Rubén I. Bourlot
El puntapié inicial
fue el acuerdo del 2 de diciembre de 1886 que dispuso el “desmonte de tierra de
la plazoleta y calles que rodean la casa de Gobierno en construcción.” Pero
recién el 29 de enero de 1889 se llamó a licitación para el diseño de la plaza
según el proyecto del arquitecto Bernardo Rígoli y el 2 de marzo se realizó la
apertura de propuestas para parquizar el espacio. Un mes más tarde la tarea de
embellecimiento se encontraba en plena ejecución con la plantación del césped.
Luego vendría el arbolado.
Una plaza con árboles
La plaza, que en sus
orígenes llevó el nombre Belgrano, estaba diseñada en base a dos plazoletas
regulares que fueron arboladas por coníferas al estilo romano, caracterizadas
por sus hojas persistentes y carencia de flores vistosas. También contaba con
cuatro especies de cipreses, entre ellos el ciprés llorón, especie con ramita
pendular de aspecto muy original, y el ciprés lusitanica, muy apreciado para parque
inglés por su aspecto señorial. Antiguas fotos de principios del siglo XX muestran
una plaza exuberante con las coníferas recortándose sobre los muros de la Casa
Gris.
La plaza permaneció
así a lo largo de seis décadas, hasta que el gobierno de facto del brigadier
Ricardo Favre, durante los últimos años de la década del 60 y primeros de los
70, con un decretazo dio por tierra con árboles y arbustos para transformarla en
un “plaza seca” con playa de estacionamiento. El cemento le ganó la pulseada a
la naturaleza viva. Cabe acotar que ya la plaza había perdido parte de su
espacio que fue destinado a la construcción del edificio de Tribunales.
Ofelia Sors se refiere
a este último hecho en el libro citado: “Y no está de más anotar la nostalgia
que, junto a la protesta casi general, trajo la tala de los recios y añosos
árboles, testigos ellos de tantos episodios como del solaz y descanso de los
habituales vecinos”. A partir de ahora solo descasarían en el lugar los
automotores oficiales.
Las
“plazas secas”
El tiempo fue pasando y el deterioro del
espacio era evidente. La gran explanada de cemento se encontraba delimitada por
algunos árboles raquíticos que rara vez accedían a algún riego de los
buscavidas habituales que ofrecían sus servicios de cuida autos y lavado al
paso. Luego de la reforma constitucional de 1994 se agregó a la plaza el
monumento en homenaje a la nueva constitución que, más allá del valor
artístico, sumaba cemento y quitaba verdor.
Tal vez por la polémica que se originó en
su momento o por las estrecheces presupuestarias el proyecto no prosperó. Años
después, en 2016, el gobierno de la provincia encaró la tarea “refuncionalización”
de la plaza con la puesta en valor de la fuente histórica en consonancia con la
conmemoración del bicentenario de la Independencia. La información oficial
ponía en relieve que se había hecho “una limpieza, restauración y ordenamiento
integral. Se efectuó asfaltado de las cuadras de la misma, se parquizó y dotó
de iluminación led, poniendo en valor la infraestructura existente. También se
emplazaron dos mástiles metálicos para las banderas argentina y de Entre Ríos
frente al Consejo de Educación, estos poseen un sistema de izamiento electrónico
y a control remoto.” Pero del diseño original, salvo la fuente, no se restauró
nada. Solo unos pocos árboles de pequeño porte la tiñen con algo de verde.
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