En el salón de los Gobernadores de la Casa Gris, sede del gobierno de Entre Ríos, el cuadro de Ricardo López Jordán (hijo) sufrió un reiterado sube y baja según los sesgos interpretativos de nuestra historia. Para unos fue gobernador, para otros no lo fue o no mereció el cargo. Sin embargo está el rostro de Antonio Crespo (1844-1854) que no lo fue propiamente sino el sustituto de Urquiza durante sus ausencias. En tanto no se encuentra Cipriano de Urquiza (1842-1844) que ocupó el mismo cargo de Crespo.
El hecho incontrastable es que López Jordán fue designado en 1870 en el cargo de gobernador para completar el mandato tras el asesinato de Justo José de Urquiza el 11 de abril de ese año.
Para el relato de los hechos y su interpretación contamos con los documentos que se pueden consultar, entre otros lugares, en el Archivo General de la provincia.
La muerte de Urquiza dejó acéfalo el gobierno de Entre Ríos por lo que inmediatamente el presidente de la Legislatura Fidel Sagastume se hizo cargo interinamente y convocó a sesión para designar al ciudadano que debía completar el periodo de gobierno según lo establecido por los artículos 37 y 38 de la Constitución provincial sancionada en 1860 que contemplaba el caso e indicaba el procedimiento a seguir.
La cita textual de la ley suprema entrerriana vigente en esa época indica que “en caso de imposibilidad física ó mental, renuncia, suspensión, deposición en juicio o muerte del Gobernador, la Cámara procederá á elegir un provisorio inmediatamente.” Y agrega: “Mientras esta elección no tuviese lagar, asumirá el mando el Presidente de la Cámara por un término que no podrá exceder de un mes.”
Reunida la Legislatura con la presidencia de Antonio Zarco eligió gobernador a Ricardo López Jordán (h) "para terminar el período que faltaba al anterior". Los únicos legisladores que votaron en contra fueron Antonio Zarco y Ramón Febre.
La elección se produjo el 14 de abril y ese mismo día el nuevo gobernador prestó juramento, nombró ministros a Pedro Lucas Funes y Juan A. Mantero y luego, en reemplazo del primero que renunció, a José V. Díaz y más tarde, en substitución del segundo que también dimitió, al médico Carlos M. Querencio.
Al momento de jurar López Jordán habló ante la Legislatura sobre su acción futura y sostuvo que “he deplorado que los patriotas que se decidieron salvar las instituciones, no hubiesen hallado otro camino que la víctima ilustre que se inmoló, pero no puedo pensar en una tumba cuando veo ante mis ojos los hermosos horizontes de los pueblos libres y felices”. Esa expresión dio lugar a diversas interpretaciones. Algunas condenatorias a la actuación del nombrado gobernador pero que empalidecen frente a la barbarie desatada por el gobierno nacional cuando desconoció esta designación y envió una intervención armada.
Escribe Aníbal S. Vázquez –Caudillos Entrerrianos. López Jordán- que “Contradiciendo afirmaciones en contrario, en momento alguno, ni antes, ni ahora, ni después (López Jordán) declaró su responsabilidad por el asesinato de su antecesor.
“Algunos historiadores argumentan que la cámara entrerriana procedió a elegirlo bajo el terror revolucionario, sin advertir que dos diputados votaron en contra sin haberse denunciado que experimentaran molestia alguna por ello y que no habría porque suponer que serían los únicos con coraje civil suficiente para sustentar sus opiniones. La prueba de que la Legislatura votó con entera libertad e independencia de juicio está en que la gran mayoría de los diputados formó y se batió en el ejército entrerriano que defendió en los campos de batalla la autonomía de la Provincia en contra de una intervención nacional que se estimó arbitraria, injusta y violenta.”
La intervención armada
El gobierno nacional, presidido por Domingo Faustino Sarmiento, ese mismo día había ordenado la creación de un ejército de observación para vigilar las costas del río Uruguay, expresando en los considerandos del decreto la necesidad de hacerlo por "que los revolucionarios de la República Oriental del Uruguay (…) se dirigen precipitadamente a las márgenes" opuestas, coincidiendo con este suceso, sospechoso de algún designio secreto, la muerte del gobernador de Entre Ríos en su palacio de San José, por una banda armada en que figuraban asilados orientales y con el hecho de que se desprendían constantemente de la provincia grandes grupos para perturbar la paz del estado vecino, etc. En la práctica era una intervención militar de la provincia, aún antes de conocerse el nombre de quién sería designado para reemplazar a Urquiza.
Para la tarea fue nombrado jefe de este ejército el brigadier general Emilio Mitre. Por otro decreto, del 19 de abril, el general Emilio Conesa asumió la jefatura del ejército de observación sobre el río Paraná.
La legislatura provincial autorizó al gobernador a reprimir lo que consideraba un atropello de la autonomía provincial.
El 16 dos barcos de guerra en que viajaba la tropa del Ejército de Observación llegó a la embocadura del río Gualeguaychú. De ahí, Emilio Mitre dirigió un oficio al gobernador López Jordán requiriéndole informes sobre el estado de la provincia, quien lo remitió a la Legislatura manifestando que aquel había detenido la marcha porque una comisión de vecinos se anticipó a significarle la gravedad que importaría su desembarco, ya que la población vivía en paz y que se había conjurado la crisis institucional provocada por la revolución y la violenta desaparición del gobernador Urquiza.
El 17, el gobernador López Jordán contestó al general Mitre diciéndole que la revolución iniciada el día 11 había terminado el 14 con su elección gubernativa, lo que había comunicado al Poder Ejecutivo de la Nación; que los poderes públicos estaban funcionando con toda regularidad; que deploraba las medidas adoptadas por el gobierno nacional merced a informes apasionados, alterando la tranquilidad del departamento Gualeguaychú, y "que se ha vuelto a ponerse en armas para defender la autonomía de la Provincia y a su constitución (…)". Terminó diciendo que "Entre Ríos no aspira más que a obtener los beneficios de la paz en el reinado absoluto de la Constitución y que nada será bastante a desviarlo de los propósitos manifestados al pueblo".
Desembarco en Gualeguaychú
En medio de estas negociaciones, sorpresivamente, el jefe del titulado Ejército de Observación, desembarcó con sus tropas en Gualeguaychú. Al pisar tierra entrerriana Emilio Mitre dirigió un manifiesto al pueblo diciendo que el asesinato de Urquiza "ha determinado al gobierno nacional a enviarme a esta provincia como su comisionado, al mando de una fuerte división de las tres armas, para apoyar la justicia que debe hacerse a ese atentado inaudito y para impedir toda complicación con las bandas armadas en la República vecina".
López Jordán informó lo acontecido a la Legislatura y reiteró su voluntad de defender la autonomía de la provincia como el propio cuerpo legislativo había autorizado el 17 abril. Conocida por el gobierno nacional esa decisión dictó un decreto acordando "que D. Ricardo López Jordán y todas las personas que con él se han alzado públicamente y en abierta hostilidad contra el Gobierno Nacional son reos de rebeldía contra la Nación y deben ser perseguidos.”
El gobernador intentó solucionar el diferendo por medios pacíficos y comisionó Onésimo Leguizamón y Clodomiro Cordero para iniciar gestiones de paz. Se ponía como moneda de cambio que “el general López Jordán renunciará al cargo de a gobernador que inviste sobre las siguientes bases: 1º Retiro de las fuerzas nacionales del territorio de toda la provincia, en los términos que definitivamente se convenga; 2º Ninguna injerencia del gobierno nacional en la elección del nuevo gobernador provisorio; 3º Intervención y garantía de una nación amiga de la República Argentina, para la efectividad del convenio (…)”
No hubo acuerdo y se desató una nueva tragedia que culminó con la derrota de los rebeldes y la sumisión de la provincia al gobierno nacional.
Imágenes
Diario jordanista La Nueva Era
López Jordán en la batalla Ñaembé


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