Rubén I. Bourlot
A las dos de la tarde del 26 de enero de 1844, una partida de cincuenta desertores capitaneada por Pedro Martínez (a) Rodas, atacó la casa en que residía accidentalmente el gobernador delegado Cipriano J. de Urquiza, ubicada frente a la plaza principal de Nogoyá. Después de defenderse y de ser herido, Urquiza logró huir hacia la calle en donde fue alcanzado por los asesinos que lo acribillaron balazos y hachazos, y finalmente terminar de matarlo ahorcándolo.
El desertor Pedro Martínez, apodado Rodas, se arrimó a Nogoyá luego de entrevistarse con Justo José de Urquiza y recibir el indulto. En el lugar hizo buenas migas con los miembros de la escolta para, luego se supo, planificar el atentado con la ayuda de algunos efectivos de la guardia que se habían unido al complot.
El asesinato
El 26 de enero a la mañana la calma veraniega se había apoderado del pueblo de 2.000 habitantes que emergía en medio de los montes del Montiel. Cipriano estaba en su despacho ocupado en los quehaceres burocráticos. Confiado había licenciado a parte de su guardia. Pero en los alrededores, en la espesura de los montes circundante, había una actividad febril. Tras el almuerzo sucedió la siesta obligada para sortear los avatares veraniegos de la Solapa. De pronto todo estalló. Desde los montes una partida comandada por Martínez en compañía de Celestino Pereyra, José Antúnez, Quintín Niz, José Rueda y otros ingresó desde la espesura y se dirigió a la residencia del gobernador delegado. Cuando escuchó la estampida de jinetes que ingresaba por los fondos de la residencia Cipriano llamó a los pocos escoltas que lo acompañaban y tomó su espada dispuesto a defenderse. La policía local, unos seis efectivos al mando de Francisco Candioti, solo atinaron a ponerse a salvo huyendo a los montes. Los salteadores ingresaron y capturaron a varios de los moradores, en tanto Rodas desde la calle reclamó la presencia de Urquiza con la promesa de respetarle la vida. Confiado en su palabra Cipriano se apersonó ante el jefe de la partida quién no dudó en atacarlo a balazos y herirlo. Ante esto corrió para intentar refugiarse en la iglesia perseguido por Tomás Pereyra y Aniceto Álvarez que con sus manos y un hacha lo ultimaron.
Cipriano, el hermano mayor
Cipriano era el hijo
primogénito de José de Urquiza y hermano de Justo José. Había nacido en la
estancia La Centella en 1789. Se destacó como un eficiente administrador,
además de sus conocimientos de leyes, que colaboró con las primeras gestiones
de gobierno de la provincia de Entre Ríos. En 1816 ocupó la Administración
General de Entre Ríos en tiempos de la hegemonía de Artigas y continuó cuando
Francisco Ramírez asumió la Comandancia General en 1818. Tras la ruptura con
Artigas y la creación de la República de Entre Ríos por parte de Ramírez,
Cipriano de Urquiza fue el comisionado para redactar el reglamento del orden
económico y luego ocupó la cartera de Hacienda (Ministro General) de la efímera
República. También fue redactor de la Gaceta Federal, el primer periódico que
circuló en la provincia editado por la imprenta que había traído el chileno
José Miguel Carrera.
Tras la muerte de
Ramírez, el gobernador Lucio N. Mansilla inició una persecución artera contra
los partidarios del caudillo, y contra Cipriano le imputó varios delitos por
administración fraudulenta que finalmente resultaron falsas. En esas
circunstancias los ramiristas pasaron a la resistencia protagonizando varios
levantamientos contra el gobernador que consideraban un intruso manipulado por
los gobiernos de Buenos Aires y Santa Fe. Varios de los complotados fueron
apresados y otros debieron partir al exilio en Santa Fe y Paysandú; uno de
ellos era Cipriano de Urquiza. Reivindicado tras la finalización de los
gobiernos de Mansilla ocupó varios cargos legislativos.
En tanto en 1829 contrajo
matrimonio en primeras nupcias con María Teresa López Jordán, media hermana de
Ramírez.
En 1840 el entonces gobernador Pascual Echagüe lo nombra como su delegado, cargo que volverá a ocupar a partir de 1842 cuando asume la gobernación su hermano.
Los motivos del magnicidio
Este luctuoso suceso
nunca fue aclarado totalmente. Los autores materiales fueron apresados,
juzgados y condenados a muerte. El propio gobernador se hizo cargo de la
ejecución de los penados menos uno. El cabecilla llamado Rodas logró salvar el
pellejo exiliándose en Santa Fe.
El general Urquiza acusó,
hoy podríamos decir “mediáticamente”, del hecho al entonces gobernador de Santa
Fe que había sido su antecesor en la provincia, Pascual Echagüe, y al
gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. En tanto los diarios porteños
partidarios de Rosas difunden la hipótesis de que la autoría del hecho fue
maquinada por los hermanos correntinos Juan y Joaquín Madariaga, que habían
invadido a la provincia.
Tres décadas después
idéntico destino tuvo su hermano Justo José.
Una placa en la
esquina de Nogoyá donde cayó muerto y una sala del Archivo general de Entre
Ríos lo recuerdan. Su dilatada y fructífera trayectoria merecerían una mayor
visibilidad. Su bisnieto Eduardo de Urquiza (murió en 1944), en su libro
Antecedentes biográficos de Don Cipriano de Urquiza, se lamentaba que “a la
fecha, ningún sitio público, ninguna escuela recuerda su nombre. Las
autoridades públicas lo han olvidado”. Hoy sigue más o menos igual.
Bibliografía
Bascourleguy, et. Al
(2007). Federales olvidados, Ediciones del Clé, Paraná.

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