Rubén I. Bourlot
El 4 de enero de 1774 un informe se da cuenta de la instalación del primer servicio de postas que recorrió el territorio entrerriano partiendo desde la Bajada del Paraná hasta el río Guayquiraró, como parte de la carrera entre Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y Asunción, llamada la “Carrera al Paraguay”. El organizador del sistema era el Administrador Principal de Correos de Buenos Aires, Manuel Basavilbaso. El Comisionado de Correos encargado de establecer dicha carrera era Bernardo de Garmendia, capitán de Blandengues de las Milicias de Santa Fe que contaba con el apoyo logístico del sargento mayor de Milicias de Paraná, Juan Broyn de Osuna. Son protagonistas pioneros que valen la pena conservar en la memoria.
En 1774 Basavilbaso nombra a Garmendia con el ostentoso título de Maestro Mayor Conservador y director de Postas y Correos de la Carrera de Santa Fe y Corrientes al Paraguay, desde Buenos Aires.
En un principio la carrera al Paraguay se dispuso para el traslado de correspondencias pero en 1785 se autorizó utilizar las postas para el transporte de pasajeros que se solía hacer en galeras o diligencias. Los viajeros debían contar con un “parte” o “pasaporte” y abonar un derecho de dos pesos a la Administración de Correos.
Un viaje por las postas entrerrianas
Sabemos que cuando se trasladó Santa Fe a la actual ubicación (1651-1661) los viajes por vía terrestre hacia Corrientes se practicaban por la costa entrerriana a partir de la Bajada (actual Paraná) debido a las dificultades topográficas para trazar una senda por la costa santafesina.
En el trayecto entrerriano las postas eran catorce con edificaciones en muy precarias condiciones como lo testimonia Félix de Azara. El ingeniero geógrafo español que a fines del siglo XVIII realizó el viaje desde Buenos Aires a Asunción, recuerda el estado de las postas existentes en Entre Ríos y Corrientes. Veamos un fragmento de su minuciosa narración: “Salimos el día 14 a las seis, en los mismos caballos y habiendo caminado seis leguas llegamos a las posta del arroyo Antonio Tomás. Como a la mitad de esta distancia, pasamos el arroyo María y también algunos otros riachuelos de poca consideración. Cuando los de la posta nos atisbaron de lejos, cerraron sus puertas, y se huyeron al campo para no darnos caballos. Nos vimos obligados a volver atrás un cuarto de legua a un rancho que al paso habíamos dejado. Aquí comimos y tomamos caballos hasta la posta inmediata, antes de llegar al arroyo Hernandarias, que dista de donde salimos como seis leguas. Sólo hallamos aquí un viejo y dos caballos que lo eran más, y nos fue preciso continuar en los mismos…”
En el Itinerario de Postas de 1795 encontramos interesantes detalles del pasaje entre Santa Fe y Paraná que nos permite trazar un paralelismo con el simple trámite que significa hoy unir las dos capitales provinciales a través del Túnel Subfluvial. “… Un brazo del Paraná que se llama Colastiné, de media legua de ancho, se pasa en canoa y los caballos nadando, por lo que se da al canoero 12 a 16 reales los getilhombres. Y a cierto trecho se encuentra una laguna que tiene comunicación con el río llamado Descolorido, que tendrá de ancho 440 varas y se atraviesa a nado y en pelota de cuero, que tiran nadadores. Y a otro trecho de haber caminado por tierra, se aparece un río que llaman Paraná Miní, que es lo mismo que chico, de un cuarto de legua de ancho y se pasa a nada las caballadas y la gente en pelota de cuero y en canoa. Y acabada la navegación se entra a la Villa de la Bajada o del Rosario, donde hay Administración de Correos…”
En la posta de la actual Paraná el maestro nombrado en 1774 era Benito Sanabria que debía dar caballos hasta Las Tunas y Sauce Grande. En 1789 se estableció la Administración de Correos de la Villa del Paraná a cargo de Antonio Centurión. Su jurisdicción comprendía las postas de La Tunas, Sauce Grande, Potrero de Vera, Antonio Tomás, Hernandarias, Alcaraz, Feliciano, Estacas y Arroyo Hondo.
Institución antiquísima
La posta era una institución antiquísima, oriunda de Oriente, e introducida en Europa a través de Grecia y Roma. Constituyeron los eslabones indispensables para el sistema de comunicación en épocas en que la ocupación española comenzaba a extenderse en las tierras escasamente pobladas del Río de la Plata. Generalmente las instalaciones consistían en ranchos carentes de toda comodidad, situados cada cuatro, cinco o más leguas, con un servicio
de diez o quince caballos. Cada posta era servida por un puestero o “maestro de postas” con dos o tres postillones. Hasta ella llegaban las galeras a cambiar los caballos y a dar un descanso a los pasajeros, pese a la ausencia de comodidades. También servían para los que se atrevían a viajar a caballo, facilitándoles el cambio de éstos o los servicios de un postillón. Las postas se instalaron, además, para establecer un correo entre puntos distantes servidos por los chasques, a quienes los puesteros debían suministrar caballos de refresco. El “maestro de posta” era un concesionario que cobraban los servicios y llevaba el registro de los movimientos en un “cuaderno de posta”. Un dato interesante es que hacia 1794 por un decreto del ministro de Gobierno y de Indias se otorgó a los maestros de posta el derecho a percibir un retiro o jubilación (“como si se hallasen en actual servicio”) con quince años de servicio. El primer título de correo jubilado correspondió a Francisco Gómez González en la Carrera al Paraguay.
Para el cruce de los ríos y arroyos también había “canoeros” que se encargaban de pasar a los viajeros en una canoa construida con un troco ahuecado (similar a las canoas monoxilas de los indígenas de la región) o de una “pelota de cuero”, precaria embarcación confeccionada con un cuero de toro atado para darle forma de balsa que era tirada por un caballo.
Diligencia con pasajeros
Postas de Entre Ríos
Bibliografía
Bose, Walter B., Las Postas en las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones -1772-1880- En trabajos y comunicaciones N° 12, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación Dep. de Historia, UNLP.


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