Rubén I. Bourlot
Bibliografía
Olga Fernández Latour de Botas. Cantares históricos de la tradición argentina.
Rubén I. Bourlot
El 22 de octubre de 1810 Manuel Belgrano iniciaba su travesía por el
territorio entrerriano rumbo al Paraguay luego de su permanencia en Paraná. En
la antigua Bajada había engrosado su escuálida tropa y recibido el aporte de
reses vacunas, caballos y dineros donados por los vecinos de la zona.
Miguel Ángel Fernández en su trabajo “San José de Feliciano, un pago con
historia” nos ilustra acerca del paso del creador de la bandera por las lomadas
entrerrianas. El historiador pone en contexto que “luego de haberse producido
la Revolución de Mayo de 1810, la Primera Junta de Gobierno comisionó al vocal
Manuel Belgrano para que marcharse a la provincia del Paraguay con el fin de ‘convencer’
a sus autoridades de que se plegasen al movimiento iniciado en Buenos Aires.”
Con la única experiencia en las armas por haber sido voluntario en la
defensa de Buenos Aires en 1806, con escasos recursos y una tropa de solo 160
hombres, Belgrano partió en su misión al Paraguay el 26 de septiembre de 1810.
“A su paso por Santa Fe y la Bajada del Paraná, fue incorporando soldados y
recibió aportes en caballos, carretas, ganado y todo lo que necesitaba para la
larga compaña. Uno de los colaboradores fue el estanciero Antonio Candioti,
quien escribió posteriormente que además de aportar ‘doscientos pesos fuertes’,
contribuyó con ‘mil trescientos sesenta caballos que era los que tenía [en la
estancia Arroyo Hondo] y diez y seis peones para su cuidado y quinientas reses…’”.
Otra de las personas que colaboró fue Gregoria Pérez Larramendi de Denis. Así
dispuso de sus haciendas, casas y criados desde el río Feliciano hasta el
puesto de las Estacas, para que pueda auxiliar al Ejército.
Por las sendas entrerrianas
“El trayecto realizado desde Paraná hasta las puntas del Arroyo Basualdo
fue guiado por avezados conocedores del terreno. En una nota escrita en Santa
Fe el 8 de octubre de 1810, Belgrano informaba a la Junta sobre este asunto. ‘Muchos
vecinos y aún religiosos se me han venido a ofrecer para auxiliar la expedición
en la otra Banda…’ [Francisco A. Candioti, Francisco Andreu y Colobrán, Félix
Aldao]. José Alberto Cálcena, otro de los baqueanos, sugirió el camino que
adoptó Belgrano para atravesar Entre Ríos. Según un trabajo del general Manuel
Castrillón, además del tradicional camino al Paraguay (que costeaba el Paraná
hacia el norte), conocido como el camino de Corrientes, existían caminos
alternativos. Uno de ellos era el denominado ‘camino de Misiones’, que salía de
Paraná ‘se orientaba hacia el Nord-Este, costeaba el arroyo Feliciano y Estacas
para después de despuntar el arroyo Basualdo, alcanzar Curuzú Cuatiá’. Este
último, que en 1810 seguramente era una ‘senda para jinetes’ fue el aconsejado
por Cálcena y adoptado por el General Belgrano.”
En tierras felicianeras
“En la séptima jornada, ya en territorio felicianense, el Ejército fue
hasta ‘lo de Canteros’, distante once leguas. En este tramo se plantean dudas,
porque al parecer no habría coincidencia entre la distancia real y la
consignada en el Itinerario para la Expedición escrito por Belgrano. Se piensa
que, por alguna razón aún no determinada, las fuerzas expedicionarias deben
haber buscado las costas de alguno de los cursos de agua más importantes del
departamento; esto es, las márgenes del Guayquiraró o las orillas del
Feliciano. Castrillón se inclina por esta última posibilidad, ‘por cuanto
Candioti tenía, a esta altura, dos puestos sobre la costa de Feliciano, Manantiales
y Laguna, este último a la altura del linde Sur del actual pueblo de San José
de Feliciano’. Estos establecimientos del poderoso estanciero santafesino
estaban unidos por un camino que iba desde La Mula de Candioti pasando por el Puesto
de los Manantiales para llegar al Puesto de La Laguna, que podría haber estado
a cargo de un tal Miguel Canteros, probablemente puestero de Candioti; de allí
la denominación “lo de Canteros”.
Imágenes
Probable trayectoria de Belgrano por la provincia
Referencia al paso de Belgrano en Feliciano
Rubén I. Bourlot
En octubre de 1810 Manuel Belgrano iniciaba su travesía por
el territorio entrerriano rumbo al Paraguay luego de su permanencia en Paraná.
En tierras guaraníticas el creador de la bandera no obtuvo los resultados
esperados y el 14 de marzo rumbeó hacia el sur. Tomó el camino del oriente
mesopotámico, registrando su paso por Santo Tomé el 31 de marzo. El 6 de abril
se hallaba en Mandisoví, y de allí siguió sin detenerse hasta Concepción del
Uruguay, adonde arribó el 9 de abril de 1811 a las diez y media de la mañana.
Belgrano había recibido la notificación del gobierno
central, la Junta Provisional, para hacerse cargo de las fuerzas militares que sostenían
el sitio de Montevideo, reducto de los realistas y asiento provisorio del virrey
del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío. Venía con los restos del
ejército que habían combatido en Paraguarí y Tacuary, unos 860 hombres. En el
Arroyo de la China, como popularmente se nombraba a la villa fundada por Tomás
de Rocamora, Belgrano permaneció hasta el 19 de abril. En esta fecha traspasan
el Uruguay, desde el Perucho hacia el paso de Paysandú, pues así “se ahorraría
camino”
En la costa oriental Belgrano se reunió con José Artigas y
lo designó segundo jefe del Ejército Auxiliar del Norte. Sin embargo, el 22 de
abril, la Junta Grande reemplazó a Belgrano por José Rondeau en el mando del
Ejército de la Banda Oriental, desplazando a Artigas al cargo de Jefe de las
Milicias Patriotas Orientales. Belgrano había sido suspendido en sus
"Grados y Honores" para ser sometido a juicio por sus derrotas
militares en la campaña del Paraguay. Finalizado el proceso fue reivindicado.
Belgrano en la Histórica
No se conocen demasiados indicios de los once días de
permanencia de Belgrano en Concepción de Uruguay. Seguramente para la pequeña
villa su presencia habrá sido un verdadero acontecimiento. Las tropas en cambio
habrían estado acampando en sobre el arroyo Perucho Berna (actual departamento
Colón) según lo menciona Urquiza Almandoz en su Historia de Concepción del
Uruguay. La villa meses antes había sido castigada con la ocupación realista y
posteriormente recuperada para la causa revolucionaria por Bartolomé Zapata en
marzo de ese año. Los uruguayenses estaban
enterados del paso de Belgrano por la provincia ya en su estancia en Paraná,
rumbo al Paraguay, había nombrado a José Miguel Díaz Vélez como comandante
general de los partidos de Entre Ríos en reemplazo de Josef de Urquiza. “Para
asegurar en el partido de la revolución el Arroyo de la China y demás pueblos
de la costa occidental del Uruguay, nombré comandante de aquella orilla al
doctor José Díaz Vélez, y lo mandé auxiliado con una compañía de la mejor tropa
de caballería de la patria que mandaba don Diego de Balcarce”, escribió
Belgrano en sus memorias.
“Hombres, mujeres y niños se congregaron a la entrada del
pueblo para saludar alborozados a los valientes soldados de la patria. Llegaban
cansados, pero felices. Con la felicidad de saber que la sangre derramada no
era un sacrificio estéril. Que ella constituía el riego fecundo sobre los
campos de la patria nueva. Sobre esa tierra nacerían sus hijos y crecería la
espiga.
“No sabemos con certeza dónde se alojó el general Belgrano
durante su permanencia en Concepción del Uruguay. Una vieja tradición lugareña
– de cuya veracidad mucho dudamos – sostiene que lo hizo en la casa de los
Calvento, convertida hoy en Museo Provincial Casa Delio Panizza.
“El mismo día de su llegada, apenas ubicado en su
alojamiento, Belgrano tomó pluma y papel para escribir a la Junta de Buenos
Aires. Después de anunciarle que había llegado a Concepción del Uruguay sin
mayores inconvenientes, comunicóle que tenía recibidas noticias del Paraguay
donde todo parecía estar en orden. Luego de referirse a sus trabajos para pasar
con sus tropas a la Banda Oriental, informó que había recibido buenas noticias
de Artigas, que ya se hallaba en la capilla de Mercedes. Finalmente, vaticinó
que muy pronto se encontraría con «los valientes de la Campaña Oriental».
“Como se trata de la primera de las cartas que el general
Belgrano escribió desde Concepción del Uruguay, conceptuamos de interés
reproducirla textualmente. Ella dice así:
“«Son las diez y media de la mañana y acabo de llegar a este
punto sin la menor novedad, con la primera división del ejército; las demás
vienen algo atrasadas, pero pronto las tendré aquí.
“«El mismo día que mi cuidado me hizo escribir desde
Mandisoví, recibí el oficio de V.E. fecha 25 del pasado, que condujo el
teniente Sosa, y salí de la desesperación en que me hallaba por faltas de
noticias de V.E.
“«Lo del Paraguay me parece que sigue bien; anoche recibí la
carta que acompaño en copia, de Yegros, número 1, a la que he contestado según
la copia número 2, cuando ya creía no hubiese esta proporción.
“«El paraguayo que la ha conducido me ha dicho que todos
están muy alegres, que las tropas se han retirado a sus casas, que es falsa la
prisión del cura y corregidor de Itapúa, y que en cuanto a estar privada o no
la comunicación, nada sabía, pero no se había ofrecido que pasasen de allí, ni
fuera de aquí persona alguna.
“«Ya estoy trabajando para verificar el transporte de las
tropas a la otra Banda, y todos los demás aprestos; el teniente coronel Artigas
me ha comunicado las noticias más favorables, y me avisaba su traslado a la
capilla de Mercedes, el domingo último; cuanto esté de mi parte haré para ir a
acompañar a los valientes de aquel pueblo y demás de la campaña oriental, lo
más breve que pueda.
“«Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel General de la
Concepción del Uruguay, 9 de abril de 1811. Manuel Belgrano.”
Cartas y más cartas
“Durante este lapso –nos dice Urquiza Almadoz- adoptó
múltiples disposiciones a fin de atender los problemas de la guerra y ultimó
los preparativos para cruzar con sus tropas el río Uruguay e introducirse en la
Banda Oriental. También mantuvo una activa correspondencia con el gobierno,
jefes militares y otras personas. De ella conocemos seis cartas – lo cual no
significa que sean las únicas – dirigidas a la Junta de Buenos Aires
(9/IV/1811), a Fulgencio Yegros (fechada en Perucho Berna, a pocas leguas de
Concepción del Uruguay, 9/IV/1811), a Jorge Pacheco (10/IV/1811), a Celedonio
José del Castillo (12/IV/1811), a Manuel José de Warnes (14/IV/1811), y al jefe
portugués, general Diego de Souza (19/IV/1811).
“En esos días de permanencia en Concepción del Uruguay, el
ex capitán de Blandengues don Jorge Pacheco, le suministró un carruaje, lo que
mereció un gracioso comentario del jefe patriota: «Gracias por el coche – le
dijo – pero debe Ud. hacer quitar lana de los asientos porque están muy altos,
y todavía tengo un chichón en la frente de esas resultas».”
Imagen
Casa de Delio Panizza
Rubén I. Bourlot
En 1914, el directorio
se propuso sacar a Entre Ríos de la influencia de Artigas. Tras nombrar comandante
de Entre Ríos a Hilarión de la Quintana, ordena a Eduardo Kaunitz Barón de
Holmberg que pasara a Paraná para tomar posesión de la villa.
En tanto, el caudillo Eusebio Hereñú – recientemente plegado al artiguismo - marcha desde Nogoyá y el 21 de febrero toma la plaza de Paraná y destituye al comandante Francisco Antonio de la Torre. También sustituye a Andrés Pazos por José Gregorio González como alcalde de primer voto del cabildo de la ciudad. Por su parte Holmberg avanza desde Paraná a Nogoyá para tomar contacto con Manuel Pinto Carneiro que debía traer refuerzos desde Concepción del Uruguay. En su retorno a Paraná, el 21 arriban a la posta del Espinillo, sobre el arroyo homónimo, a unas ocho leguas al sudeste de Paraná, donde se detienen a descansar. El 22 a la madrugada Hereñú, junto con el comandante Fernando Otorgués, que viene de Concepción del Uruguay, lo ataca sorpresivamente derrotándolos.
Al respecto escribe
Facundo Arce que
Días después Artigas
informa sobre los sucesos de Entre Ríos:
(…) D. Hilarión de la Quintana fue destruido por las fuerzas unidas de mi izquierda en el paso del puente del Gualeguaychú, tomándosele las tres piezas de artillería que llevaba con todas sus municiones; y el barón de Holmberg, que pasó en su auxilio el Paraná con todas sus fuerzas que había acantonado en Santa Fe, ha sido igualmente batido y destrozado (espinillo?), quitándosele su armamento, artillería, municiones y demás pertrechos de guerra, de modo que ya solo resta el departamento de Yapeyú para llenar el fin preciso de pacificar todo el territorio (…)3
A partir de ese momento la provincia queda incorporada a la naciente Liga de los Pueblos Libres bajo el protectorado de José Artigas.
La actuación Hereñú,
flamante comandante de Paraná, se encuentra envuelta en los conflictos entre
los artiguistas y la intromisión del Directorio nombrando tenientes gobernadores
de la vecina Santa Fe, jurisdicción a la que hasta 1813 pertenecía Paraná.
Un informe de Juan
Carlos Wrigh fechado en Gualeguay en mayo de 1914 hace mención al nombramiento
(dos meses antes) de comandantes militares artiguistas en varias villas de la
provincia, ente otras en la de Paraná, “nombrados por el vecindario según
disposición” del doctor José Revuelta que cumplía órdenes directas de Otorgués.
El mismo informe
consigna que Hereñú había intentado retomar el cargo “con 500 hombres con
algunas armas y 3 piezas de artillería reclamando su reposición”. Los vecinos
de Paraná procuran negociar a través de José Francisco Rodríguez que ofrece
indultos para calmar las aguas pero el pueblo “en masa le contestó que sin la
firma de Artigas no gobernaría otro que Agustín de Etcheverría”.
Para mediar en esta
situación conflictiva Artigas designa a su hermano Manuel Francisco comandante
de Entre Ríos y a fines de junio arriba a Paraná para hacerse cargo
personalmente de la situación.
Las dos postas Espinillo
Para determinar los
sitios que recorrieron los contendientes y en particular el del combate
contamos con el Diario de la marcha de la expedición directorial, el parte
elevado al Directorio y las actas de rendición. Esta documentación obra en el
Archivo General de la Nación y la tomamos reproducida en el trabajo de Arce,
Demonte y Vitale5.
También contamos con
la información acerca de las carreras de postas de la época, un dato
fundamental puesto que el combate se desarrolla a partir de una posta que toma
el nombre de Espinillo, presumiblemente por el arroyo adyacente. En la
documentación de la época figuran las de postas que enlazaban las localidades
de la provincia6, y en la zona que nos ocupa hallamos dos con el
mismo nombre. Tres carreras de postas parten desde La Bajada (Paraná). Una
hacia Corrientes con las siguientes postas: Sauce Grande, Potrero de Vera,
Arroyo María, Antonio Tomás y subsiguientes. La que parte de La Bajada rumbo a
Yeruá cuenta con las postas de El Sauce, ESPINILLO, Quebracho y demás.
Finalmente, la que comunica La Bajada con Nogoyá, Gualeguay y Concepción del
Uruguay. Esta carrera originalmente llegaba desde la costa del Uruguay hasta
Nogoyá y recién en 1810 se aprueba su extensión hasta la actual capital
entrerriana. Comprende las postas de la Ensenadita, CUCHILLA DEL ESPINILLO,
Arroyo San Cristóbal y Capilla de Nogoyá.
Este último es el
derrotero que debió seguir Holmberg con sus tropas que el 11 de febrero parte a
Nogoyá para encontrarse con Pintos Carneiro y en la posta del Espinillo hacen
noche. Al día siguiente “se caminó hasta la posta de Don Cristóbal”. El 13
arriban a Nogoyá. Al día siguiente marchan hasta la Punta del Obispo, un arroyo
que nace al norte de Lucas González. En el lugar, ya diezmado por las
deserciones y la falta de caballos, continúan hasta el arroyo Clé con el
objetivo de llegar hasta el paso del Jacinta. En la noche del 16 acampan en la
estancia de Pablo Ezeyza, y en el camino se enteran del paso de Otorgués por la
zona. Finalmente Pintos, tras haber cometido una serie de tropelías en su paso
por Gualeguay, no arriba con los auxilios prometidos.
Holmberg decide volver
sobre sus pasos pasando por la Punta del Obispo, El Pueblito y finalmente
“fuimos a dormir en el Espenillo (sic) a donde fue la acción”, escribe en su
informe.7 No hay dudas que se trata de la misma posta en donde había
hecho noche el día 11. No surge ningún motivo para justificar un cambio de
rumbo, dar un rodeo por terrenos desconocidos, sin sendas marcadas, para llegar
a la otra posta de la carrera que une La Bajada con Yeruá.
Segura publica un
croquis en su Historia de Nogoyá con los movimientos de tropas y
desplazamientos, que muestran este improbable cambio de itinerario.8
En su parte Holmberg
detalla las acciones del combate. Alrededor de las cinco de la mañana las
fuerzas de Hereñú los sorprenden, aunque Holmberg dice que a las 3 ya habían tocado
diana. Ante la presencia del enemigo toman posesión con las espaldas cubiertas
por el arroyo Espinillo, pero nada pueden hacer y tras tres horas de combates
se retiran hostigados por las tropas de Hereñú que los persiguen unas tres
leguas, siguiendo el curso del Espinillo, hasta la rendición definitiva.
Otra cuestión a
analizar son las distancias desde La Bajada y el sitio del combate. Holmberg en
su capitulación dice que la firma a cinco leguas Paraná, pero luego en el
informe que eleva afirma que el combate se desarrolló a ocho leguas. Estas
distancias podrían ser imprecisas debido al desconocimiento del terreno pero
también a que entre el inicio de las acciones y la firma de la rendición hubo
un desplazamiento de tres leguas, aparentemente siguiendo el curso del
Espinillo. Pero lo que nos interesa es el dato del primer enfrentamiento, a
ocho leguas de La Bajada, que traducido al sistema métrico decimal nos daría
unos 40 kilómetros, muy alejados a los 20 que dista el sitio donde actualmente
se localiza el hecho, o los 25 que cita Arce.9
Según detalla Walter
Bosé, entre la posta de La Bajada, a un legua del río, y la de Ensenadita había
una legua, y desde esta a la Cuchilla del Espinillo, seis leguas. La suma da
las ocho leguas citadas. No se conocen datos precisos acerca del sitio de las
postas pero este itinerario seguramente seguía la divisoria de aguas, un
trayecto similar a la traza actual de las vías del ferrocarril. Entonces es
posible que la posta se hallase en la altura de una cuchilla que daría en las
nacientes del espinillo, al este de la actual ciudad de Crespo.
1 Richardet y Balbi – Artigas y Entre Ríos
2 Facundo Arce, (1978), en Enciclopedia
de Entre Ríos, Arozena Editores, tomo II.
3 Artigas al Cabildo de Corrientes, Cuartel General, marzo 5 de 1814,
en Pivel Devoto, Juan E., (1981), Archivo Artigas, t. XIX, Liga de los Pueblos
Libres, 1914 – 1815, Montevideo, A Monteverde.
4 Eustoquio Díaz Vélez al Director Supremo, Santa
Fe, junio 12 de 1814, en Pivel Devoto, cit.
5 Arce, Facundo y Demonte Vitale, ( ), Artigas heraldo del federalismo. Este
trabajo es producto de la cátedra Artigas que existió en el Profesorado de Historia de la Escuela
Normal de Paraná, dirigida por José Luis Busaniche.
6Bosé, Walter B. L. (1970) Las postas en las provincias
de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones: 1772-1820. Trabajos y
Comunicaciones, 20: 87-130. (Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
de la Universidad Nacional de La Plata (FaHCE-UNLP).
7 Diario de la marcha del coronel Holmberg, febrero de
1814.
8 Segura, J. J. A., (1974), Historia de Nogoyá, tomo I
(1782-1821).
9 Arce, F., cit.
Rubén I. Bourlot
El antecedente más remoto sobre el
tendido de una red ferroviaria en el país corresponde a una iniciativa del
general Urquiza - entonces presidente de la Confederación Argentina -, y de su
ministro de Hacienda, Mariano Fragueiro, que en 1854 propuso la construcción
del Ferrocarril Central Argentino entre las ciudades de Rosario, puerto de
ultramar de la Confederación, y Córdoba, lugar de paso obligado hacia el puerto
de Rosario desde el oeste y norte del país. Para los estudios previos se
contrató al Ingeniero Alian Campbell. El proyecto ferroviario quedó paralizado
por las sucesivas crisis económicas que se produjeron después de la renuncia de
Fragueiro.
El 9 de julio de 1866 se
inauguró el "Primer
entrerriano", un tramo que unía Gualeguay con Puerto Ruiz a lo largo de 10
kilómetros. La idea de este ferrocarril surgió en una reunión de vecinos que se
llevó a cabo en 1864.. Posteriormente se constituyó una sociedad con un capital
de 100.000 pesos que aportaron vecinos de Gualeguay, el general Urquiza, el
gobierno nacional, el gobierno provincial y la banca brasileña Mauá y Compañía.
El proyecto y dirección de la obra fue
contratado al ingeniero Juan Coghlan. La primitiva locomotora fue denominada
"La Solís".
El Central Entrerriano
Durante la gobernación de Eduardo Racedo -
1883-1887 - comienza una nueva etapa en el tendido de líneas ferroviarias a la
que se agregaba la fundación de pueblos adyacentes a las estaciones. Por una
ley de 1883 se autorizó al Poder Ejecutivo para la construcción de un
ferrocarril de trocha media entre Paraná y Concepción del Uruguay.
La construcción de la nueva línea fue
contratada, en 1884, con la empresa de Lúeas González y Cia. En 1885 se
iniciaron los trabajos y partir de 1887 se comenzaron a librar al servicio los
primeros tramos. En esta primera etapa los ferrocarriles son empresas de
propiedad del gobierno de la Provincia con participación de accionistas
privados y el gobierno nacional.
La estación Basavilbaso,
habilitada en 1887, se constituyó en el nudo ferroviario de Entre Ríos, y
conjuntamente con Concordia o Ibicuy, estaban clasificadas como especial
"A" dada la cantidad de trenes, recaudación por boletería, encomienda
u otros conceptos.
La privatización
A partir de 1890, como
resultado de la profunda crisis económica que vivió el país, se apeló a la venta de los ferrocarriles que cayeron en manos de empresas extranjeras,
principalmente británicas. El Estado, para estimular los capitales en la inversión de
nuevas líneas, otorgaba a los concesionarios "ganancias garantidas"
del 7 por ciento sobre el capital invertido y otorgándoles gratuitamente las
tierras adyacentes a las vías.
En consonancia con la política nacional, el
gobierno de Entre Ríos, en octubre de 1890, resolvió transferir el Ferrocarril
Central Entrerriano a una empresa particular y en 1891 a los tenedores de los
bonos de la deuda contraída para su construcción. En 1892 se hizo cargo de la
línea la Sociedad The entre Ríos Railway Limited.
El ferrobarco
En 1908 se concretó la conexión
ferroviaria entre el Puerto Ibicuy (E.R.) con Zarate (Bs. As.) a través del Ferrobarco (Ferrry Boat "Lucía Garbo").
Hasta 1900 los ferrocarriles
de Entre Ríos no tenían ninguna
conexión con las provincias vecinas, excepto Corrientes. Era de vital
importancia la vinculación con Buenos Aires, principal mercado para la
producción granjera de la provincia.
El primer tren directo de
Entre Ríos a Zarate partió de
la ciudad de Paraná el 15 de marzo de 1908 con hacienda, gallinas, huevos,
siguiéndole otra formación procedente de Concordia el 16 de marzo de 1908.
En 1911 se comenzó con el tendido de vías
desde Hasenkamp a Federal y simultáneamente el tramo de Diamante a Crespo que
se libró al servicio público en marzo de 1912. En 1916 se habilitó en forma
condicional el servicio entre Hasenkamp y Federal.
La nacionalización
Con el acceso al poder de
Juan Perón en 1946, se inició un
proceso de nacionalización de las actividades económicas estratégicas, dentro
de las cuales estuvieron comprendidos los servicios ferroviarios. Los
ferrocarriles de Entre Ríos se incorporaron a la línea Urquiza de Ferrocarriles
Argentinos.
En 1973, con la construcción del puente ferrovial
Zarate -Brazo Largo, se posibilitó bajar los tiempos de viaje y eliminar gradualmente el uso de los Ferrys. Más adelante le
tocaría el turno a la
construcción del Complejo de Salto Grande, permitiendo unir los países de
Argentina y Uruguay sobre la misma vía y la misma trocha.
La “racionalización”
En la última dictadura militar
- 1976 - 1983 -, se reanudaron los planes de "racionalización" con el
cierre varios de ramales, 350 estaciones y 50.000 despidos: de 154.000
ferroviarios quedaron 95.000.
En nuestra provincia se
cerraron los talleres de Strobel - Diamante - y el ramal Caseros a San Salvador
(julio de 1980) dejando si transporte a una rica zona de producción arrocera que se
conectaba por ferrocarril con el puerto de Concepción del Uruguay.
Con la Ley de Reforma del
Estado logró el marco jurídico para
la privatización de los Ferrocarriles Argentinos En 1993 el Ferrocarril Urquiza
fue concesionado a Ferrocarril Mesopotámico S.A. de Pescarmona y en 1999,
mediante un cambio de titulares la empresa fue transferida a la compañía ALL (América Latina
Logística que opera servicios de carga entre Argentina, Paraguay y Brasil.
Rubén I. Bourlot
La introducción de la viruela, ignorada en nuestro continente antes de la llegada de los europeos, contribuyó a diezmar a los pueblos autóctonos que, como sabemos hoy, no portaban ningún anticuerpo para enfrentar al virus. Se ensayaron los más diversos métodos para combatirla sin resultados satisfactorios, hasta que llegó la vacuna salvadora.Rubén I. Bourlot
La
música es una de las expresiones más genuinas de una cultura. Una manifestación
de la identidad de un pueblo. Hoy escuchamos géneros musicales de todo el mundo
que muchos caracterizan como “universales” pero todos tuvieron origen en una
cultura determinada y fueron expandiéndose, universalizándose con el tiempo. En
particular los países que expandieron su poder, ocuparon territorios, se
transformaron en imperios, también implantaron su cultura, impusieron su arte
hegemónico sobre las manifestaciones locales. El mercado luego hizo lo suyo.
La
industria discográfica como fenómeno comercial del siglo XX impuso modas y
músicas que moldearon el gusto musical en los sitios más remotos del mundo. Los
géneros locales quedaron recluidos, al margen del mercado, en nichos pequeños.
En muchos casos se fusionaron con los géneros que venían del exterior; en otros
casos los cultores locales se apropiaron y resignificaron esa música ajena como
ocurrió con el llamado “rock nacional”.
Hoy la diversidad de formatos para difundir música uniformó aún más los gustos musicales, en particular entre los jóvenes. En muchos casos escuchamos registros sonoros (por no decir ruidos) invadiendo los medios de comunicación que carecen de los mínimos requisitos para llamarse música. Como dijo en algún momento Charly García “Para mí la música es melodía armonía y ritmo… y lo que hay ahora es ritmo, pero le falta la melodía y la armonía".
Lo que
se suele denominarse como folklore en nuestro país, por los motivos expuestos,
fue perdiendo masividad en la mayoría de los casos. En algunas regiones
conserva su popularidad, el pueblo lo escucha y lo baila, como es el caso del
chamamé, por citar un ejemplo cercano. Entre Ríos entra dentro de esta región,
en particular en el norte provincial.
El
folklore entrerriano tiene una rica variedad de expresiones pero no todas gozan
de la difusión que se merecen. Tal vez sea la chamarrita una de las excepciones
ya que de la mano de Linares Cardozo y los Hermanos Cuestas, entre muchos
otros, en la década de 1960 alcanzó su proyección nacional. El festival de
Cosquín fue la plataforma de lanzamiento y así se convirtió en sinónimo de
música entrerriana.
Al trotecito
Entre los
estilos folclóricos de Entre Ríos, es el tanguito liso uno de esos géneros
identitarios de la provincia que aún no están totalmente valorados. Según las
investigaciones recientes, entre otras las de Raúl Tournoud de Concepción de
Uruguay (plasmadas en el libro digital “Identidades vivas de la Entre Ríos
mundial”, publicado por el Colectivo Cultural “Entre Ríos sin fronteras” y
Multiarchivo “Oscar Cacho Dutra”), se trata de un antiguo género musical, no
tanto como la chamarrita, recogido por acordeonistas tradicionales e
intérpretes más contemporáneos que lo traen a nuestro tiempo entre chamamés y
chamarritas.
Según
una de las hipótesis el “tanguito” es una derivación del tango porteño. Se
supone que empezó a aparecer en la primera mitad del siglo XX cuando los acordeonistas
interpretaban temas de tango pero con las llamadas “verduleras” que carecían de
las características del bandoneón y debían adaptarlos a un instrumento con
menos recursos. Así ese tango se transformaba y cobraba un carácter más sencillo
y original. Lo mismo sucedió con la coreografía que se simplificó para ser
bailado por los paisanos en las ranchadas donde se improvisaban bailes en las
características pistas de tierra.
Tournoud
sostiene que el origen del tango y de nuestro tanguito tiene estrechas
vinculaciones con los esclavos libertos del Brasil (incluso la voz “tango” es de
origen africano). Al proclamarse la república en el país vecino, en 1889, se
fueron liberando los esclavos que solían reunirse en sitios denominados
“tangos” donde practicaban sus rituales y danzas ancestrales de herencia
africana pero con influencias de ritmos de origen europeo. Luego esa fusión de
músicas, entre las cuales se encuentra el maxixé, tomó el nombre del lugar y en
sus migraciones, ya libertos, lo fueron difundiendo. Así llegó al Río de la
Plata y a nuestra provincia.
El
tanguito liso, hasta el momento, es un género típico casi exclusivo de Entre
Ríos, a diferencia de la chamarrita que tiene versiones en el Uruguay y sur del
Brasil.
Como lo bailan los tagüé
De la
letra del popular rasguido doble El rancho de la Cambicha de Mario Millán
Medina encontramos referencias al tanguito: “Esta noche que hay baile en el
Rancho e’ la Cambicha, chamamé de sobrepaso tangueadito bailaré, chamamé
milongueado al estilo oriental, troteando despacito como bailan los tagüé“, que
es como suelen llamar los correntinos a los entrerrianos. Según Tournoud las
menciones de Millán Medina aluden al tanguito correntino “quien ha declarado
específicamente que su tema se refiere a los bailes a los que concurrían los
troperos de los alrededores de Goya, donde se destacaba la pista de ‘Cambicha’
Moreira.”
Sin dudas
ese trote despacito, que se baila en pareja enlazada, remite a la simpleza de
su coreografía adaptada al paisanaje sin demasiadas habilidades para la danza.
Como
observamos más arriba, los sitios donde se bailaba eran pistas improvisadas de
tierra apisonada. Según testimonios orales, la música se amplificaba con alguna
bocina de discreta potencia por lo cual el sonido no llegaba hasta los lugares
más alejados de la pista y los bailarines lo hacían casi por intuición y
dejaban de danzar cuando lo hacían los que estaban más cerca del escenario.
Algunos
de los cultores de esta modalidad musical folclórica son Edmundo Pérez, Santos
Tala, Pocho Gaitán (de Pronunciamiento: “Soy tanguito montielero”). También
Pancho Moreno (Hernandarias), Agustín “Agüicho” Franco (Santa Elena). Otros que
lo interpretaron son Los Hermanos Cuestas (“Alitas de mi Entre Ríos” de Jorge
E. Martí), Los del Gualeyán, Los Hermanos Spiazzi, Los Chamarriteros, Federico
Gutiérrez y Los Poriajú, Ricardo Zandomeni, Julio López, José Albino y Reynaldo
Mathey Doret (Líbaros: “Al poeta del Calá”).
Es necesario
para el fortalecimiento de nuestra identidad cultural el rescate esta variedad
de ritmos musicales, fomentar su difusión y llevarlos a las escuelas. Que estén
presentes en las aulas, hacerlos conocer en las clases de música, para ir
educando el gusto por lo nuestro. Porque no puede gustar lo que no se conoce.
Imagen
Reynaldo Mathey Doré
Fuente consultada
Raúl
Tournoud y Susana Dutra, Panorama del
nuevo folklore entrerriano para el siglo 21 en https://laciudadrevista.com/panorama-del-nuevo-folklore-entrerriano-para-el-siglo-21/
Rubén I. Bourlot
Bibliografía principal
Olga Fernández
Latour (1960). Cantares Históricos de la tradición argentina, disponible en https://www.letras.edu.ar/BID/bid121_OlgaFernandezLatourdeBotas_Cantares-historicos-de-la-tradicion-argentina.pdf