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Un pintor modernista en la Biblioteca Popular del Paraná

Rubén I. Bourlot

El 1 de marzo de 1925 la Biblioteca Popular del Paraná cumplía 52 años y para conmemorarlo vestía su coqueto edificio con la exposición de las obras del laureado pintor Juan Manuel Gavazzo Buchardo.
La Biblioteca Popular del Paraná fue fundada el 1 de marzo de 1873 y el 25 de mayo de 1910 inauguraba su edificio propio en calle Buenos Aires, iniciativa del recordado presidente de la institución Antonio Medina.
El imponente edificio, hoy monumento histórico nacional, y su bonito salón de actos dieron cobijo a visitantes que ilustraron a la comunidad paranaense y de la región con su arte y sapiencia. Y uno de los que arribaron a la capital entrerriana para exponer su arte y llenar de colorido los muros de la institución fue el pintor Juan M. Gavazzo Buchardo con importante repercusión en los medios de la prensa local, en esa época solamente escrita.

Pintor modernista
Juan Gavazzo Buchardo había nacido en Gualeguaychú el 13 de diciembre de 1888 y ya el en 1911 las vidrieras de un negocio de su ciudad natal mostraron una exposición de sus primeras dibujos. El periódico local El Noticiero puso en relieve esos primeros escarceos y auguraba un futuro promisorio para el artista. En La Plata realizó sus primeros estudios y en 1913, becado por los gobiernos de Buenos Aires y Entre Ríos, viajó a Europa donde comenzó a desarrollar su obra.
Años después pasó por París donde frecuentó a los más destacados artistas de la época, conoció al grupo Los Nabis*, a Maurice Denis, Paul Séruisier y Félix Valloton y Xavier Roussel. En 1917 se mudó a Madrid, se vinculó con Alfredo Guttero, Fray Guillermo Buttler, Pablo Curatella Manes, José Merediz y el pianista Numa Rossetti, y fundó la Asociación de Artistas Argentinos en Europa. Hacia 1919 retornó a Gualeguaychú, su ciudad natal donde abrió un taller y sala de exposición. En ese retorno al pago trajo su bagaje bebido en Europa y los estudiosos del tema consideran que fue el introductor del modernismo en nuestro país.

Arte y obreros
El arte decorativo lo tuvo como uno de sus representantes más destacados. Marcelo Olmos señala en un artículo que “(…) Gavazzo se ha hecho una especie de apóstol del artesanado (…). Y ello lo manifiesta en su participación futura en las Exposiciones de Artes decorativas, como la de 1919 en Madrid, donde Gavazzo y Guttero presentaban almohadones y el último proyecto de papel pintado y un proyecto de tapiz. La muestra tenía el curioso agregado de ‘Arte Decorativo’. Así, menciona la revista ‘La Esfera’, que estima de alabar las fantasías decorativas de Gavazzo Buchardo.”
Un detalle interesante de su concepción del arte –además de pintor fue escultor y decorador- es la reivindicación del trabajo artesanal. Según el ya citado Olmos, “Gavazzo es un entusiasta defensor del acceso de la sociedad toda a la enseñanza. Encuentra en el artesanado la manera de liberar al obrero del tedio que el maquinismo le ha impuesto, encontrando en los elementos que hacen a la decoración el campo ideal para aplicar las técnicas artesanales, introduciendo el diseño moderno en las mismas. El trabajo manual, duro, de las fábricas abrumadoras de comienzos del siglo XX, no le era ajeno a Juan Manuel, que podía por experiencia propia sentir lo terrible del tedio impuesto como forma de producción serial a los obreros.”
Acerca de su producción pictórica, una reseña considera que “(…), si bien ha trabajado tanto con pintura como con escultura y elementos decorativos, tiene mayor reconocimiento su producción pictórica, la cual se caracteriza por un manejo equilibrado y homogéneo del color y por la preponderancia de la pintura por sobre el dibujo, con evidentes empastes de color. Trabajó con diferentes géneros pictóricos, entre los que destacan las naturalezas muertas, las flores, los retratos y los paisajes.
En 1925, tras su paso por Paraná para exponer sus trabajos regresó a Europa para ocupar el cargo de Canciller Consular de la República Argentina en Madrid, luego Barcelona, Marsella, París, Inglaterra, Alemania, Yugoslavia, hasta 1951.
En 1930 se llevó a cabo primer Salón Anual de Bellas Artes del Museo Provincial de Bellas Artes, donde se expuso Naturaleza muerta Gavazzo Buchardo, “(…) autor considerado como uno de los introductores del modernismo en la Argentina, se caracteriza por ‘un manejo equilibrado y homogéneo del color y por la preponderancia de la pintura por sobre el dibujo, con evidentes empastes de color’”, cita un trabajo de Walter Musich y Karen Spahn.
En 1965, en el Instituto Magnasco de Gualguaychú presentó una exposición de óleos, tallas y dibujos, a algunos meses de su fallecimiento ocurrido en Meudon, en las afueras de París, el 14 de abril de 1965.

* Los Nabis es un grupo francés que nace a fines del siglo XIX, relacionados con el simbolismo literario opuesto al positivismo y naturalismo de la que su última manifestación fue el impresionismo, su visión se distancia de lo natural y enfocan su interés por lo exótico, lo místico y religioso. En la pintura, el color será un elemento prioritario. Utilizarán, normalmente, colores planos de gran sentido estético. Emplearán tonos que van de la gama de los pardos a los verdes, pasando por ocres y azulados.


Imágenes
Gavazzo autorretrato
Costa azul
El Diario informa sobre el Salón en Paraná 1930

Bibliografía
https://sites.google.com/site/gualepedia/significado-de-los-nombres-de-las-calles-de-gualeguaychu/calle-juan-manuel-gavazzo
Colección Numa Rossotti. Facultad de Bellas Artes, Universidad Nacional de La Plata, en https://unlp.edu.ar/frontend/media/72/6272/71a63a4241b0e147ce9883392d66060f.pdf
Musich, W. N. y Spahn, N. (2020). 1° Salón Anual de Bellas Artes de Paraná (1930): escenario del arte argentino entre la tradición y la renovación. Estrategia y legitimación. AVANCES, (29), 193-212. Córdoba: CePIA, Facultad de Artes, Universidad Nacional de Córdoba. Recuperado de: https://revistas.unc.edu.ar/index.php/avances/article/view/28742
Olmos, M., La Pintura de Juan Manuel Gavazzo Buchardo, recuperado de http://uca.edu.ar/es/pabellon-de-bellas-artes/muestras/muestras-2007/juan-manuel-gavazzo-buchardo, 26/1/2021.


El entrerriano Enrique Guaita campeón del mundo con la selección de Italia

Rubén I. Bourlot

El 10 de junio de 1934 se jugaba la final del Mundial de fútbol de Italia. De fondo resonaban los pasos marciales del fascismo triunfal alentados por Benito Mussolini. Se empezaban a calentar los tambores de la guerra. En la semifinal jugada el 3 de junio entre la selección local y Austria los italianos defendían su pase a la final. Transcurría el primer tiempo y en el minuto 19 estalló el estadio. ¡Goool de Guaita! ¡Goool del Corsario Negro! Y fue nomás el gol que sembró de laureles el camino a la final frente a Checoslovaquia.
Finalmente la selección “azzurra” con un 2-1, uno de los goles convertido por el argentino Raimundo Orsi, se llevó por primera vez la copa del mundo. En realidad era el segundo torneo mundial luego del disputado en Uruguay en 1930 donde se consagró campeón el seleccionado local.
Pero ¿quién era ese Guaita goleador? Hoy seguramente un perfecto desconocido. Se trababa en Enrique Guaita, un argentino que con su apellido italiano pudo integrar la selección de la patria de sus ancestros. Pero los primeros fogueos con una pelota, tal vez de goma o de medias encimadas, los había practicado en algún potrero de su Lucas González natal. Había nacido en esa ciudad del departamento Nogoyá el 15 de julio de 1910, hijo de Arturo Guaita, italiano, y Eloísa Ormaechea, vasca.

Rumbo a la Roma
Una publicación de Enzo Leonel Rodríguez en la red Facebook nos aporta algunos datos sobre Guaita. Dice que terminado el secundario se instaló en La Plata para estudiar medicina. Cursó hasta cuarto año pero el potrero pudo más. En 1931 debutó profesionalmente en Estudiantes de La Plata y luego pasó a Racing Club. Gracias a su ascendencia italiana, Guaita fue tentado para jugar en la Roma y, nacionalizado, integró la selección para jugar el torneo mundial donde convirtió ese gol clave. Pero no fue el único argentino de la formación: lo acompañaban Raimundo Orsi de Avellaneda y Luis Monti nacido en Bueno Aires.
Cristian Guaita, sobrino nieto de Enrique, cuenta en una nota periodística que sus antepasados provenían de los alrededores del lago de Como, en la norteña Lombardía. No muy lejos de allí, en San Marino, se encuentra la medieval Torre Guaita. Construida en el siglo XI, su nominación alude a la función: derivada del alemán, la palabra significa “hacer guardia”.
Cristian también fue futbolista y, como su ancestro nació también en Lucas González en 1960, hizo historia en Estudiantes de La Plata y el Danubio de Uruguay. Tras su retiro como futbolista, trabajó por muchos años con las inferiores de los clubes Estudiantes y Temperley.

De indio a corsario
Apodado El Indio durante su paso por Estudiantes de La Plata Enrique Guaita se desempeñó como puntero izquierdo integrando, desde 1929, la famosa delantera de Los Profesores junto a Alejandro Scopelli, Miguel Ángel Lauri, Alberto Zozaya y Manuel Ferreira. Jugó con los Pincharratas hasta 1933, consagrándose subcampeón en el último torneo amateur de Primera División, en 1930, y 3° en el Campeonato de 1931, donde Estudiantes, pese a no coronarse, convirtió 104 goles y fue el equipo más efectivo del certamen.
Según los especialistas, Guaita fue un hábil delantero que podía jugar tanto por la derecha como por la izquierda del ataque. Fue un jugador potente y veloz, con muy buena técnica y una endiablada gambeta. En su paso por el club romano tuvo una de sus mejores temporadas: fue el máximo goleador de la Serie A en la temporada 1934/35, con 28 goles, lo que constituye un récord absoluto para un torneo de 16 equipos en el fútbol italiano. Fue allí donde se lo bautizó El Corsario Negro.
Años después, huyendo del fascismo para evitar ser alistado en el ejército para la campaña de Etiopía, volvió a su país, jugó por Racing, en Estudiantes y alcanzó a figurar como titular del seleccionado que obtuvo el campeonato sudamericano (actual Copa América) de 1937 disputado en Argentina. En la oportunidad la final, el 1 de febrero de 1937, fue entre la selección argentina y la del Brasil. El partido se disputó en el viejo Gasómetro de San Lorenzo de Almagro y el triunfo argentino se consagró en el alargue con dos goles de Vicente de la Mata. Guaita integró la delantera junto a Alberto Zozaya, Enrique García, Francisco Varallo (luego reemplazado por Vicente de la Mata) y Roberto Cherro.
Dos años después Guaita se retiró del futbol profesional, consiguió empleo como ayudante del Registro Civil de San Nicolás, donde vivía una de sus hermanas. En 1945 pasó a la Dirección General de Establecimientos Penales y tiempo después alcanzó la subalcaldía de la cárcel nicoleña en tiempos de la recordada gestión de Roberto Pettinato. Entre 1951 y la caída del peronismo, ejerció como director de la cárcel de Bahía Blanca. Pero siguió ligado a la pelota. Participó de la vida deportiva local, que lo reconocía como la gloria internacional que era. Integró la Sociedad Sportiva y el Tribunal de Penas de la Liga del Sur, entidad que luego presidió por tres periodos anuales. Finalmente, vuelto a San Nicolás, falleció el 10 de mayo de 1959 a la temprana edad de 49 años.
Desde aquí nos preguntamos si en Lucas González se lo recuerda, si una calle, una plaza o algún monumento testimonia la trayectoria de este ilustre convecino.

Imágenes
Enrique Guaita
Guaita selección italiana 1937
Anuncio de su muerte-Corriere-dello-Sport-11-5-1959

Bibliografía
Kenis, Diego (11 de diciembre de 2022). Un campeón del mundo en Bahía Blanca, disponible en https://elagora.digital/enrique-guaita-campeon-italia-34-bahia/



La olivicultura entrerriana

Rubén I. Bourlot

Una ley del 29 de septiembre de 1932 dividió el país en regiones económicas para el cultivo del olivo y el fomento de la industria derivada. En Entre Ríos los departamentos Villaguay, Concordia, Uruguay y Paraná fueron declarados dentro de la región económica del olivo. Con variada suerte la actividad se desarrolló a lo largo del siglo XX hasta desaparecer. Hoy quedan unos pocos ejemplares que dan su fruto para consumo casero.
En Sudamérica la olivicultura nació con la llegada de los españoles y se estima que en los años fundacionales, hace más de cuatro siglos, se implantaron los primeros ejemplares en la actual provincia de La Rioja. En la localidad de Aimogasta aún se conserva un antiguo ejemplar que fue declarado Monumento Histórico Nacional. Pero no le fue fácil a esa olivicultura primigenia. En el siglo XVIII el rey Carlos III hizo talar los olivos americanos para evitar la competencia con la producción de la Península. Una conocida interpretación de Los Trovadores rememora esos hechos:

El árbol ya fue plantado sin permiso del Virrey.
Estuvo lleno de pájaros y se hizo grande el laurel.
Estuve esperando un año pero se pasaron diez.

Usted me pidió permiso y yo le pedí al Virrey,
el Virrey escribió a España para preguntarle al Rey,
el rey preguntó a la Reina si plantaban el laurel.

El laurel volaba pájaros Lauré, lauré, laurelé,
sin el permiso de España laure, laure, laurelé.

Olivos en Entre Ríos
En nuestra provincia el olivo fue traído por los inmigrantes junto con las vides e intentaron producir el preciado aceite que era un componente indispensable de la dieta mediterránea. Los primeros intentos de plantaciones se verificaron los departamentos Concordia y Federación. Enrique Mouliá, que fue periodista e historiador de Concordia, nos informa “que en 1880 el Señor José Oriol que fue un español de espíritu laborioso y visionario (como fue mucha gente de ese tiempo), se le ocurrió introducir en el país plantas de olivos para destinarlas al campo de su propiedad existente en el norte de la ciudad de Concordia, donde había fijado su residencia”.
Una nota publicada en la revista La Chacra (septiembre de 1953) da cuenta que tiempo después estas plantaciones fueron eliminadas, por no resultar viable su comercialización, y reemplazadas por vides y citrus. Más tarde comenzó el cultivo en el departamento Federación y recién en 1932, con la sanción de la ley de promoción, se incrementaron las plantaciones. Para 1950 se contaban con 400.000 plantas y la provincia ocupaba el cuarto lugar en el número de ejemplares. La mayor parte de la producción se destinaba a la producción de aceite.
Una publicación oficial de 1947 (Revista 4 de junio, 1947) se muestra optimista respecto del desarrollo de la producción entrerriana a pesar que el clima es muy distinto al de la zona andina. “No carece la provincia de tierras apropiadas para la olivicultura (…) –asegura la publicación- El señor Jaime Anderson, director de Agricultura de la provincia no descarta esta posibilidad”. Y agrega “(…) el gobierno del doctor Maya está dispuesto a consumar la empresa. Con el señor Anderson colabora un cuerpo de ingenieros que ha agotado ya los estudios del caso y mira el porvenir con ambición y confianza”.
En la década de 1970 en la zona de las colonias que surgieron a partir de la colonia San José la familia Burgos conservaba en su campo ejemplares de lo que había sido un olivar frustrado implantado en la década del ’50 por un productor de apellido Hogan. Los propietarios del lugar manifestaban que la cosecha era muy esporádica y para consumo familiar. El motivo de los escasos rendimientos se debería, según expresaban, al clima excesivamente húmedo, lluvioso y a los suelos pesados (vertisoles) poco amigables para este cultivo. El olivo crece normalmente en climas semiáridos, con pocas lluvias y suelos de buen drenaje.

La Fábrica Taangá
Una publicación reciente (de Sofia Selasco en la página bichosdecampo.com) entrevistó a Omar Mover sobre el desarrollo de la industria en el nordeste provincial en la década del ’40 de la mano del empresario de Buenos Aires Simón Pollack que implantó, en una estancia de 800 hectáreas, dos variedades de aceitunas: la arbequina, de pequeño tamaño y gran capacidad aceitera, y la colano, de mayor tamaño y considerada de mesa. Simultáneamente se levantó la Fábrica de Aceite Taangá y una planta procesadora y envasadora de las aceitunas de mesa. Con el tiempo Federación sumó otras cinco plantas y Chajarí otra, dando lugar a un pequeño pero pujante polo productor olivícola de siete fábricas.
Mover comenzó a trabajar en la fábrica Taangá en 1976 cuando se llegaron a cosechar 550.000 kilos de aceituna de mesa y 650.000 de arbequina para aceite. La producción “se comercializaba casi todo a Buenos Aires y se exportaban desde Buenos Aires a Brasil. Se hacía mucha aceituna”, relató Mover.
Hoy ya no quedan producciones industriales de aceitunas en la zona y no hay demasiadas explicaciones al abandono de la explotación. Según algunas versiones la citricultura fue reemplazando al olivo y las plantaciones fueron taladas para implantar el nuevo cultivo. Solo se conservan algunos lotes que producen aceitunas para la fabricación de aceite casero, para consumo propio y venta al costado de la ruta, en improvisados “puestos de artículos artesanales” en pequeña escala.
Cabe destacar que la dieta mediterránea que mencionábamos al principio, trasladada a nuestras tierras por los inmigrantes, reemplazó el aceite de olivo por otros más económicos como el de girasol, maní o soja. De haber continuado con la industria de la olivicultura en la provincia tal vez la típica bagna cauda de los piamonteses se elaboraría con oliva en vez de la crema de leche con que se la reemplaza en la provincia.


Imágenes
Olivares de Concordia
Planta extractora de aceite en Concordia
Planta aceitera Taangá

Bibliografía
El olivo en Entre Ríos, en revista La Chacra, septiembre de 1953. Disponible en la hemeroteca del Archivo General de Entre Ríos.


López Jordán gobernador, el fin de una etapa

Rubén I. Bourlot

En el salón de los Gobernadores de la Casa Gris, sede del gobierno de Entre Ríos, el cuadro de Ricardo López Jordán (hijo) sufrió un reiterado sube y baja según los sesgos interpretativos de nuestra historia. Para unos fue gobernador, para otros no lo fue o no mereció el cargo. Sin embargo está el rostro de Antonio Crespo (1844-1854) que no lo fue propiamente sino el sustituto de Urquiza durante sus ausencias. En tanto no se encuentra Cipriano de Urquiza (1842-1844) que ocupó el mismo cargo de Crespo.
El hecho incontrastable es que López Jordán fue designado en 1870 en el cargo de gobernador para completar el mandato tras el asesinato de Justo José de Urquiza el 11 de abril de ese año.
Para el relato de los hechos y su interpretación contamos con los documentos que se pueden consultar, entre otros lugares, en el Archivo General de la provincia.
La muerte de Urquiza dejó acéfalo el gobierno de Entre Ríos por lo que inmediatamente el presidente de la Legislatura Fidel Sagastume se hizo cargo interinamente y convocó a sesión para designar al ciudadano que debía completar el periodo de gobierno según lo establecido por los artículos 37 y 38 de la Constitución provincial sancionada en 1860 que contemplaba el caso e indicaba el procedimiento a seguir.
La cita textual de la ley suprema entrerriana vigente en esa época indica que “en caso de imposibilidad física ó mental, renuncia, suspensión, deposición en juicio o muerte del Gobernador, la Cámara procederá á elegir un provisorio inmediatamente.” Y agrega: “Mientras esta elección no tuviese lagar, asumirá el mando el Presidente de la Cámara por un término que no podrá exceder de un mes.”
Reunida la Legislatura con la presidencia de Antonio Zarco eligió gobernador a Ricardo López Jordán (h) "para terminar el período que faltaba al anterior". Los únicos legisladores que votaron en contra fueron Antonio Zarco y Ramón Febre.
La elección se produjo el 14 de abril y ese mismo día el nuevo gobernador prestó juramento, nombró ministros a Pedro Lucas Funes y Juan A. Mantero y luego, en reemplazo del primero que renunció, a José V. Díaz y más tarde, en substitución del segundo que también dimitió, al médico Carlos M. Querencio.
Al momento de jurar López Jordán habló ante la Legislatura sobre su acción futura y sostuvo que “he deplorado que los patriotas que se decidieron salvar las instituciones, no hubiesen hallado otro camino que la víctima ilustre que se inmoló, pero no puedo pensar en una tumba cuando veo ante mis ojos los hermosos horizontes de los pueblos libres y felices”. Esa expresión dio lugar a diversas interpretaciones. Algunas condenatorias a la actuación del nombrado gobernador pero que empalidecen frente a la barbarie desatada por el gobierno nacional cuando desconoció esta designación y envió una intervención armada.
Escribe Aníbal S. Vázquez –Caudillos Entrerrianos. López Jordán- que “Contradiciendo afirmaciones en contrario, en momento alguno, ni antes, ni ahora, ni después (López Jordán) declaró su responsabilidad por el asesinato de su antecesor.
“Algunos historiadores argumentan que la cámara entrerriana procedió a elegirlo bajo el terror revolucionario, sin advertir que dos diputados votaron en contra sin haberse denunciado que experimentaran molestia alguna por ello y que no habría porque suponer que serían los únicos con coraje civil suficiente para sustentar sus opiniones. La prueba de que la Legislatura votó con entera libertad e independencia de juicio está en que la gran mayoría de los diputados formó y se batió en el ejército entrerriano que defendió en los campos de batalla la autonomía de la Provincia en contra de una intervención nacional que se estimó arbitraria, injusta y violenta.”

La intervención armada
El gobierno nacional, presidido por Domingo Faustino Sarmiento, ese mismo día había ordenado la creación de un ejército de observación para vigilar las costas del río Uruguay, expresando en los considerandos del decreto la necesidad de hacerlo por "que los revolucionarios de la República Oriental del Uruguay (…) se dirigen precipitadamente a las márgenes" opuestas, coincidiendo con este suceso, sospechoso de algún designio secreto, la muerte del gobernador de Entre Ríos en su palacio de San José, por una banda armada en que figuraban asilados orientales y con el hecho de que se desprendían constantemente de la provincia grandes grupos para perturbar la paz del estado vecino, etc. En la práctica era una intervención militar de la provincia, aún antes de conocerse el nombre de quién sería designado para reemplazar a Urquiza.
Para la tarea fue nombrado jefe de este ejército el brigadier general Emilio Mitre. Por otro decreto, del 19 de abril, el general Emilio Conesa asumió la jefatura del ejército de observación sobre el río Paraná.
La legislatura provincial autorizó al gobernador a reprimir lo que consideraba un atropello de la autonomía provincial.
El 16 dos barcos de guerra en que viajaba la tropa del Ejército de Observación llegó a la embocadura del río Gualeguaychú. De ahí, Emilio Mitre dirigió un oficio al gobernador López Jordán requiriéndole informes sobre el estado de la provincia, quien lo remitió a la Legislatura manifestando que aquel había detenido la marcha porque una comisión de vecinos se anticipó a significarle la gravedad que importaría su desembarco, ya que la población vivía en paz y que se había conjurado la crisis institucional provocada por la revolución y la violenta desaparición del gobernador Urquiza.
El 17, el gobernador López Jordán contestó al general Mitre diciéndole que la revolución iniciada el día 11 había terminado el 14 con su elección gubernativa, lo que había comunicado al Poder Ejecutivo de la Nación; que los poderes públicos estaban funcionando con toda regularidad; que deploraba las medidas adoptadas por el gobierno nacional merced a informes apasionados, alterando la tranquilidad del departamento Gualeguaychú, y "que se ha vuelto a ponerse en armas para defender la autonomía de la Provincia y a su constitución (…)". Terminó diciendo que "Entre Ríos no aspira más que a obtener los beneficios de la paz en el reinado absoluto de la Constitución y que nada será bastante a desviarlo de los propósitos manifestados al pueblo".

Desembarco en Gualeguaychú
En medio de estas negociaciones, sorpresivamente, el jefe del titulado Ejército de Observación, desembarcó con sus tropas en Gualeguaychú. Al pisar tierra entrerriana Emilio Mitre dirigió un manifiesto al pueblo diciendo que el asesinato de Urquiza "ha determinado al gobierno nacional a enviarme a esta provincia como su comisionado, al mando de una fuerte división de las tres armas, para apoyar la justicia que debe hacerse a ese atentado inaudito y para impedir toda complicación con las bandas armadas en la República vecina".
López Jordán informó lo acontecido a la Legislatura y reiteró su voluntad de defender la autonomía de la provincia como el propio cuerpo legislativo había autorizado el 17 abril. Conocida por el gobierno nacional esa decisión dictó un decreto acordando "que D. Ricardo López Jordán y todas las personas que con él se han alzado públicamente y en abierta hostilidad contra el Gobierno Nacional son reos de rebeldía contra la Nación y deben ser perseguidos.”
El gobernador intentó solucionar el diferendo por medios pacíficos y comisionó Onésimo Leguizamón y Clodomiro Cordero para iniciar gestiones de paz. Se ponía como moneda de cambio que “el general López Jordán renunciará al cargo de a gobernador que inviste sobre las siguientes bases: 1º Retiro de las fuerzas nacionales del territorio de toda la provincia, en los términos que definitivamente se convenga; 2º Ninguna injerencia del gobierno nacional en la elección del nuevo gobernador provisorio; 3º Intervención y garantía de una nación amiga de la República Argentina, para la efectividad del convenio (…)”
No hubo acuerdo y se desató una nueva tragedia que culminó con la derrota de los rebeldes y la sumisión de la provincia al gobierno nacional.

Imágenes
Diario jordanista La Nueva Era
López Jordán en la batalla Ñaembé

Los hermanos Scolamieri hacedores del automovilismo entrerriano

Rubén I. Bourlot

El 15 de abril de 1920 nacían en San Justo, departamento Uruguay, los gemelos Raúl Bautista y Alcides Pascual Scolamieri, popularmente conocidos como los “Chocos”, a quienes se los puede considerar fundadores de la Formula Entrerriana, el automovilismo que en Entre Ríos se convirtió en un espectáculo familiar que competía en popularidad con el fútbol.
Los Scolamieri no pilotearon automóviles, su actividad económica eran los servicios fúnebres, pero desde la gestión contribuyeron a crear una fórmula auténticamente entrerriana. Organizaron la actividad a través de la Unión de Volantes Entrerrianos (UVE) originalmente radicada en Villaguay y luego trasladada a Concepción del Uruguay a principios de la década del 60.
Uno de los logros más notables fue el rescate de los antiguos Ford T, que se fabricaron entre 1914 a 1927. De este modo, con el ingenio de los talleristas, lograron que los monoplazas fuesen responsables directos de la época más gloriosa del automovilismo provincial, con más de 20 carreras al año y con aficionados que colmaban los autódromos. Raúl presidió durante varios años la Unión de Volantes Entrerrianos y luego la Federación Automovilística Entrerriana, entidad creada en 1977.
La Fórmula Entrerriana se denominó originalmente Fórmula Ford T, luego Fómula 5. Con el tiempo se fueron incorporando motores más modernos -Renault, Dodge, Peugeot- pero los Ford T seguían batallando de igual a igual como la famosa colorada Nº 1 del piloto colonense, de origen cordobés, Jorge Ravassi.
erece un párrafo mencionar los orígenes de esa pasión. En 1926 se habría corrido la primera competencia en Entre Ríos con autos Ford T en un trayecto rutero entre Paraná y Viale. En 1929 se llevan a cabo competencias en Nogoyá donde surgen pilotos como Arturo Vicentín y Faustino Faccello. Pero es en 1935 cuando se inició formalmente esta disciplina con la Vuelta de Entre Ríos que ganaron los paranaenses Bianchi y Gutiérrez. Luego le tocó el turno a Concepción del Uruguay con una competencia que recorrió un extenso circuito por caminos rurales hasta la vecina colonia Perfección. A fines de ese año se corrió el Gran Premio Presidente de la Nación en Rosario del Tala.
A fines de la década las competencias se generalizan y aparecen los primeros ídolos como Martín Giraudo de Colón y Martín Vidal de San José, entre muchos otros.
Después del paréntesis obligado provocado por la Segunda Guerra, se reiniciaron las competencias y ya se iba delineando lo que luego sería la fórmula Ford T, con nuevas figuras como Américo Durandó, Luis César Castelli y Carlos Godoy, en otros. Los escenarios no eran los fangosos caminos sino circuitos trazados especialmente para las competencias.

La organización
En 1950 se organizó la actividad automovilística con la creación de la Asociación Entrerriana de Volantes Categoría Ford T bajo la presidencia del piloto de Villaguay Bernardo Molero.
En 1955 la primera asociación fue reemplazada por la Unión de Volantes Entrerrianos (UVE) con sede en Concordia, luego trasladada a Villaguay, que sería la protagonista casi excluyente del automovilismo en la provincia. A partir de ese momento se iniciaron los torneos anuales con puntaje. El primer campeón fue el piloto de Gualeguaychú Ricardo Jaurena.
En 1960 la renovación de la comisión directiva de la entidad consagró en la presidencia a Raúl Escolamieri en una histórica elección donde obtuvo 48 votos de los 50 delegados que participaron de la asamblea en Villaguay. Su hermano Alcides también integraba la comisión. La sede de la organización fue trasladada definitivamente a Concepción del Uruguay.
Scolamieri presidió la entidad hasta 1968 y tras un periodo intermedio retomó la conducción y siguió siendo protagonista hasta bien avanzada la década del 70 junto a su hermano.
En 2011 el Senado de la provincia le hizo u reconocimiento público a Raúl Scolamieri, en ese entonces con 91 años, a los familiares de Alcides Scolamieri (fallecido) por sus trayectorias en el ámbito del automovilismo provincial.
El Autódromo Municipal de Concepción del Uruguay lleva el nombre de “Hermanos Scolamieri”.

Coches en la polvareda
Los circuitos de tierra fueron una marca registrada de la categoría. Tenían que regarse y apisonarse con neumáticos, lo que no evitaba que a poco de circular los bólidos se levantaran nubarrones de polvo otorgándole una pátina de heroísmo a las competencias. Esos escenarios telúricos perduraron hasta bien entrada la década de 1970, donde sólo se subía al asfalto cuando de corría en Paraná o Concordia.
De este período se cuentan los trazados de “Salvia” en San José, el “Roberto Mena” de Concepción del Uruguay, “Águilas mecánicas” de La Clarita, entre otros donde se corrían más de veinte fechas por temporada. “Cada reunión agrupaba un gran número de participantes (en 1974, en el Gran Premio Coronación, que se corrió en el circuito de Concepción del Uruguay, hubo 62 pilotos habilitados para tomar parte de la prueba, de los cuales clasificaron 54)”
La presencia del público era multitudinaria, y particularmente de las familias, y sin dudas era el espectáculo más concurrido con más de 10.000 personas en cualquier carrera, y donde se destacaban verdaderas “hinchadas” que seguían a un determinado corredor. Hacia fines de la década de 1960 y principios de los 70 brillaban conductores como Próspero Bonelli y Reynaldo Baccalluzzo de Concepción del Uruguay. También estaban Héctor “Tino” Niemitz de Paraná, Oscar Riffel de Viale, Raúl Grinóvero de Paraná, “Cacho” Scarazzini de Villa Elisa, José Luis Gallo de La Clarita y el colonense Jorge Ravassi.
Capítulo aparte merecen las trasmisiones radiales que ampliaron considerablemente el público involucrado. Las trasmisiones la escuchaban religiosamente quienes no tenían la posibilidad de asistir al autódromo. Los equipos más conocidos eran los que encabezaban Martín Bustamente, primero por CW35 de Paysandú y luego por LT 14 de Paraná, Héctor Bradanini y Jorge Eduardo Scarinci por LT 15 de Concordia. Por la radio de Concepción del Uruguay trasmitía el equipo Pista 11, primero encabezado por Horacio Palassoli y después por Enrique Pontelli. Una radio de menor alcance pero de gran popularidad en las trasmisiones de automovilismo fue LT 26 de Colón con los relatos polémicos de Eduardo Pedro González, conocido como “La Mona”.

Imágenes
Hermanos Scolamieri
Circuito Mena de Concepción del Uruguay ( Imagen extraída de Una pasión de la histórica video de RUS)
Bandera de largada

Bibliografía
Apuntes para la historia del automovilismo entrerriano, folleto editado en 1975 por Rafael Almeyra.


Los chalecitos del barrio San Martín

 Rubén I. Bourlot

En enero de 1852 quedaba inaugurado un nuevo barrio de viviendas en Paraná, el primero ubicado fuera del radio de las avenidas que rodean la ciudad. Las casas de estilo californiano se destacaban por su confort y el diseño que facilitaba futuras ampliaciones.
Gobernaba la provincia el general Ramón Albariño que continuaba la obra de desarrollo de barrios para sectores de menor poder adquisitivo que había iniciado el gobernador Héctor Maya. Era un proyecto en conjunto con el gobierno nacional –plan de préstamos "Eva Perón" con el Banco Hipotecario Nacional- que había adquirido el terreno y facilitado los planos de la construcción.
El diseño de las casas estaba pensado para una vida confortable y no una simple “solución habitacional” para la emergencia. Tal vez respondiendo a las críticas de quienes cuestionaban los “gastos del estado” en viviendas lujosas para pobres la propia Eva Perón decía que debían ser tan dignas como las de los funcionarios, es decir, con los mismos elementos de confortabilidad.
El barrio está situado en las adyacencias del hoy exhipódromo y donde algunas de las viviendas conservan las características originales: paredes exteriores de ladrillo visto, puertas y ventanas de madera, techos de tejas rojas estilo colonial, que hacia la fachada terminan en galerías con columnas muy particulares.
Ofelia Sors en su obra Paraná, dos siglos y cuarto de su evolución urbana menciona que en 1948 se habían inaugurado diez viviendas sobre el bulevar Moreno y se iniciaba la construcción de 500 viviendas en diferentes localidad de la provincia a cargo de la Comisión Honoraria de la Vivienda, luego Junta Administrativa Autónoma de la Vivienda. En mayo de 1950 también se había habilitado un barrio de viviendas en el barrio La Floresta.

Las 51 viviendas
En el acto inaugural de las 51 viviendas estuvo presente el gobernador Albariño y demás funcionarios. En el inicio del acto uno de los adjudicatarios, Manuel Lencinas, agradeció la “ayuda, no en tanto a lo económico sino espiritual pero cuanto el sueño de la casa propia que se cumple es quizás uno de los sueños más caros y de los más irrealizables. Pero la revolución justicialista ha venido a transformar el estado social de la nueva argentina, en donde los hombres que trabajan y esperan ver cumplir en realidad sus esperanzas al amparo de las leyes humanas.”
El año anterior el gobernador había manifestado en su mensaje a la Legislatura -en esa época se llevaba a cabo los 4 de junio- que a un año de gobierno estaba prácticamente terminada la construcción del barrio con una inversión de seis millones y medio de pesos, y que solo faltaba completar las obras de la red de provisión de agua y cloacas para su entrega que como vimos se concretó seis meses después. A la vez que anunciaba la construcción de un cuarto grupo de viviendas.
Los planes de vivienda Eva Perón del Banco Hipotecario Nacional constaban de préstamos para la construcción casas para obreros y empleados que cubrían el 100 % del valor de la propiedad, más el 30% del terreno, con una tasa del 4% anual, un plazo de hasta 40 años y con una superficie cubierta que no debía superar los 70 metros cuadrados. Para los nuevos planes que se ejecutaron a partir de 1951 el BHN obtuvo mayores tasas de redescuento y profundizó su intervención en la definición de las obras incluyendo los planos, materiales y una mayor vigilancia de los costos.

El “barrio jardín”
La construcción de viviendas para sectores más postergados era una de las banderas del peronismo cuyo derecho había sido incorporado en la reforma constitucional de 1949, y el diseño del tipo “barrios jardines” constituían el ideal de un espacio barrial donde se desarrollaba una activa vida comunitaria. Este ideal guardaba cercanía con el modelo de “ciudades jardín” que proponía el arquitecto socialista inglés William Morris. Esa misma línea de pensamiento había sostenido el diputado socialista Enrique Dickmann en la década del treinta que consideraba a la vivienda individual como solución al hábitat popular. Señalaba que “la casita individual cómoda y barata, ubicada en un hermoso barrio-jardín, profusamente arbolado, con su respectivo jardincito donde el hombre puede cultivar, en horas de descanso y en días feriados, flores y hortalizas y donde la mujer puede tener un pequeño corral de aves, será la gran solución económica y social de la vivienda popular”
Dice una autora -Rosa Aboy: La vivienda social en Buenos Aires en la segunda posguerra (1946- 1955)- que “las viviendas construidas por la Fundación Eva Perón y por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) se identificaron con la arquitectura pintoresquista de las viviendas ‘californianas’”.
El estilo chalet californiano tuvo su origen en la arquitectura conocida como Estilo Misión y que fue importada desde los Estados Unidos en la década de 1920 por la clase media y alta de Argentina que en realidad era un estilo arquitectónico de las misiones franciscanas de la Alta California en el Virreinato de Nueva España en los siglos XVII y XVIII, antes que fuera anexada a Estados Unidos. La adopción de éste estilo habría estado motivado por el interés del peronismo en rescatar la identidad hispánica.
“El tipo, conocido como californiano -dice la citada autora-, había sido introducido en el país en las décadas del veinte y del treinta por los sectores burgueses, hallando excelente receptividad por la creciente influencia norteamericana. En el período en que los migrantes internos fueron empujados a la ciudad por los desfavorables términos de intercambio económico, el chalet californiano fue visto como símbolo de ascenso social por vastos sectores que pugnaban por incorporarse a la clase media argentina.”

Imagen
Plano tipo de viviendas provisto por el BN
Grupo de viviendas
Inauguración del Barrio San Martín, La Acción 11- 1-1952

Bibliografía
Gobierno de Entre Ríos, (1951). Entre Ríos hacia… Publicación oficial del gobierno de Ramón Albariño. Ejemplar disponible en el Archivo General de Entre Ríos

4/1/26

En 1893 tropas entrerrianas reprimen la revolución de Santa Fe

Rubén I. Bourlot

El 24 de septiembre de 1893 la ciudad de Paraná amaneció convulsionada. Unos ocho mil hombres bien armados se concentraban en la ciudad para reprimir la rebelión radical de Santa Fe. Los entrerrianos estaban desacostumbrados a este tipo de movilizaciones después de que fueran sofocados los levantamientos jordanistas de la década del ’70. Pero en este caso la movilización estaba destinada a sofocar la rebelión que había estallado en Santa Fe.
El gobernador Sabá Hernández dispuso que el Batallón 1º de Paraná al mando del teniente coronel Ramira, al que se sumó la guardia nacional a las órdenes del general Juan Ayala, se concentraran en la capital con ocho mil hombres, para luego traspasar el Paraná rumbo a la vecina provincia, embarcados en los vapores Ceres y Quinto.

El movimiento insurgente de Santa Fe se produjo para procurar desplazar al interventor nacional Baldomero Llerena, reemplazado el 25 por el general Liborio Bernal. La revolución fue uno de los tantos movimientos inspirados por la naciente Unión Cívica Radical, que en Santa Fe tenía como una de sus principales exponentes a Mariano Candioti, quién meses antes se había hecho cargo de la gobernación tras el levantamiento que había desplazado del cargo al entonces gobernador Juan Manuel Cafferata. Eran tiempos de la presidencia de Luis Sáenz Peña.
El día 25, desde Bajada Grande, también partió a Santa Fe el regimiento 11 de caballería a las órdenes del coronel Julio Morosini. Los revolucionarios santafesinos se habían apoderado de la capital y Rosario. A las tropas entrerrianas les correspondió participar del encarnizado combate de La Calera o Los Ceibos, y en los ataques y toma del convento de San Francisco, el Hospital, las aduanas y la estación Francesa.
Se hizo menta en la época de la certera puntería de los revolucionarios de origen suizo, el Batallón “Las Colonias”, de Esperanza, San Jerónimo y San Carlos, que actuaron en la defensa de la estación Francesa y provocaron numerosas bajas.

La revolución radical
Recordemos que en ese año los líderes de la UCR Hipólito Yrigoyen y Aristóbulo del Valle promovieron levantamientos en varias provincias, entre otras las de San Luis, Buenos Aires y Santa Fe. Yrigoyen sostenía que el poder había que tomarlo mediante una revolución en vista que con las elecciones fraudulentas manipuladas por los conservadores era imposible competir.
El 30 de julio estalló la revolución en Santa Fe. Luego de varios días de luchas sangrientas, finalmente derrotaron al gobierno provincial y el 4 de agosto asume el gobierno el radical Mariano Candioti hasta el 22 del mismo mes cuando se decreta la intervención federal. Entre los líderes revolucionarios se encontraban también Leandro N. Alem y Lisandro de la Torre que tuvieron a su cargo la toma de Rosario.
Finalmente la rebelión de Candioti fue sofocada y su líder se rinde en el cuartel general de la Aduana Vieja donde intervino el Regimiento 11 de caballería.
El radicalismo entrerriano no tuvo una participación visible en este movimiento, tal vez debido al fuerte control ejercido por el gobierno provincial.

El papel de los gringos radicales
Ya citamos la participación de los rifleros de “Las Colonias” en el levantamiento. La movilización de los colonos de las colonias fundadas por los inmigrantes europeos tuvo su origen en 1891, cuando el gobierno de la Provincia logró que se votara en la Legislatura un impuesto de diez centavos por cada quintal de trigo y lino vendido dentro de Santa Fe. 
La sanción de esta ley provocó la reacción de los grandes exportadores -Otto Bemberg, Bunge y Born y Dreyfus- y el gobierno, ni lerdo ni perezoso, decidió que el impuesto lo pagaran los colonos. Esta medida tan arbitraria hizo que los productores vieran con simpatía al nuevo movimiento político encabezado por Yrigoyen y Alem, que prometía reformas profundas en el ámbito rural. Cuando en 1893 se produjo la revolución armada contra el gobierno de la Provincia, los gringos de las colonias prestaron su pleno apoyo. Ahí estuvieron prestos para combatir los colonos de Humboldt, San Jerónimo, Josefina, Santa Clara y Santa María. También los de San Carlos, Las Tunas, Clucellas, Esperanza y Rafaela. A raíz de estos sucesos se crea la Unión Agraria encabezada por Atanasio Páez. Es así que, pronunciada la revolución de 1893, el 3 de agosto los productores se movilizaron a la ciudad de Santa Fe. Más de dos mil “gringos” armados participaron de los hechos, y 500 en la toma de la capital provincial.

Imágenes
Guardia Nacional
Revolucionarios de la colonia Esperanza

Bibliografía
VV. AA., (1978), Enciclopedia de Entre Ríos, Historia, Arozena Editores, Paraná, tomo III.
Reula, Filiberto, (1963), Historia de Entre Ríos. Política, étnica, social, cultural y moral, Tomo III, Editorial Castelví, Santa Fe.
Aquel histórico febrero de 1893, en Campo Litoral, 22 de mayo de 2010, recuperado de https://www.campolitoral.com.ar/
Vásquez, Aníbal S., (1950), Dos siglos de vida entrerriana, Paraná, Ministerio de Educación, Biblioteca entrerriana Juan Domingo Perón, Paraná.

Una manifestación racedista reprimida por la policía

Rubén I. Bourlot

El 27 de abril de 1890 el exgobernador y recientemente renunciado ministro de Guerra y Marina de la Nación, Eduardo Racedo, esperaba una recepción apoteótica en Paraná. Retornaba a Entre Ríos con el propósito de organizar su plan de reelección para la gobernación, tras su renuncia al cargo nacional como consecuencia la ruptura del roquismo con el gobierno de Juárez Célman.
Pero todo salió bien distinto. Racedo no arribó a la ciudad y los manifestantes fueron reprimidos por la policía.
Eduardo Racedo nació en 1843 en Paraná, Entre Ríos, y murió en 1918 en Buenos Aires. Fue un protagonista insoslayable de la política entrerriana y nacional, además de su actuación en el ámbito militar. Julio Argentino Roca lo tuvo a su lado tanto en la campaña militar en la Patagonia como en su armado político representado por el Partido Autonomista Nacional (PAN).
En 1883 accedió a la gobernación de la provincia y poco antes de culminar el mandato fue convocado por el presidente Juárez Célman para ocupar el ministerio Guerra y Marina.

Espera infructuosa
Ese 27 de abril bien temprano entre cuatro y seis mil personas –según las fuentes periodísticas de la época- esperaban al exministro en las inmediaciones Puerto Viejo, en La Batería (hoy Parque Urquiza), a lo largo de la entonces avenida Rivadavia y en la plaza Alvear. Al mediodía llegó la noticia de que el vapor en que viajaba Racedo había encallado en las proximidades de Diamante. Otras fuentes aseguraban que la interrupción del viaje fue deliberada, obedeciendo a sugestiones del general Roca sobre la inconveniencia de esa llegada a Entre Ríos. Qué negocios estaba pergeniando el Zorro Roca no lo sabemos con certeza. Lo que se conoce es que el PAN se había dividido en la provincia. El oficialismo, que gobernaba con Clemente Basavilbaso, en febrero había proclamado la fórmula Sabá Z. Hernández - Camilo Villagra, mientras que los racedistas, el 9 de abril proclamaron en Gualeguay la fórmula Eduardo Racedo - Miguel Laurencena.
Cuando la noticia de la ausencia de Racedo se esparció entre la multitud resolvieron marchar en manifestación por las calles de la ciudad. Un periódico de Buenos Aires redactado en inglés, The Standard del 2 de mayo de 1890, titula la crónica de los hechos como “Los disturbios en Entre Ríos” y señala que en ese momento los manifestantes se conducen en “el más perfecto orden que conservan en todo momento y con vítores para el presidente de la república y para el general Racedo”. Y agrega que “numerosas azoteas y balcones a lo largo de las calles del recorrido se llenaron de damas que arrojaron grandes cantidades de flores, a medida que transcurría la manifestación (…).”
En la plaza Alvear se concentraron para llevar cabo un acto con varios oradores y luego se desconcentraron “del mismo modo ordenado en que se habían formado”, escribe el cronista.

Los disturbios
Desde el sur de la ciudad un grupo a caballo, integrantes del club "General Dorrego" de Paracao, que contaba con unos 600 adherentes, encabezados por su presidente Teófilo Almada, habían marchado hacia la estación del Ferrocarril de Entre Ríos para concentrarse en la plaza 1º de Mayo. “Cuando en el lado opuesto de la plaza de la policía un hombre gritó ‘¡Viva el General Racedo!’ –relata el periódico citado- del otro lado respondieron ‘¡Viva el gobernador de la provincia!’”. Y la situación se desmadró. El piquete de la policía que se encontraba armado y listo para actuar en el Departamento de Policía, ubicado en San Martín y España (hoy Banco de la Nación), avanzó un poco sobre la plaza e hizo fuego contra los manifestantes, originándose un recio tiroteo del que resultaron seis manifestantes muertos y varios heridos.
Los partidarios de Racedo, que también portaban armas, respondieron y sobre la vereda de la Escuela Normal, en calle Urquiza, cayó muerto el jefe del piquete, comisario Francisco Modernel. La policía terminó arrestando a unos 200 de los manifestantes.
La crónica del Standard relata que “un italiano empleado del tramway, que no tomaba parte en las manifestaciones, en el momento del tiroteo se encontraba despachando en la oficina de correos, para llevar la correspondencia al puerto, y quedó tan gravemente herido que murió antes de llegar al hospital. Su nombre: Juan Gaya, 52 años de edad.”
“Es difícil de entender cómo resultaron heridas tan pocas personas –continúa la crónica-, ya que la plaza estaba llena de gente en el momento en que comenzó el tiroteo, entre ellos mujeres y niños, simplemente espectadores (una mujer y un niño resultaron heridos). No se puede concebir un ataque más despiadado. Entre los que tomaron parte activa estaban dos profesores de la Escuela Normal, revólver en mano, amenazando a varias personas que vitoreaban al general Racedo, y que desde hace mucho tiempo participan en nuestra política local.”
El mismo periódico se preguntaba “cómo pudo haber ocurrido la colisión parece incomprensible”, y argumentaba que “como es bastante evidente los racedistas no deseaban ningún encuentro con las autoridades, prueba de lo cual transcribimos la siguiente proclama” firmada por Miguel Laurencena:
“El jefe de policía ha suscrito que no permitirá la recepción popular propuesta hoy (…)
“He decidido respetar esta prohibición y deseo que sea respetada por todos, para que nadie esté presente para recibir al general Racedo. Y al mismo tiempo deseo protestar ante mis seguidores ciudadanos por esta prohibición arbitraria, que atenta contra nuestros derechos políticos’.”
Los relatos posteriores de estos hechos difieren. Como cualquier acontecimiento está sujeto a las interpretaciones desde la óptica de testigos y cronistas. Años después el diario La Acción de Paraná, en una edición de 1930, rememoraba los sucesos como “semana trágica” con conceptos reprobatorios a la actuación del gobernador Basavilbaso. Esta versión era confrontada por el periodista Luis Bonaparte que en un artículo defendía la actuación del gobernador y acusaba a los manifestantes de ser parte de un “plan revolucionario” para derrocarlo.

Los carreros entrerrianos

Rubén I. Bourlot

El 11 de enero de 1907 era asesinado en las cercanías de Villaguay el carrero Julio Modesto Gaillard, fecha propicia para homenajear al sacrificado y por lo visto peligroso oficio de carrero.
El homicidio del carrero Gaillard en la primera década del siglo XX cobró relevancia por tratarse de un atentado contra la libertad de prensa, y con tintes de crimen político puesto que el objetivo de los conspiradores era la destrucción de la imprenta de Antonio R. Ciapuscio, editor del diario El Pueblo de Villaguay, con la complicidad del jefe político de esta ciudad.
Hoy un monolito, que se levanta a unos 12 kilómetros al norte de la ruta N° 130 que une Villaguay con Villa Elisa -a orillas del arroyo Santa Rosa-, es el silencioso recuerdo de Gaillard. En su homenaje bien podría ser esta fecha el Día del Carrero.
En Entre Ríos hasta la primera mitad del siglo XX el carro era el medio de carga terrestre que se complementaba con el ferrocarril. Los carreros trasportaban todo tipo de cargas, principalmente las cosechas, ya que los camiones eran escasos o inexistentes y los caminos impracticables para los vehículos automotores. Otros carros eran los que sacaban los postes de ñandubay y algarrobo de los montes del Montiel y los trasportaban a todos los puntos de la provincia para construir los alambrados.

Las condiciones laborales
“No creo que haya país que tenga más carros que la República Argentina; sólo los colonos de Entre Ríos tienen 15.000”, dice Juan Bialet Massé en su clásico Informe sobre el estado de las clases obreras argentinas.
“El carro chato de cuatro ruedas es para el colono lo que es el caballo para el gaucho. La razón está en la extensión de las chacras y las largas distancias. Aparte de la fantasía del colono de trotar largo siempre y de los choques que esto produce continuamente, nada hay que observar en este servicio.
“Pero no así en las tropas encargadas de llevar las cargas a las estaciones, y sobre todo en los carros de servicio de acarreo en el interior de las ciudades.”
Bialet advierte que “las municipalidades han reglamentado el tráfico, pero no los jornales y variantes del salario; han dictado tarifas que se burlan siempre que se puede” y agrega: “es creencia general que en este servicio no puede haber horarios y nadie se da cuenta de la naturaleza de este servicio”.
Considera que “el horario del carrero debe ser como el de los demás obreros, y lo extraordinario y forzoso debe serle pagado, sin que el servicio forzoso pueda exceder de la sexta parte del de la semana, a no ser exigido por autoridad pública competente, porque eso es fuerza mayor irresistible. Más allá de esto debe haber obrero que lo substituya, y las sociedades gremiales nunca carecen de substitutos disponibles.
“En la fijación del jornal debe tenerse en cuenta la responsabilidad en general y la particular de que el obrero paga las pérdidas de bultos, muchas roturas y la atención particular que el oficio requiere.”
Por otra parte hace una referencia al trato que reciben los caballos por parte del carrero que “sea por la dureza del oficio o por la falta de instrucción, la verdad es que los individuos de este oficio se distinguen por su rudeza. Yo creo que les viene principalmente de la costumbre de pegar y maltratar a los animales. Me parece que va llegando la hora de quitar de las manos del carrero el látigo, como se quitó la palmeta de las manos del maestro de escuela. El castigo no añade fuerza al animal, sino que se la quita, y lo que no se consigue por el amaestramiento y la excitación de la voz, tampoco se logra por el palo.”

Guiso carrero
El escritor Aldo Herrera en su trabajo Arar con caballos pinta una semblanza en un viejo carrero que recorría el departamento Paraná. El Turco Tropero “se movilizaba en un carro de esos grandes, de dos ruedas —de los llamados «carro de bueyes»— pero en este caso tirado por caballos. A la noche se cerraba alrededor del carro con algunas arpilleras, bolsas de cereales en desuso, y se armaba una especie de carpa, que le servía de cocina y dormitorio. Los peones, criollos de a caballos, dormían en el suelo, sobre el apero, como cuenta Martín Fierro. Cuando llovía o hacía mucho frío, siempre se encontraba algún lugar en un galpón para que los mismos pasaran la noche ahí. En el carro, El Turco llevaba todos los elementos necesarios para la subsistencia, comestibles y demás. Recuerdo los comentarios que provocaba su manera de preparar y servir la comida a su gente, seguramente traída de su tierra natal y que aquí resultaba risueña. Cocinaba siempre un guiso, en una olla grande puesta sobre una treve (una especie de parrilla de hierro de tres patas de unos treinta centímetros de alto) y abajo hacía fuego con leña, que nunca faltaba en ninguna parte.
“Cuando el guiso estaba listo, los criollos ya habían terminado la clásica mateada alrededor del fogón y se empezaba a comer. Y aquí empieza la particularidad del Turco. El único elemento de cocina que tenía era un cucharón grande, que usaba también para remover el guiso mientras se cocinaba. Con este utensilio extraía la cantidad que cabía en el mismo y se lo pasaba al primero de la rueda. Éste se servía directamente con la boca del mismo —uno, dos o tres bocados, según el hambre que tuviera o la capacidad de su boca— y lo pasaba al compañero de al lado. Cuando se terminaba el contenido del cucharón, el Turco lo llenaba de nuevo y seguía la ronda, hasta que todos se llenaban o se terminaba el guiso.”
En la colonia San Cipriano (departamento Uruguay), nos recuerda Omar Alberto Gallay en su libro Esperanza, corazón y tierra: narrativa histórica de San Cipriano, era un reconocido personaje Graciano Voilloud con su carro tirado por caballos bayos que recorría las colonias comprando chatarras, vidrio, huesos, cartones que comercializaba en Concepción del Uruguay; y vendiendo yuyos medicinales, miel y otros productos.
Roberto Romani rememora en su cuenta de Facebook que el último carrero de “Larroque, mi pueblo natal, fue y será ‘Tico’ Cabrera, el último arreador de las escarchas que, desde su atalaya de horizontes claros, bendijo el trabajo y los sueños de la comarca dichosa.
“Luis Cabrera, respetado y querido por el vecindario, vivió los inviernos de su vejez trepado al carro entrerriano, como un centinela del pago chico, sin importarle los horarios de la ciudad o las cargas modernas que le permitían ganarse la vida con dignidad.
“Había nacido el 5 de febrero de 1904. Anduvo en la década del treinta como un pombero de las madrugadas sobre las bolsas de cereal, por Las Mercedes, Almada y Faustino Parera, hasta entregar los frutos del campo a los trenes del Ferrocarril Urquiza, que llegaban a la Estación Larroque.
“Allí lo sorprendieron los cencerritos del alba junto a Mariano y ‘Truca’ Aguilar, ‘Puco’ Fernández, los hermanos Januario, Ramón e Inocencio Morel, Alejandro Cuello y los hermanos Isaac, Silverio y Toribio Díaz, carreros como él, acostumbrados a la polvareda de los caminos vecinales, que siempre cumplieron con la palabra empeñada.”


Bibliografía
Bourlot, R. y Gallay, O. (2019). El crimen del carrero Gaillard
Herrera, A. Arar con caballos

Cecilia Grierson, desde Entre Ríos primera médica del país

Rubén I. Bourlot

El 2 de julio de 1889, Cecilia Grierson presentó su tesis en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, para consagrarse como primera mujer médica del país (y de América del Sur) y podemos considerarla entrerriana porque, si bien, según algunas versiones, nació circunstancialmente en
Buenos Aires, pasó la mayor parte de su niñez y juventud en la estancia de sus padres ubicada en el distrito Genacito, departamento Uruguay. Con Teresa Ratto, fueron las primeras médicas del país.
Cecilia Grierson nació el 22 de noviembre de 1859. Hija de colonos escoceses e irlandeses instalados en Entre Ríos, nacida en Buenos Aires según algunos testimonios, siendo niña vivió en la estancia de sus padres ubicada en el distrito Genacito, departamento Uruguay.
Era hija de los irlandeses Jane Duffy y John Parish Robertson Grierson (el autor del reconocido libro de viajes: "La Argentina en la época de la Revolución - Cartas sobre el Paraguay"), hijo del inmigrante escocés William Grierson (abuelo paterno de Cecilia), que se estableció en Argentina en 1825, para asentarse en Santa Catalina Monte Grande en la primera y única colonia escocesa en Argentina. 
La familia paterna fue una de las primeras que llegaron de Escocia al país. Fue la mayor de seis hermanos, una mujer llamada Catalina y los restantes fueron David, Juan, Tomás y Diego.
A los seis años fue enviada a estudiar a Buenos Aires, cursó la primaria en colegios ingleses, y una vez finalizados sus estudios debió regresar a Entre Ríos por causa de la muerte de su padre.
En ese momento, a pesar de su corta edad, comenzó a ayudar a su madre con el cuidado de sus hermanos. Y además se desempeñaba como institutriz en una casa de una familiar de buena posición económica lo que permitió ayudar aportando ingresos a la economía familiar. 

Una maestra precoz
Y con sólo 14 años de edad instaló con su madre en una dependencia de la estancia de su fallecido padre una escuela donde ejerció la docencia durante tres años sin poseer título habilitante. En esa época era práctica habitual ante la escasez de profesionales en el ámbito rural. Como era menor de edad el sueldo lo cobraba su madre. En un documento de marzo de 1874 se informa la resolución por la cual el gobierno de Entre Ríos concede una subvención a la señora Juana D. de Grierson para instalar una escuela particular en el distrito Genacito(1). Un año más tarde empezó sus estudios formales como maestra de grado en la Escuela Normal de Señoritas de Buenos Aires fundada por Emma de Caprile, recibiéndose en 1878. Ya de pequeña mostró interés en ser docente como lo reflejó en una carta:
“...creo que nací para ser maestra, recuerdo algunas escenas desde los dos años de edad, donde siempre en mis juegos era una maestra...”.
Una vez obtenido el título, Domingo Faustino Sarmiento, por entonces Director de Escuelas, la nombra maestra en la Escuela Mixta de San Cristóbal, y con su sueldo traslada a su familia a Capital Federal. Además integra el Consejo Nacional de Educación desde 1892 hasta 1899
En 1902 funda la Escuela de Economía doméstica y la Sociedad de Economía Doméstica, establecimiento precursor de la Escuela Técnica del Hogar, primera en el país en esa especialidad, promueve el estudio de la puericultura y es pionera en la enseñanza de ciegos, sordomudos y discapacitados.

La carrera de medicina
La enfermedad de una querida amiga, Amelia Kenig que muere a raíz de una enfermedad respiratoria crónica, la decidió a lanzarse a otra aventura, la carrera de medicina. No debió ser nada fácil enfrentar los prejuicios para transformarse en la primera mujer en intentar convertirse en profesional del arte de curar. Pero coraje no le faltaba, tanto que fundó la Escuela de Enfermeras del Círculo Médico Argentino.
Uno de sus mayores aportes, hecho tempranamente desde su tesis de graduación, fue sobre la irritación o histeria en las mujeres recién operadas de ovarios. Al respecto un suelto publicado en el diario la Opinión de Entre Ríos en 1889, bajo el título “La primera doctora argentina”, anuncia de Cecilia acaba de terminar sus estudios de medicina. “Se llama Cecilia Grieson, tiene veinte y ocho años, natural de Entre Ríos. Acaba de terminar sus estudios en la facultad y pronto presentará su tesis (…).
“Este hecho, digno de registrarse porque es enteramente nuevo y altamente significativo. Como París tiene a las señoritas Scbultze y Evans, Buenos Aires tendrá a la señorita Grierson; aquellas no son las primeras doctoras francesas, pero ésta sí será la primera doctora argentina (…)
“Ha seguido sus estudios con notable aprovechamiento – continúa la nota -, obteniendo en los exámenes que acaba de rendir, en el primero cinco puntos y ocho en los otros dos. Actualmente ocupa el puesto de practicante mayor en el hospital de mujeres (…).
“Huérfana desde hace muchos años – destaca el diario -, entregada al trabajo y al estudio, ha venido siendo la providencia de sus hermanos, a quienes ha encarrilado y dirigido en la vida.”(2)
El 2 de julio de 1889 presentó su tesis titulada tituló Histero-ovarotomías ejecutadas en el Hospital de Mujeres, desde 1883 a 1889, a los 6 años de haber iniciado sus estudios médicos. Se convertía así en la primera mujer de Argentina y de América del Sur en obtener el título de médico. En 1897 ya había publicado Masaje práctico, uno de los primeros libros sobre técnicas kinesiólogicas.
Su valentía, inteligencia y capacidad de trabajo darían todavía muchos más frutos: desde su primer consultorio en el Hospital San Roque (hoy Hospital General de Agudos José María Ramos Mejía), su viaje oficial por Europa, la participación en la fundación del Instituto Argentino para Ciegos, la Primera Escuela de Enfermeras, la Asociación de Obstetricia Argentina y el Liceo de Señoritas, hasta la publicación de sus libros Educación Técnica para la Mujer y La educación del ciego y Cuidado del enfermo.
Un grupo de estudiantes disconformes, entre los que se encontraban José María Ramos Mejía y Juan B. Justo, por considerar a la carrera de medicina muy teórica y carente de prácticas creó el Círculo Médico en donde funcionó una escuela práctica de medicina con consultorios de especialidades varias y un centro dedicado a la difusión y a la investigación. En este establecimiento Grierson creó la primera Escuela de Enfermeras de América Latina con un plan de estudios formal y donde se estableció el uso de uniforme para las enfermeras y posteriormente fue adoptado por la mayoría los países latinoamericanos. Se desempeñó como directora hasta 1913.

La epidemia de cólera
A principios de abril de 1886 la ciudad de Buenos Aires tuvo una epidemia de cólera, la tercera del siglo, y todos los estudiantes de medicina fueron convocados a prestar servicios en Salud Pública.
Cecilia Grierson fue destinada a la Casa de Aislamiento, uno de los lugares de atención y refugio para los pacientes de esta enfermedad que se tuvieron que improvisar a lo largo de la ciudad. Tuvo como grupo de trabajo a los doctores Penna y Estévez.
“Los días agotadores pasados en la casa de Aislamiento –relata en sus memorias- me hicieron concebir la idea de educar a enfermeras, puesto que no había quien respondiera a las necesidades de los enfermos. El mejor medio de proporcionar alivio a los que sufren es colocar a su lado personas comprensivas, afables y capacitadas que puedan colaborar con el médico en la lucha por recobrar la salud.
La epidemia se pudo controlar mermando los casos de afectados en abril de ese año, fecha en la que pudo retomar sus estudios.

La defensa de los derechos de la mujer
Su lucha por los derechos de las mujeres no se limitó al campo médico. En la primera década del siglo XX, extendió sus reclamos –desde las filas del Partido Socialista Argentino, fundado en 1896, junto a Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson y Julieta Lanteri-Renshaw- a favor de los derechos civiles y políticos de las mujeres y participó de los primeros congresos feministas en el país. Grierson fue también pintora, escultora y buena deportista. Hacia el final de su vida residió en la ciudad cordobesa de Los Cocos, hasta que falleció el 10 de abril de 1934.
En sus memorias, la notable médica relata sus esfuerzos por insertarse en un mundo dominados por hombres. "Entre las muchas contrariedades sufridas en mi vida debo declarar que, siendo médica diplomada, intenté inútilmente ingresar al profesorado de la Facultad en la sección en que la enseñanza se hace sólo para mujeres (se refería, indudablemente, a la Escuela de Obstetricia). No era posible que a la primera mujer que tuvo la audacia de obtener en nuestro país el título de médica cirujana se le ofreciera la oportunidad de ser jefe de sala, directora de algún hospital, o se le diera un puesto de médica escolar o se le permitiera ser profesora de la universidad. Fue únicamente a causa de mi condición de mujer –según refieren oyentes y uno de los miembros de la mesa examinadora- que el jurado dio, en este concurso de competencia por examen, un extraño y único fallo: no conceder la cátedra ni a mí, ni a mi competidor… Las razones y los argumentos expuestos en esa ocasión llevarían un capítulo contra el feminismo, cuyas aspiraciones en el orden intelectual y económico he defendido siempre. Más tarde, en París, en la Clínica del Profesor Pinard, y dejando modestia aparte, me cercioré de que poseía la materia, y los elogios que me prodigaron sólo sirvieron para entristecer mi espíritu y convencerme una vez más de que a lo menos en lo que a las mujeres atañe ‘nadie es profeta en su tierra’. Espero sin embargo que pronto alguna colega reivindique un puesto para las mujeres médicas en la Argentina, obteniendo en la Facultad de Medicina una cátedra, una sala de enfermos en algún hospital, la dirección de un hospital para escuela modelo de enfermeros y enfermeras y un puesto dirigente en las reparticiones de educación."

(1) Archivo General de Entre Ríos, Fondo Hacienda, Serie XI, Instrucción Pública, Departamento Uruguay, Caja Nº 6, Leg. 3, pp. 152 y vta.
(2) La Opinión de Entre Ríos, Paraná, 19 de marzo de 1889.


Bibliografía
aría del Carmen Binda, Romina Silveira, y Cristian Krämer: Cecilia Grierson, la primera médica argentina, en http://www.scielo.org.ar/. Acceso: 9/9/2016,
Alfredo G. Kohn Loncarica, Cecilia Grierson. Vida y obra de la primera médica argentina, Buenos Aires, 1976, pp. 47-48.
Cecilia Grierson, www.elhistoriador.com.ar, acceso: 8/9/2016
https://es.wikipedia.org/wiki/Cecilia_Grierson#Infancia_y_vida_familiar, acceso: 8/9/2016
http://www.ciudaddemujeres.com/mujeres/Medicina/GriersonCecilia.htm, acceso: 9/9/2016

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