de embellecimiento se encontraba en plena ejecución con la plantación del césped. Luego vendría el arbolado.

Como primera medida, el gobierno provincial había solicitado al Departamento de Agricultura de Buenos Aires una remesa de diez kilos de lawn grass y 25 paquetes de semilla de estación, según narra Ofelia Sors en su libro Paraná: dos siglos y cuarto de su evolución urbana. Y agrega que el Departamento de Agricultura adquiría directamente de Europa, todos los años, colecciones de semillas muy completas y variadas para ser repartidas al final del invierno o al principio de la primavera.

 

Una plaza con árboles

La plaza, que en sus orígenes llevó el nombre Belgrano, estaba diseñada en base a dos plazoletas regulares que fueron arboladas por coníferas al estilo romano, caracterizadas por sus hojas persistentes y carencia de flores vistosas. También contaba con cuatro especies de cipreses, entre ellos el ciprés llorón, especie con ramita pendular de aspecto muy original, y el ciprés lusitanica, muy apreciado para parque inglés por su aspecto señorial. Antiguas fotos de principios del siglo XX muestran una plaza exuberante con las coníferas recortándose sobre los muros de la Casa Gris.

La plaza permaneció así a lo largo de seis décadas, hasta que el gobierno de facto del brigadier Ricardo Favre, durante los últimos años de la década del 60 y primeros de los 70, con un decretazo dio por tierra con árboles y arbustos para transformarla en un “plaza seca” con playa de estacionamiento. El cemento le ganó la pulseada a la naturaleza viva. Cabe acotar que ya la plaza había perdido parte de su espacio que fue destinado a la construcción del edificio de Tribunales.

Ofelia Sors se refiere a este último hecho en el libro citado: “Y no está de más anotar la nostalgia que, junto a la protesta casi general, trajo la tala de los recios y añosos árboles, testigos ellos de tantos episodios como del solaz y descanso de los habituales vecinos”. A partir de ahora solo descasarían en el lugar los automotores oficiales.

 

Las “plazas secas”

El tiempo fue pasando y el deterioro del espacio era evidente. La gran explanada de cemento se encontraba delimitada por algunos árboles raquíticos que rara vez accedían a algún riego de los buscavidas habituales que ofrecían sus servicios de cuida autos y lavado al paso. Luego de la reforma constitucional de 1994 se agregó a la plaza el monumento en homenaje a la nueva constitución que, más allá del valor artístico, sumaba cemento y quitaba verdor.

Así las cosas se sucedieron hasta que en 2012 el gobierno provincial se propuso restaurar el espacio y llamó nuevamente a un “Concurso Provincial de Ideas para el espacio público del área del Centro Cívico Provincial y la puesta en valor de la Plaza Mansilla en la ciudad de Paraná” con la participación del Colegio de Arquitectos de Entre Ríos. En ese momento se hicieron consultas en el Archivo de la Provincia con el aparente objeto de recuperar el diseño original del espacio. El organismo aportó la documentación que daba cuenta de las especies vegetales que ornaban la plaza. “La explanada de la Casa de Gobierno recuperará su fisonomía original a partir de la decisión del gobierno entrerriano de recuperar la Plaza Mansilla”, rezaba una información oficial. El proceso del concurso siguió adelante pero por algún motivo no se presentaron propuestas que rescataran el legado original y restauraran un tan necesario espacio verde para la ciudad. Por el contrario las propuestas apuntaron a construir una “plaza seca”, un gran patio duro y frío, libre de las molestas hojas otoñales y del excremento de los pájaros que habitan la copa de los árboles. Esa obsesión de ciertos arquitectos y urbanistas que sueñan con ciudades europeas donde la piedra y el cemento separa la “civilización” del estado de naturaleza.

Tal vez por la polémica que se originó en su momento o por las estrecheces presupuestarias el proyecto no prosperó. Años después, en 2016, el gobierno de la provincia encaró la tarea “refuncionalización” de la plaza con la puesta en valor de la fuente histórica en consonancia con la conmemoración del bicentenario de la Independencia. La información oficial ponía en relieve que se había hecho “una limpieza, restauración y ordenamiento integral. Se efectuó asfaltado de las cuadras de la misma, se parquizó y dotó de iluminación led, poniendo en valor la infraestructura existente. También se emplazaron dos mástiles metálicos para las banderas argentina y de Entre Ríos frente al Consejo de Educación, estos poseen un sistema de izamiento electrónico y a control remoto.” Pero del diseño original, salvo la fuente, no se restauró nada. Solo unos pocos árboles de pequeño porte la tiñen con algo de verde.



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