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22/8/12

Más sobre la guerra contra el Paraguay

Por Ángel Harman
La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay siempre dará lugar a controversias y especulaciones.
De todos modos, es necesario hacer algunas aclaraciones:
1) Este conflicto se inscribe en el largo proceso de conformación territorial de los Estados sudamericanos y de formación de las nacionalidades.
2) Tanto la diplomacia del Estado oriental como la paraguaya cometieron errores inconcebibles q
ue tuvieron influencia decisiva en el origen de la guerra.
3) El Paraguay no era una potencia industrial: el establecimiento de Ibicuy era una fundición de hierro, no muy diferente de las que se conocían en Europa desde fines de la Edad Media.
4) Nadie duda de que el Paraguay era un país independiente, en el cual el Estado ejercía el monopolio de los principales rubros del comercio exterior (yerba mate, tabaco y maderas). Pero su producción esencialmente agrícola y forestal alcanzaba para el autoabastecimiento, y en menor medida, para la exportación a los países vecinos.
5) No se puede decir que la guerra fue alentada por Gran Bretaña. En todo caso, una vez iniciada la contienda, tanto Argentina como el Imperio del Brasil buscaron financiación a través de las casas bancarias británicas, que eran las que mayor presencia y capacidad en la región.
6) La guerra fue aprovechada por grupos empresariales vinculados al gobierno argentino, que hicieron buenos negocios como proveedores del ejército. Esta costumbre no era una novedad, pues venía desde los tiempos de las guerras de la independencia. 
7) De parte del gobierno argentino hubo errores e improvisación: nadie había pensado en que el conflicto durara más de un año. 
8) Además, las deserciones en los ejércitos, más que relacionarse con el sentimiento de unidad americana o de reacción antimperialista, era común en nuestro país: mientras la lucha fuera en territorio propio había posibilidades de conservar el control de las tropas; pero siempre hubo deserciones masivas cuando los conflictos se producían en regiones alejadas del lugar de procedencia de los milicianos.
9) No se puede negar las responsabilidades que los principales actores tuvieron en el estallido de la guerra y en su perduración: en principio, la del Imperio con su afán expansionista; la del gobierno encabezado por Mitre, por haber alentado el derrocamiento del gobierno “blanco” uruguayo; los desaciertos políticos y diplomáticos cometidos por el gobierno oriental; y los errores políticos y estratégicos cometidos por de Francisco Solano López, cuya megalomanía suicida condujo al sacrificio de la mayor parte de su pueblo. 
10) Esta guerra significó para los entrerrianos otro elemento negativo en el declinante prestigio del general Urquiza, que se sumó a las dudas sobre la derrota de Pavón y a las subsiguientes rebeliones protagonizadas por los federales del interior. Pese a la resistencia y desbande de las milicias entrerrianas, un buen número que participó en la guerra murió, en tanto, algunos pocos de los que pudieron regresar, recibieron compensaciones, mientras la mayoría padeció las secuelas producidas por las heridas o por el abandono de sus propiedades. 
La tragedia de la guerra contra el Paraguay ha representado una pesada carga sobre la conciencia de los argentinos. Pero si se quiere comprender en amplitud las causas de la misma, es necesario hacer un análisis profundo de cada una de ellas. No hubo entre los principales protagonistas voluntad de solucionar los conflictos por otra vía; en cambio, millares de hombres de los cuatro Estados fueron conducidos a sufrimientos indecibles. El Paraguay padeció las peores consecuencias de la guerra; pero los otros países quedaron endeudados y maltrechas sus economías.

14/8/12

La caballería entrerriana rumbo al Paraguay. Aprestos y rebeliones

Rubén I. Bourlot

La intervención del Imperio del Brasil en los asuntos internos de la Banda Oriental del Uruguay fue el primer paso para la agresión en contra del hermano Paraguay y la guerra oprobiosa que masacró a un pueblo guaranítico que intentaba su desarrollo autónomo en el corazón de nuestra América. El conflicto involucró a la Argentina con la alianza entre los gobiernos de Buenos Aires, Río de Janeiro y Montevideo.
El 17 de abril de 1865 el presidente Bartolomé Mitre ordenó que las provincias de Entre Ríos y Corrientes movilizaran cada una 5000 jinetes de su Guardia Nacional, nombrando jefes de esas fuerzas, respectivamente, a los generales Justo José de Urquiza "comandante en jefe de las milicias de la Provincia para proveer a la seguridad y defensa del territorio amenazado de la misma y de la de Corrientes" y a Nicanor Cáceres. Con esto se trataba de oponer una valla al avance paraguayo en el territorio de Corrientes. En cumplimiento de su misión, Urquiza convocó a los reclutados para reunirse en el histórico campamento del Calá. La orden difundida por chasquis decía: "que todo entrerriano en estado de llevar armas concurrirá con su equipo y con caballo de tiro al campamento de Calá, donde deberá hallarse el 26 de abril".
Para mayo ya se habían conseguido reunir a más de 8.000 hombres que superaban sobradamente los 5.000 fijados por el gobierno nacional.
Este resultado podría inducir a la creencia de que Entre Ríos recibía con entusiasmo la guerra contra el Paraguay, pero los sucesos posteriores demostraron que esa empresa no gozaba de la pretendida popularidad.

Urquiza al frente
Una vez declarada la guerra que tenía como telón de fondo las maquinaciones del imperio inglés y sus intereses mercantiles, el ministro general del presidente Bartolomé Mitre, Juan A. Gelly y Obes, comunicó al gobierno de Entre Ríos que "en el deber de contestar la guerra con la guerra y de proceder inmediatamente a organizar las fuerzas necesarias", se había nombrado comandante en jefe de las milicias de la Provincia, al general Urquiza con autorización para levantar un ejército de cinco mil hombres. En nota del día 17, el ministro Rufino de Elizalde comunicó al gobierno local la “agresión paraguaya”, esperando la más decidida cooperación de la Provincia para obtener un desagravio.
El gobernador José María Domínguez, el 20 de abril, respondió a Gelly y Obes, asegurándole que Entre Ríos no economizaría sacrificios “para dejar ilesa la honra nacional” y el 24 del mismo mes manifestó a Elizalde que el pueblo y el gobierno de Entre Ríos estaban decididos a secundar al gobierno nacional para obtener una reparación de la República del Paraguay.
El 26 de abril todo estaba preparado para marchar hacia el norte. Los caballos ensillados, las armas puestas a punto y los jinetes dispuestos a montar y partir por los senderos del Montiel rumbo a los límites del norte entrerriano. Pardos y morenos, penados liberados de las cárceles, los siempre perseguidos “vagos” y un cuerpo de artillería compuesto por muchachos quinceañeros también eran de la partida. Los “tagüé” se asomarían de nuevo por los esteros correntinos para combatir.

Temporada de rebeliones
El 11 de mayo arrancó la partida al trotecito. Pero no marchaban alegres a la cita; todo lo contrario. Entre dientes mascullaban la indignación que no podían expresar a viva voz. En contra de los paraguayos no.
A orillas del arroyo Basualdo, afluente del Guayquiraró, ya territorio correntino acamparon las tropas en espera de órdenes. Junto a ellos se encontraba el comandante en jefe Urquiza. Había incertidumbre. Pasaban las semanas y no se explicaban por qué no seguían avanzando.
En Concordia se encontraba el centro de operaciones encabezado por Bartolomé Mitre. El 3 de julio, en horas de la mañana, Urquiza se retiró del campamento para entrevistarse con Mitre. La paciencia se había agotado. Los jefes de la caballería aprovecharon la ausencia del comandante y entre la noche del 3 y las primeras horas del 4 se alzaron las caballerías de "victorianos" y "nogoyaceros", sin quedar uno solo. El desbande comprendió 2.154 hombres comandadas por los coroneles Manuel Navarro y Manuel Caraballo.
Urquiza atribuyó la dispersión a su ausencia, a falsos rumores sobre su viaje, al exceso alcohol y a otras causas. Era tal el estado de sedición y de indisciplina de las caballerías que Urquiza decidió licenciar todas las fuerzas y prometió que en breve reclutaría un nuevo ejército. Desconfiaba de Ricardo López Jordán, uno de los oficiales que ya en el combate de Pavón (1861) había tenido que aceptar la capitulación a pesar de que la caballería que comandaba hacía retroceder estrepitosamente a las fuerzas de Buenos Aires conducidas por Mitre.
En octubre lograron reunir nuevas fuerzas que sin mayores convicciones volvieron a marchar hacia el norte. Los rumores de insurrección estaban a la orden del día. Apuntaban a López Jordán, a Gerónimo Romero, el Chumbiau, al coronel Antonio Berón, de estar complotados en contra de la movilización.
En Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y otras provincias estallaban revueltas que se resistían al envío de “voluntarios” al Paraguay. Desde Catamarca los “voluntarios” eran enviados engrillados. Al año siguiente el caudillo Felipe Varela publicaba una enérgica proclama condenando el conflicto paraguayo: “El Pabellón de Mayo (…) ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyutí, Curuzú y Curupaití.”
La nueva marcha al norte fue accidentada. En Villaguay una división de Gualeguay desertó. Los que llegaron acamparon a la vera del arroyo Toledo pero en la noche del 4 de noviembre se volvieron a rebelar. Los batallones de Gualeguay, Gualeguaychú, Victoria, Diamante y Paraná abandonaron el campamento y se perdieron en los montes entrerrianos.
López Jordán había justificado la actitud rebelde de los entrerrianos: “Usted nos llama a combatir al Paraguay. Nunca General, ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos a pelear a los porteños y brasileños. Estamos pronto. Esos son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de Paysandú. Estoy seguro del verdadero sentimiento del pueblo entrerriano.”
Finalmente el gobierno logró enviar un magro contingente y quedar bien visto ante las autoridades nacionales. Esta actitud neutralizó la desconfianza de la posición de Urquiza frente al trágico conflicto que destruyó al Paraguay.

Imágenes
Portada del Álbum de la Guerra Paraguay
Campamento de Calá
Campo de la Guerra contra el Paraguay


Bibliografía
Álbum de la guerra del Paraguay dirigido por José C. Soto, 1894. Disponible en el Archivo General de Entre Ríos.


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