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Los libertadores 33 Orientales

Rubén I. Bourlot

El 19 de abril de 1825 desembarcaron en la plaza de La Agraciada, en territorio oriental, los 33 Orientales que, comandados por el general Juan Antonio Lavalleja, habían salido en la noche del día 16, de costas argentinas, para emprender la campaña de liberación de su patria del dominio brasileño.

El grupo de orientales desembarcó en la costa uruguaya para liberar a su tierra del Brasil jurando “libertad o muerte”.

El grupo había partido de Buenos Aires, cruzó el sur de Entre Ríos y pasó a la Banda Oriental a la altura de la playa llamada Arenal Grande o “Graseada” por haber allí un matadero de ganado. El nombre, que pareció inconveniente, fue cambiado por la historiografía por “La Agraciada” como se conoce hoy.

El lugar queda en el departamento de Soriano, donde llegaron los orientales procedentes de las costas entrerrianas. El movimiento se había fraguado en la logia conocida como los Caballeros Orientales. Los revolucionarios partieron en dos grupos, uno comandado por el teniente coronel Manuel Oribe, y el otro por el coronel Juan Antonio Lavalleja, comandante a su vez de toda la expedición.

Tras haberse reunido ambas comitivas el 17 de abril en Brazo Largo, en el sur de Entre Ríos, desembarcaron en la playa 19 de abril.

Combate de San Salvador

Tras el desembarco Lavalleja marcha con dirección a Mercedes.

En las primeras horas del 21 de abril, ya se encuentra en los alrededores de Dolores, cuya guarnición militar de aproximadamente mil hombres estaba al mando de Julián Laguna, viejo soldado de la independencia que al igual que Rivera y muchos otros, se encontraba al servicio de Brasil como Capitán del Regimiento de Dragones Orientales.

El 23 los patriotas enfrentan en las costa del río San Salvador a un destacamento brasileño de aproximadamente 70 hombres obteniendo una victoria que acrecienta el espíritu de los revolucionarios.

Después de varias acciones felices proclamaron su independencia e incorporación a las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 25 de agosto del mismo año. A raíz de este pronunciamiento, intervino la Argentina provocando la guerra con el Brasil.

Guerra con el Brasil

Al poco tiempo del desembarco en La Agraciada el gobierno de Buenos Aires, temeroso de que los brasileños atacaran a Entre Ríos, creó un ejército de observación al mando del general Martín Rodríguez, quien debía organizarlo en la Provincia.

El general Rodríguez llegó a Paraná el 15 de septiembre de 1825, siendo recibido con entusiasmo, según lo dijo "La Gaceta Mercantil" de Buenos Aires, el día 23 del mismo mes. Luego viajó a Uruguay y para el 11 de octubre estableció su cuartel general sobre el arroyo Molino, conocido con el nombre de Itapé, al norte de la ciudad de Uruguay.

La provincia contribuyó a este ejército con dos regimientos de caballería y un batallón de infantería y, más tarde, con un contingente de 500 hombres. Los regimientos de caballería fueron organizados en Uruguay por el general López Jordán y la infantería, en Paraná, por el comandante Fructuoso Sosa. Además, la contribución provincial comprendió la autorización para la libre circulación de los billetes del Banco Nacional.


Saucesito, una batalla decisiva


Rubén I. Bourlot

Un delgado curso de agua que serpentea al sur de Paraná fue el escenario de la batalla de Saucecito, un hito clave de los conflictos entre el artiguismo y el gobierno centralista de Buenos Aires. El combate acaecido el 25 de marzo de 1818 puso frente a frente a las tropas entrerrianas comandadas por Francisco Ramírez y las del Directorio dirigidas por Marcos Balcarce. La victoria de los entrerrianos neutralizó el nuevo intento de ocupación de Entre Ríos que el año anterior había ensayado Luciano Montes de Oca, derrotado por el propio Ramírez en el combate de arroyo Ceballos, en las cercanías de Gualeguaychú.

Con este triunfo Ramírez logró el reconocimiento definitivo por parte de Artigas como su representante de Entre Ríos en el marco de la Liga de los Pueblos Libres y su nombramiento como Comandante General de la provincia y Jefe del Ejército Federal en reemplazo del coronel José Francisco Rodríguez. Hasta ese momento Ramírez era comandante de Concepción del Uruguay.

El historiador Facundo Arce escribe en la Enciclopedia de Entre Ríos que el director Juan Martín Pueyrredón,

“(…) herido en su orgullo por la derrota de su enviado Luciano Montes de Oca en el combate de Santa Bárbara lo reemplazó por un jefe acreditado, el coronel Marcos Balcarce, para tentar nuevamente la dominación de Entre Ríos. En enero de 1818 Balcarce pasó por Los Toldos y alzó a los derrotados sobrevivientes, entre los que estaban Hereñú, Samaniego, etc. y se dirigió en sus barcos a la Bajada del Paraná, donde (José Ignacio) Vera había sido reemplazado por Evaristo Carriego, de tendencia directorial. Ramírez voló con su hueste a enfrentar la nueva invasión. Mientras los invasores se aproximaban a la Bajada, él llegaba al Pelado (departamento Diamante), el 20 de marzo. El enemigo, sin dificultad, desembarcó en el citado puerto y salió en busca de Ramírez, trabándose en lucha en el Saucesito, próximo a Paraná. El 25 de marzo de 1818 la derrota sufrida por Balcarce fue decisiva. De sus 2000 hombres, muchos murieron en el campo de batalla, otros en la huida desordenada se ahogaron al caer al río desde las planchadas de embarque, y más de 200 quedaron prisioneros.

“La reacción de Ramírez y sus hombres fue tremenda, propia del ataque artero. El caudillo entrerriano resultó herido en un muslo y este episodio nos permite saber que no tenía tan siquiera un cirujano, ya que el Gobernador (de Santa Fe Mariano) Vera le remitió uno el día 26, para que lo curase. Pueyrredón, el gobernante responsable de este y otros atropellos, se habría de arrepentir tarde, cuando el daño no tenía remedio.

“Las fuerzas victoriosas del Saucesito se incautaron de todo el equipaje, municiones y 4 cañones de bronce del Ejército directorial. De inmediato Ramírez se dispuso a marchar a Concepción del Uruguay, en previsión de un ataque de los portugueses.”


Con los caballos cansados

En los partes de la batalla que envió Balcarce a Pueyrredón justifica la derrota debido al estado de la “caballada en extremo fatigada” por los continuos movimientos del enemigo, y el tenerlos ensillados desde dos o tres días “a causa de no tener muda”. Decía que fue necesario apresurar el enfrentamiento puesto que “ya no podía demorarla, ni esperar más auxilios, ni de moverme, ni de subsistir, ni de reforzarme que los que debía darme una victoria, sin la cual forzosamente llegaba muy pronto el caso de abandonar el País.” También explica que debió acudir en auxilio de las familias de quiénes habían colaborado con el invasor despachándolas en una balandra junto con los heridos pues “el cirujano también fue muerto o prisionero”.

Evelyn Janet Heinze en El territorio entrerriano como objeto de disputa en la década de 1810 agrega que “incluso, también en este caso, se encuentra a quien delegarle toda la responsabilidad sobre la derrota en el campo de batalla, será el Coronel don Pedro Viera quien por abandonar el sitio indicado por su superior y ocupar ‘un terreno dominado por los fuegos del enemigo’ perdió todo y ocasionó la huida de la tropa. Balcarce concluye diciendo ‘me arrancó el triunfo de las manos un incidente que no estuvo en mi remediar, y hta. ahora hay quien se conforme con la perdida quando cantabamos la victoria.’”


Balcarce avestruz

Unas coplas de origen anónimo relatan en tono jocoso la derrota del jefe directorial.

“Se unen Balcarce / que es un avestruz / Gervasio Correa / y Eusebio Hereñú.

“Traiciona su lema: / La Federación, / se dan al porteño / por un patacón. / Con los portugueses / en combinación…

“Invaden, saquean / revistan tres mil / soldados que tienen / cañón y fusil.

“Llegó a Saucesito / la enorme legión. / Los rindió Ramírez / con un batallón.

“Huyen desbandados / hacia el Paraná, / saquean, incendian / y el ‘bravo’ se va.”

Estos versos fueron recopilados por Honorio Leguizamón que los escuchó de los labios del general Miguel Galarza de dilatada actuación en Entre Ríos, compilados por Olga Fernández Latour de Botas en Cantares históricos de la tradición argentina.

El texto alude a dos personajes que habían militado en las filas federales de Artigas y Ramírez, ahora –tras varias “panquequeadas”, como se dice hoy- pasados al servicio del gobierno directorial. Eran Correa y Hereñú; este último años atrás se había cubierto de gloria en el combate del Espinillo (1814) que significó el reconocimiento de la autonomía de Entre Ríos y consagración de Artigas en el liderazgo regional. También hace referencia a los portugueses que negociaban con Buenos Aires la entrega de la Banda Oriental.

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Arroyo Saucesito
Marcos Balcarce

Bibliografía

Olga Fernández Latour de Botas. Cantares históricos de la tradición argentina.

Belgrano en las lomadas entrerrianas

 Rubén I. Bourlot

El 22 de octubre de 1810 Manuel Belgrano iniciaba su travesía por el territorio entrerriano rumbo al Paraguay luego de su permanencia en Paraná. En la antigua Bajada había engrosado su escuálida tropa y recibido el aporte de reses vacunas, caballos y dineros donados por los vecinos de la zona.

Miguel Ángel Fernández en su trabajo “San José de Feliciano, un pago con historia” nos ilustra acerca del paso del creador de la bandera por las lomadas entrerrianas. El historiador pone en contexto que “luego de haberse producido la Revolución de Mayo de 1810, la Primera Junta de Gobierno comisionó al vocal Manuel Belgrano para que marcharse a la provincia del Paraguay con el fin de ‘convencer’ a sus autoridades de que se plegasen al movimiento iniciado en Buenos Aires.”

Con la única experiencia en las armas por haber sido voluntario en la defensa de Buenos Aires en 1806, con escasos recursos y una tropa de solo 160 hombres, Belgrano partió en su misión al Paraguay el 26 de septiembre de 1810. “A su paso por Santa Fe y la Bajada del Paraná, fue incorporando soldados y recibió aportes en caballos, carretas, ganado y todo lo que necesitaba para la larga compaña. Uno de los colaboradores fue el estanciero Antonio Candioti, quien escribió posteriormente que además de aportar ‘doscientos pesos fuertes’, contribuyó con ‘mil trescientos sesenta caballos que era los que tenía [en la estancia Arroyo Hondo] y diez y seis peones para su cuidado y quinientas reses…’”. Otra de las personas que colaboró fue Gregoria Pérez Larramendi de Denis. Así dispuso de sus haciendas, casas y criados desde el río Feliciano hasta el puesto de las Estacas, para que pueda auxiliar al Ejército.

 

Por las sendas entrerrianas

“El trayecto realizado desde Paraná hasta las puntas del Arroyo Basualdo fue guiado por avezados conocedores del terreno. En una nota escrita en Santa Fe el 8 de octubre de 1810, Belgrano informaba a la Junta sobre este asunto. ‘Muchos vecinos y aún religiosos se me han venido a ofrecer para auxiliar la expedición en la otra Banda…’ [Francisco A. Candioti, Francisco Andreu y Colobrán, Félix Aldao]. José Alberto Cálcena, otro de los baqueanos, sugirió el camino que adoptó Belgrano para atravesar Entre Ríos. Según un trabajo del general Manuel Castrillón, además del tradicional camino al Paraguay (que costeaba el Paraná hacia el norte), conocido como el camino de Corrientes, existían caminos alternativos. Uno de ellos era el denominado ‘camino de Misiones’, que salía de Paraná ‘se orientaba hacia el Nord-Este, costeaba el arroyo Feliciano y Estacas para después de despuntar el arroyo Basualdo, alcanzar Curuzú Cuatiá’. Este último, que en 1810 seguramente era una ‘senda para jinetes’ fue el aconsejado por Cálcena y adoptado por el General Belgrano.”

“La marcha del Ejército por el suelo entrerriano se inició el lunes 22 de octubre recorriendo seis leguas entre Paraná y la Estancia De la Torre, en la orilla derecha del arroyo Las Conchas. En la segunda jornada avanzaron diez leguas hasta llegar al arroyo Antonio Tomás. El tercer día de marcha los llevó hasta la estancia de Colobrán y Andreu, a doce leguas de la parada anterior. En la cuarta jornada llegaron al puesto de Las Estacas de Juan Ventura Denis, extenso campo sobre el río Feliciano puesto a disposición del ejército por su propietaria. En la quinta jornada, antes de abandonar los dominios de Gregoria Pérez, pasaron por la actual Estancia El Sauce y luego anduvieron nueve leguas hasta Las Viscachas, propiedad de Don Francisco Candioti. El 27 de octubre Belgrano dejó el paraje denominado Las Viscachas y recorrió siete leguas hasta ‘La Mula de Candioti’, arribando a los límites del actual departamento San José de Feliciano.

 

En tierras felicianeras

“En la séptima jornada, ya en territorio felicianense, el Ejército fue hasta ‘lo de Canteros’, distante once leguas. En este tramo se plantean dudas, porque al parecer no habría coincidencia entre la distancia real y la consignada en el Itinerario para la Expedición escrito por Belgrano. Se piensa que, por alguna razón aún no determinada, las fuerzas expedicionarias deben haber buscado las costas de alguno de los cursos de agua más importantes del departamento; esto es, las márgenes del Guayquiraró o las orillas del Feliciano. Castrillón se inclina por esta última posibilidad, ‘por cuanto Candioti tenía, a esta altura, dos puestos sobre la costa de Feliciano, Manantiales y Laguna, este último a la altura del linde Sur del actual pueblo de San José de Feliciano’. Estos establecimientos del poderoso estanciero santafesino estaban unidos por un camino que iba desde La Mula de Candioti pasando por el Puesto de los Manantiales para llegar al Puesto de La Laguna, que podría haber estado a cargo de un tal Miguel Canteros, probablemente puestero de Candioti; de allí la denominación “lo de Canteros”.

“La octava jornada se extendió desde ‘lo de Canteros’ hasta ‘lo de José Muñoz’, distante a nueve leguas y media. Once leguas separaban “lo de Muñoz” de las Puntas de Basualdo, novena jornada de travesía de las tropas de Belgrano. Este lugar fue el elegido para hacer el último alto antes de abandonar Entre Ríos. Al dejar el campamento de Basualdo, el ejército del Paraguay alcanzó la provincia de la actual provincia de Corrientes atravesando el paso seco situado entre las nacientes del arroyo Basualdo (afluente del Guayquiraró) y el arroyo Tunas (afluente del Mocoretá). Allí fue recibido por José Antonio Casco, capitán de milicias y propietario de campos en las inmediaciones. Luego bordeó las puntas del Mocoretá para llegar a Curuzú Cuatiá el 7 de noviembre de 1810.”


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Probable trayectoria de Belgrano por la provincia

Referencia al paso de Belgrano en Feliciano

 

Belgrano en Concepción del Uruguay

 Rubén I. Bourlot

En octubre de 1810 Manuel Belgrano iniciaba su travesía por el territorio entrerriano rumbo al Paraguay luego de su permanencia en Paraná. En tierras guaraníticas el creador de la bandera no obtuvo los resultados esperados y el 14 de marzo rumbeó hacia el sur. Tomó el camino del oriente mesopotámico, registrando su paso por Santo Tomé el 31 de marzo. El 6 de abril se hallaba en Mandisoví, y de allí siguió sin detenerse hasta Concepción del Uruguay, adonde arribó el 9 de abril de 1811 a las diez y media de la mañana.

Belgrano había recibido la notificación del gobierno central, la Junta Provisional, para hacerse cargo de las fuerzas militares que sostenían el sitio de Montevideo, reducto de los realistas y asiento provisorio del virrey del Río de la Plata, Francisco Javier de Elío. Venía con los restos del ejército que habían combatido en Paraguarí y Tacuary, unos 860 hombres. En el Arroyo de la China, como popularmente se nombraba a la villa fundada por Tomás de Rocamora, Belgrano permaneció hasta el 19 de abril. En esta fecha traspasan el Uruguay, desde el Perucho hacia el paso de Paysandú, pues así “se ahorraría camino”

En la costa oriental Belgrano se reunió con José Artigas y lo designó segundo jefe del Ejército Auxiliar del Norte. Sin embargo, el 22 de abril, la Junta Grande reemplazó a Belgrano por José Rondeau en el mando del Ejército de la Banda Oriental, desplazando a Artigas al cargo de Jefe de las Milicias Patriotas Orientales. Belgrano había sido suspendido en sus "Grados y Honores" para ser sometido a juicio por sus derrotas militares en la campaña del Paraguay. Finalizado el proceso fue reivindicado.


Belgrano en la Histórica

No se conocen demasiados indicios de los once días de permanencia de Belgrano en Concepción de Uruguay. Seguramente para la pequeña villa su presencia habrá sido un verdadero acontecimiento. Las tropas en cambio habrían estado acampando en sobre el arroyo Perucho Berna (actual departamento Colón) según lo menciona Urquiza Almandoz en su Historia de Concepción del Uruguay. La villa meses antes había sido castigada con la ocupación realista y posteriormente recuperada para la causa revolucionaria por Bartolomé Zapata en marzo de ese año.  Los uruguayenses estaban enterados del paso de Belgrano por la provincia ya en su estancia en Paraná, rumbo al Paraguay, había nombrado a José Miguel Díaz Vélez como comandante general de los partidos de Entre Ríos en reemplazo de Josef de Urquiza. “Para asegurar en el partido de la revolución el Arroyo de la China y demás pueblos de la costa occidental del Uruguay, nombré comandante de aquella orilla al doctor José Díaz Vélez, y lo mandé auxiliado con una compañía de la mejor tropa de caballería de la patria que mandaba don Diego de Balcarce”, escribió Belgrano en sus memorias.

Según la crónica de Urquiza Almadoz, el 9 de abril “desde hora muy temprana, los pobladores de la villa esperaron la llegada del ejército y su jefe. Las noticias llegadas el día anterior habían dado cuenta de la proximidad de las tropas.

“Hombres, mujeres y niños se congregaron a la entrada del pueblo para saludar alborozados a los valientes soldados de la patria. Llegaban cansados, pero felices. Con la felicidad de saber que la sangre derramada no era un sacrificio estéril. Que ella constituía el riego fecundo sobre los campos de la patria nueva. Sobre esa tierra nacerían sus hijos y crecería la espiga.

“No sabemos con certeza dónde se alojó el general Belgrano durante su permanencia en Concepción del Uruguay. Una vieja tradición lugareña – de cuya veracidad mucho dudamos – sostiene que lo hizo en la casa de los Calvento, convertida hoy en Museo Provincial Casa Delio Panizza.

“El mismo día de su llegada, apenas ubicado en su alojamiento, Belgrano tomó pluma y papel para escribir a la Junta de Buenos Aires. Después de anunciarle que había llegado a Concepción del Uruguay sin mayores inconvenientes, comunicóle que tenía recibidas noticias del Paraguay donde todo parecía estar en orden. Luego de referirse a sus trabajos para pasar con sus tropas a la Banda Oriental, informó que había recibido buenas noticias de Artigas, que ya se hallaba en la capilla de Mercedes. Finalmente, vaticinó que muy pronto se encontraría con «los valientes de la Campaña Oriental».

“Como se trata de la primera de las cartas que el general Belgrano escribió desde Concepción del Uruguay, conceptuamos de interés reproducirla textualmente. Ella dice así:

“«Son las diez y media de la mañana y acabo de llegar a este punto sin la menor novedad, con la primera división del ejército; las demás vienen algo atrasadas, pero pronto las tendré aquí.

“«El mismo día que mi cuidado me hizo escribir desde Mandisoví, recibí el oficio de V.E. fecha 25 del pasado, que condujo el teniente Sosa, y salí de la desesperación en que me hallaba por faltas de noticias de V.E.

“«Lo del Paraguay me parece que sigue bien; anoche recibí la carta que acompaño en copia, de Yegros, número 1, a la que he contestado según la copia número 2, cuando ya creía no hubiese esta proporción.

“«El paraguayo que la ha conducido me ha dicho que todos están muy alegres, que las tropas se han retirado a sus casas, que es falsa la prisión del cura y corregidor de Itapúa, y que en cuanto a estar privada o no la comunicación, nada sabía, pero no se había ofrecido que pasasen de allí, ni fuera de aquí persona alguna.

“«Ya estoy trabajando para verificar el transporte de las tropas a la otra Banda, y todos los demás aprestos; el teniente coronel Artigas me ha comunicado las noticias más favorables, y me avisaba su traslado a la capilla de Mercedes, el domingo último; cuanto esté de mi parte haré para ir a acompañar a los valientes de aquel pueblo y demás de la campaña oriental, lo más breve que pueda.

“«Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel General de la Concepción del Uruguay, 9 de abril de 1811. Manuel Belgrano.”

 

Cartas y más cartas

“Durante este lapso –nos dice Urquiza Almadoz- adoptó múltiples disposiciones a fin de atender los problemas de la guerra y ultimó los preparativos para cruzar con sus tropas el río Uruguay e introducirse en la Banda Oriental. También mantuvo una activa correspondencia con el gobierno, jefes militares y otras personas. De ella conocemos seis cartas – lo cual no significa que sean las únicas – dirigidas a la Junta de Buenos Aires (9/IV/1811), a Fulgencio Yegros (fechada en Perucho Berna, a pocas leguas de Concepción del Uruguay, 9/IV/1811), a Jorge Pacheco (10/IV/1811), a Celedonio José del Castillo (12/IV/1811), a Manuel José de Warnes (14/IV/1811), y al jefe portugués, general Diego de Souza (19/IV/1811).

“En esos días de permanencia en Concepción del Uruguay, el ex capitán de Blandengues don Jorge Pacheco, le suministró un carruaje, lo que mereció un gracioso comentario del jefe patriota: «Gracias por el coche – le dijo – pero debe Ud. hacer quitar lana de los asientos porque están muy altos, y todavía tengo un chichón en la frente de esas resultas».”

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Casa de Delio Panizza

El combate del Espinillo y la autonomía entrerriana

Rubén I. Bourlot

En 1914, el directorio se propuso sacar a Entre Ríos de la influencia de Artigas. Tras nombrar comandante de Entre Ríos a Hilarión de la Quintana, ordena a Eduardo Kaunitz Barón de Holmberg que pasara a Paraná para tomar posesión de la villa.

En tanto, el caudillo Eusebio Hereñú – recientemente plegado al artiguismo - marcha desde Nogoyá y el 21 de febrero toma la plaza de Paraná y destituye al comandante Francisco Antonio de la Torre. También sustituye a Andrés Pazos por José Gregorio González como alcalde de primer voto del cabildo de la ciudad. Por su parte Holmberg avanza desde Paraná a Nogoyá para tomar contacto con Manuel Pinto Carneiro que debía traer refuerzos desde Concepción del Uruguay. En su retorno a Paraná, el 21 arriban a la posta del Espinillo, sobre el arroyo homónimo, a unas ocho leguas al sudeste de Paraná, donde se detienen a descansar. El 22 a la madrugada Hereñú, junto con el comandante Fernando Otorgués, que viene de Concepción del Uruguay, lo ataca sorpresivamente derrotándolos.

Al respecto escribe Facundo Arce que 

Eusebio Hereñú, con sus gauchos, enfrentó a la hueste directorial en las barrancas del arroyo Espinillo, a unos 25 kilómetros de Paraná. EI veterano coronel Eduardo Holmberg, Barón de Kaillitz, que luchó contra las aguerridas tropas de Napoleón, no pudo hacer nada contra el arrollador avance de Hereñú, y fue derrotado y tomado prisionero, junto con toda su oficialidad. 
Todos fueron tratados con generosidad y, tanto Holmberg como los oficiales prisioneros, no fueron molestados en nada por el tiempo que dependieron de los artiguistas, a pesar de que habían llegado con la pretensión de matar a Artigas y sus secuaces y ahogar en sangre el movimiento de los pueblos. Además habían asesinado al patriota Juan Castares y cometido tropelías en Gualeguay. Algunos de los prisioneros, como Estanislao López, se convirtieron al federalismo, 
Lo primero que debemos señalar como consecuencia de este combate es que, con este hecho de armas, se inicia la etapa de la independencia provincial de Entre Ríos, que habría de pasar por dura prueba hasta definirse firmemente en 1815 (…).2 

Días después Artigas informa sobre los sucesos de Entre Ríos:

(…) D. Hilarión de la Quintana fue destruido por las fuerzas unidas de mi izquierda en el paso del puente del Gualeguaychú, tomándosele las tres piezas de artillería que llevaba con todas sus municiones; y el barón de Holmberg, que pasó en su auxilio el Paraná con todas sus fuerzas que había acantonado en Santa Fe, ha sido igualmente batido y destrozado (espinillo?), quitándosele su armamento, artillería, municiones y demás pertrechos de guerra, de modo que ya solo resta el departamento de Yapeyú para llenar el fin preciso de pacificar todo el territorio (…)3

A partir de ese momento la provincia queda incorporada a la naciente Liga de los Pueblos Libres bajo el protectorado de José Artigas.

La actuación Hereñú, flamante comandante de Paraná, se encuentra envuelta en los conflictos entre los artiguistas y la intromisión del Directorio nombrando tenientes gobernadores de la vecina Santa Fe, jurisdicción a la que hasta 1813 pertenecía Paraná.

Un informe de Juan Carlos Wrigh fechado en Gualeguay en mayo de 1914 hace mención al nombramiento (dos meses antes) de comandantes militares artiguistas en varias villas de la provincia, ente otras en la de Paraná, “nombrados por el vecindario según disposición” del doctor José Revuelta que cumplía órdenes directas de Otorgués.

Pocos meses después Hereñú debe enfrentar una situación conflictiva y es separado transitoriamente de su cargo cuando “se sublevó el pueblo aclamando la deposición del Comandante militar Don Eusebio Hereñú, que con algunos individuos trató de sostenerse” según un informe del Teniente Gobernador de Santa Fe, Eustoquio Díaz Vélez al Director Supremo.4 El 22 de mayo es reemplazado por el teniente Pedro Antonio Paz y luego por el comandante Agustín de Etcheverría. 

El mismo informe consigna que Hereñú había intentado retomar el cargo “con 500 hombres con algunas armas y 3 piezas de artillería reclamando su reposición”. Los vecinos de Paraná procuran negociar a través de José Francisco Rodríguez que ofrece indultos para calmar las aguas pero el pueblo “en masa le contestó que sin la firma de Artigas no gobernaría otro que Agustín de Etcheverría”.

Para mediar en esta situación conflictiva Artigas designa a su hermano Manuel Francisco comandante de Entre Ríos y a fines de junio arriba a Paraná para hacerse cargo personalmente de la situación.

 

Las dos postas Espinillo

 Hoy el sitio del combate del Espinillo está señalado con un monolito sobre este arroyo tributario del Las Conchas, en el distrito Espinillo, departamento Paraná, en las cercanías de La Picada. El lugar identificado actualmente por Facundo Arce en base a la tradición y haciendo interpretaciones de los informes del jefe de la expedición directorial Barón de Holmberg. El historiador Segura sostiene lo mismo y lo grafica en un croquis con las marchas de ambos ejércitos. Otros autores, recientemente, abonan esa hipótesis con trabajos de campo.1 No obstante, esta hipótesis puede ser confrontada a partir de la reinterpretación de la documentación existente, como son los informes de propio Holmberg y la cartografía de la época.

Para determinar los sitios que recorrieron los contendientes y en particular el del combate contamos con el Diario de la marcha de la expedición directorial, el parte elevado al Directorio y las actas de rendición. Esta documentación obra en el Archivo General de la Nación y la tomamos reproducida en el trabajo de Arce, Demonte y Vitale5.

También contamos con la información acerca de las carreras de postas de la época, un dato fundamental puesto que el combate se desarrolla a partir de una posta que toma el nombre de Espinillo, presumiblemente por el arroyo adyacente. En la documentación de la época figuran las de postas que enlazaban las localidades de la provincia6, y en la zona que nos ocupa hallamos dos con el mismo nombre. Tres carreras de postas parten desde La Bajada (Paraná). Una hacia Corrientes con las siguientes postas: Sauce Grande, Potrero de Vera, Arroyo María, Antonio Tomás y subsiguientes. La que parte de La Bajada rumbo a Yeruá cuenta con las postas de El Sauce, ESPINILLO, Quebracho y demás. Finalmente, la que comunica La Bajada con Nogoyá, Gualeguay y Concepción del Uruguay. Esta carrera originalmente llegaba desde la costa del Uruguay hasta Nogoyá y recién en 1810 se aprueba su extensión hasta la actual capital entrerriana. Comprende las postas de la Ensenadita, CUCHILLA DEL ESPINILLO, Arroyo San Cristóbal y Capilla de Nogoyá.

Este último es el derrotero que debió seguir Holmberg con sus tropas que el 11 de febrero parte a Nogoyá para encontrarse con Pintos Carneiro y en la posta del Espinillo hacen noche. Al día siguiente “se caminó hasta la posta de Don Cristóbal”. El 13 arriban a Nogoyá. Al día siguiente marchan hasta la Punta del Obispo, un arroyo que nace al norte de Lucas González. En el lugar, ya diezmado por las deserciones y la falta de caballos, continúan hasta el arroyo Clé con el objetivo de llegar hasta el paso del Jacinta. En la noche del 16 acampan en la estancia de Pablo Ezeyza, y en el camino se enteran del paso de Otorgués por la zona. Finalmente Pintos, tras haber cometido una serie de tropelías en su paso por Gualeguay, no arriba con los auxilios prometidos.

Holmberg decide volver sobre sus pasos pasando por la Punta del Obispo, El Pueblito y finalmente “fuimos a dormir en el Espenillo (sic) a donde fue la acción”, escribe en su informe.7 No hay dudas que se trata de la misma posta en donde había hecho noche el día 11. No surge ningún motivo para justificar un cambio de rumbo, dar un rodeo por terrenos desconocidos, sin sendas marcadas, para llegar a la otra posta de la carrera que une La Bajada con Yeruá.

Segura publica un croquis en su Historia de Nogoyá con los movimientos de tropas y desplazamientos, que muestran este improbable cambio de itinerario.8

En su parte Holmberg detalla las acciones del combate. Alrededor de las cinco de la mañana las fuerzas de Hereñú los sorprenden, aunque Holmberg dice que a las 3 ya habían tocado diana. Ante la presencia del enemigo toman posesión con las espaldas cubiertas por el arroyo Espinillo, pero nada pueden hacer y tras tres horas de combates se retiran hostigados por las tropas de Hereñú que los persiguen unas tres leguas, siguiendo el curso del Espinillo, hasta la rendición definitiva.

Otra cuestión a analizar son las distancias desde La Bajada y el sitio del combate. Holmberg en su capitulación dice que la firma a cinco leguas Paraná, pero luego en el informe que eleva afirma que el combate se desarrolló a ocho leguas. Estas distancias podrían ser imprecisas debido al desconocimiento del terreno pero también a que entre el inicio de las acciones y la firma de la rendición hubo un desplazamiento de tres leguas, aparentemente siguiendo el curso del Espinillo. Pero lo que nos interesa es el dato del primer enfrentamiento, a ocho leguas de La Bajada, que traducido al sistema métrico decimal nos daría unos 40 kilómetros, muy alejados a los 20 que dista el sitio donde actualmente se localiza el hecho, o los 25 que cita Arce.9 

Según detalla Walter Bosé, entre la posta de La Bajada, a un legua del río, y la de Ensenadita había una legua, y desde esta a la Cuchilla del Espinillo, seis leguas. La suma da las ocho leguas citadas. No se conocen datos precisos acerca del sitio de las postas pero este itinerario seguramente seguía la divisoria de aguas, un trayecto similar a la traza actual de las vías del ferrocarril. Entonces es posible que la posta se hallase en la altura de una cuchilla que daría en las nacientes del espinillo, al este de la actual ciudad de Crespo.

Citas

1 Richardet y Balbi – Artigas y Entre Ríos

2  Facundo Arce, (1978), en Enciclopedia de Entre Ríos, Arozena Editores, tomo II.

3 Artigas al Cabildo de Corrientes, Cuartel General, marzo 5 de 1814, en Pivel Devoto, Juan E., (1981),  Archivo Artigas, t. XIX, Liga de los Pueblos Libres, 1914 – 1815, Montevideo, A Monteverde.

4 Eustoquio Díaz Vélez al Director Supremo, Santa Fe, junio 12 de 1814, en Pivel Devoto, cit.

5 Arce, Facundo y Demonte Vitale, (   ), Artigas heraldo del federalismo. Este trabajo es producto de la cátedra Artigas que existió en el Profesorado de Historia de la Escuela Normal de Paraná, dirigida por José Luis Busaniche.

6Bosé, Walter B. L. (1970) Las postas en las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones: 1772-1820. Trabajos y Comunicaciones, 20: 87-130. (Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata (FaHCE-UNLP).

7 Diario de la marcha del coronel Holmberg, febrero de 1814.

8 Segura, J. J. A., (1974), Historia de Nogoyá, tomo I (1782-1821).

9 Arce, F., cit.


3/1/26

Auge y decadencia del desarrollo ferroviario entrerriano

 Rubén I. Bourlot

El antecedente más remoto sobre el tendido de una red ferroviaria en el país corresponde a una iniciativa del general Urquiza - entonces presidente de la Confederación Argentina -, y de su ministro de Hacienda, Mariano Fragueiro, que en 1854 propuso la construcción del Ferrocarril Central Argentino entre las ciudades de Rosario, puerto de ultramar de la Confederación, y Córdoba, lugar de paso obligado hacia el puerto de Rosario desde el oeste y norte del país. Para los estudios previos se contrató al Ingeniero Alian Campbell. El proyecto ferroviario quedó paralizado por las sucesivas crisis económicas que se produjeron después de la renuncia de Fragueiro.

El 9 de julio de 1866 se inauguró el "Primer entrerriano", un tramo que unía Gualeguay con Puerto Ruiz a lo largo de 10 kilómetros. La idea de este ferrocarril surgió en una reunión de vecinos que se llevó a cabo en 1864.. Posteriormente se constituyó una sociedad con un capital de 100.000 pesos que aportaron vecinos de Gualeguay, el general Urquiza, el gobierno nacional, el gobierno provincial y la banca brasileña Mauá y Compañía.

El proyecto y dirección de la obra fue contratado al ingeniero Juan Coghlan. La primitiva locomotora fue denominada "La Solís".

En 1874, por iniciativa del gobierno nacional, se aprueba un proyecto para construir una línea ferroviaria entre Concordia y Monte Caseros (Corrientes) con el objeto de salvar los saltos Grande y Chico que obstaculizaban la navegación por el río Uruguay. El primer tramo del Ferrocarril del Este Entrerriano, como se lo denominó, desde Concordia a Federación, se inauguró en marzo de 1874, y el segundo tramo de Federación de Monte Caseros fue inaugurado en abril de 1875.

 

El Central Entrerriano

Durante la gobernación de Eduardo Racedo - 1883-1887 - comienza una nueva etapa en el tendido de líneas ferroviarias a la que se agregaba la fundación de pueblos adyacentes a las estaciones. Por una ley de 1883 se autorizó al Poder Ejecutivo para la construcción de un ferrocarril de trocha media entre Paraná y Concepción del Uruguay.

La construcción de la nueva línea fue contratada, en 1884, con la empresa de Lúeas González y Cia. En 1885 se iniciaron los trabajos y partir de 1887 se comenzaron a librar al servicio los primeros tramos. En esta primera etapa los ferrocarriles son empresas de propiedad del gobierno de la Provincia con participación de accionistas privados y el gobierno nacional.

La estación Basavilbaso, habilitada en 1887, se constituyó en el nudo ferroviario de Entre Ríos, y conjuntamente con Concordia o Ibicuy, estaban clasificadas como especial "A" dada la cantidad de trenes, recaudación por boletería, encomienda u otros conceptos.

 

La privatización

A partir de 1890, como resultado de la profunda crisis económica que vivió el país, se apeló a la venta de los ferrocarriles que cayeron en manos de empresas extranjeras, principalmente británicas. El Estado, para estimular los capitales en la inversión de nuevas líneas, otorgaba a los concesionarios "ganancias garantidas" del 7 por ciento sobre el capital invertido y otorgándoles gratuitamente las tierras adyacentes a las vías.

En consonancia con la política nacional, el gobierno de Entre Ríos, en octubre de 1890, resolvió transferir el Ferrocarril Central Entrerriano a una empresa particular y en 1891 a los tenedores de los bonos de la deuda contraída para su construcción. En 1892 se hizo cargo de la línea la Sociedad The entre Ríos Railway Limited.

 

El ferrobarco

En 1908 se concretó la conexión ferroviaria entre el Puerto Ibicuy (E.R.) con Zarate (Bs. As.) a través del Ferrobarco (Ferrry Boat "Lucía Garbo").

Hasta 1900 los ferrocarriles de Entre Ríos no tenían ninguna conexión con las provincias vecinas, excepto Corrientes. Era de vital importancia la vinculación con Buenos Aires, principal mercado para la producción granjera de la provincia.

A través de una ley, en 1905 se aprobó la ejecución de la obra y en 1907 se iniciaron los trabajos consistentes en desmontes en barrancas, grandes movimientos de suelo buscando el nivel de las maniobras, llegando a cavar un millón de metros cúbicos con una multitudinaria ocupación de obreros que llevaron a cabo el acertado proyecto, con elementos y máquinas rudimentarias.

El primer tren directo de Entre Ríos a Zarate partió de la ciudad de Paraná el 15 de marzo de 1908 con hacienda, gallinas, huevos, siguiéndole otra formación procedente de Concordia el 16 de marzo de 1908.

En 1911 se comenzó con el tendido de vías desde Hasenkamp a Federal y simultáneamente el tramo de Diamante a Crespo que se libró al servicio público en marzo de 1912. En 1916 se habilitó en forma condicional el servicio entre Hasenkamp y Federal.

 

La nacionalización

Con el acceso al poder de Juan Perón en 1946, se inició un proceso de nacionalización de las actividades económicas estratégicas, dentro de las cuales estuvieron comprendidos los servicios ferroviarios. Los ferrocarriles de Entre Ríos se incorporaron a la línea Urquiza de Ferrocarriles Argentinos.

Durante la presidencia de Arturo Frondizi, en 1961, se decretó un plan de "racionalización" de los ferrocarriles. Con ese objetivo el Ministro de Economía, Alvaro Alsogaray, viajó a EEUU para acordar la venida del General Thomas Larkin para la realización de un estudio del sistema de transportes auspiciado por del Banco Mundial. Así se diseñó el denominado «Plan Larkin». El entonces ministro de Obras Públicas, Arturo Acevedo, señaló que en la primera fase del plan serían levantados 800 kilómetros de vías de los ferrocarriles Mitre, Urquiza y Belgrano, lo que originó una enérgica reacción de los gremos ferroviarios.

En 1973, con la construcción del puente ferrovial Zarate -Brazo Largo, se posibilitó bajar los tiempos de viaje y eliminar gradualmente el uso de los Ferrys. Más adelante le tocaría el turno a la construcción del Complejo de Salto Grande, permitiendo unir los países de Argentina y Uruguay sobre la misma vía y la misma trocha.

 

La “racionalización”

En la última dictadura militar - 1976 - 1983 -, se reanudaron los planes de "racionalización" con el cierre varios de ramales, 350 estaciones y 50.000 despidos: de 154.000 ferroviarios quedaron 95.000.

En nuestra provincia se cerraron los talleres de Strobel - Diamante - y el ramal Caseros a San Salvador (julio de 1980) dejando si transporte a una rica zona de producción arrocera que se conectaba por ferrocarril con el puerto de Concepción del Uruguay.

Con la Ley de Reforma del Estado logró el marco jurídico para la privatización de los Ferrocarriles Argentinos En 1993 el Ferrocarril Urquiza fue concesionado a Ferrocarril Mesopotámico S.A. de Pescarmona y en 1999, mediante un cambio de titulares la empresa fue transferida a la compañía ALL (América Latina Logística que opera servicios de carga entre Argentina, Paraguay y Brasil.

 

2/1/26

La viruela y las vacunas

Rubén I. Bourlot

El 11 de enero de 1806 llegan a Concepción del Uruguay tres frascos de vidrio con la preciada vacuna contra la viruela, despachados desde Buenos Aires por el virrey Sobremonte. El pedido del medicamento lo hace el alcalde de la ciudad, Tomás Antonio Lavín, en diciembre de 1905 ante una inminente epidemia viruela que en ese momento azotaba Corrientes.
La introducción de la viruela, ignorada en nuestro continente antes de la llegada de los europeos, contribuyó a diezmar a los pueblos autóctonos que, como sabemos hoy, no portaban ningún anticuerpo para enfrentar al virus. Se ensayaron los más diversos métodos para combatirla sin resultados satisfactorios, hasta que llegó la vacuna salvadora.
Dice el historiador Urquiza Almandoz que la vacuna contra las viruela fue descubierta por Eduardo Jenner en 1796 y en nuestra región los primeros ensayos se llevaron a cabo hacia 1805. Primero en Buenos Aires y a principios de 1806 llegaba a Entre Ríos. “Se aprovechó fundamentalmente el arribo del buque Rosa do Río – dice el autor – que traía a su bordo varios negros vacunados portadores de pústulas frescas, además de ‘líquido vacuno conservado en vidrios’, el que fue puesto a disposición de la autoridad virreinal.”
El doctor Miguel O’Gorman fue el autor de un folleto impreso por los Niños Expósitos con “Instrucciones sobre la inoculación de la vacuna…” que se hizo circular por el virreinato. La vacunación se practicaba en forma gratuita a toda la comunidad.
Ante la presencia de la epidemia en Corrientes el virrey Sobremonte ofició al comandante de Entre Ríos Josef de Urquiza para que tomara las precauciones correspondientes. En tanto el alcalde de Concepción del Uruguay, Tomás Antonio Levín, solicitó al virrey el envío de las novedosas vacunas. El 11 de enero tres pequeños frascos llegaban a la ciudad.

El médico vacunador

Por esa época el único médico que figura registrado Concepción del Uruguay es el cirujano Antonio Monte Blanco que se hace cargo de la vacunación. Como primera medida inoculó a sus tres hijas. Algunos podrían sospechar que fue una actitud poco solidaria, pero lo cierto es que esa conducta podía generar confianza entre la población. En aquellos tiempos las vacunas no gozaban de popularidad y, como aún hoy en pleno siglo de la ciencia y la tecnología, había una fuerte resistencia a inocularse. Monte Blanco también apeló a una hábil estrategia para persuadir a la población con el aporte del párroco de la ciudad, José Bonifacio Reduello, que en los sermones de las misas machacaba con la necesidad de aplicarse la vacuna. La estrategia ya se había puesto en práctica el año anterior en Buenos Aires por el cura Saturnino Segurola. El 2 de agosto de 1805, en un acto celebrado en el fuerte (hoy Casa de Gobierno) el virrey, rodeado de sus más altos funcionarios, presenció la primera vacunación. Luego, alentó a los clérigos de las parroquias de esa ciudad de 40 mil almas y a sus alcaldes de barrio a que animasen a la gente a dejarse vacunar, tarea nada fácil de cumplir, ya que antes se precisaba convencer.
En ese mismo año Monte Blanco hizo campañas de vacunación en Gualeguaychú y Gualeguay donde tropezó con varios obstáculos por parte del alcalde local “y una plebe de curanderos” que le impedían vacunar.

Epidemias recurrentes
Pero el hecho que la vacunación sólo se ponía en práctica cuando se acercaba una epidemia no lograba eliminar la existencia de la enfermedad, y cada tanto se producían rebrotes mortíferos como el de 1846 que provocó numerosas víctimas fatales.
Por esa época la población indígena también era alcanzada por las sucesivas epidemias, lo que motivó que el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, impulsó campañas de vacunación como lo menciona el historiador Adolfo Saldías. “Como resistieran la vacuna, Rosas citó ex profeso a los caciques con sus tribus y se hizo vacunar él mismo. Bastó esto para que los indios en tropel estirasen el brazo, por manera en que en menos de un mes recibieron casi todos el virus”.
Hacia 1886 se produjeron brotes en varias localidades en nuestra provincia. En 1935 y 1936 se desató una nueva epidemia de viruela en los departamentos Villaguay y Gualeguay, que obligó a llevar a cabo la vacunación antivariólica masiva en todos los municipios. Farmacéuticos y algunos maestros se convirtieron en vacunadores.
Hoy este flagelo ya es historia. El último caso de contagio natural se diagnosticó en octubre de 1977 y en 1980 la Organización Mundial de la Salud (OMS) certificó la erradicación de la enfermedad en todo el planeta.
 
La imagen corresponde a un suelto publicado por el diario La Libertad de Paraná el 9 de enero de 1911.

1/1/26

El olvidado tanguito entrerriano

 Rubén I. Bourlot  


La música es una de las expresiones más genuinas de una cultura. Una manifestación de la identidad de un pueblo. Hoy escuchamos géneros musicales de todo el mundo que muchos caracterizan como “universales” pero todos tuvieron origen en una cultura determinada y fueron expandiéndose, universalizándose con el tiempo. En particular los países que expandieron su poder, ocuparon territorios, se transformaron en imperios, también implantaron su cultura, impusieron su arte hegemónico sobre las manifestaciones locales. El mercado luego hizo lo suyo.

La industria discográfica como fenómeno comercial del siglo XX impuso modas y músicas que moldearon el gusto musical en los sitios más remotos del mundo. Los géneros locales quedaron recluidos, al margen del mercado, en nichos pequeños. En muchos casos se fusionaron con los géneros que venían del exterior; en otros casos los cultores locales se apropiaron y resignificaron esa música ajena como ocurrió con el llamado “rock nacional”.

Hoy la diversidad de formatos para difundir música uniformó aún más los gustos musicales, en particular entre los jóvenes. En muchos casos escuchamos registros sonoros (por no decir ruidos) invadiendo los medios de comunicación que carecen de los mínimos requisitos para llamarse música. Como dijo en algún momento Charly García “Para mí la música es melodía armonía y ritmo… y lo que hay ahora es ritmo, pero le falta la melodía y la armonía".

Lo que se suele denominarse como folklore en nuestro país, por los motivos expuestos, fue perdiendo masividad en la mayoría de los casos. En algunas regiones conserva su popularidad, el pueblo lo escucha y lo baila, como es el caso del chamamé, por citar un ejemplo cercano. Entre Ríos entra dentro de esta región, en particular en el norte provincial.

El folklore entrerriano tiene una rica variedad de expresiones pero no todas gozan de la difusión que se merecen. Tal vez sea la chamarrita una de las excepciones ya que de la mano de Linares Cardozo y los Hermanos Cuestas, entre muchos otros, en la década de 1960 alcanzó su proyección nacional. El festival de Cosquín fue la plataforma de lanzamiento y así se convirtió en sinónimo de música entrerriana.

 

Al trotecito

Entre los estilos folclóricos de Entre Ríos, es el tanguito liso uno de esos géneros identitarios de la provincia que aún no están totalmente valorados. Según las investigaciones recientes, entre otras las de Raúl Tournoud de Concepción de Uruguay (plasmadas en el libro digital “Identidades vivas de la Entre Ríos mundial”, publicado por el Colectivo Cultural “Entre Ríos sin fronteras” y Multiarchivo “Oscar Cacho Dutra”), se trata de un antiguo género musical, no tanto como la chamarrita, recogido por acordeonistas tradicionales e intérpretes más contemporáneos que lo traen a nuestro tiempo entre chamamés y chamarritas.

Según una de las hipótesis el “tanguito” es una derivación del tango porteño. Se supone que empezó a aparecer en la primera mitad del siglo XX cuando los acordeonistas interpretaban temas de tango pero con las llamadas “verduleras” que carecían de las características del bandoneón y debían adaptarlos a un instrumento con menos recursos. Así ese tango se transformaba y cobraba un carácter más sencillo y original. Lo mismo sucedió con la coreografía que se simplificó para ser bailado por los paisanos en las ranchadas donde se improvisaban bailes en las características pistas de tierra.

La espontaneidad de estas interpretaciones impidió conformar un estilo unificado y por ello en distintos lugares de la provincia el tanguito liso fue recibiendo diversas denominaciones: tanguito costero (departamento La Paz), rastro de leña (departamento Nogoyá) y tanguito a guacha (en el este provincial) entre otras. Esta última curiosa denominación obedece a que en las zonas rurales los paisanos, gente de a caballo, lo bailaba sin quitarse el cuchillo de la cintura y colgaban del cabo de este la guacha (el rebenque que se usa para azuzar al caballo) que se revoleaba con la danza. También lo hallamos como rasgueadito doble o chamamé de sobrepaso. La denominación tanguito montielero que aparece en algunas interpretaciones, según los investigadores, sería un término inventado en el momento de registrar el género en SADAIC, en la década de 1970.

Tournoud sostiene que el origen del tango y de nuestro tanguito tiene estrechas vinculaciones con los esclavos libertos del Brasil (incluso la voz “tango” es de origen africano). Al proclamarse la república en el país vecino, en 1889, se fueron liberando los esclavos que solían reunirse en sitios denominados “tangos” donde practicaban sus rituales y danzas ancestrales de herencia africana pero con influencias de ritmos de origen europeo. Luego esa fusión de músicas, entre las cuales se encuentra el maxixé, tomó el nombre del lugar y en sus migraciones, ya libertos, lo fueron difundiendo. Así llegó al Río de la Plata y a nuestra provincia.

El tanguito liso, hasta el momento, es un género típico casi exclusivo de Entre Ríos, a diferencia de la chamarrita que tiene versiones en el Uruguay y sur del Brasil.

 

Como lo bailan los tagüé

De la letra del popular rasguido doble El rancho de la Cambicha de Mario Millán Medina encontramos referencias al tanguito: “Esta noche que hay baile en el Rancho e’ la Cambicha, chamamé de sobrepaso tangueadito bailaré, chamamé milongueado al estilo oriental, troteando despacito como bailan los tagüé“, que es como suelen llamar los correntinos a los entrerrianos. Según Tournoud las menciones de Millán Medina aluden al tanguito correntino “quien ha declarado específicamente que su tema se refiere a los bailes a los que concurrían los troperos de los alrededores de Goya, donde se destacaba la pista de ‘Cambicha’ Moreira.”

Sin dudas ese trote despacito, que se baila en pareja enlazada, remite a la simpleza de su coreografía adaptada al paisanaje sin demasiadas habilidades para la danza.

Como observamos más arriba, los sitios donde se bailaba eran pistas improvisadas de tierra apisonada. Según testimonios orales, la música se amplificaba con alguna bocina de discreta potencia por lo cual el sonido no llegaba hasta los lugares más alejados de la pista y los bailarines lo hacían casi por intuición y dejaban de danzar cuando lo hacían los que estaban más cerca del escenario.

Algunos de los cultores de esta modalidad musical folclórica son Edmundo Pérez, Santos Tala, Pocho Gaitán (de Pronunciamiento: “Soy tanguito montielero”). También Pancho Moreno (Hernandarias), Agustín “Agüicho” Franco (Santa Elena). Otros que lo interpretaron son Los Hermanos Cuestas (“Alitas de mi Entre Ríos” de Jorge E. Martí), Los del Gualeyán, Los Hermanos Spiazzi, Los Chamarriteros, Federico Gutiérrez y Los Poriajú, Ricardo Zandomeni, Julio López, José Albino y Reynaldo Mathey Doret (Líbaros: “Al poeta del Calá”).

Es necesario para el fortalecimiento de nuestra identidad cultural el rescate esta variedad de ritmos musicales, fomentar su difusión y llevarlos a las escuelas. Que estén presentes en las aulas, hacerlos conocer en las clases de música, para ir educando el gusto por lo nuestro. Porque no puede gustar lo que no se conoce.


Imagen

Reynaldo Mathey Doré

Fuente consultada

Raúl Tournoud y Susana Dutra, Panorama del nuevo folklore entrerriano para el siglo 21 en  https://laciudadrevista.com/panorama-del-nuevo-folklore-entrerriano-para-el-siglo-21/


21/11/25

Las cuarteleras, esas mujeres invisibles

 Rubén I. Bourlot

Mujeres sacrificadas que hacían patria con lo que tenían a mano. No eran mujeres soldados, no portaban lanzas ni trabucos pero cumplían una función fundamental. Eran las cuarteleras, soldaderas, compañeras fieles de los bravos montoneros de las guerras de la independencia, de las luchas intestinas y de las campañas contra los indígenas.
Desconocidas, ocultadas o biografiadas encubriendo sus orígenes para “adecentarlas”, aún no está reconocido plenamente el papel de las mujeres en el proceso de construcción de nuestra nacionalidad. Sólo son reivindicadas las mujeres “de salón”, y alguna que otra que por azar alcanzó trascendencia, como La Delfina, Tadea Jordán o Juana Azurduy. Pero a las más, motejadas como de mal vivir, se las prefiere ignorar.
El general José María Paz, un jefe unitario que anduvo por Entre Ríos, cuenta en sus memorias que era habitual la existencia de mujeres siguiendo a retaguardia de los ejércitos. “Muchas veces se repartieron a la tropa efectos de ultramar, finos, y particularmente las mujeres, a quienes se daba el gracioso nombre de patricias, tuvieron su parte en ellos. Me han asegurado que se les distribuyeron pañuelos y medias de seda (…).” Y agrega: “Las mujeres son el cáncer de nuestros ejércitos; pero un cáncer que es difícil cortar, principalmente en los compuestos de paisanaje, después de las tradiciones que nos han dejado los Artigas, los Ramírez y los Otorgués, y que han continuado sus discípulos, los Rivera y otros.”
Distinto era el trato que Urquiza le daba al asunto, nos informa el mismo Paz. “No eran así seguramente los ejércitos que mandaba el general Belgrano, y últimamente nos ha dado un ejemplo Urquiza, que hizo su invasión en 1846 a Corrientes, sin llevar en su ejército una sola mujer. Esto le daba una inmensa economía en caballos, víveres y vestuarios, al paso que facilitaba la movilidad y el orden en todas sus operaciones (…). Su campaña estaba calculada como de corta duración, y no le fue difícil persuadir que dejasen las mujeres en su campo del Arroyo Grande, a donde no habían de tardar mucho en volver.”
Artigas propició esa práctica, según relata el autor citado. “Cuando la guerra del Brasil, oí un día contar al general don Frutos Rivera que, encontrándose Artigas en no sé qué situación crítica que se hacía más afligente por la extraordinaria deserción de los soldados, que les era imposible contener, se le ocurrió entonces un arbitrio que propuso a Artigas, quien lo adoptó y puso en práctica con el mejor suceso. Consistía en traer algunos cientos de chinas para distribuir a los soldados.”
 
Zitarrosa les canta:
Sufrió y sudó en los caminos
enancada, en carro, a pie
y, a lo más, un parte dijo:
ayer murió una mujer.
 
El propio caudillo oriental se casa con una lancera paraguaya, Melchora Cuenca, que les dio sus hijos Santiago y María. Pero a Artigas no le duraban las mujeres, y cuando derrotado decide marchar al exilio paraguayo, Melchora se queda por acá, en nuestra provincia con sus hijos. Perseguida y sin recursos en 1829 se casa con José Cáceres. Se dice que muere en Concordia en la década de 1860.
También en la llamada “frontera” sur, en ese impreciso territorio donde se iba diluyendo la “civilización” para dar paso a los dominios de las tolderías de indios, la mujer fue una pieza fundamental para “arraigar” al soldado.
Las “fortineras”, junto a la india y la cautiva fueron las mujeres prototípicas que habitaron esas soledades atravesadas por vientos helados. Eran parte de ese ejército, eran sometidas a los mismos deberes aunque no les asistían los derechos, que sí tenían los soldados, como la paga, los ascensos y el premio de leguas de tierra en compensación a los servicios prestados. Y esas fortineras muchas veces terminaban sumándose al batallón de cautivas entre los indios.
El Ejército de los Andes también tuvo sus mujeres con la expresa autorización de San Martín, para que acompañaran a sus maridos. En este caso se suponía que eran las esposas de los soldados y no simples queridas, como les decían.
Otro ejemplo es el de Josefa Tenorio, una esclava negra, que pidió al general Gregorio Las Heras que la dejara combatir. Este la aceptó y la mujer hizo la campaña como agregada al cuerpo del comandante de guerrillas Toribio Dávalos. Aspiraba obtener, también, su libertad personal. No se sabe si lo consiguió, aunque San Martín la recomendó para "el primer sorteo que se haga por la libertad de los esclavos".

Dejando las familias
A la clemencia de Dios,
Y andaban los años enteros
Encima del macarrón!
Escribía Hilario Ascasubi.

En nuestra provincia está el caso de la romántica historia entre Francisco Ramírez y La Delfina, esa mujer misteriosa que un día apareció en la vida del caudillo y se lo llevó a la tumba, según una de las versiones tradicionales. La mujer también conocida como María Delfina según el acta de defunción, era de origen portugués (hoy sería brasileña) y habría arribado a las cercanías de Concepción del Uruguay siguiendo como soldadera a las montoneras de Artigas. Otras versiones la dan como prisionera tomada en la frontera portuguesa. El destino quiso que esa bella mujer cautivara al Jefe de los entrerrianos y pasara a ocupar un lugar destacado dentro de sus ejércitos, ya no como cuartelera sino como una dragona, mano derecha del que luego sería el Supremo Entrerriano, vestida con uniforme de oficial, casaca roja y ataviada con un sobrero “a la chamberga” decorado con plumas de ñandú. 


Fuentes y bibliografía
Letra de canción de La Soldadera de Alfredo Zitarrosa
Memorias del general José María Paz
 
Imágenes
Dibujo ideal de La Delfina
Las cuarteleras según Juan Manuel Blanes
 
 
 


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